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La Brico-explosión
By GonzoTBA
Creado 25/10/2005 - 22:59

El fin de semana pasado, por motivos de amor, tuve que hacer 300 kilómetros con la moto. A pesar de que todos los rumores me sitúan en la cama de mi vecina, y aunque no le tengo ningún miedo a Rocco ni a su espectacular "performance", el caso es que los tiros caen muy lejos. Casi a 150 kilómetros. Ni el Gran Bertha tiraba tan lejos.

En los cuatro años que tengo la moto no recuerdo haber cambiado el agua del radiador. Sí, he llevado el bicho a las revisiones preceptivas, pero como se trataba de un taller de pueblo, bien podía haber llevado líquido refrigerante o meado de burra. La semana pasada, después de despertarme varias noches soñando que el hielo me reventaba la moto empezando por el radiador, decidí que vaciaría el circuito de agua y lo llenaría de anti-congelante en su justa medida.

Los adultos se diferencian de los niños en el precio de sus juguetes. Lo malo es que cuando uno es mayor y rompe el juguete se le queda una cara de gilipollas de primera. Uno sabe que se ha hecho mayor cuando en el manual pone "esta operación es mejor dejar que la realice un taller especializado" y va y lleva la moto al taller. En ese sentido yo estoy hecho un chaval.

Dos del mediodía antes de hacer los 150 kilómetros de ida. Ratuza y yo en un descampado. En la mochila líquido refrigerante, una caja de herramientas y dos botellas de tónica vacías en las que debíamos recuperar el líquido para su posterior reciclaje. Según Farruquito estaba chupado. Todo apuntaba tragedia.

Para hacerlo breve diré que, si el circuito de refrigeración tiene dos litros, conseguimos sacar uno y meter menos de medio. Con un destornillador y dos botellas de tónica habíamos roto la ley de la continuidad de fluidos, que no era poco. Los 150 kilómetros a noventa por hora por la Autobahn, con la aguja del termostato en zonas que jamás había visitado, me dieron para reflexionar largo y tendido.

Me pareció especialmente interesante el fenómeno de la brico-explosión.

Empiezas a hacer alguna operación motera de mantenimiento o a montar un mueble de IKEA y, en cuanto te descuidas, estás cagándote en todo, jurando en arameo y dando patadas a cualquier cosa que quede cerca, normalmento aquello que estés montando o reparando. Es la autodestrucción personal proyectada sobre un objeto. Freud se hubiera chupado los dedos si hubiera llegado a conocer IKEA.

Las condiciones para una brico-explosión están claramente definidas:

  • Estás utilizando una herramienta inapropiada: Normalmente estás aflojando un tornillo con un clip, un tenedor, un cortauñas o un bolígrafo. Si se trata de un mueble de IKEA, entonces tienes una de esas fabulosas llaves Allen que se supone abren hasta cinturones de castidad de doble cierre y combinación.
  • Estás en una postura forzada: Te encuentras a cuatro patas o de cuclillas. Llevas dos minutos con el cortauñas y el tornillo no cede un milímetro. Cada segundo que pasa la cosa se pone más jodida. Pierdes el resuello y los riñones parece que te van a estallar.
  • Previamente te has hecho un corte en una mano: Al forzar el tornillo con el tenedor has terminado golpeando los nudillos con toda tu mala hostia contra el primer canto metálico afilado que hayas encontrado. Si es una cajonera de IKEA será un herraje que pase por allí. Si es una moto, cualquier solapa en hierro colado valdrá; pongamos una doblez del radiador en este caso. Si tienes un poco de maña te puedes hacer un glorioso corte en la yema del dedo pulgar.
  • Momento estrella: Si hay grasa, aceite o gasolina en los alrededores, te habrás remojado ya convenientemente la herida anteriormente citada. El líquido refrigerante huele a bacalao pasado, pero por lo menos no escuece tanto como la gasolina. Ahora que está de moda la gripe aviar yo me decanto más por el tétanos. En el fondo soy un clásico.

Total, que estás intentando aflojar un tornillo con un cortauñas, de cuclillas y con un corte en el dedo pulgar bañado en una sustancia rosada que huele a bacalao y que podría haber salido tanto de una yegua como de un radiador. Los riñones te van a estallar, pero... ¡falta tan poco! Nunca viste a McGyver llorar y ahora no te vas a venir abajo. En un momento dado, como ha sucedido antes ya seis veces, el cortauñas resbala y tus nudillos vuelven a golpear el cárter con todo la fuerza de la justicia. Pero esta vez no es como las anteriores. Esta vez estás en plena crisis, con un corte en el dedo, los nudillos en sangre viva y la espalda a punto de partirse en dos. Es entonces cuando sobreviene la brico-explosión.

Adopta muchas formas: desmontas todo lo que habías montado a patadas mientras maldices a tres generaciones de carpinteros; arrojas dos kilos de material de oficina por la ventana mientras juras que un día tendrás de verdad una caja de herramientas; vuelves a enchufar la brida con un litro de refrigerante de menos y tiras una botella de tónica al contenedor de basura.

Sí, amigos, la brico-explosión. Seguro que hasta el barbas cornudo de Bricomanía las sufría en su programa. Por algo se inventaron los bri-consejos, para tener un sitio por donde volver a empalmar la grabación.

Eins, Zwei, voto, paja, zumo... [1]


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