Rebelde sin cerezas

Últimamente me ha dado por hablar del pasado. Siempre he usado El Sentido de la Vida a modo de psicoterapia, y parece que ahora ando purgando recuerdos de la niñez. Habrá que ir con la ola. Con lo que cuesta un psicoanálisis, calculo que a estas alturas me he ahorrado unos 30.000 euros.

—¿Y qué me puede contar del jardín de infancia? —pregunta el terapeuta.

—Déjeme que cierre los ojos...

Lo poco que recuerdo del jardín de infancia podría haber salido de una película de David Lynch, y la verdad es que guarda, de alguna retorcida manera, un cierto parecido con un campo de concentración. No sé si algún ser humano tendrá algún recuerdo halagueño de su jardín de infancia. Yo, ahora mismo, tengo pocos.

Recuerdo que las clases tenían nombres de personajes de la Disney. Es irónico. Es como si a los judíos los hubieran empujado al interior de un crematorio llamado Donald. No importa el nombre; lo importante es la atrocidad. Y allí, en aquel inhóspito territorio, recuerdo yo haberme abierto a los demás seres humanos.

Quería jugar a fútbol, pero el dueño de la pelota jamás me permitió jugar con su balón. No me quedó más remedio que vagar por el inmenso recreo tratando de entretenerme con mi imaginación. Mientras el resto de niños normales jugaban al fútbol, yo buscaba bolsas de plástico y dejaba que el viento las elevara hacia lo alto. Recuerdo las bolsas de plástico blanco alzándose sobre el enorme patio dando vueltas, y me recuerdo a mí mismo preguntándoles cómo de alto podrían subir.

¿Recuerda usted la escena de American Beauty en que el vecino psicótico graba un vídeo de una bolsa blanca de plástico dando vueltas sobre sí misma removida por el viento? Esa escena la puse yo hace veinte años en el inconsciente colectivo. Me pregunto si pagan derechos de autor por estas cosas. La propiedad intelectual en el inconsciente de la humanidad está todavía muy mal gestionada. La Sociedad General de Autores está perdiendo el tiempo con los discos.

Yo y algunos otros perdidos a los que no se nos permitía jugar al fútbol jugábamos a hacer ascender bolsas de plástico blanco sobre el calenturiento asfalto. Quizá, en aquel momento, debido a que no nos dejaban patear el esférico, aprendimos algo sobre las bolsas de plástico blanco. Supongo que también aprendimos que el fútbol no era, ni mucho menos, el maná de la vida. Aprendimos que había algo más allá del balón, que no todo era darle patadas al cuero, que había más. Por mis santos cojones que sí, que tenía que haber más vida más allá del balón de fútbol.

Del jardín de infancia recuerdo todavía muchas cosas. Recuerdo un día en el que lancé un borrador. Debí de ser un chico muy problemático, y no sólo porque no me comiera las cerezas del postre. El borrador erró su objetivo, que debía de ser la cabeza de otro niño, e impactó contra un cristal haciéndolo añicos. Los recuerdos, como siempre, resultan confusos. No comprendo lo que sucedió antes, y tampoco comprendo muy bien lo que sucedió después.

Soy un rebelde. Recuerde el lector que nací de culo, así que desde el primer momento lo percibí todo como un ataque del sistema. Por mis santos cojones.

Para entenderlo todo en su contexto, debe usted comprender que éramos muchos los embarcados en aquello que ustedes llamaban niñez. Y hacíamos piña. Lo que el borrador rompía, lo rompía Fuenteovejuna. Todo era obra de nadie, y yo tragaba con lo que fuera menester. Todo por la causa, que supongo que era reconducir el mundo opresor. Lo de la causa sigue estando confuso a día de hoy.

Como le digo, los adultos trataban de hacernos comer cerezas de postre. Y yo no quería cerezas. La mano se aproximaba una y otra vez. Mi celador lo intentaba de todas las maneras posibles.

—¿Y si el partido le dice que aquí no hay cinco, sino cuatro cerezas?

—Tampoco las quiero.

Y ladeaba la cabeza poniendo cara de asco.

Recuerdo zafarme una y mil veces de aquella sombra dictatorial y lanzarme por los pasillos huyendo perseguido por el enemigo opresor. Me perdía por los laberínticos corredores y aparecía confundido en una clase cualquiera. Luego salía al patio buscando la luz del sol. Aquello sí que era una aventura continua. Uno nunca sabía lo que sucedería en el siguiente minuto. Todo era vibrante. Y yo era un rebelde sin causa y sin cerezas.

En aquel improvisado campo de concentración, tras la comida y la forzada ingesta de frutas del bosque, pretendían hacernos dormir la siesta. Nos confinaban en un enorme cuarto oscuro, nos hacían yacer sobre hamacas de playa y se empeñaban en que nos entregáramos al sueño durante una hora.

