Cómo...

Cómo escribir bien

Debo confesarlo: no he leído ni a Faulkner ni a Joyce. Ni siquiera tengo intención de leerlos a medio plazo. No soy, pues, un experto en literatura. No diría siquiera que soy un tipo culto.

Mi padre pasó la post-adolescencia metido en libros de filosofía en medio de un torbellino existencialista, y mi madre ya se había leído la Odisea y la Ilíada a la tierna edad de ocho años. En una casa así, incluso con poco interés, uno se despierta al final medianamente cultivado. Luego sale al Internet y se da cuenta de que hay gente que sabe un huevo de literatura y que cita a los clásicos sin que les tiemble el pulso. Afortunadamente para todos, también hay gente que escribe.

Se dice siempre que la práctica hace al maestro y la escritura no va a ser una excepción. Sólo hace falta juntar líneas durante mucho tiempo, ser un poco observador para encontrar defectos y un poco paciente para subsanarlos, y terminaremos confeccionando textos de una calidad literaria aceptable por zopencos que seamos.

Hete aquí pues, para ayudar a todos aquellos que no saben de literatura pero quieren escribir, y sin ningún tipo de pretensión por mi parte, un compendio de normas y reglas de buen uso que en estas lides he ido aprendiendo con el tiempo, Está centrado en artículos de unas pocas páginas y preferiblemente de humor, que es básicamente a lo que me he venido dedicando hasta ahora. La mayor parte de estas reglas pueden, empero, aplicarse a cualquier tipo de escritura.



Ritmo, ritmo, ritmo

En cualquier composición, sobre todo si se pretende hacer reír a alguien, el ritmo es fundamental. No deben existir frases que no conduzcan a ningún lugar, que no tengan una razón para estar ahí. Las oraciones deben ser fáciles de leer y deben llevar al lector por la historia de una manera ágil y amena.

Aprendí de mi amigo Jamarier que el humor es como la magia que es como el sexo. El secreto consiste en crear una tensión que culmina en una explosión que de nuevo deja paso a un mínimo desde el que habrá que volver a empezar a construir tensión. Cuanto más alta suba la tensión, más ruido va a hacer al caer.

El ritmo es como la batería en una canción: pasa desapercibida cuando es bien tocada; pero cuando no lo es, la canción es insufrible. Así, normalmente no nos daremos cuenta de que un buen texto tiene ritmo, pero cuando no lo tenga se nos hará patente que falta un algo y no sabremos qué es. Es el ritmo; es lo que hace que entre fácil y que no queramos dejar de leer aunque sea un bodrio. Así me terminé yo Ángeles y Demonios. Hay que joderse.



Cuidar la estructura

Todo aquel que haya hecho redacciones en el colegio sabe que los textos constan de tres partes bien diferenciadas: introducción, nudo y desenlace. Si no has ido nunca al colegio, no te distraigas porque vas a necesitar lo que viene ahora.

La introducción se compone de unas cuantas frases que describen la escena y sitúan a los personajes, ubicando al lector en el lugar y explicándole en qué consistirá la acción. Si no tenemos personajes, conviene empezar explicando a grandes rasgos qué es lo que se va a contar.

La introducción puede constar de una única frase o de varios párrafos, pudiendo el autor experimentar en función del tema. Como en el cine, lo ideal es comenzar con un terremoto y luego seguir in crescendo. Esto no siempre es posible, pero es nuestra humilde obligación intentar captar el interés desde el principio: empezar con un terremoto puede hacer que el lector se decida por continuar leyendo en vez de hacer cualquier otra cosa, generalmente encender la tele. De nuestro buen criterio dependerá el grado de alfabetización del país.

El nudo es básicamente donde largamos el rollo. A nivel estructural no tiene grandes secretos. A otros niveles precisaría de un libro aparte y además lo tendría que escribir otra persona, así que no entraremos en detalles.

En el desenlace la historia llega a su fin. Dependiendo de lo que estemos contando, puede ser conveniente que el lector sepa que la cosa se termina y que hay que ir haciendo balance del texto y empezando a sacar conclusiones. El desenlace adopta formas tan variadas como la introducción, y conviene experimentar cuál es el final más indicado para cada tipo de escrito. Si hemos empezados con un terremoto convendrá acabar con otro. Ya he dicho que esto es como el sexo.



El uso de los paréntesis en el humor

Los paréntesis son recursos muy poderosos que hay que utilizar por tanto con gran mesura. En el momento en el que abrimos un paréntesis pasamos a hacer una confidencia al lector. Es como cuando en las películas el actor deja de seguir el guión para dirigirse al público durante un momento. Son unos segundos muy intensos en los que se está interrumpiendo la acción. Evidentemente, si detenemos el hilo durante demasiado tiempo, al retomar la acción el lector ya no sabrá de qué estábamos hablando. Lo mismo sucede si cortamos el argumento demasiadas veces para hacer múltiples confidencias: al final el espectador estará deseando que cerremos la boca y le dejemos saber cómo termina todo.

