Tenía unos 14 ó 15 años. Estaba en la playa. La idea era hacerlo como siempre: echar a correr por la arena hasta llegar al agua, y una vez en ella, seguir corriendo hasta perder pie y caer de bruces. Graciosísimo.
Eché a correr como alma que lleva al diablo. Al cabo de casi un minuto mis pies empezaron a chapotear y unos pocos pasos más allá perdí el equilibrio. El chapuzón estuvo bien, pero había un oleaje de narices y cuando intenté sacar la cabeza me cayó encima una gran masa de agua. La carrera me había dejado exhausto, y si no encontraba pronto un poco de aire la iba a palmar allí mismo, como ya había temido otras tantas veces. Cuando pude asomar el hocico me cayó encima otra ola de grandes dimensiones. Así estuvimos hasta que al final dejó de llegar agua y pude arrastrarme hasta la orilla para seguir disfrutando del oxígeno en sangre. Otra de tantas ideas de bombero que casi acaba en desgracia.
Ahora tengo 29 años. Estoy en PerryAG. Hace 5 meses que eché a correr por la arena y llevo ya tres semanas intentando sacar la cabeza para coger aire. Ahora no es agua, es mierda; y no viene en olas, viene en paletadas.
Mis días de llegar a las 10 y pasar una jornada en la que el mayor acontecimiento era el café de las 15:30 han terminado. Ahora cada vez que suena el teléfono me cago en los pantalones. Afortunadamente, la mayor parte de las veces es el Chano, pero el corazón se me va a revenir con tanta congoja.
El patrón es siempre idéntico: sucede algo, aparece una cita roja en el calendario y estamos remando contra corriente hasta que llega el gran día. Afortunadamente llevo a Gorrino al timón, pero ya empiezo a tener agujetas de tanta brazada.
La primera fue la de calidad. Show y una semana rellenando todos los informes que nos habíamos dejado por el camino en tres meses. Luego vinieron a probar el cambio de marchas. Una semana sin cagar duro hasta que se vio que funcionaba o dejaba de funcionar. Hace algo más de medio mes, entrevista con dos representantes de dos grandes fabricantes de coches y los técnicos que les hacen las cajas de cambio; un día entero de meeting con un nudo a la altura del ombligo. Pero el último super marrón caducó el martes por la tarde.
Una semana antes nos informaron de que el cliente iba a venir a ver todos los tests que habíamos hecho hasta ahora a todas las funciones que le habíamos desarrollado. El cliente no se fía de que testeemos, y la verdad es que hace bien: en casi seis meses había subido al coche tres o cuatro veces. Hasta Gorrino perdió la calma cuando vio el panorama en todo su esplendor.
---No jodas. Pero las veces que has estado en el Delorian has guardado las medidas, ¿no?
---Pues algunas veces sí...
---Anda, hazme una lista de todo lo que has desarrollado. Voy a fumarme un cigarro...
Así empezó una semana de ingeniería española, de cómo sacar cartas de la manga y conejos de boinas, de entre ocho y diez horas diarias durante siete días, apretando el culo del acojone, durmiendo poco y mal y comiendo pizza al salir del curro a las ocho y media.
Vi en el meeting del Outlook que uno de los que venía era español. Pensé que eso nos ayudaría. Ji jí ji, ja ja já, toros paella y olé, esto no está testeado pero no te preocupes, que mañana mismo voy al coche. Menos mal. Gorrino tenía otra visión del asunto:
---¿Español? No jodas. Nos va a mirar con lupa. ¿No ves que sabe cómo las gastamos?
Llegó el gran día y estaba todo listo, más menos que más. Me dolía el alma del corta pega pinta y colorea. Gorrino frío como el puto hielo. No sé cómo puede mantener la calma en semejantes circunstancias. Yo vivía en el cuarto de baño.
Al final, como siempre, no pasó nada.
---Titiroririroriiiiii ---imitaba Gorrino el sonido de una corneta. --- Y el vitorino de 500 kilos vuelve al corral. ¡Oooooole! ---se descojonaba en su mesa frente a mí.
