A menudo se termina hablando en este lugar, paradójicamente, sobre el sentido de la vida. Es difícil llegar a conclusiones sobre el asunto, pero parece que parte del sentido de la vida pasa por hacer lo que a uno le gusta. Cuando se trabaja en algo con pasión, entonces todo cobra sentido: uno es feliz. La mayoría de nosotros nos tenemos con conformar con hacer lo que nos gusta después de ocho horas de oficina. Si descontamos el tiempo que ocupan las labores que se deben realizar cotidianamente, el resultado es que la felicidad se reduce a unos treinta minutos diarios. Si hay suerte, se añaden unas pocas horas los fines de semana.
No sé a los demás, pero a mí se me antoja poca felicidad.
A menudo hablamos aquí también de cambios. Aparece gente que decide que quiere cambiar las cosas y dar un nuevo rumbo a su vida en dirección a un lugar mejor. Supongo que yo también he sido uno de ellos.
Hace algo más de tres años que terminé unas prácticas y me vi por fin abocado al mercado laboral serio. Las opciones que se me presentaban no me resultaban demasiado atractivas, siendo la más obvia buscarme un trabajo poco gratificante en el terruño que me vio nacer y crecer, y esperar allí a que ese mismo terruño me viera morir lo más tarde posible. Por el camino haría jornadas laborales de diez horas con parada a comer y sentiría que me iba consumiendo mientras la vida se me escurría de las manos sin que ni siquiera llegara a darme cuenta. En esa película, yo terminaba odiandome a mí mismo. Hay muchas películas como esa, es un guión muy trillado, y me parecen muy malas. También puede ser que yo tenga un gusto muy extraño para el cine.
La otra opción era largarme a Alemania. Por alguna razón me atraía aquel país. Tenía un buen amigo allí que me podría servir de palanca. Si todo salía bien, yo acababa hablando alemán, conseguía un buen empleo, conocía gente y veía mundo. Si todo salía mal, la película terminaba como empezaba. Algo así como Memento [1] pero perdiendo la memoria sólo los sábados por la mañana.
Todos los cambios acojonan, y ningún cambio de rumbo es un camino de rosas. Pasé ratos buenos y algunos tragos amargos. Disfruté los buenos tiempos y traté de aprender de los malos. Quizá por casualidad, quizá por buena suerte, quizá por el destino, lo cierto es que la película terminó bien: tengo un trabajo interesante de ocho horas en el que hago más dinero del que en España me harían pensar que merezco, y cuando lo termino me largo a casa a disfrutar de mis amigos y de mis aficiones, entre ellas largar parrafadas como esta. La mayor parte del tiempo soy muy feliz. Revisando la cinta, me atrevería a decir que muy pocas de las películas que uno escribe tienen un final triste.
Sin embargo, de un tiempo a esta parte me doy cuenta de que paso la mayor parte de la jornada laboral contando la horas que faltan para poder ir a casa y escribir en El Sentido de la Vida, dibujar la tira ecol [2] o emprender una docena de proyectos. Para mí es un síntoma de que podría estar haciendo cosas que me llenaran más que mi actual ocupación, de que podría estar pasando más tiempo en ser muy feliz en vez de ser moderadamente feliz como lo soy cuando estoy atrapado ocho horas diarias en el curro con la cabeza metida en asuntos que no son míos. Tengo cientos de cosas por empezar pero nunca tengo el tiempo para llevarlas a cabo, y la situación me está empezando a quemar por dentro. Es por eso que llevo una temporada considerando emprender un nuevo camino.
Los cambios acojonan, sobre todo cuando se tiene mucho que perder. Cuando reviso mi vida encuentro muchos puntos de la cinta en los que pensé que nunca podría ser tan feliz como entonces, que aquello no podía ir a más. Tomo uno al azar, lo miro y luego avanzo varios años para encontrar que las cosas no han hecho más que ir a mejor. A día de hoy, puedo decir que en ningún momento de mi vida he sito tan feliz. Vivo en un apartamento de cinco habitaciones con el Chuky, gano un buen dinero todos los meses con el que estoy construyendo un colchón para permitirme cometer estupideces futuras, y estoy rodeado de gente fantástica a la que aprecio como a los grandes amigos a los que tuve que dejar en España y que me hicieron conocer una amistad de la que jamás pensé que volviera a poder disfrutar en igual grado. Todo esto es mucho que arriesgar. Cuando empecé la última película tenía muy poco que perder, y al igual que para un martillo todo parecen clavos, para la desesperación no existen los problemas sino las oportunidades.
No soy un aventurero, me gustan los terrenos firmes, no me gustan los cambios. Siempre guardo las cosas en los mismos bolsillos, me la meneo siempre con la derecha y me gusta que al despertar todo esté donde se encontraba la mañana anterior. Si hay alguien con miedo a los cambios en los que se puede perder mucho, yo soy por lo menos el segundo en la lista. Es por eso que quiero hacerlo todo despacio y con tiento.
