Una bomba en el cine
Chechu, el lector de Almería, se sabe el archivo de El Sentido de la Vida mucho mejor que yo. Mucho mejor.
—¿Te acuerdas del artículo que tal? —me decía.
—Pues no…
—Aquel que esto y lo otro.
—Pues no caigo —decía yo.
Cuando muera no hará falta que nadie escriba mi biografía, pues ya estoy en ello. Aún así, si alguien tuviera que hacerlo, sería Chechu. Le dejaré la última página. O le dejaré que grabe dos vídeos de quince minutos en el YouTube. Chechu, el inefable lector parlante.
Me hizo recordar la historia del lector que un día, levantando mancuernas en el gimnasio, se dio cuenta de que iba a morir. El pobre chico salió del gimnasio para meterse directamente en la consulta del psiquiatra.
Nos dicen que compremos tal coche o que nos vayamos de vacaciones al Caribe con Curro, que vamos a molar mogollón, pero en la tele nadie dice que hemos venido aquí a morir. Aquí todo el mundo dice cosas, pero poca gente piensa en alguien más allá de sí mismo. Morir es gratis, y no llena los bolsillos de ningún estudio de márketing. Así que, cuando un día, por propia cuenta, uno se da cuenta de que habrá un momento en que todo esto acabará, la noticia llega como un shock. Como todo tiene dos caras, darse cuenta de que uno está vivo también puede llegar a ser un shock. Esto tampoco lo dicen en los telediarios. Se queda entre el tipo que mató a su mujer con un cuchillo y la noticia de que Kaká ha vuelto a cagar duro. A veces me entran ganas de coger el mundo y reventarlo contra el suelo, a ver qué pasa. A ver si hay alguien que abre los ojos.
Hay cosas que también resultan acongojantes, más allá de que uno se desintegrará un día para pasar a formar parte de un racimo de posidonias o, peor todavía, de un político. Es el darse cuenta de que, probablemente, habrá otros que se vayan antes.
En el orden habitual de las cosas, es normal que los padres desfilen antes que los hijos. No sé si de esto se hablará en todas las casas, pero desde luego en la mía también se hablan de estos asuntos. Mis padres llevan una dura pugna por decidir quién la espicha primero. Parece que tengan mucha prisa, pero luego cuando les digo que espero que ellos se vayan antes que yo, me dicen “Ah, mira qué listo”.
Me viene a la cabeza la típica escena de hospital. El padre yace en la cama con tubos en la naríz y mea en una bolsa de plástico transparente. En un momento dado, la maquinita de hacer “ping” deja de hacer ping para hacer piiiiiii, y el hijo rompe a llorar desconsoladamente.
—¡Oh, me quedó tanto por decirle! —grita como si alguien, más allá de él mismo, pudiera escucharle y consolarle. Dios dejará de existir cuando deje de hacernos falta.
Debe de ser terrible que a uno le pase eso. Saber que hay alguien que se marchó de viaje para siempre y que tantas cosas quedaron en el tintero. Es por eso que, desde hace ya unos dos años, exprimo los minutos que paso con mis padres. No es tarea fácil, como cualquiera que tenga un padre o una madre sabe, pero uno hace avances. También mis padres se dan cuenta y hacen lo que pueden para colaborar. No es tarea fácil, como cualquiera que tenga un hijo sabe, pero supongo que también es gratificante.
En este marco de morir tranquilos y en paz los unos con los otros, a veces mis padres me llevan a comer por ahí y luego al cine. El otro día fuimos a ver Toy Story 3. Peliculón. Uno se ríe mucho, disfruta con los dibujos y con su ternura, y al final, cuando está desprevenido, se lleva un par de hostias emocionales. Hay una escena hacia el final que me dejó hecho cisco.
(Atención, espoilers)
Andy, el dueño de los juguetes, se ha hecho un hombretón y se larga a la universidad. Todas sus cosas están ya en cajas y en el coche. La madre entra en la habitación y en ese momento se da cuenta del alcance de la situación. Su hijo vuela del nido, se larga. Para ella, una etapa ha terminado. Las cosas nunca volverán a ser como antes. Ahoga un sollozo. Su hijo entra tras ella. Es más alto y más grande.
—Oh, dios mío, te marchas —dice ella aproximadamente. Se acaba de caer del guindo. Lo obvio se hace más obvio de sopetón, y la realidad cae sobre ella como un edificio que se desploma. Como una torre gemela en un 11 de septiembre.
El hijo se acerca por detrás.
—Siempre estarás conmigo —dice aproximadamente.
