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Cuatro Sesenta
By GonzoTBA
Creado 10/09/2006 - 23:26

Vivir en un país extranjero es difícil. El lenguaje es uno de los primeros obstáculos en el día a día. Un gran problema es cuando, por ejemplo, quieres hablar abiertamente con tus compinches españoles sin que los alemanes se enteren de la jugada.

Es sorprendente lo rápido que se acostumbra uno a decir auténticas barbaridades rodeado de otras personas. Puedes decir que el tío que tienes delante en la cola del café huele a Morlock y sólo se reirán las personas indicadas. Es como vivir en un mundo en el que todos están sordos menos tú y tus amigos. La confianza con la que se mueve uno por un universo así es, a menudo, excesiva.

Normalmente no hay problema, pero lo cierto es que lo español está de moda en todo el mundo y en Alemania hay mucha gente que está aprendiendo la lengua de Cervantes. Ergo hay que andarse con ojo.

La hora de comer en la cantina siempre es movida cuando conseguimos juntarnos todos. El tema de conversación suele mostrar una taxonomía lineal bien definida: empezamos hablando de lo mala que está la comida y terminamos hablando de tetas y culos. La cosa puede empezar con un postre de macedonia de frutas y acabar con una eyaculación en la boca de alguno de los presentes. Yo, que tiendo a visualizarlo todo con cierta facilidad, a veces lo paso mal. Hay situaciones en las que uno no debería imaginarse a Ratuza.

El caso es que hay ocasiones en las que junto al que está diciendo las animaladas se encuentra sentado un alemán que habla algo de español. Los cabritos no saben decir Mallorca, pero no tienen problema alguno para identificar expresiones como "prepucio" o "lluvia dorada". Ciertas palabras actúan a modo de realimentador y les hace interesarse todavía más por la conversación, que a esas alturas está ya en plena escalada de violencia, con un ponente ya casi de pie y gesticulando a voces.

Normalmente al alemán se le escapa una risita, o simplemente se le ve que acerca la oreja más de lo que sería estrictamente necesario para terminarse las natillas. Si te das cuenta, es tu deber alertar al resto de los participantes para que la conversación se diluya y no haya nadie que, elevando todavía más la voz, diga una animalada aún mayor que la anterior. Es el momento de que se levante la liebre antes de que alguien salga herido.

Bajas la cabeza, miras el plato y murmuras:

Cuatro sesenta

Inmediatamente la violencia verbal se dispersa, todo el mundo se lleva el cubierto a la boca y la conversación se centra en el tiempo y en las probabilidades de que llueva o nieve otra vez este fin de semana, dependiendo de la estación del año.

La técnica viene de los tiempos en los que el Juli y dos amigos suyos, mochila al hombro, recorrían Europa en tren intentando sobrevivir en veinte duros diarios (un euro de hoy, a todos los efectos). Después de varios desgraciados sucesos en diferentes etapas del viaje, se vieron obligados a desarrollar un mecanismo que les permitiera prevenirse en caso de que pensaran que alguien en su mismo vagón podía entender lo que decían, generalmente nada bueno.

En un principio, cuatro sesenta designaba a un español, mientras que cuatro setenta indicaba que se trataba de un no español pero igualmente diestro en la lengua. Creo recordar que cuatro sesenta (o setenta) es la denominación de un tipo de embarcación de regatas. A mí me gusta más pensar que es un código de los de James Bond, de los de justo antes de trajinarse a la chica.

La distinción entre el sesenta y setenta pervivió hasta el primer viaje que hice con el Juli al extranjero. O bien yo estoy sordo o bien él tiene un problema de dicción, pero nunca sabía si lo que teníamos cerca era sepia o calamar. No sin cierta reticencia por su parte, le convencí de que daba igual sesenta o setenta, que lo realmente importante era que había que pasar a hablar de otra cosa antes de que nos partieran la cara. Así fue cómo, de las dos modalidades, sólo el cuatro sesenta se incorporó a los manuales de combate.

Así que ya sabe. Si viaja en un tren por el extranjero y escucha una conversación sobre tetas y culos, disimule lo mejor que pueda. No haga como que pone la oreja, no sonría si puede evitarlo. Si escucha un cuatro sesenta, es que ha sido detectado. Se habrá perdido una conversación cuyo tema central puede oscilar entre el sexo anal o una certera apreciación sobre su persona.

Quizá ambas cosas; pero ahora ya nunca lo sabrá.


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