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La navaja de Occam
By GonzoTBA
Creado 02/07/2007 - 08:24

La navaja de Occam (navaja de Ockham o principio de economía o de parsimonia) hace referencia a un tipo de razonamiento basado en una premisa muy simple: en igualdad de condiciones, la solución más sencilla es probablemente la correcta. De acuerdo con la Wikipedia, el postulado es Entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem. Afortunadamente, lo traducen para todos aquellos que tenemos el latín algo cascado:

"No ha de presumirse la existencia de más cosas que las absolutamente necesarias"

Hay épocas en las que nos da por patrullar Regensperry durante las noches de los fines de semana. No hay explicación para ello, simplemente entramos en una especie de sintonía cósmica que nos empuja a recorrer los bares hasta terminar haciendo eses de vuelta a casa con una señal bajo el brazo que dice "Vorsicht, bauarbeitung!". Afortunadamente para todos, estas sintonías cósmicas duran unas pocas semanas. Son temporadas en las que estamos en todos los lugares en todo momento. La matemática cuántica se pone de nuestra parte y en ocasiones suceden cosas altamente improbables y que desafían al entendimiento humano.

Hace apenas un mes, en una de estas patrullas nocturnas, conocí a una chica. Yo apenas podía articular monosílabos y, a pesar de todo, la conversación en el estruendo de la discoteca duró varias horas. A veces las cosas no tienen una explicación racional. Dicen que es lo que hace que el fútbol tenga gracia. En ocasiones la vida es como el fútbol.

En alemán, veinticuatro se dice cuatro y veinte. No hace falta que sean las cinco de la mañana y que no te tengas de pie para que te equivoques al apuntar un número de teléfono. No hace falta, pero ayuda, claro.

Jamás hubiera sabido que su número terminaba en 24 en vez de en 42 si ella no me hubiera enviado un mensaje tres semanas después. Se conoce que, en algún momento de la noche, yo le había apuntado mi número de teléfono en el reverso de un bonobús convenientemente partido por la mitad para conservar los dos últimos viajes. Hasta en las peores circunstancias tengo mis destellos de lucidez.

Su mensaje llegaba en un momento muy oportuno. Llevaba tres fines de semana volviendo a la misma discoteca y hasta a Ratuza se le estaba torciendo el gesto. Llevaba tres semanas intentando encontrar a alguien que trabajara en el mismo hospital y me pudiera dar una pista sobre la desconocida. Llevaba tres semanas rondando lo que creía que era su casa en busca de su bicicleta o de un golpe de suerte. El hecho de que ella viviera junto a la comisaría de policía no me ponía las cosas más fáciles. Es por todo esto que el mensaje llegó en el momento oportuno. Una semana más y hubiera terminado durmiendo en un calabozo junto al tipo calvo que le roba el periódico al vecino. En Alemania el crimen siempre paga.

Varios días después, cuando ella por fin tuvo tiempo, quedamos para tomar un helado. Lógicamente, en la sobriedad, ella ya no era un ángel alado descendido de las nubes más acolchadas para acariciarme el rostro con manos sedosas, pero era guapa y parecía tener buena conversación. Le dije que debía de ser buena enfermera. porque había estado dándole cuerda a un comatoso durante tres horas. Para ella quizá una buena conversación no fuera importante, pero para mí siempre es un punto a favor. Parecía tener confianza en sí misma, un interesante halo de misterio y un montón de pecas en la cara, así que compré dos helados y nos fuimos a pasear.

Media hora más tarde ella compró dos cervezas y terminamos a la orilla del río hablando de la vida en el hospital. Por lo visto, cuando uno trabaja en neurología enseñando de nuevo a la gente a manejar los cubiertos y a atarse los zapatos, cuando se pasa la mayor parte del tiempo en la unidad de cuidados intensivos porque es el único lugar en el que hay aire acondicionado, uno termina teniendo un montón de historias graciosas que contar. Charlamos, bebimos y reí hasta que se me escapó un sonoro pedo. Fue el momento más embarazoso de la tarde, pero ella le restó importancia al asunto. Imagino que si te tienen que volver a enseñar a atarte los zapatos, es normal que se te escape un pedo de vez en cuando. Una hora más tarde nos despedíamos de un modo que hacía presagiar tiempos mejores.

Ocho días después, no la he vuelto a ver.

Groucho decía: "Bebo para hacer interesantes a las demás personas". Es cierto. Cuando uno bebe todo resulta mucho más atractivo a los sentidos, incluidas algunas personas. Lo que nunca hubiera considerado Groucho es que alguien pudiera resultar más interesante a los demás borracho como una cuba que sobrio. Si lo hizo, nunca escribió sobre ello. Si alguna vez habló sobre este asunto, sólo la otra frase le pareció a alquien lo suficientemente graciosa como para recordarla.

