Lectores

Destino versus optimismo

Habría que saber sopesar lo que nos ofrece la vida. Cada uno de nosotros debería saber cuándo y cómo elegir. El problema llega cuando no lo conseguimos.

En demasiados casos del día a día nos vemos sobre un alto acantilado observando el mar, el horizonte, el fin de la Tierra. Queda muy lejano, pero nos da la impresión de que una vez lleguemos allí seremos felices. Pero estamos sobre un acantilado. Detrás de nosotros vemos tierra firme, la seguridad a la que estamos acostumbrados. Quisiéramos ir hacia el horizonte prometido pero nos da miedo caer en las rocas donde rompen las olas del mar.

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El Barrendero

Me pareció una persona estúpida.

Decidí no ir a trabajar. Me bajé del camión. Mañana diré que estuve enfermo. Siempre hay enfermedades pequeñas que sirven como excusas.

Estuve sentado en la plazoleta universidad. El centro de la ciudad se encuentra pasivo, casi no hay ruido, hasta se podría decir que la ciudad descansaba. Eran las seis y treinta de la mañana, muy temprano en mi opinión. El sol se notaba opaco y el frío era tenue. No había mucha gente caminando en las aceras. Pensé que realmente no me encontraba en esta ciudad que se llena de gente, ruido y humo, como todas las demás ciudades grandes.

La fuente de la plazoleta no estaba funcionando. Cerca de mi, un barrendero comenzaba sus labores del día, barrer y barrer, no hacia otra cosa mas que eso. Despreocupado, sabe que al día siguiente la basura estará ahí nuevamente. Será nueva basura, pero para él debe significar lo mismo, basura, basura y más basura. Yo también estaba despreocupado, se que llegará el siguiente día, irremediablemente. Por qué preocuparse entonces.

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Circunvalando el Etna

Nota: Esta columna es una colaboración de un lector/a.

Un tren sin aire acondicionado, verano tropical del cambio climático en la costa oriental de Sicilia. Las ventanas están bajadas y los viajeros, entre los que me encuentro, asoman las cabezas como si de vacas se tratase.

No ha empezado aún el viaje y ya siento que he retrocedido en el tiempo unos cuantos años. Esto es más o menos lo que buscaba. Un pequeño viaje de dos días en busca de algún destino turístico que sea exótico, pero accesible. Me han contado que un tren circunvala el mítico volcán, uniendo pueblos perdidos en la montaña. Me ha parecido un plan óptimo para pasar dos días de viaje en solitario. Por lo que pueda pasar, me llevo el saco de dormir.

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Volar

Estoy sentado en la plaza. La humanidad me rodea. Gritos de vendedores en los puestos a mi espalda, niños jugando a la pelota delante de mi. Yo tambien fui niño una vez, sin problemas, sin responsabilidades. Para cuando supe apreciar lo que eso significa ya lo había perdido. Dos niños de unos 7 años se lanzan una pelota el uno al otro. Junto a ellos, uno mas pequeño les pide jugar. Ellos se burlan de el, pasan la pelota por encima de el o en trayectoria cercana al mismo, pero nunca llega atocarla. El pequeño se echa a llorar, uno de los mayores, presumiblemente su hermano por su parecido físico, se cansa del juego y le ofrece el balón. El pequeño sonrie de nuevo.

Giro mi vista a la derecha. Una pareja comparte unos cafés cogidos de la mano en la terraza cercana. Tienen la mano cogida, no dicen nada, solo sonrien con cara de bobos. Por delante de mi cruza un anciano, con una joven sobre la que se apoya al caminar. Debe ser su nieta, a juzgar por el ansia con la que habla el anciano, no debe verla a menudo.

Llevo treinta minutos aqui sentado, rodeado de gente y me ha empapado el buen humor. Esta gente parece feliz en su escena cotidiana. Parecen felices. Por eso mi ultimo pensamiento es que quizás debí elegir otro lugar para Volar. Por eso me cuesta mucho apretar el detonador de mi chaleco.

