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NavegaciónInicio de sesión de usuarioCosas para pasar un buen ratoAutobombo: Bombo en general: Encuesta¿Eres genuinamente feliz? Sí 27% No 49% Pues no sabría decirlo 24% Total de votos: 122 |
LectoresDestino versus optimismoHabría que saber sopesar lo que nos ofrece la vida. Cada uno de nosotros debería saber cuándo y cómo elegir. El problema llega cuando no lo conseguimos. En demasiados casos del día a día nos vemos sobre un alto acantilado observando el mar, el horizonte, el fin de la Tierra. Queda muy lejano, pero nos da la impresión de que una vez lleguemos allí seremos felices. Pero estamos sobre un acantilado. Detrás de nosotros vemos tierra firme, la seguridad a la que estamos acostumbrados. Quisiéramos ir hacia el horizonte prometido pero nos da miedo caer en las rocas donde rompen las olas del mar.
El BarrenderoMe pareció una persona estúpida. Decidí no ir a trabajar. Me bajé del camión. Mañana diré que estuve enfermo. Siempre hay enfermedades pequeñas que sirven como excusas. Estuve sentado en la plazoleta universidad. El centro de la ciudad se encuentra pasivo, casi no hay ruido, hasta se podría decir que la ciudad descansaba. Eran las seis y treinta de la mañana, muy temprano en mi opinión. El sol se notaba opaco y el frío era tenue. No había mucha gente caminando en las aceras. Pensé que realmente no me encontraba en esta ciudad que se llena de gente, ruido y humo, como todas las demás ciudades grandes. La fuente de la plazoleta no estaba funcionando. Cerca de mi, un barrendero comenzaba sus labores del día, barrer y barrer, no hacia otra cosa mas que eso. Despreocupado, sabe que al día siguiente la basura estará ahí nuevamente. Será nueva basura, pero para él debe significar lo mismo, basura, basura y más basura. Yo también estaba despreocupado, se que llegará el siguiente día, irremediablemente. Por qué preocuparse entonces.
Circunvalando el EtnaUn tren si aire acondicionado, verano tropical del cambio climático en la costa oriental de Sicilia. Las ventanas están bajadas y los viajeros, entre los que me encuentro, asoman las cabezas como si de vacas se tratase. No ha empezado aún el viaje y ya siento que he retrocedido en el tiempo unos cuantos años. Esto es más o menos lo que buscaba. Un pequeño viaje de dos días en busca de algún destino turístico que sea exótico, pero accesible. Me han contado que un tren circunvala el mítico volcán, uniendo pueblos perdidos en la montaña. Me ha parecido un plan óptimo para pasar dos días de viaje en solitario. Por lo que pueda pasar, me llevo el saco de dormir. La imagen de las losetas de la estación moviéndose hacia atrás produce una extraña sensación. Es una marca del principio de la idea perfecta de viaje. Si en una película vemos esa imagen, sabemos que el viaje ha comenzado. Y como no, el viaje es en tren. Harán falta muchas películas para que el avión llegue al carisma que ya se ha ganado el tren.
VolarEstoy sentado en la plaza. La humanidad me rodea. Gritos de vendedores en los puestos a mi espalda, niños jugando a la pelota delante de mi. Yo tambien fui niño una vez, sin problemas, sin responsabilidades. Para cuando supe apreciar lo que eso significa ya lo había perdido. Dos niños de unos 7 años se lanzan una pelota el uno al otro. Junto a ellos, uno mas pequeño les pide jugar. Ellos se burlan de el, pasan la pelota por encima de el o en trayectoria cercana al mismo, pero nunca llega atocarla. El pequeño se echa a llorar, uno de los mayores, presumiblemente su hermano por su parecido físico, se cansa del juego y le ofrece el balón. El pequeño sonrie de nuevo. Giro mi vista a la derecha. Una pareja comparte unos cafés cogidos de la mano en la terraza cercana. Tienen la mano cogida, no dicen nada, solo sonrien con cara de bobos. Por delante de mi cruza un anciano, con una joven sobre la que se apoya al caminar. Debe ser su nieta, a juzgar por el ansia con la que habla el anciano, no debe verla a menudo. Llevo treinta minutos aqui sentado, rodeado de gente y me ha empapado el buen humor. Esta gente parece feliz en su escena cotidiana. Parecen felices. Por eso mi ultimo pensamiento es que quizás debí elegir otro lugar para Volar. Por eso me cuesta mucho apretar el detonador de mi chaleco.
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