El plan: vivir haciendo las cosas que me gustan, disfrutar de lo que hago durante las 24 horas del día. De momento se me ocurre invertir más tiempo en El Sentido de la Vida y hacer una tira diaria. Me gustaría escribir libros y emprender nuevos proyectos personales, pero para eso necesito dejar de ocuparme de las cosas de personas a las que ni siquiera conozco e invertir más horas en aquello que de verdad me apasiona.
Hace un par de semanas me tomé un lunes libre, así que el domingo por la noche me pude permitir el lujo de salir a pasear en la fría oscuridad de los últimos coletazos invernales en lugar de irme a la cama pronto como el resto de las personas respetables y ocupadas. Pude admirar la catedral de Regensperry iluminada en la oscuridad de la noche, elevándose como un coloso sobre los tejados que rodeaban la plaza desierta. Me sentí muy vivo, más que cualquier otra noche de domingo. Y eso simplemente por haber comprado apenas 24 horas para mí mismo. Me pregunté cómo sería sentirme así durante todo el tiempo.
Estas cosas no suceden de un día para otro, pero ocurren tan despacio que es difícil darse cuenta de que se gestan dentro de uno como una fiebre silenciosa que va creciendo. Sin embargo, hay momentos fugaces en los que se siente un escalofrío y uno sabe que algo está pasando, que hay un cambio que hacer.
El único punto flaco de mi plan es, por supuesto, el dinero.
Creo que soy una persona que necesita muy poco para vivir. No tengo coche, tengo aficiones baratas y gasto menos dinero en ropa que Tarzán. Mi madre me tenía que tirar los calzoncillos a la basura porque se les rompía la goma. Compro algunos caprichos pero soy siempre consciente de que son cosas de las que podría prescindir fácilmente, sobre todo a cambio de una vida para mí. Sin embargo, tengo que pagar por la comida, y a principio de cada mes debo ingresar religiosamente una cierta cantidad de dinero en la cuenta de mi casera. Además, de vez en cuando surgen imprevistos que hay que afrontar. En mi casa nunca ha faltado de nada y no estoy acostumbrado a encarar la vida con el culo al aire. Esa es otra de las razones por las que necesito hacer esto de manera gradual. Dispongo de la oportunidad de construir un puente entre mi situación actual y la que tengo en la cabeza molestando a los pájaros, y la voy a aprovechar.
Mi situación laboral es relativamente estable pero no es roca firme. Podría haber optado por otras opciones pero preferí apostar por el riesgo para rellenar el colchón en el menor tiempo posible. La razón es que llegará un momento en el que Regensperry no será lo mismo. Las personas que hacen que mi vida sea especial irán saliendo poco a poco de aquí, y cuando eso suceda mi estancia en este lugar ya no tendrá ningún sentido. Cualquier otro sitio será entonces igual de bueno que este. Y en ese mismo momento yo cogeré el cerdito que he venido rellenando y me largaré a intentar hacer realidad mi sueño. Es una mera cuestión de tiempo que el cambio llegue, pero quiero disfrutar de todo lo que me rodea ahora mismo mientras dure, así que tampoco tiene demasiado sentido que me precipite.
Pero vamos al grano.
En Septiembre del año pasado ya debía de andar pensando en estas cosas, porque fue entonces cuando puse una cajita con publicidad en la parte superior izquierda de la página. La cosa funciona así: yo hago espacio para diez enlaces de texto y una empresa se encarga de vender esos huecos. Los beneficios se reparten al 50%. De esta manera el autor de la página consigue una renta mensual más o menos estable con un esfuerzo que se aproxima a cero.
Antes de escribir esto tenía algunas reservas sobre si compartir las cifras de los ingresos, pero siendo que quizá este periplo que ahora se inicia pueda resultar de interés para alguien, imagino que los número supondrán una utilidad añadida para cualquiera que pueda tener en la cabeza los mismos pájaros que yo. No tengo ninguna duda de que será un camino largo pero interesante, y quiero dejarlo todo bien documentado para cuando vuelva la vista atrás. Por otra parte, es dinero honesto y no me avergüenzo de él. Si alguna vez entre todos mis complejos tuve uno que me hubiera hecho ruborizarme por algo así, por suerte lo conseguí dejar en un recodo de la senda hacia lo que considero la persona íntegra que ahora creo ser.
Volviendo a los números, los primeros meses resultaron algo flojos, reuniendo en los primeros sesenta días el montante de 70 dólares (ya podían ser euros, pero menos da una piedra). El cheque al cierre de los siguientes dos meses ascendía a 160 dólares, mientras que enero y febrero han arrojado números por encima de los 200 dólares cada uno, habiendo recibido en este último mes exactamente 180 euros al cambio. El dólar es ahora mismo una ruina a la espera de que los Estados Unidos invadan Irán. El total desde septiembre asciende pues a 552 euros.
