Hace un par de años, en lo que parecía que iba a ser una primavera más, llena de flores, sol y hormonas, descubrí que tenía alergia. Hasta entonces nunca me había interesado por las gramíneas, y mucho menos había buscado su entrada en un diccionario Alemán-Español. Es curioso cómo los intereses cambian con el tiempo. A menudo de una primavera a otra.
La alergia es una dolencia con muy poco caché. Un alérgico no puede aparcar en los amplios espacios reservados a las puertas del centro comercial. A un alérgico no le cederán la vez en la cola de la panadería. Un alérgico parece gilipollas cuando escribe a sus amigos y se equivoca y dice que "la alegría le está matando". La vida de un alérgico en primavera es un vía crucis en el que nadie jalea.
Uno de los pasos a dar en Alemania cuando uno se convierte en autónomo es elegir si permanece en la sanidad pública o se pasa al sistema privado. Los números suelen recomendar la segunda opción.
Cuando uno no paga las cosas, no sabe lo que cuestan. Por eso los niños siempre piden todo para navidad. Ahora mismo, con la espalda de enganchada y la alergia en plena efervescencia, para mi cuerpo es navidad.
La hiposensibilización es un tratamiento que consiste en inyectar en sangre la propia sustancia alergénica confiando en que el cuerpo termine por habituarse. Como cuando en la mesa de al lado tienes al Minglanillas y al final tu mente acaba por descartar los impulsos sensoriales que provocan sus gilipolleces. También conocida como "desensibilización", dura tres años y consta de unas quince banderillas en cada uno de ellos, siete en mi caso porque se nos echaba la primavera encima. Los efectos al final del tratamiento son inciertos, pero durante la temporada en que te inyectan el cuerpo alergógeno sufres los mismo síntomas que durante la propia alergia. En concreto, "amplificado" es el adjetivo que me viene a la mente. Dicen que echar sal en una herida termina por curarla.
Esta semana, mientras rezo para que el primer año de tratamiento tenga algún resultado aparente, recibo la factura del médico. Debe de ser nochebuena y ya no creo en Papa Noel.
La broma viene desglosada de la siguiente manera:
A todo esto hay que sumar 245 euros de la medicación en sí, la cual te dicen que pidas en la farmacia de al lado, de la que con toda seguridad cobran comisión.
Total: 590,82 euros para el primer año de un tratamiento de alergia al polen cuya efectividad puede resultar falible. Creo que podría pagar 150 euros al brujo de la tribu por recibir la misma promesa.
Alérgico de guardia saluda a la Deutsche Apotheker- und Ärztebank de Regensperry, número de cuenta 020 374 5007.
Alguien está ganando mucho dinero aquí y no soy yo.
Links:
[1] http://www.elsentidodelavida.net/ultimo-capitulo-los-achaques