La jaula de grillos

El desconocido comunicante

El email de mi desconocido comunicante hablaba en los términos que te he querido transmitir. "Esto va a cambiar tu vida" —decía. No sé cómo se cambia una vida, pero aquí estoy, leyendo curioso frente al monitor. Intrigado, hago saltar mi vista una línea tras otra. Me dice que vivimos un sueño. Querer es poder. Piensa y haz. Los mayores logros empezaron con un simple pensamiento.

En infinitas ocasiones he deseado creer algo así, que el mundo es maleable, que la vida es un sueño, que querer es poder, que no hay más que desear algo para que se haga realidad. A veces, brevemente, consigo abrazar la sensación durante unas pocas horas y después termina evaporándose bajo el peso de lo real, de lo obvio. Ojalá consiguiera creer que el mundo está en mis manos, que soy dueño de mi propio destino.

Quizá algún día consiga retener la sensación para siempre.

El escrito de mi desconocido virtual salta de párrafo. Continúo leyendo con escéptica curiosidad.

"¿Alguna vez has deseado acostarte con todo tipo de mujeres?", interroga el texto. Esa chica rubia del autobús, la camarera del café donde te sentaste el otro día, la compañera de trabajo que se ruboriza al cruzarse contigo por los pasillos, la enorme morena que pedalea en la bicicleta estática junto a la máquina de refrescos en el gimnasio.

¡Por favor, escúchame!

Llevo muchos años escribiendo aquí para ti. Sabes que sé que ha sido un placer. Permíteme ahora que me ponga en contacto contigo para devolverte el favor y compartir contigo una experiencia maravillosa. Prestame toda tu atención porque lo que te voy a contar va cambiar la vida, la tuya y la mía. Todavía no somos muchos los que lo sabemos, pero esto se va a terminar hoy. Sígueme el juego, no estoy pirado.

Te cuento sin más prolegómenos.

La semana pasada recibí un email de un desconocido. No sé de dónde era pero hablaba español. Me contaba una historia sobre una antigua leyenda de su país. No me dijo a qué país se refería. No sé nada más de él.

Este desconocido me relató una historia sobre lo que él creía que era un mito del folckore popular de su pueblo, pero me dijo que había estado haciendo innumerables pruebas y ya se negaba a creer que estuviera equivocado.

Después me lo contó todo. Yo no sabía que creer. No porque lo que describió fuera terrible, ni mucho menos; me sobrecogió la enorme responsabilidad de todo lo que vino después. Y sobre todo, el placer. Así pues, no te preocupes por lo que te va a pasar porque no va a suceder nada malo. Simplemente déjate llevar y disfruta de todo lo que te rodea.

Tu momento ha llegado :-)

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