Published on El Sentido de la Vida (http://www.elsentidodelavida.net)
Su hostiazo, gracias.
By GonzoTBA
Creado 25/08/2003 - 23:34

El fin de semana pasado vino un amigo al que hacía tiempo que no veía. Cuando la gente se va lejos mucho tiempo y luego viene para un fin de semana, los amigos se lo van pasando como si fuera un porro. Lógicamente, sus padres tenían preferencia, y a nosotros nos quedaba el sábado por la noche para darle un sobe.

Este amigo está ahora trabajando en Alemania, así que es una plataforma de lanzamiento hacia mi próximo estrellato teutón. La segunda mitad de Septiembre quiero apalancarme en su casa e intentar lamer unos cuantos culos germanos en busca de un trabajo decente. En el peor de los casos habré pasado diez días de gorra en Alemania, practicando la lengua y viendo el panorama. Espero sacar algo más en claro.

Recordaros a todos que estoy mandando CVs al país en cuestión ya de manera firme y con aviesas intenciones, así que si alguien quiere y puede enchufarme en alguna empresa en la que se trabaje poco y se cobre mucho, queda abierto el plazo de propuestas. También acepto proposiciones en las que haya que trabajar un poco más y se cobre algo menos, pero esas tienen menores posibilidades de ser consideradas. Bueno, en realidad incluso haría chapas en un garito de alterne en las afueras de Berlín, pero vamos a empezar tirando por lo alto.

El caso es que mi amigo había quedado a su vez con otra amiga (subarrendamiento) en un pueblo a unos cuantos kilómetros de donde vivo yo, así que allá fuimos toda la troupe. La chica llegó tarde varias veces, algo increíble incluso para una mujer, pero al final terminó presentándose. Tras departir un rato, acordamos acudir a una de esas macrodiscos al aire libre, tan de moda ahora, en las que se hacinan varios miles de personas para sudar, escuchar una música que jamás oirían en su casa, beber más que los peces del villancico, empujarse, volver a sudar y oír otra canción de mierda, y todo por el módico precio de 12 euros.

Una vez fuera del bar del pueblo, un garito psicodélico regentado por un grupo de camareros todos de la otra acera, se produjo el típico "parón-adónde-vamos (tm)", ese momento en el que, incluso aunque se haya decidido adónde se va y cómo, la gente se apiña a la puerta del antro esperando algún tipo de señal celestial que nunca llega.

Estando allí haciendo guardia a la puerta del bar, veo que dos personas se suben a un Ford Escort blanco que había aparcado un par de metros delante del grupo. Para salir, el coche debía recular un poco, frenar antes de llegar a nuestra altura, y ya salir tranquilamente. Las luces de marcha atrás se encendieron y yo volví a sumergirme en la conversación.

Al contrario de todo lo que cabía esperar, el Escort de los cojones aceleró marcha atrás a todo lo que daba la máquina. Todo el mundo pudo esquivar el vehículo, pero yo quedaba a la altura de la matrícula y, en las 5 décimas que tardó el carro en impactar con el grupo, no me dio tiempo para otra cosa que para saltar y no terminar pasando por debajo del coche como en los dibujos animados.

La parte posterior del carro impactó en mi fémur izquierdo, justo por debajo de la cadera. El resultado fue un dolor sordo, un par de insultos contenidos y la sensación de una carrera de corredor de medio fondo a partir de ahora frustrada. Yo, algo atónito (no suelen atropellarme coches todos los días, y menos con tanta impunidad y alevosía), no acierto a reaccionar, pero mis amigos golpean las ventanillas y hacen preguntas a voz en cuello al copiloto sobre su estabilidad mental.

En esas baja el "piloto": un chano de la muerte de unos 35 años, cuñao de Chiquetete, con el pelo negro rizado engominado (ojalá) hacia atrás y con unos faros con las largas puestas. Se encara con los seis que éramos y nos pone de gilipollas para arriba. Tras una conversación de un par de minutos en las que aparecen los verbos "rajar", "morder el cuello" y "comer la polla" entre otros, al final un amigo más conciliador le pide perdón por habernos puesto en su camino y yo le prometo que, aunque resulte que tengo la cadera rota, si nos volvemos a ver se la chuparé.

¿Cómo llegamos a ese punto de entendimiento?, se preguntará el lector. Pues así en frío no lo sé, pero consiguió convencernos a todos con sus rizos y su oratoria. Hay gente que tiene un karma especial.

Tras el incidente, se nos acercó un chaval que había presenciado todo. Nos comentó que el interfecto era un tío muy chungo del pueblo de al lado y que, ojo al dato, conocía a gente peor que él. Nos dijo que habíamos hecho bien en no meternos con él. Cuando dos horas más tarde lo volvimos a ver en la disco al aire libre de moda, supe que habíamos hecho lo correcto.

Alguno se me pondrá gallito y dirá que él le hubiera dado dos hostias al chanaco de la muerte, le hubiera pinchado las ruedas del Escort y le habría robado la novia y el camello. Ya, eso me hubiera gustado a mí verlo allí. Llega a estar Spiderman en la puerta del bar y se caga el traje.

En fin, ¿qué se hace en estos casos? ¿Se calla uno la boca y se va al hospital? ¿No se calla la boca, intenta darle una hostia y se va al hospital? ¿Le grita "hijo puta", sale corriendo y se va al hospital? ¿Se puede permitir que vaya la gente atropellando impuenemente por la calle? ¿Os ha pasado algo parecido?


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