Una oscura y tétrica nave industrial repleta de tiernos infantes no es el mejor lugar para instar a nadie a hacer la siesta. Ni fue una buena idea en su momento ni creo que lo fuera ahora, que parece que los adultos siempre se creyeron que los niños éramos gilipollas. Yo no sentía sueño; sentía terror. Cerrar los ojos era lo último que quería hacer.

La inquietud se palpaba en el ambiente. Todos temíamos lo que sucediera a continuación y allí, con nuestros pijamas de rayas, nos acurrucábamos los unos junto a los otros tratando de darnos calor. Los campos de concentración nazis parecían ya formar parte de nuestro cándido inconsciente colectivo. No recuerdo haber dormido ni un minuto allí, y tampoco recuerdo que lo hicieran ninguno de mis compañeros de encierro. Si la humanidad deseara, por algún extraño casual, avanzar un poquito, le ruego que deje correr libres a sus infantes y hacer lo que les salga de los cojones. Ni cerezas, ni siestas, ni otro ladrillo en el muro. Los niños sólo quieren ser libres. Siempre fue y siempre ha sido así, y ojalá en algún momento de la historia lo lleguemos a entender.

Poco más recuerdo aparte de las cerezas, de la opresión y de las siestas forzadas. Sé que me torturaron en una sala que se llamaba Mickey. Sé que confesé haber roto un cristal y lo siento por mis compañeros de revolución. Supongo que, también en aquella ocasión, temí por mi vida.

—Todo eso está muy bien —dice el terapeuta.

—Sí, está de puta madre. ¿A usted le gustan las cerezas? A mí no.

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¡Primero!

Vaya, recién registrado y ya he tenido la suerte de ser el primero :D Bueno, qué demonios, me he registrado principalmente para ser el primero xD No me quedará otro remedio que empezar a comentar a partir de ahora... ;)

Ni un día en el jadín de infancia

Tengo un recuerdo nítido de aquel día: mi madre condujo el coche y me hizo bajar para entrar en un local a pie de calle donde nada más entrar me aturdieron los gritos y el ajetreo de un montón de niños. Recuerdo sentirme sobrepasado, nunca antes había visto tantos críos, y también recuerdo pensar que parecían bebés. En realidad tenían la misma edad que yo pero desde mi precoz punto de vista parecían bebés de leche. Era como la pesadilla que años después tendría soñando que volvía a estar sentado repetiendo asignaturas y lecciones que aprobé en su día a la primera ("retruécanos" del subsconsciente).

Mi madre se fue dejándome en brazos de una cuidadora que intentaba que me centrara en un estúpido puzzle cuando era perfectamente consciente de que iba a tener que pasar muchas horas en compañía de una tribo de lechuguinos. Me sentí tan indigado y ultrajado que lloré y grité con tanta fuerza como me fue posible, recuerdo el fanático mantra que me repetía mientras gritaba "no voy a parar de gritar hasta que me saquen de aquí vivo o muerto".

Afortunadamente y como muchas madres hacen el primer día de jardín de infancia de su primer hijo la mía no se alejó mucho y al oír como gritaba y gritaba sin cejar en mi empeño durante muchos y largos minutos debió comprender que o me rescataba de allí o terminaría asesinando a algún crío con un pato de goma.

Entró como una exhalación, me sacó en brazos y volvimos a casa sin decir una palabra.

Es el gesto más heroico que ha hecho nunca mi madre por mí y siempre le estaré eternamente agradecido por ello.

Pues para mi no eras ningún

Pues para mi no eras ningún rebelde en aquel tiempo (aunque lo eres ahora). Y no lo eras porque no tenías consciencia (ni conciencia) de serlo, porque no sabías probablemente ni lo que significaba la palabra rebelde. O al menos no en el significado que le das en éste texto. Para ti y para cualquier otro niño de esa edad "rebelde" era un término que aplicaba ese grupo de gente etiquetado como Los Mayores con la misma alegría que se aplicaba "gamberro", "pieza", "travieso" o "pequeño cabrón". Pero cuando Los Mayores decían "éste niño es un rebelde" no pensaban en ti como en el mini-yo del Che Guevara, precisamente.

Puede sonar algo menos épico, pero simplemente evitabas estímulos externos que te desagradaban (cerezas, siestas, ¿borradores?). No te rebelabas contra la autoridad en sí por lo que representaba, porque no se tiene esa visión en el jardín de infancia. Ni siquiera tú. Te rebelabas contra el tener que comerte el puré de verdura, el hígado, el pescado, porque no te gustaba o porque tenía espinas. Seguramente ni siquiera te importara una mierda si los demás tenían que comérselo, la capacidad de empatizar y solidarizarse con los semejantes viene después (si viene, que no es habitual).

