"Eso ya lo dije yo", "Yo ya dije que esto iba a pasar", "Lo que yo os decía"...
Existen infinidad de combinaciones, pero todas incluyen el pronombre personal "yo" y el verbo "decir". Es la bandera del símbolo de una creencia a largo plazo, de una de esas posiciones que se defienden a gritos en una sobremesa en la que se ha bebido demasiado vino.
Pues bien: Yo ya lo dije [1]. Fue hace más de un año, al final de un artículo sobre la tienda guarra y Farruquito.
Lo vuelvo a repetir hoy, para poder sacarme el palillo de la boca en unos años y, quitándome la boina en la tasca del pueblo, poder gritar que yo ya lo dije: El precio de la vivienda va a colapsar.
Releyendo, veo que hace un año concedía al mercado un par de lustros. Ahora, doce meses después, opino que queda menos de uno para la total aniquilación. Y después... Después la nada.
La física cuántica supuso una revolución en la manera de ver las cosas, hasta el punto de que lo que planteó Einstein se tuvo que meter en un archivador y pegarle una etiqueta en el lomo que decía "Física clásica".
La física clásica explica los fenómenos de lo que conocemos como El Mundo Real. Nos detalla por qué los planetas trazan órbitas elípticas y por qué las tetas tienden a caer con el tiempo. La física clásica presenta unos esquemas que la razón puede abarcar.
La física cuántica, por el contrario, plantea situaciones y sucesos que escapan a la razón, cosas que no tienen ni pies ni cabeza. Existen experimentos con partículas subatómicas que desafían al sentido común. Cuando uno se mueve en ese campo observa cosas que en realidad no existen y que están en todas partes a la vez. Es un territorio incómodo y fascinante a la vez.
Pues bien, por si no resulta obvio, los pisos no son partículas subatómicas, no tienen nada que ver con el mundo cuántico y su comportamiento es perfectamente asumible y predecible por la teoría clásica.
Es imposible proyectar una vivienda contra una placa fotográfica, y desde luego una casa no pasa por una ranura ni a tiros. El spin de un ladrillo es el mismo que el de un pimiento o una calabaza. El mercado inmobiliario NO se encuentra dentro del campo de la física cuántica ¿Alguien ha oído alguna vez hablar del experimento mental del piso de Schrödinger?
La vivienda obedece a las leyes de la física clásica más básica, la que dice que todo lo que sube baja, y que cuanto más suba más fuerte llegará al suelo. Los sellos también aparecen en los libros de física clásica, en el capítulo de las cosas que nunca bajan, justo al lado de las empresas punto com.
Repasemos algunas de las leyes más básicas de la física clásica:
Y la regla más importante, el corolario que comprende todas las demás:
El ser humano fue dotado de raciocinio. Suele venir en forma de cerebro y sentido común. Ten criterio y pregúntate por qué todo el mundo hace lo mismo. Lo mejor para todos puede no ser lo mejor para ti, y desde luego lo peor para todos no es lo mejor para ti. Si eres de los que piensan "Yo me voy al carajo, pero esta pandilla de gillipollas se vienen conmigo " y el pensamiento encima te reconforta, entonces eres un valiente imbécil.
Más de uno piensa que España está hecha unos zorros. Esperemos que no se encuentre en el mejor momento de sus próximos veinticinco años. Los precios de la vivienda no van a seguir subiendo, ni a "aterrizar suavemente", sino que se van a venir abajo y se van a llevar por delante un modelo económico muy español basado en los cayucos y gestionado por el Lazarillo de Tormes.
Y lo mejor es que para decir todo esto no me han hecho falta más que un par de horas y dos pinceladas de sentido común. No, espera, lo mejor no es eso; lo mejor es que espero equivocarme.
La Gran Hostia se avecina. Y lo más triste es que la culpa no será nuestra, será de la física.
Links:
[1] http://www.elsentidodelavida.net/node/207