Digo que los personajes dicen eso aproximadamente porque en esos momentos apenas veía yo la película, arrasado por un océano de sensaciones y emociones. Por un momento, aquella madre y aquel niño de dibujos animados hechos por ordenador éramos mi madre y yo hacía apenas seis años. Yo me largaba a Alemania y mi madre se quedaba con el nido vacío. En aquel entonces yo era incapaz de aproximarme apenas un poquito a lo que aquello significaba para ella, pero en aquellos momentos, sentado en la mullida butaca de un cine abarrotado de padres y niños como nosotros aunque con veinte años menos, me metí por un breve segundo en su piel.
Una bomba hecha de vísceras explotó en mi interior, y a punto estuve de venirme abajo como si un avión cargado de gente hubiera chocado contra mi cabeza. Malditos Pixar. Lo habían hecho de nuevo.
Estaba en un cine, así que traté de mantener la compostura. Las sensaciones eran terriblemente poderosas. En mi mente, veía lo que sucedería si me dejaba llevar.
Explotaría a llorar como un perro que se da cuenta de que se encuentra junto al cadáver de su dueño. Aullaría como un coyote a la luna en medio del desierto, solo que no estaba en el desierto; estaba en un cine abarrotado. Los niños de las primeras filas volverían sus cabezas y se preguntarían qué le pasaba a aquel señor de la camiseta a rayas. Sujeté la garganta como pude y apenas unas lagrimillas asomaron a mis ojos.
Cuando salimos del cine, ninguno de los tres podía hablar salvo para disipar el silencio. Nos dirigimos hacia el coche. Pasé la tarde removido como un café con leche, con la cabeza caliente y las tripas revueltas. Debí haber explotado, debí haberme derrumbado, debí haber aullado y sollozado ante aquellas sensaciones y aquellas decenas de infantes.
Pero ya se sabe; los hombres no lloran.
Pues qué quiere que le diga. Si esto es ser un hombre, prefiero ser una nena, oiga. Con coletas.
Fumar es malo para la salud. Dormir menos de seis horas y más de nueve es malo para la salud. Llevar chanclas es malo para la salud. Si uno lee las noticias, todo es malo para la salud. Deberían concluir que “Vivir es malo para la salud” y cerrar ya el puto libro. Nadie te dice que “ser un hombre”, un hombre de los que anuncian por la tele, puede ser peor para la salud que fumarse un paquete sin haber pegado ojo mientras vas por la calle en chanclas. Todo vale mientras te puedan hacer comprar unos calzoncillos con el nombre de otra persona bordado en la goma. Todo vale, hasta la salud. Será por consumidores. Al final habrá que tener hijos para sostener el mercado. Los niños ya no son niños, sino la parte inferior de un sistema piramidal de un timo mundial. Ahora ya no tenemos niños; tenemos adultos que pagan hipotecas.
En fin, que si mis padres me vuelven a llevar al cine a ver otra peli de dibujos animados y a la nena le entran ganas de llorar, lo hará. Le pese a Calvin Klein o a su puta madre.
Llorar es como cagar o beber: una necesidad fisiológica. He llorado un rato mientras escribía este artículo y me he quedado mejor que si me hubiera hecho una paja. Ya me veo escribiendo “Llorar (I)” y “Llorar (y II). Deje usted que salgan esas lágrimas, oiga, y verá qué gustito. ¡Y no se mancha nada!
Un abrazo a mis padres, que me estarán leyendo. Como decía mi abuela, los quiero con locura. Como duréis menos de veinte años, os pego un tiro.
PD: Toma post. Ahora vas y lo cascas.
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Comentarios
Murphy
Dom, 15/08/2010 - 13:15
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Tipos duros
Durante muchas generaciones los tíos hemos sido educados para ser tipos duros, nos separaban de nuestras madres y nos reprimían nuestros sentimientos. Alguien en la familia tenía que dar protección y seguridad y mantener la autoridad y la disciplina de los hijos, ser el poli duro. Actualmente los roles han cambiado y ya nadie quiere hacer el trabajo sucio, nuestros hijos ahora tienen dos madres, viven entre algodones, no queremos que sufran ni les falte de nada, pero no se si les estamos educando y preparando para la vida, que no es precisamente blandita.
JPelirrojo
Dom, 15/08/2010 - 13:15
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Bravo
Iba a contarte mis penas y lo mucho que me gustaría tener con mis padres la relación que tienes con los tuyos. Pero quizá sea solo cuestión de tiempo y en algunos años mi padre haya madurado por fin, para que cuando yo le vuelva a perdonar por lo último que haya hecho, esa vez no la cague de nuevo.
