Una confrontación surrealista

El año había cambiado. Las navidades habían quedado ya atrás dejándome algunas escenas extraordinarias que nunca hubiera concebido antes. La relación con mis padres había alcanzado una profundidad insólita. Habíamos hablado como amigos de la vida y de la muerte y de todos los temas entre estos dos extremos. Después, yo había vuelto a Alemania.

Unas semanas más tarde, marché a Berlín a visitar a un amigo. Pensaba pasar el fin de semana allí y también el lunes. No sabría explicar por qué no pedí el lunes libre en el trabajo, pero el caso es que no lo hice. No me gusta contrariar a la gente, y de alguna manera no quise molestar a mi jefe pidiéndole un día libre. Visualizaba el encuentro en mi cabeza y me resultaba incómodo, así que sencillamente lo evité. En cualquier caso ya había decidido que en unos meses dejaba el trabajo, así que supongo que me podía permitir este tipo de cosas. No sé, intento buscar una explicación racional a por qué hice lo que hice pero no soy capaz de encontrarla.

Miramos al mundo a través de la mente, a través de la causa y el efecto, a través de la lógica. Buscamos explicaciones para todo lo que sucede. Vemos lo que hace alguien y lo intentamos racionalizar en función de los segundos de película que hemos visto y de nuestra experiencia personal. Metemos los datos en nuestra calculadora mental, ésta escupe una etiqueta, la pegamos sobre la situación y seguimos caminando con una sonrisa en la cara pensando que el mundo tiene una coherencia de cojones.

Si nos diéramos cuenta de que la mayor parte de las veces ni siquiera sabemos por qué hacemos las cosas que hacemos, nos rendiríamos a la evidencia de que nada tiene sentido. Primero actuamos y después buscamos una razón para justificar nuestros actos. El resultado es un caos con aspecto de orden. El mundo no tiene sentido. Si lo tuviera sería responsabilidad de alguien. Pero no lo es, y eso lo cambia todo.

El lunes perdí el tren por unos segundos. Fue como en las películas. Yo pisaba el andén con mi maleta y la enorme serpiente metálica se deslizaba lejos de mí flotando lentamente.

No sabría especificar el motivo, pero me importó realmente poco. Esto, tratándose de mí, era realmente significativo. Algo estaba cambiando en mi interior. Cogí la maleta y salí de la estación.

No fui al curro ni el lunes ni el martes. La gente preguntaba por mí. Mis amigos hicieron lo que pudieron por taparme el culo.

El miércoles por la mañana entré en la oficina a primera hora de la mañana. Mientras caminaba por los pasillos me di cuenta de que, a pesar de que debía sentirme aterrado, no lo estaba. Mi cabeza podía imaginar las consecuencias de mi insólita insubordinación. Veía represalias, veía castigos, veía un posible despido. Nada de lo que me podía imaginar era de color de rosa. Dejé la mochila, me quité el abrigo, encendí el ordenador y me fui a hablar con mi jefe. No sentía miedo. Había decidido que ni tenía excusa ni me la quería inventar. Había hecho algo que consideraba injustificable y estaba dispuesto a asumir las consecuencias de mis actos, fueran las que fueran. Por extraño que pueda parecer, decidí relajarme y disfrutar del proceso en la medida de lo posible. Me fijaría en mi respiración y me aseguraría de que permanecía profunda y serena durante el amargo trance.

Me presenté ante mi jefe y, antes de que él pudiera decir nada, me excusé diciendo que no había podido venir al trabajo hasta hoy y que lo sentía mucho. Me miró, se levantó y me dijo secamente que le siguiera.

Entramos en una sala de reuniones. Cerró la puerta, me dijo que me sentara y se dirigió a la ventana. La cerró porque hacía frío. Después se sentó frente a mí. Empezó a hablar. El volumen era alto y el tono amenazador:

—¿No sabes que no puedes faltar al trabajo sin avisar?

No recuerdo exactamente sus palabras, pero añadió algo sobre la filosofía de la empresa y mis responsabilidades para con ella. Sus palabras sonaban secas y punzantes en mis oídos.

Yo me mantuve sereno, respirando profundamente. Dije lo que sentía, que sabía que había actuado mal, que no debía haber faltado al tajo sin avisar y que había sido una estupidez por mi parte. Lo sentía mucho. Sinceramente.

Él volvió a repetir de nuevo lo que acababa de decir pero con un tono de voz más alto y añadiendo gestos más airados. Yo le miraba fijamente y procuraba respirar pausadamente. Debía de haber pasado apenas medio minuto desde que se había sentado frente a mí, y entonces sucedió.