Hechos dramatizados

La gente conoce a gente, yo también, contactos producto de la socialización y el small talk, Mira, te presento a Fulanito, Encantado, yo soy Menganito, y como decían los romanos, Lo importante no es saber, sino tener el teléfono del que lo sabe. Por eso, por gente que conozco que a su vez conoce a otra gente, y por otras razones más complicadas de exponer, fui a ver un conjunto de piezas de danza contemporánea en el Tacheless, la casa okupa más turística de Europa. Entonces empezó todo. Y así comienza:

Llego el primero y me pongo a hacer cola. No llevo un duro. No me darán las tres entradas. Llega mi contacto justo a tiempo, con dinero, y acompañado de una bailarina que además es modelo de piernas. Me atraganto del susto. Me da la tos. Después de todo eso, oigo que dicen, Mira, te presento a Fulanita. Encantado, yo soy Menganito, digo. Me hago el sueco, recojo las entradas pagando con el dinero de otro y Fulanita ronda en mi cabeza. Fulanita. Fulanita. Fulanita. Me habla en castellano. Dice que le encanta España y olé. Melena rubia al viento, cabello lacio, piernas modélicas. Fulanita. Fulanita. Fulanita. Me hago el interesante y acabo haciendo el tonto. A veces me mira, me habla, me toca. Cuando habla en inglés con mi contacto no entiendo ni jota de lo que dice. Empieza la danza. Acaba la danza. Varias constataciones. Todas las bailarinas son tremendamente atractivas. Algunas son hasta modelos de piernas. La pieza del tío del mono blanco con una flor en la boca no ha gustado a nadie.

Mi contacto me presenta a más gente, todos de la farándula, y me llevan a un bar lleno de fotos de Sharon Stone. Fulanita. Fulanita. Fulanita. Melena rubia al viento, conillet de vellut, melocoton en almíbar, escote, piernas modélicas, Alfredo Landa. Dos bailarinas más, de mi tierra, de la vuestra, atractivas, solas en esta ciudad, pobrecitas. Me hacen un par de ofertas, correo comercial en realidad, pero yo Fulanita, Fulanita, Fulanita. Melena rubia al viento, ojos azules, labios, dos, fresones. Y me canso y todo se vuelve lento y todo el mundo quiere irse a casa. Nos vamos a casa. Yo a la mía y Dios a la de los demás. Abro la puerta de mi casa, al ritmo de Fulanita, Fulanita, Fulanita, y me digo, Qué cojones. Llamo a mi contacto, Piticlínpiticlín, Hola, Está Fulanita, Sí, un momento que se pone. Cuando la tengo pegada a mi oreja le digo, con un cigarrillo en la boca, Mira muñeca, qué haces mañana, y ella contesta, Si todos los hombres fueran tan hombres, rediós, que me pones bruta, Ya lo sé, conillet meu, pero no es fácil ser un tío duro con los huevos grandes como yo, Me lo imagino, chuloplayas, llámame mañana y dejaré de imaginar.

Al día siguiente no la llamo. Mi contacto esta vez me ha fallado, tengo el teléfono del que sabe pero el cabrón no contesta, y llorando por las esquinas acabo viendo un concierto de música clásica. Esa misma noche duermo en posición fetal, chupándome el dedo, soñando con brujas malas que me quieren hacer daño. Despierto entre sudores: Fulanita, Fulanita, Fulanita. Cojones ya con la tipa.

El lunes llamo a la artillería y les digo que disparen, Adónde, me preguntan, Adónde sea, respondo. Por casualidad dan en la diana, en el fondo fue una buena idea, y me hago el cool invitando a no sé cuantas personas a comer Bacalao con Tomate en mi casa.

Llega el día y, ya ves, yo en la cocina, cocinando, mientras Fulanita departe con lo mejor de cada casa. Cuando nadie dice nada se oye el eco de los pensamientos de los machos alfa allí presentes, Fulanita, Fulanita, Fulanita. Pues qué poco original que soy, pienso. Y qué bueno está el bacalao, me dicen. Nos bebemos siete botellas de vino. La cena se pasa de frenada en una curva, descarrila, y acaba en una juerga de tres pares de cojones. A las doce descubro que en el piso de debajo vive una chica de unos treinta años muy simpática. Me pide, muy educadamente, que dejemos de saltar, cantar, hacer zapateados, tirarnos por el suelo y que bajemos la música también.La panda de zumbados que tengo en casa se pasan los ruegos por el forro, yo el primero, Fulanita también, y seguimos a lo nuestro, que la noche, de miércoles, es joven. En la cocina alguien se arranca por bulerías y nos marcamos unos pasos de danza contemporánea. A las tres descubro que la vecina de debajo está casada y que su marido acaba de entrar en mi cocina. Por dónde coño habrá entrado en casa. Pensaba que eras un buen vecino, me espeta, y yo le digo, No conoce usté acaso el Carpe Diem, el libre albedrío, Mira chavalote, yo mañana he de trabajar, no como otros, y no miro a nadie. Y nos mira a todos aunque todos, menos Fulanita, tenemos que trabajar al día siguiente. Pues si ha de trabajar no debería andar por estas fiestas, que las carga el diablo, además, su mujer estuvo aquí hace un rato, Sí, ya lo sé, Pues venía pidiendo que la dejáramos estar en la fiesta, que con sus ronquidos no podía dormir, así que aquí, quién más quién menos, va haciendo más ruido del que debiera y ahora, hale, váyase a casa, déjenos con nuestras cosas, que nosotros somos gente seria, por lo general, de países diferentes además, un respeto, y no podemos ir perdiendo el tiempo con charlas que no nos llevarán a ningún otro sitio que no sea la cárcel. El vecino se va y nosotros nos ponemos a lavar los platos en silencio. Algo se muere en el alma, cuando un vecino se va.