Todo aprendiz de cachondo abusa de los paréntesis. Yo lo hacía. Son un arma poderosa que permite la risa a un precio muy asequible, y a menudo es tentador echar mano de ellos incluso cuando la situación lo desaconseja. El resultado es que a la tercera interrupción en el mismo párrafo el lector termina agotado de seguir un argumento que se divide dos caminos en cada renglón: un camino para la historia y otro para las putas gracias del escritor.

Personalmente recomendaría un máximo de dos parejas de paréntesis por página, y siempre lo más breves posible. Si en tu carrera por elevar la tensión se interpone un paréntesis y no estás seguro de si realmente el párrafo lo requiere, en la mayor parte de las ocasiones lo más sabio es metértelo donde te quepa. No dejes que un paréntesis que te parece graciosísimo te estropee una frase que, junto con la siguiente, pueden hacer que el lector se mee de risa. Ritmo, ritmo, ritmo.

Como última consideración, ten en cuenta que esas confidencias que a ti te parece tan graciosas pueden resultar un auténtico coñazo para una mayoría de las personas que no son tú.



Cuida la ortografía

Procura cuidar la ortografía en tus textos. Las faltas son a tus artículos lo que las notas disonantes a la mejor composición musical. Por eso en los grupos de medio pelo siempre es el cantante el único que moja.

Dividiremos los errores ortográficos entre los que te pegan un puñetazo en la nariz y los que estropean el ritmo, aunque en realidad cualquier tipo de falta ortográfica termina destrozando el ritmo y la moral del lector avezado.

En la primera clase se encontrarían palabras como "esquisito", "umilde", "expectador" o "vevida". Cagadas de ese tipo te desacreditan directamente como escritor y rompen completamente el ritmo de la lectura, entre otras cosas porque el lector va a pensar que si hubiera un carné de escribir a ti te lo deberían haber quitado hace tiempo. Cosas como "ginete" o "imberosímil" deberían costar doce puntos de una tacada. Aunque creas que vas bien, lo mejor para todos es que no salgas a conducir un artículo en esas condiciones.

En la segunda clase, aquellas faltas que básicamente rompen el ritmo de lectura, se encuadran cosas como los diferentes usos del por-qué (junto y separado), el si-no y las maravillosas posibilidades de acentuación de cuando, como , quien, donde y por-que. Algunas de ellas harán que te retiren un par de puntos del carné y otras dejarán al lector cavilando sobre lo que realmente querías decir, abortando en cualquier caso su carrera hacia la risa.

Veamos un pequeño ejemplo:

"Como no te dije a qué hora tendría lugar el suceso, no quisiste esperar"

"Cómo no te dije a qué hora tendría lugar el suceso, es algo que no me explico"

La tilde del como debe estar correctamente ubicada. Si el lector no ha encontrado faltas durante la lectura, leerá exitosamente sin vacilar de principio a fin. Si, debido a nuestro poco esmero ortográfico, el lector ya viene resabiado desde hace unos párrafos, tendrá que leer hasta la coma para asegurarse de que lo que estamos escribiendo es lo que le queremos decir. Por otra parte, si no acertamos con el acento, al llegar a la coma tendrá que volver al principio de la frase para intentar interpretar el verdadero sentido. En cualquier caso la tensión se habrá ido al garete y el prometido orgasmo se habrá perdido. Gatillazo literario. Unos cuantos de esos y tendremos que volver a las pajas editoriales en la soledad de la ignominia.

Las tildes no son un capricho de los académicos para putear a los escritores noveles, sino que en muchas ocasiones definen unívocamente el sentido de la frase y nuestro éxito a la hora de comunicar ideas. Mucho ojo pues con los signos de acentuación.



Lee siempre tus escritos varias veces

La relectura de tus textos es fundamental porque te permite:

  • asegurarte de que el escrito mantiene el ritmo que pretendes.
  • ponerte en la piel de alguien que, prácticamente, lee el texto por primera vez.
  • encontrar faltas de ortografía de primer y segundo nivel así como gazapos, que siempre te dejan en mal lugar.
  • asegurarte de que tienes una visión global de lo que estás escribiendo y redondear el texto como conjunto.

Mi técnica para textos de unas pocas páginas es hacer una pausa cada pocos párrafos y retroceder un poco para releer lo último que he escrito. De esta manera obtengo una visión de las diferentes partes del escrito. Una vez terminado el texto, lo leo desde el principio varias veces. Esto me permite añadir algunas palabras a determinadas frases, recortar otras y asegurarme de que todo queda compacto y con sentido. Una vez creo que está terminado, entonces lo leo una última vez.

Estas relecturas completas se deben llevar al cabo al menos un par de veces, y lo mejor es que sea en días diferentes. A menudo algunas faltas pasan varias veces inadvertidas a nuestros cansados ojos, y sólo un largo periodo con la cabeza en otras cosas las hará evidente a la vuelta.



Y esto es todo. Aquí es donde vendría el terremoto. ¡Kaboum!

Incluso en la escritura hay que saber perder.