Ahora sí eres un rebelde, sí has nadado contra corriente siendo consciente de que lo hacías, y eso es un gesto único y muy poco habitual.

Yo no era un hacha en el fútbol, aunque tampoco es que fuera un fardo, y jugaba casi siempre (qué cabrones eran en tu cole, por cierto). Pero aún así prefería entretenerme con mi imaginación, dibujando, leyendo, con los LEGO, TENTE... Era, y sigo siendo con orgullo, un poco "friki" (aunque nunca he sido un marginado, supongo que caigo bien a la gente en general).

Pero creo que lo verdaderamente importante es, cuando se llega a adulto seguir combatiendo las injusticias (cada uno en su pequeña parcela del mundo), y no agilipollarse ni convertirse en fanático de nada ni de nadie. Intentar tener perspectiva y capacidad de análisis. Seguir utilizando el cerebro, en definitiva. Y nadar contra corriente, lo que se pueda.

P.D: Y no por jugar a fútbol (o ser aficionado) me he quedado tontaco o alienado, ni nada de eso. De hecho el sábado voy a San Mamés a ver como el Athletic se zumba al Madrid XDDD

P.D.2: no he podido evitar visualizar mentalmente varias escenas de la peli "The Wall" de Alan Parker mientras leía el texto. Ya que haces referencia al disco, si no lo has hecho ya, te recomiendo encarecidamente la película. Grandísimos Pink Floyd.

Para Eme

Eme, he leído varias veces tu mensaje antes de contestar para cerciorarme de no estar perdiéndome alguna fina ironía de tu redacción.

Creo que no has entendido el recurso literario al que ha recurrido nuestro querido Gonzo para la redacción de tan entrañable post. Deberías leerlo de nuevo.

Lo digo con calma y sosiego, este es un mensaje 100% libre de cargas incendiarias.

Y ahora sí, delatando cierta presunción por tu parte procedo a pincharte: haber visto The Wall es un requisito imprescindible que se presupone a todos los lectores de este blog, si Gonzo no lo ha visto -10 puntos de carisma, he dicho.

;-)

Soy virgen con 30 años y con novia desde hace casi 2

Siempre te leo, tu etenderás que no entiendo nada:

http://falodelavida.wordpress.com/

bloqueo casi total

tengo como el 95% de mi infancia bloqueada lo único que recuerdo es la de peleas en las que me metía en el kinder a mas de dos los mande a enfermería por quitarme el borrador sin permiso o hacerme alguna travesura.
Y ahora solo tengo 21 años que sera de mi memoria cuando tenga 40????

believeinature
http://believeinature.blogspot.com

Entre las pocas cosas que

Entre las pocas cosas que recuerdo de esa edad, estan las "maestras" que me trataban de idiota por no aprender todos los colores, cuando las muy ignorantes no tenian ni puta idea de algo llamado daltonismo (y que es algo que afecta en mayor o menor medida 1 de cada 10 hombres).... imagino que en la era de la informacion... no creo que siga pasando eso.
Aunque me sigo preguntando cuantas maestras jardineras saben que es el daltonismo.
Yo creo que para todos gran parte de la infancia tuvo cosas muy feas.
Y aca estamos todos, tratando de vivir felices

Another brick in the wall

Desde pequeño empiezan a joderte la vida. Me tocó vivir la infancia en los años 60, entonces toda la pedagogía se basaba en el castigo. Me sacudían con un listón de madera en las palmas de las manos si no me sabía la tabla de multiplicar, o me ponían de rodillas o cosas por el estilo. Afortunadamente esta barbarie se ha ido suavizando, pero hoy en día todavía hay mucho que cambiar, es muy duro que te obliguen a hacer las cosas por cojones.

Forrest Gump.

¿Has visto Forrest Gump? Hay un momento de la película en la que le da por correr. Él explica por qué lo hace al final de la escena, cuando dice: "Mamá siempre decía que el único modo de mirar al futuro es dejando el pasado atrás".

Lo hace con este paisaje de fondo: http://farm4.static.flickr.com/3259/3223650289_2f07400d3c.jpg

Yo lo tengo de Wallpaper, para verlo cada día.

Si aseguras que estás entusiasmado con tu futuro actual, ¿para qué seguir indagado sobre tu pasado? Sobre todo de la forma en que lo haces. No veo en estas historias un sentimiento de "ok, y gracias a esto llegué aquí". Siempre es con un punto pesimista, como de injusticia. Amigo, la vida no es injusta; la vida es.

El pasado te ha llevado a donde estás; ésa era su función.

Sin ser incompatible con la inquietud, el hombre ha de saber vivir con la limitación que supone no poder abarcar todos los misterios del universo. Ni de la sociedad, ni de la psicología. No se puede, y la vida no se trata de saber.

