Decía el gran filósofo Mick Jagger que no siempre puedes conseguir todo lo que quieres, pero que si lo intentas, conseguirás lo que necesitas. Las necesidades y su satisfacción son un tema primordial en la naturaleza humana y en el pop. El problema es que la mayor parte de las veces no sabemos definir nuestras necesidades.
Hay dos maneras de ser infeliz. Una es no conseguir lo que te propones, la otra es conseguirlo. Debido a que uno suele empezar con nada en los bolsillos, esos dos hitos se alcanzan en la secuencia enunciada.
Conseguir todo lo que te habías propuesto y sentirte vacío es realmente desconcertante. En mi caso, después de años de planificación y ejecución, había llegado a detentar un interesante trabajo como ingeniero en una gran compañía del sector de la automoción en un país puntero. Profesionalmente podía pedir poco más. A mi alrededor buenos amigos que me cuidan y me soportan, una familia que me quiere y con la que sé que siempre puedo contar, una novia guapa e inteligente. Más dinero del que necesitaba, todo lo que podía pedir.
Y sin embargo, el vacío.
Nadie te prepara para esto. No se estudia en el colegio, no ponen anuncios en la tele, no te hacen leer libros que lo expliquen, no ponen documentales en la dos. Se supone que tienes todo lo que puedes pedir y te sigues sintiendo vacío como un puto huevo kinder. Si te aprietan un poco haces pop y saltan sobre la mesa unas cuantas piezas de plástico que puedes juntar para pasar el rato. Después no queda nada.
La sociedad ofrece pocas soluciones para problemas así. No es un problema documentado o que convenga documentar. Después de muchos años comprando cosas para sentirte mejor, sabes que no hay nada que te puedan vender que te ponga bien. Podrías juntar más dinero, pero tienes la profunda sensación de que no tiene ningún sentido.
Entonces recurres a la medicina. La psiquiatría te dice que tienes un desequilibrio químico en el cerebro que te impide sintetizar un neurotransmisor encargado de generar la felicidad. Tócate los huevos. Ni siquiera el lenguaje puede sintetizar la felicidad, pero hay un tipo que la ha localizado en el interior del cráneo y ahora vende pastillas que se toman por la boca y viajan directamente hasta la punta de las neuronas para generar buen rollo. Yo creía que eso ya existía y se llamaban drogas recreacionales. Sinceramente me cuesta creer que mi cerebro y el de millones de personas en todo el país hayan dejado de funcionar correctamente de un año para otro. Y si ya no me creo el problema, no me creo la solución. Been there, done that.
Así pues, me encuentro en mitad de todas partes en la nada más anodina, empezando a contemplar una posible salida, pero todavía sin comprender el problema. Entonces, por casualidad, escucho la historia de un tipo que canta exactamente mi misma canción. Suspiro aliviado y transcribo.
El tiempó pasó. Hubo momentos buenos y momentos malos, y hace dos años, un día cualquiera, estoy en Honolulú. Me mudé allí, lo cambié todo. Busqué una casa delante del mar. Si tiraba un zapato por la ventana caía en el agua. Encontré una novia. Siempre había deseado tener una novia que fuera una completa ninfomaniaca. Le gustaba tanto el sexo que me costó creerlo. Vivía en un sitio fantástico. Mi empresa había llegado a tener una deuda de un cuarto de millón de dólares. Salimos de allí, nos estabilizamos, todo estaba bien.
Estoy caminando hacia casa después de una mañana en el gimnasio. Es otro día soleado y radiante en Hawaii. Todo el mundo sonríe y parece feliz. Me paro y me pregunto:
¿Qué coño pasa conmigo?
He llegado. Lo he conseguido. ¿Por qué esto no sabe tan bien como yo esperaba? ¿Qué cojones pasa aquí?
Es muy duro llegar a este punto. Te puedes volver loco. La verdadera locura consiste en conseguir todo lo que te habías propuesto y darte cuenta de que estás vacío. Todos tus amigos pueden sentirse infelices porque no tienen lo que quieren, pero tú sí, y a pesar de todo no consigues ser feliz.
Me costaba dormir. No estaba estresado, pero me sentía realmente jodido. Empecé a pensar que merecía morir. De repente tenía miedo a volar y no quería subir a los aviones. Pensaba que debía morir porque la vida me había dado todo lo que yo deseaba y no era capaz de apreciarlo. Pensaba que era una mala persona.
No suelo ser de los que se consuela mirando alrededor y viendo que todo el mundo está igual de jodido. Quizá sea precisamente ese el problema, que soy el único que está jodido o al menos soy el único que necesita admitirlo. Por eso me produce un alivio extremo saber que hay más gente que ha pasado por lo mismo que yo y que ha salido. Me siento mejor de saber que no estoy roto, que lo que me pasa no se ve todos los días pero tampoco es inusual. Me alegro de saber cuáles son algunas de las razones para todo esto.
No estoy roto. No me falta ninguna pieza. Es sólo que nací libre y feliz y en algún momento me dejé convencer de que no era así.
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PD: Si sabes de quién es la historia que transcribo, escríbeme [1].
Links:
[1] http://www.elsentidodelavida.net/feedback