Yo notaba que la sangre me volvía a circular por las venas.
---No me jodas, mamón. Cada una que viene es más gorda que la anterior. Un día nos vamos a dar la Gran Hostia, y lo sabes...
---Titiroririroriiiiii...
En menos de dos meses tiene que estar todo el proyecto validado para ir a serie, y todavía hay funciones sin hacer.
---Voy a tener una crisis ---me gritaba en el coche el gabacho que se ocupa del cruise control cuando comprobaba esta mañana que la tarjeta del CANbus no funcionaba. ---Te lo juro, voy a tener una crisis. Sólo tenemos dos coches para probarlo todo, y éste se va a Colonia toda la semana que viene. Ni siquiera tienen cruise control. Esto lo tendrían que validar 50 personas a tiempo completo durante dos meses, y estamos aquí cuatro gilipollas con tarjetas que no chutan en coches que ni siquiera tienen las funcionalidades que tenemos que comprobar. Voy a tener una crisis ---repetía.
Yo había tenido demasiadas crisis en las últimas semanas como para sumergirme en otra, pero podía imaginármelo perfectamente: la gran ola. Una inmensa masa de mierda que nos iba a caer desde el cielo y nos iba a tener dando vueltas hasta que nos faltara el aliento. La Gran Hostia.
Esta semana, en las comidas, hemos estado hablando de los externos, de los consultores, de gente como yo. Cuando hace falta un experto para trabajar en un proyecto dado por un tiempo determinado, ahí entran las consultoras. Por el módico precio de 10.000 euros al mes (PVP recomendado) prestan a la empresa a uno de sus consultores. Hasta aquí todo precioso.
La realidad es que el experto suele ser un panoli que desconoce el proyecto, nunca ha realizado un trabajo como el que va a tener que desempeñar y durante los seis primeros meses, aproximadamente el periodo que dura el proyecto, es más un estorbo que una ayuda: hay que dedicarle un tiempo nada despreciable a formación, y durante muchos meses es una bomba de relojería dispuesta a explotar en el momento menos esperado. Al cabo de medio año, cuando deja de ser un engorro y está en disposición de ser productivo, cuando ya es un experto, se termina el proyecto y se larga.
Es complicado de entender, pero así funciona. Si además añadimos que no es nada extraño que un externo termine trabajando durante varios años en el mismo puesto de trabajo, entonces no nos queda más remedio que darnos cuenta de que hay alguien que se está metiendo mucho dinero en el bolsillo, y no solamente la consultora: hay alguien de dentro que está siendo untado a base de bien para colocar externos.
También hay que entender que para la empresa es una putada encontrarse con trabajadores que, a pesar de tener el título de Doctor, son tan útiles como una bola de plomo encadenada al tobillo. De hecho, tener el título de Doctor suele ser garantía de ser un cantamañanas. Sólo hay que ver al Minglanillas o a Herr Empanada, un Kollege con poquísimas luces con el que he tenido que lidiar en el proyecto Nebulosa, cuya especificación terminé ayer a las nueve de la noche porque en una semana Herr Empanada no había podido decidir si quería las señales negras o azules.
Herr Empanada es algo increíble. Cuando alarga la frases intentando encontrar la siguiente palabra se le pueden oír los engranajes dando vueltas en la cabeza. Para la empresa tiene que ser una putada contratar gente así pensando que son fenómenos y descubrir que sí, que son fenómenos pero de la naturaleza, y que los van a tener que poner en un rincón hasta la jubilación intentando que rompan las menos cosas posibles. Para no correr un riesgo así estás dispuesto a contratar a todos los externos con los que te apunten. Siempre te los podrás quitar de encima cuando el proyecto se dé la gran hostia.
Como contaba, hace un par de semanas hubo un meeting de cojones que duró todo el día. En diez horas sólo paramos para malcomer en 20 minutos. El resto del tiempo lo pasé con el cagallón en un puño.