En cuestión de segundos sus gestos perdieron brío, su tono de voz se apagó y empezó a trabarse. Después se quedó sin palabras, y daba la impresión de que cualquier cosa que fuera a decir a partir de ese momento sería una estupidez. Tragó saliva y se hizo pequeño frente a mí. Finalmente se quedó callado mirándome.

Desde mi perspectiva la escena fue surrealista. Había tirado un dado de seis caras y había salido 97. Lo que estaba presenciando no tenía ningún sentido. Esperaba ver a mi jefe chorreándome durante un cuarto de hora, pero lo que vi fue a aquel pobre hombre venirse abajo frente a mis ojos en cuestión de segundos sin ninguna intervención por mi parte. Me pregunté si no estaría soñando.

Bajó la vista y dijo con un hilo de voz:

—Venga, vámonos.

Puedo intentar razonar la escena. Puedo intentar buscar una explicación a lo que allí dentro sucedió. Me resulta fácil imaginar media docena de películas que encajen con lo que vi, pero lo cierto es que jamás sabré lo que pasó por la cabeza de aquel hombre, y nunca sabré lo que sucedió allí realmente. Él tampoco. Qué jodido es vivir entre brumas.

Salí de la sala con los ojos abiertos y me senté en la silla frente al ordenador. Me pregunté cómo, sin haber hecho nada, aquello había resultado tan sencillo. Quizá todo en la vida fuera respirar profundamente, agarrarse a los principios y dejarse llevar adonde quiera que fuese que había que ir.

Mientras encontraba una solución tendría que reconstruir mi modelo del mundo.

Otra vez.

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Comentarios

Bueno; he visto que no había comentarios así que me he registrado a toda leche para ser el primero.Anda que vaya forma de inagurar mi cuenta…

Quizá tu jefe no se esperaba un comportamiento tan estoico por tu parte y eso le dejó sin energía.Como si hubiese esperado utilizar tu miedo como carbón para manterer la caldera encendida…
Como diría el encantador de perros, las relaciones se basan en la energía y la tranquilidad que desprendes.

Adoro ese programa. Cesar Millán is GOD! xD

Parte de los efectos y cambios de tu vida te acercan a ser caradura ante los demas, el sin duda vio que no estaba sirviendo sus gritos y demas, seguramente no esta acostumbrado asi que decidio terminar el encuentro, sin embargo esto puede tener efectos positivos o negativos en lo que te queda de trabajo en la empresa, igualmente seran inesperados… asi que disfrutalos

Y normalmente ese desorden es por pereza mental, no se piensa para preveer los efectos sino para tapar cagadas, o mejor aun que lo hagan otros y es lo que Kant denominaria menoria de edad, la mayoria tecnicamente no alcanzaria la mayoria de edad que el propone, cuando se alcanza se nota cierta lucidez y el mundo es el mismo pero distinto.

El que hace lo que no debe, sucedele lo que no cree

te aseguro que yo no camino con una sonrisa pensando que el mundo tiene una coherencia de cojones… más bien mi sentimiento habitual es el contrario xDD

Puede que eso te haya ocurrido en Alemania porque eso de faltar al trabajo sin avisar o sin estar muriéndote… eso allí no pasa. El hombre te echó su primera bronca. Aquí el chorreo completo no te lo quita nadie, porque somos unos inciviles y los jefes tienen mucha práctica :p

Qué cosas te pasan amigo, qué cosas ;)

Me recuerda a aquello que hablamos alguna vez respecto de la meditación, que por ejemplo cuando te pica mientras meditas, si le dejas de prestar atención, simplemente deja de picar.

No sé si tiene sentido buscarle tanto sentido a las cosas. Es como una mala adicción, necesitamos comprender el hilo conductor de lo que nos pasa, pero la realidad es muy cabrona, y se nos escapa, y tal vez, simplemente, no tenga sentido, y buscárselo sea perder el tiempo y castigarnos con una tarea que, por su propia naturaleza, no tendría fin. Vivir entre brumas no está mal, si uno comprende que, simplemente, la realidad es brumosa. No hay sentido, el sentido está en nuestras cabecitas. No hay verdad, la verdad está en nuestras cabecitas.