Cómo empezar a correr

Desde que tuvo lugar el peor día de mi vida moderna me he encontrado con un exceso de energía que me veo obligado a gestionar. A veces suceden acontecimientos que cuestionan lo establecido y uno se encuentra con un extra de combustible, generalmente en forma de ácido estomacal, que hay que acabar quemando de alguna manera.

Hasta ahora siempre he preferido emplear esos excesos de energía negativa en hacerme la vida imposible, en golpearme en el estómago tantas veces que lo terminaba disfrutando. Esta vez no. Ni creo que me convenga, ni siquiera tengo las ganas de hacerlo. Así pues estoy deshaciéndome de todo aquello que no quiero yo ni querrían otros intentando llevar a cabo actividades productivas: principalmente me he volcado con la tira y con estas largadas. Como esta vez tengo mucho mal del que deshacerme, llevo un par de semanas levantándome a las 06:50 y saliendo a correr unos ocho kilómetros. Me he apuntado a la media maratón de Regensperry que tendrá lugar el 20 Mayo. Con esta marcha, apenas me quedan tiempo y energías para pensar en lo que no debo.

De otra cosa no, pero de pajas y de salir a correr sé un rato. Durante un año estuve corriendo diez kilómetros seis días a la semana. El séptimo lo descansaba por prescripción médica. Ni siquiera dios trabajó el séptimo día.

Imagino que más de uno, con la llegada del buen tiempo o la amenaza del verano y ese bikini que no entra, habrá resuelto durante estas semanas dedicarse al noble arte de poner un pie delante del otro más rápido de lo normal. Los comienzos son frustrantes, y lo sé de primera mano porque yo mismo acabo de comenzar a correr tras casi nueve meses de inactividad.

Para aquellos que pretendan iniciarse en el footing, nada mejor que los consejos de un experto metido de nuevo en zapatillas de principiante.



1. Motivación

Lo primero que tienes que hacer es encontrar una motivación para salir a correr. Para echar un polvo no hacen falta razones, pero para ponerse unas calzas y echarse a la calle a sudar hacen falta motivos muy poderosos. Estos pueden ser diversos y van desde la necesidad de rebajar dos tallas de culo hasta la noble intención de mejorar nuestra salud en general. Debes saber que cuanto más cerca te encuentres de este segundo polo, más posibilidades tendrás de ser constante, entre otras cosas porque es precisamente la falta de disciplina la que te ha llevado a tener ese culo.

Para motivarnos, nada mejor que quedar con un amigo para echar unas risas o con un posible ligue para echar otras cosas. Del roce nace el carino, y si pasas con alguien una hora todos los días lo más probable es que terminéis bailando el mambo horizontal.

En cualquier caso hablamos siempre de motivaciones iniciales. Una vez lleves corriendo dos meses, los días de descanso te sentirás como un yonki al que le han quitado el chute. Más vale que sea así, porque algún día el amigo se cansará o el posible ligue vendrá con el novio y tu motivación se habrá ido a pique. Que sepas que toda tu vida vas a estar solo, así que mejor si no dependes de nadie para hacer las cosas.

De todas maneras, como siempre, lo importante es empezar. Echa a correr y después ya puliremos los detalles.



2. Material

Si follar es barato, correr es la segunda actividad saludable más barata que puedes llevar a cabo. Evidentemente, hay artículos para el corredor profesional que valen un huevo de la cara pero, como el nombre sugiere, son para corredores profesionales. De momento tú eres un tarado que está pasando una mala racha e intentas encontrar la solución a tus problemas en el deporte. No te preocupes, sea lo que sea lo que te ha llevado a ejercitarte, lo más probable es que lo hayas superado en poco tiempo. Hoy en día ni los diamantes son para siempre.

El equipo básico del corredor aficionado consta de: camiseta vieja (puedes recortarle las mangas con unas tijeras para obtener un bronceado uniforme), bañador, calcetines más o menos gordos y las zapatillas de deporte de toda la vida. Lo más probable es que dispongas de todo este material en el armario de casa, así que no consideres inversiones extraordinarias hasta que descubras que la pronación no es una desviación sexual sino una manera de mover los pies al correr.



3. Distancias

Una pregunta habitual entre los corredores noveles es ¿qué distancia debo recorrer? En realidad, más que la distancia, lo importante es el tiempo que corras. Pasemos pues directamente al siguiente apartado porque este ha dejado de tener sentido.



4. Fundamentos del cuerpo humano

A grandes rasgos, y como corredores noveles, nos interesa saber que esto de correr es como todo y que sólo hay dos cosas importantes: el fondo y la forma.

El fondo viene a ser la cantidad de ejercicio que puedes realizar con tu mejor grupo de músculos antes de caer fulminado.

La forma es la lamentable forma física en la que te encuentras. Concretando, se trata del conjunto de articulaciones y músculos que van a verse involucrados en este deporte que ahora comienzas a practicar.

