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La Coli
By GonzoTBA
Creado 18/12/2005 - 21:44

Cuando uno entra en el Gorruza's, una de las cosas que más llaman la atención es la foto de una chica colgada de la pared. No se trata de una foto de tamaño normal, sino que está ampliada hasta alcanzar el equivalente a dos folios, y no deja de sorprender que se encuentre cuidadosamente enmarcada. La modelo, con una prieta camiseta amarilla, los ojos entrecerrados y una cerveza en la mano izquierda, esgrime una sonrisa a lo Gioconda: no se sabe muy bien si se trata de una sonrisa forzada o si, sencillamente, eso es lo que hay.

La chica de ese pequeño póster no es famosa. No tiene una canción de moda ni una línea de lencería. Tampoco se trajinó al equipo de fútbol del colegio. Tras escuchar todo esto, uno no puede evitar plantearse algunas preguntas.

¿De dónde ha salido?
Era conocida de Tsunamita, una de nuestras anteriores compañeras de piso.

¿Y cómo se llama?
La Coli.

¿Y qué cojones hace ahí, colgada en un marco a tamaño natural en la pared del Gorruza's?
Bueno, aquí es cuando me entra la risa. Deje que le explique, señor agente...

Conocimos a la Coli en una de las sonadas fiestas que organizaba Tsunamita en nuestra cocina. Ratuza y yo estábamos en la efervescencia de las elecciones de Diosa del Amor de Octubre de 2004. Aquella noche el jurado fue unánime.

Vimos a la Coli en otras ocasiones, siempre tan maciza como la primera vez. Tenía un halo enigmático que todavía hoy pervive. ¿Que por qué? Entre otras cosas, la Coli no hablaba.

Durante meses el sonido de su voz fue un misterio. Ratuza y yo la observábamos en la distancia, manoseándola con la vista si es que algo así es posible, temerosos de que si articulaba una palabra toda su belleza se desmoronaría. Viviendo con el novio como nos habían informado que se encontraba, cualquier intento de aproximación a ella era superior a nuestras fuerzas. Para nosotros era casi una divinidad. Una vez Sonrisas sugirió que la Coli también se sentaba en la taza a cagar y estuvimos una semana sin dirigirle la palabra. Un mes más tarde imprimíamos los carnés del "Club de fans de la Coli".

De vez en cuando Ratuza y yo nos encontrábamos con ella. Era la época en la que estábamos todas las noches en todas partes a la vez, así que lo improbable se tornaba en factible con relativa frecuencia. En una ocasión, en una barbacoa, me lancé a la piscina y hablé con ella.

"¿Me pasas la chaqueta?" le pregunté en un alarde. Ella alargó el brazo y puso su mejor sonrisa de delfín..

Ratuza jura y perjura que una vez cruzó dos frases con la Coli en una discoteca, pero por lo visto fue una de esas ocasiones en las que, por más que buscas, nunca hay un notario entre el público.

Con el tiempo, cada vez veíamos menos a la Coli y nuestras vidas se resentían por ello.

Tsunamita tenía dos amigos que eran maricones. "¡Ya tengo amigos homosexuales!" dijo un conocido, "¡ya puedo decir que soy de centro!". Sus demostraciones de afecto eran salvajes. Nunca había visto tanta pasión en una relación heterosexual. Quizá lo de la otra acera no estuviera tan mal después de todo. Ratuza y yo nos llevábamos bien con ellos, sobre todo con el que llevaba los pantalones. Cuando nos los encontrábamos en algún evento corríamos a su lado y, tirándoles de la camiseta como chiquillos, preguntábamos:

---¡¿Dónde está la Coli?! ¡¿Dónde está la Coli?!

El episodio se repetía de manera cada vez más lamentable. Al principio su respuesta era "No lo sé". Al final venía a decir algo así como "¿Por qué no te vas a dar una vuelta de una puta vez?".

Una noche le intenté explicar lo nuestro con la Coli. Una obsesión al borde de la esquizofrenia es complicada de justificar, sobre todo con un alemán limitado y dos copas de más. Yo le gritaba en la oreja porque estábamos al lado de un altavoz.

---Es que consideramos a la Coli como... como... como una diosa. Una diosa del amor ---gritaba autocomplacido. ---Porque está buenísima, ¿sabes?

Él respondía paciente como tantas otras veces.

---Sí, buenísima ---y le daba un trago a la copa.