Jeje, como dicen por ahí arriba has descubierto cómo ser un cara dura, o sea, que las tortas reboten y encima le duelan al otro. La autoridad no es algo que alguien tenga sino que se la entregamos con nuestra sumisión. En el momento en que te la reflanflinfla lo que diga el prójimo y te dé igual lo que piense pierde todo su poder sobre ti. Claro, que eso sólo funciona si no dependes de él. Si el tipo no siguió gritando es que tiene experiencia y sabe que va a dar igual y sólo va a hacer el ridículo. Lo que me pregunto es cómo fue tu relación con él después de ese episodio. ¿Pudísteis volver a hablar con normalidad?
Besos,
 Violeta

Tejiendo Caminos de Autoestima
Los trastornos de la conducta alimentaria en positivo. Un blog hecho por tod@s y para tod@s

Tejiendo Caminos de Autoestima
Los trastornos de la conducta alimentaria en positivo. Un blog hecho por tod@s y para tod@s

No se, tampoco me parece tan raro. He visto a gente suspendida de empleo y sueldo una semana por menos de lo que tú has hecho - dormirse una mañana - o despedida por animar los cubículos con monólogos dignos de El club de la comedia.

Tu jefe entró en esa habitación sabiendo que no iba a despedirte ni a sancionarte. La razón sí que no la sé. ¿qué cargo tienes? ¿es escaso tu perfil? ¿te necesitan para algo concreto? ¿tu cualificación es superior a tu puesto? La cuestión es que lo único a su disposición para hacer valer su autoridad era la intimidación y tú se la quitaste.

¿En qué cabeza cabe que un empleado que falta dos días al trabajo no manche los pantalones?

En fin, creo que la clave está un poco entre líneas en lo que cuentas, explicas casi como algo hecho cómo tienes previsto marcharte en unos meses y ellos, que no son tontos, lo saben, les haces tú más falta que ellos a ti.

Te sugiero que la semana que viene llegues un hora tarde el lunes. Tomate libre la tarde del viernes. Experimenta, tú que puedes

Todos tenemos miedo a que el mundo de desmorone ante nuestros pies.

Los hombres pequeños con poder lo ejercen a base del miedo de sus subordinados.

El mero hecho de llevarte a una sala a solas es para establecer un marco en el que tu estas acojonado por que tu gran jefe te va a hundir el mundo.

Si no tienes miedo… el no tiene mas argumentos, no se hizo pequeño… es pequeño. “Miras a Carla fijamente y le dices…”

En este mundo esta lleno de hombres pequeños y cobardes, son la mayoria, pero subidos a su rama se siente seguros mirando hacia abajo. Si te bajas del arbol y te vas hasta su horizonte te veran a la misma altura que el… y entonces estaran perdidos.

A mi me pasa asi, cuando han tratado de gritarme, amenazarme o amedrentarme… se han hecho pequeñitos pequeñitos, no me importa lo que puedan hacerme y eso les desarma.

Ahora eso si, ya te lo devolvera por otro sitio, por detras, como los cobardes, y sino tiempo al tiempo… pero de eso tampoco tenemos miedo. XDD

No deberías reconstruir tu modelo del mundo por una sola experiencia, puede ser un caso excepcional. A tu jefe a lo mejor lo había abandonado su mujer ese mismo día y estaba desquiciado, y pensando que nada tenía tanta importancia… y tu nunca lo sabrás.

Quizás en un futuro trabajo lo vuelves a hacer y te incorporas tras dos días de absentismo, todo seguro de ti mismo pensando que te vas a comer a tu jefe, y éste te da dos ostias delante de todo el mundo… y ¡ala! a recomponer tu modelo.

pero de verdad no creo que tenga tanta importancia el saber cuál es la causa, de porque tu jefe obró así.

Yo creo que tu actitud es entendible (que no justificable) en una situación de pasotismo extremo al haber decidido ya dejar el curro.

No obstante si yo fuese tu jefe te hubiese echado la bronca delante de todos (a modo de los ajusticiamientos públicos de la edad media) para que todo el mundo sepa que eso no se puede hacer es una falta de respeto e incluso un desprecio al trabajo de tus compañeros.

Por eso siempre defendí que una vez tomada la decisión de marchar de un curro hay que hacerlo de forma inmediata, salvo que tengas que cerrar algún tema para no dejar con marrones a compañeros.