Cuando eches a correr por primera vez no sabrás si vas a terminar rompiendo por el fondo o por la forma. En mi caso, mi estado físico general es bueno pero carezco de la musculatura que una vez lucí en muslos y pantorrillas. Si me pongo las calzas largas que usaba antaño, se hace evidente que he encogido, y después de unos kilómetros se resienten las rodillas por la falta de chicha en la zona de la bisagra. Así pues yo, termino rompiendo por la forma. En general, y cuando uno empieza, lo normal es que tanto el fondo como la forma sean de risa y que cuando pares de correr estés tan mareado que no sepas si te va a estallar la patata que tienes por corazón o si se te van a quebrar las piernas con el siguiente paso.

En realidad todo esto no tiene ninguna importancia y no sé por qué lo estoy contando, así que pasemos al ritmo cardiaco, ese gran desconocido.

Para nuestra empresa nos bastará con distinguir tres estados cardiacos:

  • Reposo: 60-80 pulsaciones
  • Zona aeróbica: 80-150 pulsaciones
  • Zona anaeróbica: Desde las 150 pulsaciones hasta el colapso

No hace falta que explique lo que significa el reposo porque es lo primero que aconsejan siempre los médicos y es la postura a la que tienden todos los cuerpos físicos.

La zona aeróbica es aquella en la que la cantidad de oxígeno que aportamos a los músculos mediante la respiración es suficiente para que éstos desempeñen el trabajo que les estamos exigiendo.

La zona anaeróbica es aquella en la que nuestros músculos están consumiendo tanto oxígeno que no es suficiente con el que llega a través de los pulmones. Los detalles técnicos son complicados pero tampoco nos interesa, basta con saber que en esta zona se produce una deuda de oxígeno y el colapso ya es sólo cuestión de tiempo.

Evidentemente, estos rangos son orientativos y dependen de la edad de la persona, su estado físico, las copas que bebió el fin de semana pasado y la cantidad de cigarros que se enchufara ayer.

Los pulsómetros no son demasiado caros y nos permiten llevar un control exahustivo del estado del corazón. Por apenas 20 ó 30 euros se pueden encontrar casi en cualquier sitio, y sólo necesitamos que indiquen las pulsaciones por minuto o ppm en terminología molona. Si no queremos hacer el desembolso, sabremos que estamos corriendo demasiado rápido para nuestras posibilidades si no somos capaces de mantener una conversación.

En cualquier caso, se trate de las rodillas, los tobillos o el corazón, deja de correr en cuanto notes la más mínima molestia. Si lo que buscas es putearte puedes hacer el camino de Santiago de rodillas, pero no corras.



5. Los primeros días

Los primeros días son los más difíciles, y separarán a los que llegarán lejos de aquellos que apenas darán unos pasos.

Como ejemplo, el primer día de esta nueva época recorrí unos seis kilómetros. Mi ritmo fue lo que se conoce en el mundillo como "trote cochinero", un estilo en el que parece que corres pero en el que apenas te desplazas. Tuve que caminar aproximadamente la mitad del tiempo para mantener el corazón por debajo de las 150 pulsaciones por minuto, y parecía que mi cuerpo no sabía que hacer con el aire que trabajosamente le introducía en los pulmones. La segunda vez caminé sólo un par de veces. La tercera o la cuarta ya no tuve que caminar, aunque empleé el estilo cochinero la mayor parte del tiempo.

Lo bueno de estar en el fondo es que no se puede caer más bajo. Cuando empiezas a correr estás en el fondo, y cada paso es una rápida progresión realmente gratificante. Cada semana notas que puedes ir más rápido para el mismo nivel de esfuerzo, y cada semana te animas a recorrer más distancia y...

Pero no empecemos a lamernos los pijos, que todavía estamos planificando el entrenamiento.

La base fundamental de la constancia en el entrenamiento es:



Nunca volver a casa extenuado



No puedo dejar de insistir en la importancia de este sencillo principio.

Durante una gran parte de mi juventud salía a correr una tarde, me desfondaba, y al día siguiente era incapaz de encontrar la motivación para volver a pasar por lo mismo que el día anterior. La explicación para no poder encontrar la motivación es que no la tenía; ni motivación, ni ganas, ni fuerzas: me las había merendado todas la tarde anterior.

Cuando salgas debes trotar a un ritmo cómodo. No te debe faltar el resuello en ningún momento. Si ves que te falta fuelle, afloja o echa a andar un rato mientras te recuperas. En cualquier caso, cuando llegues a casa, no tienes que encontrarte al borde del colapso. No te deben doler las piernas y no has de tener ganas de vomitar, y cuando te acuestes varias horas más tarde, tu corazón deberá latir por debajo de las cien pulsaciones. De lo contrario no serás capaz de establecer una rutina, no porque te falte disciplina, sino porque lo que estás haciendo es una tortura y no un deporte. Créeme, no me lo estoy inventando, yo he pasado noches sin poder conciliar el sueño preso de una taquicardia debida a un sobresfuerzo.

Volviendo a la distancia, no te preocupes en absoluto. Para empezar, aconsejo carreras de entre 20 y 40 minutos, más en función de tu disponibilidad de tiempo que de otra cosa. Esto no debería suponer ningún esfuerzo si regulas el ritmo y no te castigas, echando a andar cuando te falte el aliento. No te dé vergüenza caminar aunque te adelanten las chavalas, probablemente ellas llevan corriendo mucho más tiempo que tú.