La primera lectura es que con 200 euros al mes no se va a ninguna parte. La visión optimista es que el esfuerzo invertido ha sido mínimo, tanto como poner una cajita con anuncios y seguir haciendo lo que me gusta. Futuras posibilidades para elevar las cantidades a corto plazo pasan por incluir publicidad de AdSense y trasladar la misma estrategia a la tira ecol, que podría arrojar cifras por lo menos del mismo orden de magnitud que ESDLV. Luego vendrían libros, camisetas... qué sé yo. Hasta que no disponga de más tiempo para trabajar en el proyecto no sabré si algún día llegaré a comer de esto, pero de momento los primeros pasos me sirven para establecer órdenes de magnitud.
Desde el primer momento tuve claro que el dinero que pudiera hacer en estos primeros tanteos no sería para mí [3]. La razón no es que no considere que no lo merezca ni que no tenga en qué gastarlo, pero mi situación actual es francamente desahogada, y de un tiempo a esta parte siento que la vida me da tanto que me veo en la obligación de devolver parte de lo que recibo. Simplemente no me parece razonable invertir más en mí. En El egoísmo revisitado: la importancia de los motivos que desconocemos [4] escribía que:
(...) no me resulta tan descabellado pensar que la felicidad de la humanidad comienza por la felicidad del individuo. Sólo cuando uno es feliz se encuentra en posición de contagiar a los demás. Si uno se siente desgraciado y podrido por dentro, lo único que procurará es que los demás traguen un poco de esa misma mierda.
Ahora mismo puedo decir sin ningún tipo de duda que soy muy feliz, y que es una sensación tan desbordante que no puedo más que compartirla con los demás. Si alguien se encuentra en mi lugar sabrá de qué estoy hablando. Me sigue doliendo la espalda de vez en cuando, el lunes tengo que ir a trabajar y hay muchas de las cosas que hago que me gustaría cambiar, pero en líneas generales puedo decir sin rubor que soy feliz. Quizá lo sea porque todo me va bien, o quizá lo sea porque he tomado una decisión para actuar de una manera coherente conmigo mismo y hoy doy el primer paso de una larga senda especialmente emocionante. Dicen que la felicidad no se encuentra al final del camino, sino que la felicidad es el propio camino. Hasta ahora nunca había comprendido esa frase.
El dinero recaudado por la publicidad de ESDLV ha estado yendo todo este tiempo a una hucha-cerdito aparte. Durante todos estos meses he estado intentando saber cómo debía gastarlo. No podía utilizarlo en mí, sino que tenía que ser empleado en intentar mejorar el mundo. No tenía ni idea de cómo emplear ese dinero; sencillamente no se me ocurría cómo 60 dólares al mes iban a arreglar un mundo tan jodido. Hasta la semana pasada no supe cómo lo iba a hacer, pero esa historia la reservo para el lunes que viene. Ahora sé que no tengo que arreglar todo el mundo de una vez sino que lo puedo hacer a golpecitos.
La andadura no ha hecho más que comenzar. Este tocho no es más que la primera piedra de un proyecto que no tiene prisa pero que ya está en marcha. Lento pero seguro voy a ir pasando de hacer cosas para otros a hacerlas para mí. No va a ser fácil ni va a llevar menos de varios años, pero la meta es ambiciosa y sin duda merece la pena. Si todo sale bien, habré cambiado mi vida a mejor. Si todo sale mal, entonces volveré a la rueda de lo convencional. Lo que no puedo dejar de hacer es intentarlo. No quiero comprar colonia en navidad, no quiero dejar el móvil del trabajo encendido sobre la mesilla de noche y no quiero deslomarme para comprarme un coche más grande que mi integridad. Creo saber qué es lo importante en la vida, al menos en la mía.
A menudo me escriben lectores para decir que les sirvo de modelo o de inspiración. Me resulta incomprensible, pero entonces pienso que yo también tengo gente que me sirve de referencia y que me inspira. Ahora mismo me acuerdo especialmente, quizá por lo reciente, de
Para todos los demás, los que piensen que realmente soy yo el que está cuerdo, aquí estaré para contar la aventura. De lo que estoy seguro es de que nunca estaré solo :-)
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Links:
[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Memento
[2] http://www.tiraecol.net
[3] http://libertonia.escomposlinux.org/story/2006/9/23/15250/3146
[4] http://www.elsentidodelavida.net/node/338
[5] http://www.elsentidodelavida.net/node/401
[6] http://www.elsentidodelavida.net/node/365
[7] http://www.elsentidodelavida.net/http