Dos ingleses de Perrycliente1, dos teutones de Perrycliente2, dos teutones más de PerrycambiosGmbH, dos teutones de la casa, Gorrino y yo. Mi primer gran meeting no podía defraudar, y no lo hizo.
Si todos hubiéramos hablado el mismo idioma, aquello se podía haber despachado en tres cuartos de hora, pero no fue el caso. Para cada uno de los puntos de la agenda del día la cosa procedió como sigue.
Perrycliente2.1 expone su visión sobre el asunto. Desgraciadamente Perrycliente2.1 es el clásico ingeniero gafotas con un juego de lápices saliéndole por el bolsillo del pecho y la autoestima en un cajón de la cocina. El cuello de su camisa es el único que se entera de su punto de vista sobre el asunto. Pregunta algo así como "?A partir de qué régimen de vueltas?" o alguna cuestión que precisa de algo más que un sí o un no para quedar zanjada. Se hace un silencio sepulcral.
Todo el mundo baja la vista. Los labios se juntan en posición de estar valorando la situación. Las cabezas asienten perturbar la tranquilidad que flota en el ambiente. "Ahá", "Sí, sí..." y muestras de estar de acuerdo por el estilo. La incómoda comedia se prolonga durante medio minuto más.
Al final, uno de los dos ingleses de Perrycliente1 reflexiona y se dice que, si él no ha entendido nada, probablemente el resto tampoco. Pero no quiere quedar más y dice de manera solemne:
Let's summarize...
En ese momento Perrycliente2.1 hace un alarde de autoestima, levanta la voz y por fin se puede entender de qué habla. Se termina summarizándolo todo y se pasa al siguiente punto. Todo menos decir que no lo has entendido, no se vayan a creer que están hablando con un gilipollas. Y unos por otros, la casa sin barrer.
Los alemanes son fanáticos de los seguros. Aquí hay seguros para todo. En los USA siempre te dicen:
"Por un poco más puede tener la ración Supersize"
Aquí viene a ser algo así:
"Por un poco más también cubrirá a su mujer"
El otro día Natalí nos estuvo desgranando los seguros que tiene ella.
-El Halplichtversigerung (la verdad es que no sé si se escribe así, espero sepan perdonarme). Es la madre de todos los seguros. Sin él no se puede salir a la calle. Cuando le dices a un alemán que no lo tienes, te grita:
---¿QUE NO TIENES HALPLICHTVERSIGERUNG? ---con la cara desencajada.
---Calla, coño, que las paredes oyen. ¿Quieres que la gente sepa que voy por ahí sin Halplichtversigerung?
Por lo que tengo entendido viene a ser un seguro de responsabilidad civil. Los teutones siempre te ponen el mismo caso, debe de ser el que usan los vendedores para endosarlo:
Vas con la bici tan tranquilo. De repente te suena el móvil, te asustas y te echas debajo de un autobús. El autobús, para no arrollarte, tiene que desviar su trayectoria y termina empotrándose contra una sucursal del Deutsche Post. Mueren tres abuelos y un perro, y a un niño se le rompen las gafas. Si no tienes HPV, la broma te puede salir por un pico, que aquí te cargas un abuelo y lo tienes que pagar como si fuera nuevo, que esto no es España.
He estado viendo el formulario y puedes elegir cobertura de 5 ó de 10 millones de euros. Con 10 millones de euros supongo que podrás derribar un avión y se harán cargo de los costes. Si además pagas un pico más, el seguro te cubre por ejemplo, si tu amigo te pasa su guitarra y se te cae al suelo. O si por ejemplo rompes un cristal en una fiesta. Vamos, que te haces el seguro y puedes circular por la vida impunemente sabiendo que tienes barra libre para romper cosas.
-El Rechtsversigerung. Como dice su nombre, cobertura legal por cuatro chavos al año. Ideal para cuando eres extranjero, dejas un piso y te quieren hacer pagar el parqué que ha destrozado la Tanqueta que vivió antes que tú.
