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Españolito corriendo por un andén
By GonzoTBA
Creado 03/08/2005 - 23:16

Mira que cuando empecé a escribir el artículo me lo veía venir. "Que no, que va a quedar clarísimo y nadie lo va a poder malinterpretar" me decía para convencerme mientras tecleaba. Una buena paja me tenía que haber hecho y haberme olvidado del asunto.

Desde entonces he llegado a leer un comentario de una persona a la que conozco y tengo en aprecio que decía que "lo último que esperaba era que Gonzo justificara este asesinato". La verdad es que me he acojonado, porque ir justificando asesinatos por ahí es algo muy serio y desde luego es algo que yo no debería hacer. Si alguien como este amigo ha podido leer algo así, entonces es que lo he escrito muy mal. Soy de los que piensan que la culpa no siempre es de los demás, así que me veo castigado a enderezar la situación y explicarlo de una manera tan clara que no se pueda malinterpretar. Para que no se hieran susceptibilidades, que las hay muy sensibles, yo seré el ejemplo en este caso y no un brasileño advenedizo.

Justo debajo de casa hay un Burguer King. A veces, no muy a menudo pero de vez en cuando, hay skins por Regensburg. En ocasiones hay muchos, porque se conoce que reúnen para planear yo qué sé el qué. Son autóctonos, una maravilla. Los tendría que ver, oiga.

Un día por la tarde, después de un duro día de trabajo tirando de Alemania del Este, entro a comprar una hamburguesa. Al cruzar el vano me doy cuenta de que hay una veintena de coquipelaos desperdigados por las diferentes mesas planeando el establecimiento del cuarto Reich, pero voy tan empanado después de un día revisando especificaciones a tamaño arial 8, que en vez de dar media vuelta y salir por la puerta me voy directamente a la caja. En cuanto abro la boca para pedir media docena de Mc Nuggets (o lo que sea que venden en el Burguer King), me saltan tres mesas encima y se lían a trabajarme el bazo. Al cabo de diez minutos mi cadaver yace en el callejón posterior, entre cajas de cartón y patatas fritas que nadie se quiso comer.

Al día siguiente sale la noticia en la tele. Mientras le dices a tu madre que la tortilla la quieres de dos huevos, que estás creciendo, te formas tu opinión sobre el suceso. Una de dos:

a) Pobre chaval. Inmigrante, seguro que no se enteró de la película. Le habrán caído hostias hasta en el cielo de la boca. Este es un mundo cruel y cochino. Esto es culpa de la globalización y de los Burger Kings.

b) Valiente gilipollas, un Borriquín lleno de skin-heads y el tío entra a pedirse dos centenas de Mc hostias. El españolito éste ha muerto por imbécil.

Ambas opiniones son perfectamente respetables y razonables. Si un inmigrante como yo entra en un local lleno de skins (de los auténticos, de los de aquí) y no se gira para salir por la puerta, le puede suceder cualquier cosa. Sin embargo repasemos las circunstacias:

-Entré allí por casualidad, buscando la muerte como podía haber buscado oro.

-Me quedé allí en vez de dar media vuelta y salir porque iba empanado. La razón podía haber sido ésa o cualquier otra (habría que ver la que saldría en el periódico, en cada uno de ellos). Podía haberme quedado allí porque simplemente me había paralizado la tensión y en ese momento consideré que era lo más adecuado. El instinto de supervivencia es impredecible como una mujer herida en su amor propio.

-Tú estabas en cualquier otro lugar y nunca sabrás lo que sucedió allí. Aunque el periódico diga que sencillamente se liaron a hostias conmigo, jamás sabrás si a mí me salió del alma llamarlos hijos de puta o gritar un Deutschland über Alles por la emoción del momento. Es posible que ni siquiera el calvorota que termina hurgándome entre las costillas con un cuchillo sepa exactamente cómo ha comenzado todo, así que pretender que estás en situación inmejorable para emitir una opinión limpia e irrevocable sobre el asunto es una actitud bastante alegre. Si te parece que la vida es así de sencilla, entonces felicidades: has logrado lo que yo nunca conseguiré.

Este mundo es una mierda, los policías son unos corruptos, los skins son unos malnacidos, yo soy un cretino. Lo que tú quieras, pero si hay algo cierto es que dos y dos son cuatro aquí y en Minsk, y que si un inmigrante corre por un andén en determinados días o entra en un Burguer King repleto de skins, lo más probable es que le termine faltando cielo para dar vueltas. No importa cómo llegó allí ni cuales fueron sus razones para quedarse: dos y dos siguen siendo cuatro; cuatro manzanas, cuatro sillas, cuatro historias para no dormir o cuatro discontinuidades espacio-tiempo, pero al final van a ser cuatro, e importa un carajo lo que tú o yo tengamos a bien opinar. Este mundo es una mierda, pero para cambiarlo lo primero es hacerse cargo.

Así que, resumiento, cosas seguras en esta vida nos quedan la lógica, las matemáticas, la muerte y que también me voy a arrepentir de haber escrito esto.


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