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[Escandinavia] Noruega
By GonzoTBA
Creado 17/09/2006 - 20:52

El lunes por la mañana recogíamos la furgoneta: una Volkswagen Transporter para nueve personas, verde y llena de bollos. Fabricación nacional. Era el momento de decir adiós a Copenhague. Reservamos habitación para la última noche antes de volar de vuelta y metimos los bultos en el maletero. Cien kilómetros después, en la primera parada para estirar las piernas, Ratuza cierra la puerta del copiloto y le pilla la mano al Juli, que rueda por los suelos durante un minuto antes de atreverse a contarse los dedos. El viaje en flagoneta queda oficialmente inaugurado.

Ya estamos casi todos: Alberto, Ratuza, El Juli, Paquito y yo. Gorrino aterriza esa noche en Oslo, próximo destino. Unos seiscientos kilómetros nos separan de nuestro objetivo.

Alberto en realidad es, desde hace tiempo, Chucky, el muñeco diabólico; un mote que le viene como anillo al dedo. Era Alberto hasta que vino a visitarle un amigo suyo, el cual, a altas horas de la madrugada, preguntó si no sabíamos cómo le llamaban en la piel de toro. Así Alberto pasó a ser Chucky y pudo decir una vez más lo de "ten amigos para esto".

Noruega es un país extremadamente peculiar. Se compone básicamente de una capital y una ciudad turística unidas por lo que se supone que es la vía principal de la nación. Copenhague y Oslo son dos capitales europeas enlazadas por lo que en España se definiría como una "carretera nacional sometida a un mantenimiento pésimo".

Desde Oslo hacia arriba se puede llegar a Bergen, algo así como la Marbella de los fiordos, sólo que el concejal de urbanismo todavía está en libertad. Hacia el este, el país se desparrama hasta Rusia en lo que debe de ser un archipiélago de pequeños poblados que apenas han conocido obra civilizadora.

Noruega goza de uno de los niveles de vida más altos del planeta. Las cosas son caras, pero si antes has pasado por Dinamarca, el trámite es como sumergir la cabeza cuando ya has tenido un fin de semana las bolas a remojo en agua helada. La impresión es mínima.

¿De dónde proviene el espectacular nivel de vida de este país, que permite a sus habitantes sobrevivir los inviernos de once meses, siendo que Noruega no hace móviles ni coches ni aviones, ni tiene oficio ni beneficio? Esta es la pregunta que nos hicimos durante cientos de kilómetros.

El secreto está en el petróleo, de fabricación nacional. Sólo Arabia Saudí y Rusia exportan más aceite que Noruega. Además tienen salmón. Entre todo eso y lo que ahorran en el mantenimiento de carreteras, la economía anda de un boyante que no veas. No hay más que fijarse cuando vas al cajero a sacar rupias noruegas.

Las vías circulatorias son de espanto. Hacer quinientos o seiscientos kilómetros se convierte en una tortura, en parte porque la velocidad máxima media es de 80 km/h y en parte porque las únicas superficies niveladas del país son lagos. En la furgoneta matábamos el tiempo mirando el paisaje, diciendo una y otra vez que el mineralismo iba a llegar y montando un número en cada peaje de la simple excitación de ver signos de civilización.

Oslo es una ciudad relativamente pequeña para ser capital europea. Los edificios son todos modernos y chaparros. Tiene amplias zonas abiertas y en general contrastaba fuertemente con lo que habíamos visto hasta ahora. Hacía frío para ser pleno agosto. El invierno, según nos contaron, no es mucho más duro que en Baviera, pero por lo visto dura tres o cuatro meses más. El verano lo miden en horas. En la primera noche en Noruega dormí despechugado y apadriné un resfriado que me acompañaría el resto del viaje.

Al día siguiente, tras una breve escala en Oslo, partimos hacia Bergen, al corazón de los fiordos. Después de discurrir por cientos de kilómetros de carretera y atravesar un par de docenas de túneles interminables (creo que hubo uno de quince kilómetros), llegamos a la capital turística del país.

La mayor atracción de Bergen es el mercado de pescado, que decepciona a poco que uno se pare a pensar en el ambiente.

Uno espera rudos marineros fumando en pipa y con tatuajes de "amor de madre" en los brazos, trasegando cajas de pescado recién subido a tierra firme. Lo que allí encontramos fue estudiantes de toda europa vendiendo peces. En cada chiringuito había al menos un par de personas que hablaban español. "¡Ay payo, pruébame la carne de ballena!" te gritaban, "Mira este salmón qué buenos ojos tiene".

Las noruegas causaron en nosotros una grata impresión. Esas melenas rubias, esos ojos de un azul pálido. Comprendimos que Noruega es uno de los pocos santuarios que quedan ya en el mundo albergando rubias naturales.

El resto del comando Albóndiga terminaría declarando a las suecas las ganadoras del viaje, pero no recuerdan la noche en que llegaron al hotel seguros de haber encontrado el vivero que abastecía de tías buenas a toda Escandinavia. La memoria es breve y se deja traicionar por el siguiente culo al doblar la esquina.


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