Eres un ejemplo a seguir en muchas cosas, pero todo esto que nos cuentas y qe a menudo ya me he planteado o he intentado vivir de acuerdo a ello… Como lo de permitirse más cosas (decir lo que piensas a la camarera, etc), deberían enseñarlo en el colegio. No, en serio. ¿Por qué no hay asignaturas que enseñen a vivir?
Lo peor es cuando te das cuenta de las cosas y te das cuenta que, para cuado las has aprendido, ya poco tiempo te va a quedar para usar lo aprendido. O peor aún, te quede el que te quede, que pocas veces se sabe, lo que realmente jode es que has perdido mucho tiempo hasta darte cuenta.
Solo ahora veo la señal que me hacía aquella chica en primero de EGB y, a pesar de que me encanta mi vida, no puedo evitar preguntarme que habría pasado de haberme atrevido a decirle algo.
Y ahí está lo peor, que uno acaba llorando por tonterías como esa y acaba perdiendo la oportunidad que tiene ahora delante porque estaba entretenido llorando por la pasada.
¿Llorar? Sí… Pero aquí y ahora por el aquí y ahora. El pasado y el presente no existen y deberíamos actuar como tal.
¿Por qué de repente tengo ganas de llorar?
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Yo existo en http://www.jpelirrojo.com
Namaskar
Dom, 15/08/2010 - 13:29
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También he llorado!!
Yo tb he llorado leyendo el post. Justo hace hoy una semana que he dejado el nido de mis padres vacio. Mi hermano dejó el hogar hace unos años y yo hace una semana. El motivo fue necesidad obligada de un desapego de mi madre. Nos llevamos los 4 genial, para mi lo mejor… pero después de darle mucho al coco, llegué a la conclusión de era una necesidad; y encima mi padre la corroboró!!! Así que el domingo, pillé las últimas cosas de mi habitación, con mi madre ahí… y no lloré: las mujeres a veces tampoco lloramos!! Y no era por falta de ganas, y a ella 100% le pasaba lo mismo fijo; pero pensé que “no era precís”; aguanté el momento. Total, que ahí estoy en mi nuevo pisito, con mi hermano de vecino,jeje…
Y lo de irse al otro mundo antes, esperemos que se vayan ellos antes. Aunque aquí no se quiere ir nadie!!! Mi abuelo 90 añazos, y sólo le duele la cadera, lleva años diciendo q se quiere morir; y cuando de broma le decimos que se deje de tomar la pastilla nos manda a regar a todos!!! Con lo que ha vivido y aún no se quiere ir :-) Espero que se pire antes!!! por favor….Un saludo y a vivir!!
gurrupurru
Dom, 15/08/2010 - 16:24
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Yo cada vez lloro más y me
Yo cada vez lloro más y me siento mejor :) Entiéndase que son lloros constructivos ;), no que vaya cayéndome por las esquinas…
Sinapsis
Dom, 15/08/2010 - 22:09
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ESTO SI
Quitando entre otras cosas el PD: ahora vas y lo cascas (que te lo puse yo el otro dia y ya van 3 ó 4 veces que me ‘robas’ frases e ideas como la de mirarse el ombligo…en fin tu sabrás de lo que hablo…
Me parece aceptable (expectuando esto también: “Cuando muera no hará falta que nadie escriba mi biografía, pues ya estoy en ello”…’SANDIOS’ pero si no tienes ni pelo en pecho jajaj espera hijo para ser mas mayor hombre!!! no te precipites a escribir tus memorias Mike Tyson) tu artículo.
Yo lloro muchas veces y de hecho no significa ni muchísimo menos ser menos hombre (¿por qué? ¿donde está escrito?) ah!…en las películas ‘maybe?’…en la educación que nos han dado?…en lo que hemos visto y oído? (los hombres no lloran…a la mierda con eso!!!) claro que lloramos y el que diga que no miente y deberíamos hacerlo mas veces. Desahoga, elimina la frustacón y no se que coño mas pero te sientes mejor…Un saludo. En especial para todos los hombres que lloramos.
Alberto
Sinapsis
Dom, 15/08/2010 - 22:17
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TENGO 39
SI EMPEZARA A ESCRIBIR MIS MEMORIAS AHORA MISMO CREO QUE NO ACABARIA NUNCA…ME FALTAN MUCHAS CONEXIONES SINAPTICAS…CLARO QUE MIS AMIGAS Y AMIGOS Y FAMILIA ME AYUDARIAN….CREO!!!. BUENO Y MIS COMPIS DE CARCEL TAMBIEN… CREO!!! PERO COMO TENGO QUE VOLVER A INGRESAR EL MES QUE VIENE ( SINO ANTES POR OTRO AÑO Y MEDIO ) LO ESCRIBI´RE ALLI… EN ESTREMERA…..UN SALUDO
Alberto
joseangelmadrid
Dom, 15/08/2010 - 22:18
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Las ventajas de ser marica
Yo soy marica, y por eso no tengo que llevar cuidado con mi virilidad, me la trae al fresco. Puedo llorar cuando me salga del pijo sin que eso resienta mi supuesto papel como hombre en la sociedad.
