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Una y a casa
By GonzoTBA
Creado 29/01/2006 - 23:03

Sábado por la noche. Cartera llena en el bolsillo posterior derecho.

Rumbo: Casa de Alberto.
Objetivo: Un ron extra-viejo de la República Dominicana, luego al catre.
Hora: Diez de la noche hora zulú.
Estado: Revenido pero optimista.

Salgo del edificio y esquivo a un chaval que nos está meando la valla. Saludo.

A la vuelta de la esquina tenemos un garito del que, a partir de los jueves, a las nueve de la noche sale toda la chusma cool adolescente de la ciudad. La MTV los viste a todos iguales. Una vez más compruebo que sí se puede vomitar a las diez de la noche.

Doblo la esquina y un grupo de chavales de dos metros se descojonan de otro que se pelea con la hebilla del cinturón. Al pasar por su lado me tira de la manga y me grita, en avanzado estado de gestación alcohólica, algo así como que le baje la bragueta. Todos le ríen la gracia. Apenas quince pasos desde el portal y ya estoy a punto de que me partan la cara.

Le digo que paso de su bragueta y me alejo mientras los chavales me gritan cosas que no entiendo. Echo de menos mi verbo fluido. Le hubiera dicho algo como "Que te ayude tu madre", pero mientras termino de construir la frase en alemán he recorrido dos manzanas. Es posible que mi limitada gramática me haya permitido conservar los dientes. Llego a casa de Alberto.

Nos ponemos un ron y discutimos sobre los ciclos de sueño y el método Uberman. Con cuarenta y cinco minutos de retraso, quince antes de lo previsto, aparece Gorrino con una amiga. Nos ponemos una segunda copa. Concluimos que se trata del mejor momento de la semana.

Discutimos sobre la calidad del carbón en las distintas zonas de España. Nos ponemos todos de acuerdo en que Julio César no nació en la península. Hablamos de los rumanos y Alberto cuenta historias truculentas de cuando trabajaba como estibador en Hannover.

Alberto jamás ha trabajado como estibador en Hannover, ni ha estado en las filas de la guerrilla congoleña ni ha hecho lucha filipina, pero, cuando lo cuenta, cualquiera que no sepa que es consultor se lo podría creer. Uno sesenta, recio, mala leche de serie. Su mente sólo piensa en perverso. Divide los objetos en:

--Cosas que pueden servir para obtener dinero
--Cosas que se pueden robar
--Cosas que se pueden utilizar para infligir daño físico

Sabe de historia, de geografía, tiene un verbo ágil y su lengua es un puñal. Inventa una historia mórbida en cada situación, y al final de la noche ha trabajado como estibador en la mayoría de los puertos europeos y en un par de ciudades más que ni siquiera tienen mar.

Salimos de casa. Venga, una copa y al catre. En el primer garito tomamos dos gin-tonics cada uno. Cuando salimos descubrimos que a Gorrino le han robado la chaqueta. Sube a su casa a por otra y enfilamos hacia el segundo bar.

Después de la segunda copa del segundo bar, Alberto se saca un cartel del bolsillo, lo dobla en cuatro y lo convierte en un papel en el que pone DANKE en unas letras desgarradas en blanco sobre negro. Se acerca a las dos chicas que tenemos al lado y les pide limosna con el cartelito bajo la barbilla. Vuelve, se saca otro papel del bolsillo y me lo entrega. Me acerco a incordiar a las dos pobres chicas..

Cuando me giro descubro que Alberto se ha puesto el gorro negro y ahora sostiene el cartelito boca abajo y circula entre la gente con la mano extendida. Parece ciertamente un tarado mental, pero nadie afloja un céntimo. Vuelve a atacar a las dos chicas, que ya intentan salir del local. Una de ellas, hasta los cojones del número del tarado, le arranca el papel de la mano y sale corriendo. Alberto se asoma por la puerta y les grita en alemán "¡Hoy mi cartel, mañana tu bolso!". A eso exactamente me refiero cuando digo que me falta la chispa.

Alberto se acerca a una especie de stand colgado de la pared. Coge postales de todo tipo y se las mete en los bolsillos. Dice que nunca se sabe cuándo pueden hacer falta estas cosas. Son las tres y cierran el local. De nuevo en la calle. Seis bajo cero.

Cuando sales por la noche, llega un momento en que ya sabes que estás perdido y ya sólo queda caminar hacia adelante.

Nos metemos en la discoteca más próxima. No hay más de treinta personas. Pedimos otra copa.

Se me presenta Marta María. Mide más que yo y dice que es estudiante de **palabra de más de veinte letras que entra por un oído y sale por el otro**. Le digo que no lo parece. Me cuenta que es polaca, pero yo creo que viene del mismo averno. Se contonea y va de aquí para allá. Podría ser modelo y lo sabe. Se gusta, se gusta mucho. Decido que no quiero líos. Otra vez.

El disk-jockey quita la música. Le gritamos insistentemente que ponga algo más, pero en vez de decir Zugabe (otra) decimos Zutaten (ingredientes). Nos creemos graciosísimos y, consecuentemente, nos tronchamos de risa.

Nos tiramos a la calle y Alberto se esconde detrás de la puerta. Asalta a la gente con el cartelido a la salida del local. Sorprendentemente, termina la noche sin que nadie le parta la cara.

Nos despedimos y camino tres minutos hasta casa. Consigo quitarme los pantalones y me meto en la cama. Cinco de la mañana hora zulú. Me pongo el portátil sobre el edredón y procedo a tragarme el primer capítulo de "Perdidos". Me quedo dormido cuando encuentran la cabina del avión. Duermo el sueño de los justos.

Otra noche de "Una copa y a casa".


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