La mejor manera de llevar a cabo el entrenamiento es, si has planeado por ejemplo media hora, eches a correr y des la vuelta a los quince minutos. El hecho de no marcarse una distancia tiene la ventaja de que no sentirás la tentación de acelerar la marcha para terminar el suplicio cuanto antes.



6. El día a día

Otra de las preguntas que se hace uno es ¿cuántas veces debo salir por semana? Yo, en mi humilde experiencia, no aconsejo menos de dos ni más de seis. Todo depende fundamentalmente del estado de forma de cada uno, pues organismos más decrépitos requerirán pausas más largas para recuperarse del esfuerzo. Al principio no corras más de tres días a la semana y siempre en días alternos, ya que necesitarás un tiempo para que se desarrolle la musculatura de las articulaciones, especialmente la de las rodillas.

Una vez le hayas cogido el gusto al asunto (si te llega a suceder tal cosa, que ni siquiera a todo el mundo le gusta follar) te sorprenderás saliendo más veces a la semana. Como digo, no te cebes: al menos un día de cada siete es obligatorio un descanso. Habrá gente que no pueda concebir que alguien prefiera correr que quedarse en casa viendo la tele, pero cuando esto te coge bien y dispones del tiempo es como una droga.

Por otra parte, lo ideal para mantener la forma es salir un par de veces a la semana, una vez como mínimo. Si no haces un pequeño esfuerzo semanal, poco a poco irás perdiendo facultades y al cabo de un tiempo te encontrarás otra vez en el fondo del que tanto te costó salir.

Cada vez que salgas, relájate, disfruta y fíjate en cómo la semana pasada habías emprendido el camino de vuelta a la altura del campo municipal y hoy has llegado hasta el quiosco del tío Indalecio. Recréate en las sensaciones de superación, en las duchas calientes al volver a casa y en el subidón de endorfina después del ejercicio.

No hay una mejor hora del día para salir a correr. Quizá la tarde es más propicia al ejercicio físico, pero la mañana tiene otras ventajas. A mí, por ejemplo, me suena el despertador a las 06:50 y, tras unos primeros días de condicionamiento operante, cuando me he dado cuenta ya estoy en la calle con los calzones de lycra. No te cuestionas si lo que estás haciendo está bien o mal; cuando te has conseguido despertar del todo ya lo estás haciendo. Además la carrerita matutina te acelera el metabolismo y te pone a punto para enfrentar el día con alegría.

En cualquier caso, si prefieres correr por la tarde, aseguráte de que es un par de horas antes de irte a la cama. El esfuerzo trastoca el reloj biológico ese y te puede costar más de lo normal conciliar el sueño. A mí siempre me ha costado mucho dormirme por las noches, pero con esta marcha matutina pongo la cabeza en la almohada y en menos de diez minutos he perdido el conocimiento.



7. Forzando la máquina

Finalmente, si has conseguido mantener el ritmo unos cuatro o seis meses, serás capaz de trotar sin ningún esfuerzo durante una hora y recorrer en ese tiempo unos doce kilómetros. Por las noches dormirás como un bebé y durante el día te sentirás fresco y despejado. En realidad, si no lo has probado, debes saber que podrías cubrir veinte kilómetros sin ningún tipo de esfuerzo suplementario. Esto es debido a que, mientras te mantengas en la zona aeróbica, puedes mantener la marcha casi de manera indefinida.

Otra historia es la zona anaeróbica, la del esfuerzo intenso, la que se alcanza al hacer fuerza en la taza del váter o al hacer un sprint. Una vez entras en ella tendrás que dejar de correr indefectiblemente al cabo de un cierto tiempo. Este tiempo se puede ampliar. Para eso se inventó lo que se llama el entrenamiento anaeróbico o lo que toda la vida se ha llamado "hacer series".

Las series son distancias cortas (500 ó 1.000 metros) que deben ser recorridas a toda mecha con el corazón trotando en la zona anaeróbica ( >150 ppm). Estas carreras se repiten unas cinco o seis veces realizando pausas de unos tres minutos entre ellas. Es un entrenamiento bastante exigente y sólo se debe llevar a cabo una vez que se ha trabajado bien el fondo, que al fin y al cabo es lo que va a conseguir que metamos el culo en el bikini y salvemos el verano.



Resumiendo:

  • Corre tiempo, no distancias.
  • Nunca eches el bofe. Si vuelves fundido pensarás que al día siguiente va a ser Rita la que pase por el mismo episodio.
  • No dudes en caminar un rato si crees que vas demasiado rápido
  • Sé constante
  • Correr no es de cobardes
  • Si no te gusta, no corras, coño. Hay incluso gente a la que no le gusta follar.






