Hace aproximadamente seis semanas decidía someterme a un mes sin noticias. En esta columna [1] explicaba las motivaciones, que no eran pocas. Éstas se resumen, de manera rápida, en los siguientes puntos:
Por todo esto, y para probar cómo se siente uno cuando deja de revisar titulares y de ver muertos en cada comida, decidí pasar el mes de Noviembre sin buscar activamente noticias. El trato era el siguiente: las novedades podían llegar a mí por cualquier medio, pero yo no podía emprender acciones para llegar a ellas tales como escuchar los informativos en la radio, ver los telediarios o leer los periódicos. Tampoco podía, por supuesto, echar mano de sus equivalentes en la red.
Debo confesar que la experiencia me ha resultado mucho más sencilla de lo que había pensado en un principio. Mi página de inicio es Netvibes [2], una especie de panel que, al margen de otras posibilidades, permite recoger titulares de muchas fuentes de información. Lo primero que hice fue eliminar los periódicos de la lista de favoritos. Después hice lo propio con otros feeds que podían traer información de actualidad del corte de lo que vendría en un periódico. Al final quedaron unas cuantas páginas de novedades relacionadas con el mundo informático, como Barrapunto [3] o Libertonia [4]. Las hubiera eliminado también, pero me interesan para inspirarme a la hora de hacer la tira ecol [5].
En casa fue fácil. No veo la tele desde que terminó la temporada de fórmula uno, y tampoco tengo ninguna radio desde la Operación Fernseher [6]. Así pues, era complicado que me asaltara la tentación en la calidez del hogar, donde el porno era varios órdenes de magnitud más accesible que las noticias del día.
Los primeros días el mono se dejó notar. Mientras estaba ocupado en el trabajo no había ningún problema, pero en cuanto tenía un rato lo primero era echar mano del navegador e intentar abrir algún periódico. Superado el primer impulso, volvía a la calma. Después de una semana ni me acordaba de que existían las noticias. Me sorprendió lo fácil que había resultado. Supongo que, sin darme cuenta, hacía ya años que venía andando el camino de la tranquilidad.
Una de las cosas que piensa uno cuando se somete a un experimento así es que va a estar "desconectado de la realidad". Lo cierto es que la única manera de desconectarse de la realidad es pegarse un tiro, porque la realidad y las noticias son conceptos muy diferentes. No he echado en absoluto las noticias para nada, y he tenido la oportunidad de disfrutar de la realidad desde una perspectiva mucho más apacible e interesante.
Una de las cosas que más preocupaba a la gente al plantear el experimento, entre ellos a mi padre, era el hecho de no tener de qué hablar con los demás. Creo que se sobreestima el valor de las noticias de actualidad a la hora de iniciar una conversación. En primer lugar a la gente le encanta que la escuchen. Si alguien comienza un diálogo con un "¿te has enterado de que...?", esa persona estará encantada de largarte quince minutos de monólogo para ponerte al día. Tu interés genuino sencillamente redondeará la operación. En segundo lugar, el hecho de no estar al día de temas banales te permite empezar las conversaciones con temas realmente interesantes, lo que en la mayoría de los casos será un punto positivo. Mi padre tacha de La Desiderata [7] la parte que dice "escucha al aburrido y al ignorante", pero sin embargo se preocupa de poder darles conversación. A mí cosas así me confunden.
En ausencia de los instrumentos habituales de captación de información, no tardan en aparecer nuevos canales de adquisición de noticias: las sobremesas, los cafés de media tarde, los emails que te envían los amigos, las llamadas que te hacen tus padres y que aprovechan para comentarte algún asunto de actualidad... Se podría decir que cualquier tema que no sea capaz de llegarte por ninguno de estos medios no tiene ningún tipo de relevancia en absoluto.
El resultado de tanta abstracción es una sensación de bienestar desconocida. Nos hemos venido acostumbrando durante toda nuestra vida a ver fusiles, miseria, cadáveres, tiroteos, accidentes de tráfico, persecuciones policiales, hambre, terror... Todos los días suceden cosas maravillosas fuera de la caja tonta y de los papeles, pero estamos tan condicionados que ya ni podemos identificarlas. A base de olvidar las cosas buenas ya no sabemos ni que forma tienen, y para reconocerlas tenemos que esperar a que la vida nos las señale. La mano apunta a las estrellas y los idiotas miran al dedo.
Lo más grave de todo esto, y a la vez lo maravilloso, es que se trata de una elección que está en nuestra mano y que podemos hacer en cualquier momento. Una tarde llegué a casa y en la caja tonta estaban poniendo el telediario. Los gritos de la novia del Chano me hicieron acudir presto al comedor a ver qué se cocía. Resultó que un chiflado había violado a una menor y, cuando lo habían trasladado al palacio de justicia de Dresden, el tío había aprovechado un descuido para subirse a la azotea del edificio y amenazaba con saltar. La policía, con el rabo entre las piernas, le acercaba con cautela unas mantas y unos bocatas para cenar. En mi casa gritaban indignados y alterados. "Pero... ¿por qué veis estas cosas?" les pregunté yo.
Aquel fue un momento revelador, de esos en los que sale el sol por encima del monolito y con la mano te frotas la barbilla. En aquel instante me pareció que un informativo no era más que un canal de la televisión en el que sólo se mostraban desgracias. Igual que existían programas en los que te enseñaban a hacer una estantería y había otros en los que los videoaficionados grababan a familiares partiéndose la crisma, existían programas en los que sólo se pasaban pequeños cortometrajes cuyo contenido estaba destinado a tocarte los cojones a todos los niveles. Eran los telediarios. La gran noticia era no sólo que se podía cambiar de canal, sino que se podía apagar el televisor.
Ahora mismo, después de un mes sin noticias, no tengo en absoluto la sensación de estar desconectado de nada. En el mundo suceden muchas cosas de las que no tengo consciencia; exactamente igual que hace varios meses. Lo único que he hecho ha sido incorporar unas cuantas cosas más a esa zona crepuscular en la que meto todo aquello que no me interesa demasiado, ya sea la ubicación exacta de Malasia, la guerra en Costa de Marfil o los resultados de la liga de fútbol.
Así pues, tras un mes de desintoxicación informativa y de admirar la realidad desde un punto de vista relajado y privilegiado, he decidido que voy a dejar de buscar titulares todos los días hasta nueva orden. Si alguna vez sucede algo lo bastante gordo como para hacerme cambiar de opinión seguiré narrándolo desde aquí. Mientras tanto me dedicaré a disfrutar de la realidad sin colorantes, conservantes, ni fecha de caducidad.
Links:
[1] http://www.elsentidodelavida.net/node/373
[2] http://www.netvibes.com
[3] http://www.barrapunto.com
[4] http://libertonia.escomposlinux.org
[5] http://www.tiraecol.net
[6] http://www.elsentidodelavida.net/node/314
[7] http://en.wikipedia.org/wiki/Desiderata