Quizá yo sea uno de esos tipos que resultan más interesantes cuando necesitan apoyarse en algo para mantenerse en vertical. Quizá Ratuza tenga razón.

Las mujeres tienen maneras muy sutiles de decir las cosas. Algunas incluso se vanaglorian de ello. Son capaces de enviar señales extraordinariamente sibilinas que se manifiestan en una dimensión que escapa a todo aquel que no sea mujer o gay, criaturas que viven en mundos en los que la sandía no es una fruta sino un color. Estas señales hacen que frases como "Pareces cansado, ¿te apetece un café?" signifiquen "Para el coche que quiero un café". La construcción gramatical "Tu sabrás lo que te conviene" tiene sentidos muy diferentes dependiendo de si la pronuncia tu padre o tu novia. Es por cosas así que la vida es más complicada de lo que debería.

Quizá resulto más interesante cuando no puedo decir semáforo sin arriesgarme a perder la lengua.

Cuando una mujer no quiere salir con un tipo, emite señales que sólo otras mujeres y algunos animales son capaces de percibir. Desgraciadamente, entre estos privilegiados animales no se encuentran ni el hombre ni otros primates de mayor capacidad cognitiva. El chico está esperando una señal clara: un uno o un cero, un verde o un rojo, una sandía o un tomate. Lo que recibe son las cuatro estaciones de Vivaldi interpretadas con intrumentos de cocina, y las cuatro estaciones suenan a la vez y además llueve en verano. El desconcierto se prolonga durante más tiempo del que le resulta cómodo. Si tiene suerte, ella será directa y dirá que tiene novio. En estos casos la agonía para descubrir si sigue prefiriendo al novio o a este chico nuevo se prolongará unas semanas más. Probablemente el objetivo después de todo sea disfrutar la agonía, estirar la goma, mantener el plano. Cualquier otra explicación cae en una dimensión desconocida, una dimensión llena de señales perdidas y calcetines que desaparecen en la lavadora para no volver jamás. Las últimas teorías científicas dicen que existen once dimensiones, así que aún queda cuerda hasta que se sature el espectro radiofónico o un calcetín termine por taponar un agujero negro.

Quizá resulto más interesante con un calcetín en la boca.

Por si todo esto supiese a poco, añadimos el choque cultural. En Alemania nunca te dirán "No voy a tu mudanza porque no me ayudaste en la mía", o "no voy el viernes porque no me sale de los cojones", o "Las fotos de tu boda me interesan como un diente en el culo". No, en Alemania siempre se dice "No tengo tiempo".

"No voy a tu mudanza, no tengo tiempo"

"No voy el viernes porque no tengo tiempo"

"Las fotos de tu boda... no tengo tiempo"

Lo peor de todo no es la falta de imaginación y la escasa variabilidad de sus excusas, lo peor de todo es que a menudo es cierto: no tienen tiempo.

Billetes, trayectos, hoteles... En Alemania las vacaciones de verano se preparan antes de navidad. Aquí he conocido a gente cuya ropa podía mirar y saber qué día era. En Alemania preguntas como "¿Qué haces esta tarde?" se encuentran a la altura de "¿Cuánto ganas al año?" o "¿Estás seguro de que esos hijos son tuyos?". En Alemania, una llamada de teléfono para hacer algo quince minutos después es un NO garantizado. A Hitler le llamaron quince minutos antes para que no invadiera Polonia.

Quizá resulto más interesante sujetando una pared.

Debajo de nuestra antigua casa había un bar de mala muerte frecuentado por quinceañeros cortados por la MTV que vomitaban por las esquinas antes de que el reloj diera las diez de la noche. En el pasaje junto al bar a veces aparcaban motos. El día que vi una moto cara con un intermitente roto supuse que habría sido algún chaval con muy mala leche y un tupé edificado a base de fijador. Probablemente el dueño de la moto supuso lo mismo, pero imagino que se lo tomaría mucho peor que yo.

La realidad fue que el Chano vio a un cincuentañero borracho como una cuba fallar la pared y caer estrepitosamente sobre el vehículo causando los desperfectos que yo había valorado con anterioridad. Ni chaval MTV, ni mala leche ni nada que se le pareciera.

Así que quizá resulto más interesante borracho perdido que sobrio, o quizá es cierto que no tiene tiempo, o es probable que me haya perdido una de esas señales que se envían al espacio con la esperanza de que las encuentre vida inteligente y actúe en consecuencia. Igual confundí la sandía con el color, o quizá no haya sandía, ni cuchara, y esta no sea más que otra de esas infinitas ocasiones en las que no vale la pena ni un momento sentarse a dar vueltas a las cosas, pero aquí llevo varias horas picando teclas. Debe tratarse de la sal de la sopa cósmica.

Lo que no dice la Wikipedia es que, en igualdad de condiciones, la mayor parte de las veces te puedes meter la navaja de Occam por el culo.






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  • Mala racha [1]

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