Ah, y además lo de follar con tíos, suele ser más fácil, que suelen tener menos líos mentales para hacerlo y no lo usamos tanto como vía, sino como fin.
Alguna ventaja tenía que tener serlo, ¿no?
Sinapsis
Dom, 15/08/2010 - 22:21
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creo entenderte
yo no soy marica como tu te autodenominas, pero creo entenderte. Un saludo
Alberto
AURYN
Lun, 16/08/2010 - 00:49
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Catarsis lacrimal
Llore como una Magdalena con el clímax de Ratatouille y el de Wall-E. Concretamente reí y lloré a partes iguales y simultáneas.
Jose Herrera
Lun, 16/08/2010 - 05:54
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Todos necesitamos unas lagrimas
Hola,
dejame contarte que muchas veces al ver escenas en peliculas que se asemejan a nuestra propia realidad es muy duro, pero a la vez te hace ver la grandeza que tienes a tu alrededor. Particularmente a mi me ha pasado esto unas pocas veces, veces que siento que quiero más a mi familia que nunca y estoy encerrado en un mundo que no puedo decir nada, solo sentir. Y ese sentimiento sale con una lagrima tras otra, como si cada recuerdo necesitaría un sentido físico de expresión para sentirse completo. La vida es maravillosa, y aunque muchos lo sabemos, inentamos disfrutarla muy tarde con nuestros seres queridos.
Un Saludo.
Jose Herrera
sentoki
Lun, 16/08/2010 - 10:38
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Pues se te va a caer la colica
Son de estas cosas que te dicen de pequeño y que en ese momento debería haber caído un rayo y partido en dos a quien lo dijo.
Nos deberían dar un manual de cómo hablar a los niños. La de mierdas que les metemos justo cuando estamos grabando el firmware de nuestra vida.
Debería tener 4 o 5 años, tanto así que lo que cuento transcurre en un lavadero, que para los de ciudad os contaré que era como una fuente comunal, con tablas de lavar en piedra en los costados, donde las mujeres iban a lavar la ropa, todo un avance con respecto a llevarte tu propia tabla al río y lavar en cuclillas. Ya había lavadoras, UHF y VHF, pero en el pueblo de mis abuelos ciertas cosas mi abuela prefería ir allí a lavarlas. La cuestión es que yo había ido con mi yaya a lavar no se qué al lavadero, donde había otras mujeres. No recuerdo si fue por algo que me dijeron o si me caí o si hice una trastada… el resultado es que en mi memoria yo estaba llorando y la cara de una mujer que me decía: “si lloras se te va a caer la colica”. ¿Sabía ella la repercusión de amenazar a un niño de la amputación de su pene?
Puede ser por eso o puede ser más largo, pero pocas veces lloro y ninguna me verás llorar.
Murphy
Lun, 16/08/2010 - 10:59
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Una pregunta
¿Habrías llorado si hubieses ido a ver la película con tus amigos en vez de ir con tus padres?
admin
Lun, 16/08/2010 - 12:39
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Una respuesta
Pues probablemente no. Yo era macho para todos :-)
Murphy
Lun, 16/08/2010 - 13:39
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Me lo imaginaba, tampoco ibas
Me lo imaginaba, tampoco ibas a ir con tus amigos a ver esa película. Los tíos cuando nos juntamos hacemos cosas de tíos y nos reafirmamos en nuestra hombría. Solo nos permitimos ciertas licencias sentimentales cuando estamos en un entorno seguro, donde sabemos que van a apreciar nuestra sensibilidad y hasta se van a admirar de que lloremos. Lo llevamos marcado a fuego.
proclamo
Lun, 16/08/2010 - 15:51
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"Como una torre gemela en un
“Como una torre gemela en un 11 de septiembre.”
Qué bueno.
pasajero
Mié, 01/09/2010 - 18:01
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Los buscadores ...
Me ha gustado este post….
Las relaciones de padres e hijos me sugiere una cosa: independencia.
Recuerdo una frase del libro de Rosamunde Pilcher, Los buscadores de conchas… la madre dice en un momento determinado: la mejor herencia que podemos dejar a los hijos es la independencia….(o yo así lo recuerdo)
Saludos.