Transcurridos unos segundos empezó a notar un zumbido en los oídos. Algo que jamás había sentido en ninguna persona lo estaba experimentando en aquel momento con ese extraño español venido de más allá de las montañas. Notaba un inmenso poder perturbando sus pensamientos. La cabeza le daba vueltas. Era como la sensación que se tiene de aplatanamiento una calurosa tarde de domingo en verano, pero multiplicado por 100. Te miraba a los ojos y notaba como le absorbías la energía. Y se daba cuenta de que tu fuerza crecía y estabas empezando a levitar, mientras se te abría el tercer ojo en el centro de la frente. Estaba ante un místico, una persona excepcional, mágnetica, impertubable.
Dudó unos segundos si pedirte que le acompañaras a su casa para curar la cistitis de su señora, pero decidió no molestar con naderías a alguien que posiblemente esa tarde tendría que salvar el mundo en alguna parte del globo.
Con una mezcla de temor y paz, se limito a decir: “Venga, vámonos.”
Yo también me hubiera ido.
 :P

___

Nah, lo que pasó fue que Gonzo se levantó y le dijo:

Are you talking to me? eh? Are you talking to me?”

xDDDDDDDDDDDDDDDDD

Sinceramente, creo que un hombre que no tiene nada que perder y se enfrenta a la realidad con su verdad y sin miedo impone bastante más que un jefe corporativista con argumentos aprendidos de carrerilla.
Seguramente se quedó pensando en cuánto le hubiese gustado a él tomarse dos días libres…

If I lie here

Dos personas no discuten si una de ellas no quiere.

Pues termina tú mismo el refrán. En cuanto a tu jefe, ¿y qué va a hacer?

Como era aquella frase… No tienes nada que perder cuando ya lo has perdido todo? O si lo mas que puedes perder te importa un pito? Sea como fuere, yo he tenido actitudes similares (no por las mismas causas) ante jefes y me he quedado mas ancho que ancho. Sin duda, el poder se lo damos nosotros, al igual que somos nosotros los que recibimos las consecuencias de pasar o no por el aro.
Da igual la razón, creo que lo importante es hacer lo que uno siente que debe hacer y luego apechugar con las consecuencias, claro.

Saludos

Quizás debías decidir no pillarte el lunes de vacaciones para vivir esta experiencia. De alguna manera, es parte de lo que tienes que vivir en tu proceso. Sin embargo, no tengas una fe tan ciega en las señales. Hay mucha manipulación por ahí. Primero aprende a interpretarlas.

La explicacion es clara, no hay mucho q abroncar a alguien q asume serenamente sus culpas

El no hacer. El vacío fértil. El puto tao te king, adoro ese libro.

Respecto a una cosa parecida en UK, yo recuerdo que me ausenté del trabajo una mañana, al poco de llegar, “porque necesitaba tomar el aire”(lo necesitaba de verdad) y me fui a caminar por las orillas del río Cam un ratito… que terminaron siendo cinco horas largas. Al volver, simplemente dije: “lo necesitaba”, seguro y confiado en que tanto yo sabía lo que había como los demás lo sabían. Ninguno de mis superiores me dijo nada. De hecho creo que me apreciaron mas a partir de aquello. ¿O sería el miedo a que les clavara un par de banderillas, les cortara las orejas y el rabo? Ya se sabe que los españoles son muy espontáneos y están mu locos…

Esta serie podría llamarse “Cómo perder la cabeza y no morir en el intento”. ¿Sabes que vas a terminar en una ermita, verdad?
Pues tranquilo, que iré a hacerte alguna visita desde la ermita de la montaña de enfrente.

Salida verbosa de xmariachi

tambien sucede en españa, cuando la gente ve que no te importa lo que digan o hagan, se hunden, uno de mis hobbies favoritos en el trabajo es cabrear al jefe, llevarle al limite, y una vez alli soltarle y que se pegue el solito la ostia, cuando hago perder la serenidad y compostura a una persona que todos consideran como el no da mas en serenidad, tranquilidad y buenos modales, me causa un placer inmenso, he triunfado y el ha perdido.

cuando alguno te hace una putada en la carretera o calles, no hay mayor placer que parar a su lado y reirte de el.

cuando llaman por telefono para venderte algo igual, una broma al que llama es mejor que cabrearte y pedir que te borren de sus bases de datos.

cuando piensan que actuaras de una forma y lo haces de otra y ademas te importa poco el resultado final, y ellos lo ven, has ganado.

Para ti soy ateo, para tu dios soy de la oposicion.

Para ti soy ateo, para dios soy de la oposicion.

He leído tus últimas entradas, pero no los comentarios anteriores al mío (son muchos).

Sencillamente, tu jefe se dio cuenta con tu actitud de la verdadera importancia que tenía el problema.

Sencillamente, quizás, se le derrumbaron los esquemas.