Oye, que nos vamos yendo. Frente a la puerta de mi apartamento, voy pasando revista a los despojos que van desfilando a sus casas. La última es Fulanita y cuando pasa delante mío Jack Nicholson se apodera de mí. Y es Jack y no yo el que le dice, Mira, preciosa, si sales por esta puerta no sabrás lo bueno que está el café que hace mi cafetera para desayunar. Y Fulanita, Fulanita, Fulanita.

Depresion Automedicada

En la que es mi segunda colaboración voy a deleitaros con una de mis depresiones automedicadas. Parece que esto de escribir cuando estoy rayado va a empezar a convertirse en una tradición. El caso es que acabo de salir de un mes entero de examenes en la universidad, del cual puedo decir que he escapado airoso. Pero después de todo el esfuerzo realizado, me he parado a pensar. ¿Para que tanto esfuerzo? El fin último de las personas en esta vida creo yo que es ser feliz. Muchas veces los infelices intentan engañarse y ocultar su infelicidad tras toneladas de dinero, mujeres guapas y otros "placeres materiales". Quizás es que no saben realmente lo que es la felicidad.

Para mi, la felicidad radica en encontrar un sitio en el mundo en el que ser aceptado. Esto a su vez desemboca en la necesidad de sentirse amado por una persona. Pues es en ese momento cuando uno siente, quizás egoistamente, que forma parte de algo, que la existencia de otra persona gira en torno a uno, que ambas almas están imbricadas en un solo ser, (Esto ha quedado un poco pedante xD) que encaja y tiene un sitio.

A diferencia de lo que piensa la gente, y quizás por lo que estudio y la forma en que ello me hace pensar, no creo que se pueda ser medio feliz o medio infeliz. Para mí la felicidad es algo absoluto, o lo tienes o no lo tienes. Cierto es que puede parecer que eres "medio feliz" pero al final, cuando estás dando vueltas en la cama y no puedes dormir, cuando la cama se te queda grande, cuando las sábanas no te abrigan, cuando te sientes profundamente solo y hueco, cuando ves que nada a tu alrededor te llena realmente, entonces descubres que no eres feliz.

Este es quizás uno de los tragos más amargos que nos toca beber. Hasta que uno no encuentra la felicidad, tiene la sensación de estar persiguiéndola y ver como cada vez se aleja más y más. La felicidad para mi ahora mismo es un tren que veo partir, y yo desde el anden, corro con todas mis fuerzas para tomarlo, pero va demasiado rápido, y veo como lentamente, como si fuese una eternidad, se va escapando de mí.

Puede que sea el miedo a buscar la felicidad y no encontrarla, el miedo al fracaso, lo que impida que mis piernas aceleren y cojan ese tren. Quizás la madurez se alcanza cuando uno es capáz de afrontar el miedo a fracasar y e intenta ser feliz. Quizás sea el momento de afrontar mis miedos, y buscar ser feliz, conocer gente e intentar encontrar en esa gente alguien a quien hacerle un hueco en el mundo, y que me haga un hueco en el mundo. Puede que sea el momento de afrontar la posibilidad de que la gente pueda ver que en el fondo por dentro estoy hueco. Pero quizás el sentido de la vida (Esto es muy adecuado xD), ser feliz, esté el camino que recorreré intentando buscar la felicidad, en rellenar mi hueco interior con experiencias con otras personas. La felicidad creo que he llegado a comprender mientras escribo estas lineas, no es un destino final, sino el camino que recorremos hacia ese destino.