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Un mes sin noticias: recapitulando

Hace aproximadamente seis semanas decidía someterme a un mes sin noticias. En esta columna explicaba las motivaciones, que no eran pocas. Éstas se resumen, de manera rápida, en los siguientes puntos:

  • Las noticias sólo presentan y fomentan puntos de vista negativos sobre el mundo que nos rodea.
  • Las noticias dan una falsa sensación de control informativo. Uno tiene la idea de estar al corriente de lo que sucede en el planeta, pero la realidad es que no te enteras ni de los trailers de antes de la película.
  • Las noticias son a menudo simple marketing, y en ocasiones marketing del miedo. Una tele en cada casa es un mando a distancia para cada hogar.
  • Las noticias son superficiales y rara vez reflejan los hechos tal y como sucedieron.
  • Debido a la manera en que nos son presentadas, las noticias fomentan una mentalidad negativa y derrotista. Sólo se presentan problemas, y en ningún caso se incita a su resolución.
  • Las noticias son en su mayor parte repetitivas, irrelevantes y carecen de interactividad. La relevancia de los sucesos depende de lo que haya que contar ese día.

Por todo esto, y para probar cómo se siente uno cuando deja de revisar titulares y de ver muertos en cada comida, decidí pasar el mes de Noviembre sin buscar activamente noticias. El trato era el siguiente: las novedades podían llegar a mí por cualquier medio, pero yo no podía emprender acciones para llegar a ellas tales como escuchar los informativos en la radio, ver los telediarios o leer los periódicos. Tampoco podía, por supuesto, echar mano de sus equivalentes en la red.

Debo confesar que la experiencia me ha resultado mucho más sencilla de lo que había pensado en un principio. Mi página de inicio es Netvibes, una especie de panel que, al margen de otras posibilidades, permite recoger titulares de muchas fuentes de información. Lo primero que hice fue eliminar los periódicos de la lista de favoritos. Después hice lo propio con otros feeds que podían traer información de actualidad del corte de lo que vendría en un periódico. Al final quedaron unas cuantas páginas de novedades relacionadas con el mundo informático, como Barrapunto o Libertonia. Las hubiera eliminado también, pero me interesan para inspirarme a la hora de hacer la tira ecol.

En casa fue fácil. No veo la tele desde que terminó la temporada de fórmula uno, y tampoco tengo ninguna radio desde la Operación Fernseher. Así pues, era complicado que me asaltara la tentación en la calidez del hogar, donde el porno era varios órdenes de magnitud más accesible que las noticias del día.

Los primeros días el mono se dejó notar. Mientras estaba ocupado en el trabajo no había ningún problema, pero en cuanto tenía un rato lo primero era echar mano del navegador e intentar abrir algún periódico. Superado el primer impulso, volvía a la calma. Después de una semana ni me acordaba de que existían las noticias. Me sorprendió lo fácil que había resultado. Supongo que, sin darme cuenta, hacía ya años que venía andando el camino de la tranquilidad.

Una de las cosas que piensa uno cuando se somete a un experimento así es que va a estar "desconectado de la realidad". Lo cierto es que la única manera de desconectarse de la realidad es pegarse un tiro, porque la realidad y las noticias son conceptos muy diferentes. No he echado en absoluto las noticias para nada, y he tenido la oportunidad de disfrutar de la realidad desde una perspectiva mucho más apacible e interesante.

Una de las cosas que más preocupaba a la gente al plantear el experimento, entre ellos a mi padre, era el hecho de no tener de qué hablar con los demás. Creo que se sobreestima el valor de las noticias de actualidad a la hora de iniciar una conversación. En primer lugar a la gente le encanta que la escuchen. Si alguien comienza un diálogo con un "¿te has enterado de que...?", esa persona estará encantada de largarte quince minutos de monólogo para ponerte al día. Tu interés genuino sencillamente redondeará la operación. En segundo lugar, el hecho de no estar al día de temas banales te permite empezar las conversaciones con temas realmente interesantes, lo que en la mayoría de los casos será un punto positivo. Mi padre tacha de La Desiderata la parte que dice "escucha al aburrido y al ignorante", pero sin embargo se preocupa de poder darles conversación. A mí cosas así me confunden.

En ausencia de los instrumentos habituales de captación de información, no tardan en aparecer nuevos canales de adquisición de noticias: las sobremesas, los cafés de media tarde, los emails que te envían los amigos, las llamadas que te hacen tus padres y que aprovechan para comentarte algún asunto de actualidad... Se podría decir que cualquier tema que no sea capaz de llegarte por ninguno de estos medios no tiene ningún tipo de relevancia en absoluto.

El resultado de tanta abstracción es una sensación de bienestar desconocida. Nos hemos venido acostumbrando durante toda nuestra vida a ver fusiles, miseria, cadáveres, tiroteos, accidentes de tráfico, persecuciones policiales, hambre, terror... Todos los días suceden cosas maravillosas fuera de la caja tonta y de los papeles, pero estamos tan condicionados que ya ni podemos identificarlas. A base de olvidar las cosas buenas ya no sabemos ni que forma tienen, y para reconocerlas tenemos que esperar a que la vida nos las señale. La mano apunta a las estrellas y los idiotas miran al dedo.