---Bueno, en realidad no es para tanto, claro, pero es que a nosotros nos ha pegado fuerte. La tenemos como... como... ---lo que hubiera querido decir es "como en un altar", pero me faltaron las palabras--- como en un póster.

Cuando me giré para ver su expresión ante semejante alarde de estupidez comprobé que, afortunadamente, llevaba ya un minuto hablando solo. Poco sabía yo en aquel momento que, en efecto, terminaríamos teniendo a la Coli "como en un póster".

La primavera dejó paso al verano. Se abrieron los Biergarten y se volvieron a cerrar. Luego llegó el otoño. Yo hacía tiempo que había olvidado a la Coli en el fondo del cajón en el que guardo todas mis obsesiones, pero la esquizofrenia persecutoria de Ratuza no había menguado, sino más bien lo contrario.

No imporaba adónde fuéramos. Podía ser un cumpleaños, una barbacoa, una tarde en el lago... Él llegaba, miraba a todas partes y gritaba con el dedo en alto: "¡¿DÓNDE ESTÁ MI COLI?!". Hubo un momento en que ni siquiera yo pensé que fuera capaz de soportarlo. Le decíamos que lo suyo era enfermizo, que tenía colitis, y que si seguía así le iba a dar un cólico. Por supuesto, ante semejante bombardeo, cuando llegó el cumpleaños de Ratuza y hubo que hacerle un regalo, pensamos directamente en la Coli.

Sonrisas, Paquito y el Chano salieron ese día algo antes del trabajo para ir a ampliar diez veces la foto de una chica con la que nunca habían cruzado palabra. Dicen que aquella tarde la definición del diccionario para la palabra "vergüenza" se quedó corta en todas sus acepciones.

El día de su cumpleaños, cuando Ratuza entró a la fiesta con el dedo en alto gritando "¿¡Y MI COLI?!, ¡DÓNDE ESTÁ MI COLI?!" supimos que el trago había valido la pena. Cena, tarta y Ratuza preguntando "¿Cómo es que la Coli no ha venido a mi cumpleaños?". Creía que me cagaba de la risa.

El regalo le gustó, a pesar de que encontró una acepción de "vergüenza" que le venía al pelo, y terminó llevándose a la Coli a casa bajo el brazo. A partir de entonces tuvimos diversión garantizada durante meses:

--[De marcha] ¿No te has traído a la Coli?

--[En el Gorruza's] Noto a la Coli muy fría esta noche...

--[Con las motos] He comprado cartulina. Si quieres esta tarde le hacemos un casco a la Coli...

Y así ad-nauseam.

Un día, entre tanta gilipollez, nos paramos a preguntarnos qué había sido de la Coli. Hacía meses que no la veíamos. El Chano expuso su propia teoría:

---Yo creo que se la ha cargado el Ratuza y la ha tirado a una acequia ---reflexionaba---. ¡Pa' mí o pa' nadie! ---gritaba golpeando la mesa.

Pero era cierto, hacía medio año largo que no veíamos a la Coli. ¿Y si de verdad estaba frita en una zanja? ¿Qué diría la policía al entrar en casa de Ratuza y encontrarse el póster de la Coli? Era precisamente para casos como aquel que se había inventado la pena de muerte. La Polizei no atendería a razones.

Normalmente ya era bastante complicado explicárselo al visitante ocasional.

---¿Quién es esa?

---Es la Coli.

---¿Tu novia?

---No, qué va. En realidad nunca he hablado con ella...

---¿Y qué cojones hace ahí colgada?

---Es una larga historia. ¿Ron con cola o gin-tonic?

Un año largo después de haberla visto por primera vez seguimos elucubrando teorías sobre la sonrisa hermética de la Coli. Nos seguimos preguntando por qué nunca hablaba. El Chano opina que era para subir su caché, y Gorrino cree que en vez de voz tenía un graznido. Ratuza opina que ella es como él y que odia al mundo, y que por eso se mantiene al margen.

Yo, sinceramente, creo que la chica era muy vergonzosa. No parecía una de esas que se besan en el espejo por la noche, algo que yo sí que haría si estuviera tan buena, al margen de tocarme hasta dejarme en el chasis. Yo creo que la pobre era más vergonzosa que mi nabo, que no sale más a menudo por el qué dirán.

Ah, ¿dónde estará la Coli?

Eins, Zwei, voto, paja, zumo... [1]


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