Cuando se viaja, se tiende a hablar. Suele suceder sobre todo cuando se viaja en grupos de dos o más personas.
En todos los viajes se forma con el tiempo ese chascarrillo que sólo los están viajando comprenden, esa frase graciosa que dijo el abuelo del mercado de pescado de Bergen o quizá alguna cosa que todo el mundo vio en la tele hace algún tiempo y que ahora ha salido a relucir gracias a algún evento del viaje. Pueden surgir varias de esas en diferentes puntos del trayecto, pero siempre hay una que nace a raíz de algún acontecimiento para recordar, se mantiene con fuerza y luego termina dando juego para todas las vacaciones.
Se llama La Coña del Viaje.
En esta ocasión no fue menos. Seis personas en una furgoneta verde cruzando las Escandinavias pasan demasiado tiempo juntas. Cuando además han estado todo el día viendo rubias cañón, al final del día toda esa energía tiene que salir por algún sitio. Como por ahora no se puede transformar en electricidad para iluminar bombillas o recargar los móviles, uno se tiene que limitar a alimentar La Coña del Viaje.
Nuestra coña del viaje tomó forma la segunda noche, cuando dando cuenta en el hotel de la parte del equipaje que iba en botella, el Juli leía las instrucciones en danés sobre cómo actuar en caso de incendio.
Supimos entonces que el mineralismo iba a llegar [1].
Links:
[1] http://www.youtube.com/watch?v=ZpGJSwkmnR8