Espero ser de ayuda. Me voy a correr.

Dejar el pasado atrás

Estimado amigo, estoy muy de acuerdo contigo. Todavía, de vez en cuando, purgo alguna pena en estas páginas. Y como bien dices, de bien poco vale la pena. Igual es mi manera de dejar los últimos retales del pasado atrás, y también de colgar algo un día en que no tengo nada que escribir.

Miremos al futuro. Y corramos :-)

Por mucho que corras hacia

Por mucho que corras hacia adelante, no puedes dejar tu pasado atrás, es como tu sombra, para bien o para mal. Somos como somos por la educación que hemos recibido, por las experiencias que hemos vivido, por las personas que hemos conocido, por lo que hemos sufrido. Todo eso forma nuestro carácter, nuestra personalidad, nuestros miedos, nuestros traumas, nuestra visión de la vida.

Pues va a ser que el fútbol me ha dejado tontaco...

... a pesar de que como predije, el Athletic se zumbó al Madrid.

(EDIT: Ésto es una respuesta a AURYN, pensaba que le había dado a responder en su comentario, sorry)

Para otra vez te ahorro un ratico: no busques fina ironía, que no la hay, yo soy más de decir "ojete" y cosas así, como más "chanante".

Sin cargas incendiarias, pero te agradecería que me explicaras lo que me he "perdido". Para mi, aunque obviamente el texto tiene una intencionada exageración de la supuesta mentalidad del Gonzo niño (en contra de lo que pudiera parecer no soy tan gilipollas como para interpretarlo al pie de la letra), para mi el mensaje final es que había alguna intencionalidad en aquellos actos de para mi mal llamada rebeldía. Que igual me equivoco. Y si es así me la envaino sin problema, no sería la primera vez ni será la última.

Lo de mencionar la película The Wall, viene a cuento de conocer a muchas personas cultivadas y librepensantes que ni siquiera habían oído hablar de ella, así que lo último que pretendía era "presumir". Lo que a mi parecer es pura presunción y, me vas a perdonar, casi roza la pedantería, es asumir que conocer la película y/o haberla visto es "requisito imprescindible" para leer éste blog. Asumo que Malonda la ha visto, pero nunca está de más recomendarla.

Tengo poco de qué presumir, yo.

viva la revolución

En la guarderia una niña me besó en la mejilla y senti amor puro y verdadero, jamas olvidaré a esa niña preciosa que me dio un beso tan dulce.
Y todo por defenderla del gallito de toda la guarderia; el mismisimo hijo de la profesora, o sea, mas poderoso que DIOS. El dueño del balón, del campo de futbito, de la arena del suelo e incluso del aire.... todos obedecian su dictadura, con un simple movimiento de su dedo todos dirigian la mirada, pinochet o stalin habrian sido florecillas a su lado.

Yo llegué a mitad de curso, me habian expulsado de otra guarderia por "pulgoso", si, pille unas pulgas en algun sucio lugar vete tu a saber donde y me raparon al cero y me acusaron de ser el culpable de la plaga de piojos y pulgas de toda la ciudad. Bueno, en realidad mi padre se cambió de ciudad por temas de curro, pero coincidió con los hechos y yo entonces crei que todo eso fue por mi culpa.
Esa niña no quiso someterse al poder dictatorial del abusón de la guarderia y yo la defendí, poniendo en riesgo mi vida. Desde entonces siempre que he visto que abusaban de alguien debil he salido en su defensa, en el fondo yo tambien fui un revolucionario.

El beso de aquella niña marco mi primer recuerdo, el resto lo he olvidado, pero ese recuerdo nítido será el ultimo que me acompañe el dia que muera.

Vaya Fabian,

Me has dejado estupefacto.

Y me has hecho pensar sobre las consecuencias de un pequeño y bonito gesto. Como un dulce beso. Una cosa tan sencilla y como corrompemos los adultos todas estas cosas tan sencillas.

Decía mi abuelo (No ha muerto. Pero ahora no lo dice hace tiempo. ;-) ) que Si naciéramos con lo que sabemos seríamos malos,malos, pero malos de verdad y haríamos maldades a todos los que nos rodean sin compasión. Y qué verdad tan grande...

Aunque este comentario lo podría haber escrito un niñico de 5 años. Lo ha sido por uno de 33... Si es lo que digo que las grandes verdades son cosas sencillas...

Ser malo

Lo que uno percibe como ser malo o actuar con malicia, y lo que perciben los demás, son cosas muy diferentes. Yo, por mi parte, me estoy dando cuenta del enorme potencial contenido en la maldad.

Nos han educado para que seamos buenos, y la maldad es una parte de nosotros que conviene encontrar, abrazar, aceptar e integrar. Hasta entonces, no dirigirá sin que lo sepamos.