Lo más grave de todo esto, y a la vez lo maravilloso, es que se trata de una elección que está en nuestra mano y que podemos hacer en cualquier momento. Una tarde llegué a casa y en la caja tonta estaban poniendo el telediario. Los gritos de la novia del Chano me hicieron acudir presto al comedor a ver qué se cocía. Resultó que un chiflado había violado a una menor y, cuando lo habían trasladado al palacio de justicia de Dresden, el tío había aprovechado un descuido para subirse a la azotea del edificio y amenazaba con saltar. La policía, con el rabo entre las piernas, le acercaba con cautela unas mantas y unos bocatas para cenar. En mi casa gritaban indignados y alterados. "Pero... ¿por qué veis estas cosas?" les pregunté yo.

Aquel fue un momento revelador, de esos en los que sale el sol por encima del monolito y con la mano te frotas la barbilla. En aquel instante me pareció que un informativo no era más que un canal de la televisión en el que sólo se mostraban desgracias. Igual que existían programas en los que te enseñaban a hacer una estantería y había otros en los que los videoaficionados grababan a familiares partiéndose la crisma, existían programas en los que sólo se pasaban pequeños cortometrajes cuyo contenido estaba destinado a tocarte los cojones a todos los niveles. Eran los telediarios. La gran noticia era no sólo que se podía cambiar de canal, sino que se podía apagar el televisor.

Ahora mismo, después de un mes sin noticias, no tengo en absoluto la sensación de estar desconectado de nada. En el mundo suceden muchas cosas de las que no tengo consciencia; exactamente igual que hace varios meses. Lo único que he hecho ha sido incorporar unas cuantas cosas más a esa zona crepuscular en la que meto todo aquello que no me interesa demasiado, ya sea la ubicación exacta de Malasia, la guerra en Costa de Marfil o los resultados de la liga de fútbol.

Así pues, tras un mes de desintoxicación informativa y de admirar la realidad desde un punto de vista relajado y privilegiado, he decidido que voy a dejar de buscar titulares todos los días hasta nueva orden. Si alguna vez sucede algo lo bastante gordo como para hacerme cambiar de opinión seguiré narrándolo desde aquí. Mientras tanto me dedicaré a disfrutar de la realidad sin colorantes, conservantes, ni fecha de caducidad.

How-To: Montar una fiesta en casa

Puedes hacerlo como en las películas de adolescentes americanos ---para subir tu caché---; puede que tu intención sea reunir a un grupo de posibles ligues; quizá sólo te apetezca pillar una cogorza y tener que pintar las paredes de tu comedor al día siguiente, pero siempre llegará un momento en el que tendrás que hacer una fiesta en tu casa. Ocasiones que se pintan calvas son cumpleaños y saraos de inauguración. En Alemania, la gente se muda de domicilio como de ropa interior (si no más a menudo), así que excusas para bacanales no suelen faltar. Porque lo que nosotros queremos montar es un terremoto, una de esas movidas de las que se hablará todavía meses después. Al menos eso hará quien lo pueda recordar.

Alemania es un gran país, pero he estado en cumpleaños que parecían velatorios. Preparar una buena fiesta no es sencillo. No es que yo sea precisamente un experto, pero mis dotes analíticas me han permitido reunir una serie de características que estimo conforman el mínimo común divisor de una buena fiesta en casa.

La bebida

De la misma manera que los coches no funcionan sin combustible, las fiestas no funcionan sin bebida. Siguiendo con el símil, cuanto más octanaje, mejor. Y si lo que te propones es embalar una locomotora, las cantidades necesarias serán ingentes.

Algunos dirán que se pueden hacer grandes fiestas y que no es necesario ponerse como una cuba, pero no te engañes; enmárcate esto en letras de oro:

"Para beber no hace falta divertirse"

El objetivo, pues, es conseguir que nuestros invitados ingieran la mayor cantidad de alcohol en la menor cantidad de tiempo. Podría ponerlo como una ecuación matemática, pero simplemente diré que el primer paso es asegurarse de que tenemos provisiones como para un bautizo.

Es posible que te tengas que gastar entre 100 y 150 euros en combustible para tu fiesta. Si consideras que 150 euros es el producto interior bruto de un país pequeño, quizá debas reconsiderar tus intenciones. Si no vas a ser capaz de satisfacer la demanda, mejor no crees la oferta. Pocas cosas hay peores que ese punto de la fiesta en el que deberías dejar de beber porque te lo dice la razón y al final dejas de beber porque sólo queda el agua del retrete. A nadie le gusta no poder contradecir la razón.

La calidad del combustible es fundamental. Gástate los duros y no compres compuestos que podrían dejar ciego a un búfalo. Un día es un día. De nuevo, si no vamos a estar a la altura, cancelaremos aduciendo causas de fuerza mayor, como que hemos perdido un brazo y eran demasiadas bolsas para traer del supermercado con un sólo miembro tractor.

El escenario final ideal es una mesa llena de botellas de primeras marcas guarnecidas por montañas de hielo. Si te quieres tirar el rollo "cool" puedes llenar la bañera y meter dentro un par de docenas de botellas de cerveza. Quedarás muy europeo y siempre se podrá recurrir a ellas cuando se termine el alcohol de verdad, cosa que nunca debería suceder.