Espero que os haya gustado y me deis vuestra opinion sobre esta pequeña ida de pinza, de la que al menos he sacado alguna que otra conclusion. Gracias por adelantado.

La Posdata

Nota: Esta columna fue escrita por un lector/a.

A veces Ella pensaba que ser la insensible de tus amigas era una putada porque veía que antes era como ellas y creía en cosas que ahora le parecían una chorrada. No compartía las idas y venidas de los sentimientos de sus colegas y esto no le parecía normal. Demasiado pronto una relación desastrosa la había dejado "preparada" para la Universidad, en la que encontró el ambiente superficial que tanto necesitaba. Sin pena ni gloria, sin sufrir pero tampoco sin ser extremadamente feliz. Las noches se sucedían sin que nada en ellas le hiciera comerse la cabeza, atrapada entre mares de drogas, alcohol y sexo. Durante la semana estudiaba, trabajaba... su vida era bastante tranquila, no se podía quejar y, además, se lo pasaba bien, para que negarlo.

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Normalidad

Algunas cosas que he leído últimamente han girado en torno a la normalidad: un par de blogs, una entrevista en un periódico y mis propias reflexiones respecto a algunas personas que conozco y respecto a mí misma.

La normalidad no existe. Confundimos lo que son nuestras propias costumbres con ser normal, y miramos con sorpresa, curiosidad o rechazo aquello que resulta ajeno a nuestras vidas.

Reconozco que no soy tan tolerante como me gustaría y que mis prejuicios a veces me impiden abrir los ojos y mirar realidades diferentes. Pero también es cierto que lo soy en mayor medida que mucha gente. Lo que es diferente despierta mi curiosidad, pero sin afán de molestar, juzgar o burlar. De alguna forma me siento distinta a muchas de las personas que me rodean. Soy incapaz de ser gregaria, soy independiente, puedo hacer casi todo sola y cuestiono la mayor parte de las cosas. Esto no significa que no me guste o que no prefiera estar con otros seres humanos. Al contrario, me encanta hablar, escuchar, conocer diferentes puntos de vista y compartir momentos. Me resulta curioso el hecho de que, a veces, es difícil mantener una conversación interesante con algunas personas que aparentemente se parecen a mí. Y es que no me aportan nada y me aburren. Y sin embargo, hay quien a priori es muy diferente a mi forma de ser y conseguimos conectar. Quizás consiste en encontrar nuestro pequeño lugar común y quizás ese lugar simplemente se encuentra en las ganas de concoer a alguien, entenderle y respetarle aunque piense diferente a uno mismo. Es probable que no sea fácil conocerme de verdad, pero he de admitir que si eso provoca que alguien piense que no soy "normal", no lo sé, y la verdad,tampoco me importa.

Para mí es tan intolerante la persona con ideas tradicionales que desprecia a los homosexuales o a los divorciados, como el pseudo liberal que critica que alguien viva en pareja, tenga hijos y sea fiel. Cada uno tenemos nuestras propias ideas, vivencias y creencias. Nada es bueno o malo, todos deberíamos encontrar nuestro propio camino. Siempre y cuando no se haga daño a nadie, ¿qué más da en qué ocupe alguien su tiempo o con quién? Lo importante es que sea el propio camino y no el de otros. Y por supuesto que nadie imponga nada. Esa es la teoría, pero es un poco utópica. Como animales sociales no nos queda más remedio que aceptar ciertas reglas. Ir contracorriente es muy duro y muy solitario. Lo triste es que a veces la aparente "normalidad" no es tan buena ¿Es fácil tener amigos con 20 años si no vas de botellón? ¿Es fácil encajar en un trabajo si no sometes tu individualidad a la cultura de la empresa? Pues no, no lo es y al final uno acaba poniéndose su disfraz y en mayor o menor medida aceptando reglas con las que no comulga u ocultando aquello que puede provocar que te miren con extrañeza y te cuelguen el cartel de "rarito". Admiro a quienes defienden sus ideas sin importarles lo que piensen los demás. Aunque a mi modo de ver hay que saber dónde y cuándo defenderlas. Lo de ser excéntrico debe quedar para los artistas, sólo en ellos se entiende. Y tampoco es necesario estar en perpetua defensa de nuestra singularidad, porque denota algo de inseguridad.

A mí me llama la atención descubrir facetas sorprendentes (no necesariamente ocultas) en gente aparentemente "normal" y de nuevo llego a lo mismo: no existe la normalidad. Sólo en algunos casos existe lo común, lo frecuente. Y eso cambia en cada cultura.

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