Una de las cosas que más valoro en el mundo es la integridad. Mucha gente es de mi opinión. Lo curioso es que generalmente nos preocupa la integridad de los demás, cuando lo que de verdad debería quitarnos el sueño es la propia.
La palabra integridad tiene dos acepciones:
De estas dos acepciones, la única que se puede adscribir a una persona es la segunda, y se hace en un marco en el que se juzga al individuo en virtud a una serie de parámetros que la sociedad define. En mi opinión a los de la Real Academia de la Lengua se les olvidó incluir una tercera acepción, probablemente porque la cultura en la que vivimos da muy poca importancia al interior de las personas.
Para mí alguien íntegro es alguien que mantiene una coherencia entre la imagen que tiene de sí mismo y la imagen que los demás tienen de él.
De acuerdo a esta definición, la integridad es algo que sólo uno puede juzgar, ya que sólo uno mismo conoce tanto el interior como el exterior de su persona. Para el observador exterior, la única manera de medir la integridad es observando la coherencia. Una persona es íntegra, una persona se muestra como es, cuando lo que dice y lo que hace hablan en la misma dirección. Se reconoce a estos individuos porque tienen muy claro lo que desean, lo expresan asertivamente y, casi de manera invariable, terminan consiguiendo lo que se proponen.
He pasado la mayor parte de mi historia moderna creyendo ser una persona íntegra, y no ha sido hasta hace muy poco que he descubierto que lo único que he sido ha sido una persona recta. El problema es que para ser recto hay que seguir una serie de patrones que varían con el tiempo, y al final la rectitud se queda en una línea más o menos recta dibujada a mano alzada en la que cada vez que hay una curva se pasa factura a tu integridad, y tu integridad siempre paga de tu bolsillo y al final terminas sin darte crédito. Después de mucho tiempo aflojando la pasta, yo he decidido que no pago más.
La putada de volver a nacer en vida es que hay que volver a aprenderlo todo. Una de las cosas que he descubierto recientemente es que la única manera de saber algo es preguntar al que sabe. Como la relación que intento cultivar desde esta página es contigo, me gustaría que me contaras cómo me ves, qué tipo de persona soy para ti, qué impresión te has formado en estos ya cinco años de ESDLV.
Para contestar a esta pregunta puedes emplear el formulario de contacto [1] o escribir un comentario. Puedes desde utilizar unos pocos adjetivos hasta explayarte en unos cuantos párrafos. Lo importante es que me cuentes cuál es la imagen que tienes de mí. La opinión puede ser por supuesto positiva o negativa, y tan positiva o tan negativa como creas necesario. Lo único relevante del proceso es que realmente expreses lo que sientes.
Durante la semana recogeré las impresiones de los lectores y haré un resumen de la imagen que la gente tiene de mí, destacando también las opiniones que se alejen de la media. Acompañaré el resumen de la imagen que tengo de mí mismo y así podremos comparar cuál es la desviación exacta.
Creo que es un experimento interesante que nos ayudará a reflexionar sobre este tipo de integridad y sobre lo cerca o lejos que nos encontramos de ella. Y esto es importante porque el mundo exterior es un engranaje que encaja con el interior, y sólo gira cuando ambas ruedas están en contacto. Lo que estamos haciendo aquí es asegurarnos de que ambos engranajes se están tocando.
Después sólo queda empezar a dar vueltas.
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