Tenía previsto esta tarde tirar unas líneas sobre lo mucho que me putean en mi empresa y sobre cómo me la han vuelto a clavar con una de esas concentraciones sociales, esta vez con motivo de la navidad de los cojones. Sin embargo, he llegado a casa y nuestra compañera de piso me ha regalado un par de perlas ---ya tengo para un collar---, así que por primera vez en mucho tiempo esta es una de esas noches en las que escribo algo o me autolesiono.
Desde hace un mes, en el baño hay quince botes diferentes de champú. Quince, los he contado varias veces. Teniendo en cuenta que yo uso sólo uno y el Chano otro, nos quedan trece. De esos trece, uno es un suavizante que compró el Chano pensando que Spülung quería decir champú. Me reiría de su incompetencia, pero todo el que lleva más de tres meses en Alemania ha pasado por esa.
Nos quedan trece botes que, como la mierda que empieza a aflorar bajo el sofá, son de origen desconocido. Los expertos coinciden en que tanto los trece botes como la mierda de debajo del sofá "podrían tener una explicación común".
En el baño hay cinco tubos de pasta de dientes, ¡cinco! El Chano y yo compartimos uno. Los cuatro restantes son, de nuevo, de origen desconocido. Los expertos opinan que "podría existir una conexión entre los bricks de zumo y los tubos de pasta de dientes".
Las últimas tres veces que he bajado a comprar y Sandrita pasaba por allí le he preguntado si necesitaba algo. Lógicamente lo he hecho por pura cortesía, ya que me importa un carajo si necesita algo a menos que ese algo sea un tiro de gracia.
Las dos primeras veces pidió zumo. Creo que me está tirando los trastos y yo no termino de captar la indirecta. Hoy ha pedido queso rallado para aderezar los spaghetti que estaba cocinando.
Ésto, que no dejaría de ser completamente intrascendente, es de extrema relevancia por el hecho de que parece que se ha pensado que soy una especie de Papa Noel gilipollas. Todavía estoy esperando a que me pregunte qué me debe. Yo para mí que piensa que en el supermercado me regalan las cosas.
Sandrita se lo monta muy bien: cuando quiere se hace la tonta, cuando le conviene da pena, y yo creo que si la situación lo requiere podría incluso llorar a voluntad. Eso sí, la pobre no sabe cerrar la boca. Una gracia más y pasa las navidades en la puta calle.
El Lunes limpiaba el Chano el baño. Greñas, barba de una semana, guantes de goma... Luciendo palmito. Cuando se pone a repasar el baño el tío es imbatible; le lleva más de una hora y es de los que limpia las tuberías por dentro. Cuando termina se podría comer sopas en la bañera si no fuera porque el tío se pondría hecho una furia si tiraras sopa en la bañera. Sandra, en cambio... Bueno, dejémoslo.
Estaba el Chano de rodillas frotando la mierda del fondo de la taza cuando apareció la compañera de piso por la puerta. Explicó que los dos galones que le caben en la vejiga le estaban oprimiendo la caja torácica y que ya casi no podía respirar. El Chano, sopesando lo interesante de la situación, se levantó del suelo como sólo alguien que tiene una hernia discal lo puede hacer.
Ella, para relajar el ambiente, señaló una mota en el espejo y se descojonó con esa risa de yegua de granja que se ha tragado un caramelo de menta y se le ha quedado a medio esófago. A continuación dijo:
---¡Aquí todavía está sucio! ---y volvió a descojonarse con el caramelo dando saltos.
Nunca he visto al Chano darle un guantazo a alguien, ni siquiera en el colegio. Le doy un mes antes de que le cruce la cara.
Sandrita comunicó hace unos días que hoy venía su hermana. El Chano y yo confiábamos en que, durante la cocción, la hermana se hubiera llevado el material genético correcto. Oh sí, quizá incluso estuviera buena. Cuando he entrado en la cocina para saludar se me ha caído el alma a los pies: la hermana es idéntica pero multiplicada por 1'6. Amplificada.
Al llegar del supermercado he entrado en la cocina y he dejado el queso rallado sobre la mesa. Estaban terminando los putos spaghetti.
---Gracias, pero un poco tarde ---me ha dicho mostrándome el plato vacío. La hermana ha celebrado el bromazo aullando como una hiena de las estepas de la alemania del este. Yo creía que me había caído en un capítulo de "La conjura de los necios".
Maldita gilipollas. Otra gracia como esa y mañana duermes en un hotel.
Esta mañana hablaba con Gorrino sobre el asunto camino de la Kantina:
---Voy a llamar a Natalí y le voy a decir que hemos puesto a la Sandrita en la calle. Pero que no se preocupe, que yo le pago los dos meses que quedan.
--- ¡Uno, uno! ---gritaba el Chano por detrás levantando la mano---, ¡el otro lo pago yo!
Siempre he tenido la manía de odiar sin motivo a la gente que se ríe raro. Me sucede con el Minglanillas, con el Payo Pork y ahora con la Sandrita. Me encanta la risa sana, pero cuando ellos se ríen les daría un puñetazo en la naríz.
Según Poncela:
"El hombre que se ríe de todo es que todo lo desprecia. La mujer que se ríe de todo es que sabe que tiene una dentadura bonita."
Yo creo que el que se ríe de todo es simplemente gilipollas.
Dicen que lo importante no es el aspecto físico sino el interior. Yo siempre había pensado que hablaban de las mujeres en ropa interior. Ahora he visto la luz.
Hace dos meses Sandrita me había parecido una chica interesante y moderadamente atractiva. A día de hoy ---y a mis ojos--- cada día le crece más el culo, habla peor y las cosas que dice son cada vez más estúpidas. Cada vez me parece más plausible la idea de que le falta un cromosoma. Le bajaría los pantalones y le daría latigazos en los cuartos traseros si tuviera un látigo.
Dios mío, las estoy oyendo rebuznar en el piso de arriba y me estoy volviendo loco. Como baje la hermana con un zumo en la mano salto por la ventana.
Eins, Zwei, voto, paja, zumo... [1]
PS: Una hora larga me ha costado esto, pero me he quedado nuevo. Mi psiquiatra todavía maldice el día en que abrí este chiringuito.
Links:
[1] http://www.20minutos.es/premios_20_blogs/votar/2108/1/