Published on El Sentido de la Vida (http://www.elsentidodelavida.net)
Amor entre dientes
By GonzoTBA
Creado 23/12/2005 - 22:39

Estaba en el dentista y aquella era una de las sesiones más desagradables que podía recordar. Llevaba casi una hora de reloj con la boca abierta. Por allí habían circulado artilugios de todas las formas y colores. En menos de noventa minutos tenía que estar tomando el tren, y todavía tenía que pasar por casa a hacer una pelota de calzoncillos y meterla en la maleta. Pero todo me daba igual. Se me cerraban los ojos.

La noche anterior me había quedado despierto hasta tarde bebiendo más vino del que debía y ahora, medio dormido en aquel potro de tortura, un tío calvo y con bigote me hurgaba los dientes. Pero me daba igual.

Estaba completamente fundido. Se me ocurrió pensar que la vida se observa mucho mejor desde el sopor. El cansancio es una espesa niebla que amortigua el ruido de la vida diaria. Desde el cansancio, sólo las cosas importantes son realmente importantes. El resto son eso, cosas.

A veces, sin que venga a cuento, sin estar en un entierro o en la sala de un hospital, se saborea esa sensación de saber discernir entre lo especial y lo trivial. Son pequeños momentos que apenas duran pero que, por unos minutos, te ponen en paz con el mundo y contigo mismo. Luego desaparecen igual que llegaron.

Ella me llamó desde la sala de espera. Yo tenía los ojos cerrados y la cabeza recostada contra la pared. Me incorporé, sonreí y me levanté.

Era más o menos como la recordaba: delgada, con el pelo rizado, la nariz respingona, los labios de fresa y un aire atractivo moviéndose en aquella túnica blanca. Debía de tener unos veintipocos. Me pregunté por qué solamente la había visto una vez. Probablemente ella trabajaba por las tardes, y yo siempre tenía tortura a primera hora de la mañana.

Me colocó el babero y supe que lo iba a pasar mal. No me equivoqué. Después de cuatro años de ortodoncia uno aprende algunas cosas. Me colgó del labio inferior el tubo aspirador de babas como quien deja un paraguas en un recibidor y tomó la fresa.

En los países avanzados no existen los aparatos que se llevan por la noche cuando termina el tratamiento ortodóncico, sino que te pegan un hierro a la parte interior de los dientes que hace que se mantengan en su sitio. Algo así era lo que me estaba sucediento a mí, sólo que aquello no era ni mucho menos el término del tratamiento ortodóncico.

La operación exige atención y buen pulso, y además hay que estar cerca de los dientes que se fresan, así que llegó un momento en el que nuestras bocas estaban a escasos centímetros de distancia. Podía sentir su aliento sobre mí.

En otras ocasiones hubiera temblado como un flan. Hubiera sudado como un cerdo. Hubiera tenido escalofríos en la espalda y hubiera sentido vergüenza propia y ajena. Tenía dos rollitos de algodón separándome los labios de las encías y un tubo de color rojo que me sorbía las babas colgando del labio inferior, y el tubo ni siquiera hacía bien su trabajo. Hubiera podido desear que se abriera el suelo de la consulta y me tragara, pero, con el aplomo y la tranquilidad de quien se sabe en la cresta de la ola, cerré los ojos y pensé: "Bésame, nena".

Al minuto vino el calvo y me metió un enorme trozo de goma en la boca. Lo empujó hasta el fondo y me dijo que lo mordiera con fuerza. Siempre había querido hacer un trío, pero desde luego aquello estaba a mil kilómetros del peor escenario posible. El doctor Zoidberg se reclinó sobre mí. Nuestras bocas quedaron a escasos centímetros de distancia. Podía sentir su aliento sobre mí.

El trozo de plástico me empujaba la lengua contra la campaneta y me hacía cosquillas en el paladar. Al poco tiempo apenas podía respirar. Por lo menos, sobre el hombro del calvo, podía ver el rostro de mi amada siguiendo la operación atentamente. La miré y ella se ruborizó y miró a otra parte. Quizá podría pedirle el teléfono o preguntarle a qué hora salía. Se notaba que allí había química.

El sistema parasimpático es aquel que controla todos los mecanismos fundamentales para la supervivencia del cuerpo humano. Regula la tensión arterial, la temperatura corporal, mantiene el corazón latiendo y, en general, lleva a cabo una serie de funciones básicas para la vida de manera totalmente involuntaria.

El trozo de plástico se precipitó finalmente sobre la campaneta activando los mecanismos de supervivencia. Empecé a hacer ruidos extraños con la garganta y en menos de quince segundos el ojo derecho empezó a llorar. Una enorme lágrima rodó por mi mejilla y terminó desintegrándose en su camino por el cuello. Mis manos agarraban con fuerza los bordes del sillón. Aquella era, de nuevo, una de esas ocasiones en las que uno se ve despojado de toda su dignidad.

El doctor Zoidberg me preguntó si me molestaba el trozo de plástico que me estaba impidiendo respirar. Le dije que no se preocupara, que yo lloraba incluso viendo Bambi. Me dijo que se daría prisa. Pasaron unos quince minutos hasta que terminó de darse prisa.

Quién sabe, quizá mi amada estomatóloga todavía me encuentre atractivo de alguna retorcida manera. La fase uno es pasarme al horario de tarde. De todas maneras, por mucho que quiera engañarme, las ocho y media de la mañana tampoco es "a primera hora de la mañana".

Eins, Zwei, voto, paja, zumo... [1]


Source URL: http://www.elsentidodelavida.net/amor-entre-dientes

Links:
[1] http://www.20minutos.es/premios_20_blogs/votar/2108/1/