Asegúrate de que hay mezcla para las bebidas de alta graduación. Es posible que haya quien sólo beba cola-loca con hielo, pero es un riesgo que tendremos que correr. En cualquier caso, aquellos que de verdad quieran perder el conocimiento no se amilanarán porque se terminen las bebidas refrescantes hacia el final de la fiesta. Los reconocerás por beber whisky rebajado con agua y por sus dificultades para sostener una conversación o incluso una postura. Si no los reconoces, quizá seas uno de ellos.

La comida

Algunas escuelas de pensamiento del montaje de fiestas apuestan por saltear el asunto con pinchitos, tortillas de patatas e incluso cosas más elaboradas. Esto es sin duda un grave error. Queremos que nuestros invitados se emborrachen lo más rápida y efectivamente posible, y cualquier cosa que se echen al estómago no hará más que diluirles la pócima y retardar (o incluso impedir, en el peor de los casos) el paroxismo alcohólico.

Por estas razones, nada de comida en tu fiesta. Como mucho, y si quieres quedar bien, puedes desparramar bandejitas con palitos de sal, papas, cacahuetes y en general cualquier cosa que produzca más sed y que se pueda coger con las manos. A los borrachos les encanta coger cosas con las manos.

La música

La música es, junto a la bebida, pilar fundamental en toda fiesta. Por tanto nos aseguraremos de disponer de una buena colección de canciones que reproducir en un buen equipo de música.

El mundo ha evolucionado mucho desde que se inventó el emepetrés, así que si pretendes animar la fiesta con el reproductor de CDs de tu mini-cadena, lo mejor es que te arrolles la mini-cadena al cuello y estires hasta que veas la realidad. La realidad consiste en un ordenador lleno de canciones que se pueden ir cambiando con un sólo click. Ten en cuenta que la fiesta atravesará diferentes etapas, así que las exigencias musicales irán variando a lo largo de la noche.

De todos mis sueños frustrados, si busco sólo entre aquellos que no tienen un contenido sexual explícito, uno de los primeros en la lista es ser disc-jockey. Cuando voy a una fiesta empiezo repasando el catálogo musical y terminan golpeándome las manos con una regla o convenciéndome de que me tome otra copa. Ambas tretas suelen funcionar de manera impecable. Normalmente me emborracho perdidamente con una copa, aunque nunca sé si ha sido la novena o la décima.

Si pones música para una fiesta has de sacrificar en cierta medida tus gustos musicales en pro de los de la plebe. Vete olvidando de Ziggy Stardust y las arañas de Marte, y que sepas que te tendrás que meter el Shelter from the Storm de Bob Dylan por el culo. Sin embargo, la música es un mundo maravilloso y tampoco te verás obligado a rebozarte por el barro para que la gente disfrute. Pincha cosas que suenen bien y que conozca todo el mundo. Según vaya avanzando la noche es conveniente que los estribillos dejen de tener letra. Si te quedas desarmado, puedes poner cualquier cosa cañera de los Beatles. Los muy cabritos siguen levantando fietas cuarenta años después. Un Hard Day's Night y la gente estará otra vez dislocándose las caderas.

Para asegurarte de que la música que suena es la que tú quieres tienes dos opciones: quedarte junto al ordenador toda la noche o meter el ordenador en una caja de acero, cerrarla con un candado y tragarte la llave. No te preocupes, en veinticuatro horas podrás acceder a él de nuevo. SI bebes lo suficiente, puede que consigas hacerte con la llave en menos tiempo, pero ahí terminan tus opciones.

En cualquier caso, la peor elección es dejar a un amigo a cargo de la lista de reproducción. La lista de reproducción es una tía que, camelando a tu amigo utilizando la geometría y la teología, consigue pinchar las canciones que desea sin siquiera establecer un contacto físico ni con el ordenador ni con tu amigo. En cualquier caso, perdona a tu amigo porque no sabe lo que se hace y va caliente y borracho.

El campo de batalla

Tú serás quien decida qué partes de la casa serán accesibles durante la fiesta y cuáles no (al final sólo más difícilmente accesibles), en función de la gente que vaya a acudir y del valor de las cosas que se ubiquen en cada una de las estancias. Porque si algo debes saber es que: "Si se puede romper, se romperá". Es triste, pero más triste es engañarse. Farruquito decía que el éxito de una fiesta se podía medir en función de las horas que pasabas al día siguiente pintando la cocina.

Delimita un área para fumadores, pero sé consciente de que a partir de cierto grado alcohólico la gente se moverá con valentía por cualquier sitio. Desparrama ceniceros por doquier, pero estate seguro de que mañana habrá quemazos en el suelo.

Estas son algunas de las directrices básicas. Hay muchas más cosas a tener en cuenta, pero ya estoy muerto de sueño.

En cualquier caso, debes ser consciente de que vas a enfrentarte a fuerzas muy poderosas, así que lo mejor será que te tomes otra copa y te dejes llevar por la destrucción. Rompe algo grande para que todos sepan de quién es la fiesta.

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