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Hechos dramatizados
By wyatt
Creado 18/09/2007 - 00:00

La gente conoce a gente, yo también, contactos producto de la socialización y el small talk, Mira, te presento a Fulanito, Encantado, yo soy Menganito, y como decían los romanos, Lo importante no es saber, sino tener el teléfono del que lo sabe. Por eso, por gente que conozco que a su vez conoce a otra gente, y por otras razones más complicadas de exponer, fui a ver un conjunto de piezas de danza contemporánea en el Tacheless, la casa okupa más turística de Europa. Entonces empezó todo. Y así comienza:

Llego el primero y me pongo a hacer cola. No llevo un duro. No me darán las tres entradas. Llega mi contacto justo a tiempo, con dinero, y acompañado de una bailarina que además es modelo de piernas. Me atraganto del susto. Me da la tos. Después de todo eso, oigo que dicen, Mira, te presento a Fulanita. Encantado, yo soy Menganito, digo. Me hago el sueco, recojo las entradas pagando con el dinero de otro y Fulanita ronda en mi cabeza. Fulanita. Fulanita. Fulanita. Me habla en castellano. Dice que le encanta España y olé. Melena rubia al viento, cabello lacio, piernas modélicas. Fulanita. Fulanita. Fulanita. Me hago el interesante y acabo haciendo el tonto. A veces me mira, me habla, me toca. Cuando habla en inglés con mi contacto no entiendo ni jota de lo que dice. Empieza la danza. Acaba la danza. Varias constataciones. Todas las bailarinas son tremendamente atractivas. Algunas son hasta modelos de piernas. La pieza del tío del mono blanco con una flor en la boca no ha gustado a nadie.

Mi contacto me presenta a más gente, todos de la farándula, y me llevan a un bar lleno de fotos de Sharon Stone. Fulanita. Fulanita. Fulanita. Melena rubia al viento, conillet de vellut, melocoton en almíbar, escote, piernas modélicas, Alfredo Landa. Dos bailarinas más, de mi tierra, de la vuestra, atractivas, solas en esta ciudad, pobrecitas. Me hacen un par de ofertas, correo comercial en realidad, pero yo Fulanita, Fulanita, Fulanita. Melena rubia al viento, ojos azules, labios, dos, fresones. Y me canso y todo se vuelve lento y todo el mundo quiere irse a casa. Nos vamos a casa. Yo a la mía y Dios a la de los demás. Abro la puerta de mi casa, al ritmo de Fulanita, Fulanita, Fulanita, y me digo, Qué cojones. Llamo a mi contacto, Piticlínpiticlín, Hola, Está Fulanita, Sí, un momento que se pone. Cuando la tengo pegada a mi oreja le digo, con un cigarrillo en la boca, Mira muñeca, qué haces mañana, y ella contesta, Si todos los hombres fueran tan hombres, rediós, que me pones bruta, Ya lo sé, conillet meu, pero no es fácil ser un tío duro con los huevos grandes como yo, Me lo imagino, chuloplayas, llámame mañana y dejaré de imaginar.

Al día siguiente no la llamo. Mi contacto esta vez me ha fallado, tengo el teléfono del que sabe pero el cabrón no contesta, y llorando por las esquinas acabo viendo un concierto de música clásica. Esa misma noche duermo en posición fetal, chupándome el dedo, soñando con brujas malas que me quieren hacer daño. Despierto entre sudores: Fulanita, Fulanita, Fulanita. Cojones ya con la tipa.

El lunes llamo a la artillería y les digo que disparen, Adónde, me preguntan, Adónde sea, respondo. Por casualidad dan en la diana, en el fondo fue una buena idea, y me hago el cool invitando a no sé cuantas personas a comer Bacalao con Tomate en mi casa.

Llega el día y, ya ves, yo en la cocina, cocinando, mientras Fulanita departe con lo mejor de cada casa. Cuando nadie dice nada se oye el eco de los pensamientos de los machos alfa allí presentes, Fulanita, Fulanita, Fulanita. Pues qué poco original que soy, pienso. Y qué bueno está el bacalao, me dicen. Nos bebemos siete botellas de vino. La cena se pasa de frenada en una curva, descarrila, y acaba en una juerga de tres pares de cojones. A las doce descubro que en el piso de debajo vive una chica de unos treinta años muy simpática. Me pide, muy educadamente, que dejemos de saltar, cantar, hacer zapateados, tirarnos por el suelo y que bajemos la música también.La panda de zumbados que tengo en casa se pasan los ruegos por el forro, yo el primero, Fulanita también, y seguimos a lo nuestro, que la noche, de miércoles, es joven. En la cocina alguien se arranca por bulerías y nos marcamos unos pasos de danza contemporánea. A las tres descubro que la vecina de debajo está casada y que su marido acaba de entrar en mi cocina. Por dónde coño habrá entrado en casa. Pensaba que eras un buen vecino, me espeta, y yo le digo, No conoce usté acaso el Carpe Diem, el libre albedrío, Mira chavalote, yo mañana he de trabajar, no como otros, y no miro a nadie. Y nos mira a todos aunque todos, menos Fulanita, tenemos que trabajar al día siguiente. Pues si ha de trabajar no debería andar por estas fiestas, que las carga el diablo, además, su mujer estuvo aquí hace un rato, Sí, ya lo sé, Pues venía pidiendo que la dejáramos estar en la fiesta, que con sus ronquidos no podía dormir, así que aquí, quién más quién menos, va haciendo más ruido del que debiera y ahora, hale, váyase a casa, déjenos con nuestras cosas, que nosotros somos gente seria, por lo general, de países diferentes además, un respeto, y no podemos ir perdiendo el tiempo con charlas que no nos llevarán a ningún otro sitio que no sea la cárcel. El vecino se va y nosotros nos ponemos a lavar los platos en silencio. Algo se muere en el alma, cuando un vecino se va.

Oye, que nos vamos yendo. Frente a la puerta de mi apartamento, voy pasando revista a los despojos que van desfilando a sus casas. La última es Fulanita y cuando pasa delante mío Jack Nicholson se apodera de mí. Y es Jack y no yo el que le dice, Mira, preciosa, si sales por esta puerta no sabrás lo bueno que está el café que hace mi cafetera para desayunar. Y Fulanita, Fulanita, Fulanita.


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