-El Arbeitsnoséquéversigerung. Si vas con la moto, te das la Gran Hostia y tienes que pasar el resto de tus días en una silla de ruedas o en una cama, el seguro te garantiza tu nivel de vida actual. En según que casos uno termina con ganas de utilizarlo.
Y esos son sólo los básicos, pero es fácil encontrarse con alemanes que tienen más de media docena de seguros de lo más variopinto. Aquí en Baviera, cuando haces el seguro de la moto, te cubren hasta el robo. Igualito que en España, que no te cubren ni la barriga.
Otra cosa curiosa es el Vermögungswirksameleistung, también conocido como VWL o incluso VL para los amigos. No sé para qué utilizan palabras tan largas, si al final todo son siglas. Sin ir más lejos, el centro comercial del Donau, el Donaueinkaufszentrum, es el DEZ.
Como digo, el VWL es la mar de curioso. Dependiendo del contrato, tu empresario se compromete a ingresarte en una cuenta una cierta cantidad de dinero cada mes siempre que tú hagas lo propio. En mi caso son unos 25 euros al mes. Si yo no pongo mi parte, el Payo Pork se lava las manos y se vuelve a guardar la cartera, y eso es algo que desde luego no nos interesa.
Ese dinero, digamos 50 euros al mes, que mi jefe y yo ingresamos en un fondo de ahorro a medias, permanece entrando durante al menos seis años. En esos seis años yo ahorro la pasta que meta más los intereses correspondientes, dependiendo del tipo de riesgo del fondo. Al cabo de seis años más uno de reposo, de acuerdo a la versión que me contaron el otro día, el estado me dobla lo que tenga en esa cuenta. En ese momento puedo retirar la lana si así lo considero apropiado.
En caso de que no quiera esperar siete años, puedo trincar la pasta en cualquier momento pero sin el doble o nada del estado. La cosa no deja de tener su miga.
Como sé que más de uno hay por estas tierras de dios, a ver si me pueden decir si he entendido bien esto del doble o nada, y ya de paso a ver si alguien me puede sugerir un buen sitio para meter esas perras de más que le voy a sacar al payo Pork.
La semana pasada estuve con el Dr. Zoidberg. Me dijo que todo iba bien y me cambió el hierro por otro más gordo, de manera que hiciera palanca con más ahínco y las muelas se terminaran de enderezar. Él pensará que todo va bien, pero yo creo que la muela izquierda tiene la raíz soldada al cerebelo, o al menos es la sensación que tengo después de pasar una semana con un dolor de cabeza punzante a la altura del parietal izquierdo. En Septiembre nos volveremos a ver las caras. Veremos entonces si el cerebelo ha cedido.
Tenía pensardo dejarlo aquí, pero ayer compré una estantería.
Creo que es definitivamente la última pieza que compondrá mi habitación, ya que si meto otro mueble tendré que salirme yo. Por la mañana fui al Möbelix con Alberto. Él iba a comprarse un armario y una cama y yo una cajonera. Cuando salimos yo llevaba una cajonera y una estantería y él tres cubos de plástico para separar la basura. Tras pasar por el almacén, nos dirigimos con el carrito al coche.
La estantería parecía robusta, de 1.80 por 0.70 de ancho. Madera de la buena por 49 euros. Cuando tiré de la caja para meterla en el coche parecía que la estantería estaba pegada al carrito con super-glue, y el carrito soldado solidariamente al resto del planeta. Aquello parecía violar dos o tres leyes directas de la física, por lo menos de las que yo conocía.
---La hostia, cómo pesa esto ---resoplaba Alberto al introducir el cajón en el coche. Cuatro pisos de escaleras nos esperaban al llegar a casa.
Alberto mide aproximadamente 1.60 y es de constitución recia. Cuando vamos juntos parecemos la "i" y la "i en negrita". Al llegar al tercer piso creía que me iban a estallar los antebrazos, y todavía quedaba lo mejor.
Proseguimos la ascensión por el estrechamiento de Peñacerrada. Yo iba delante. Al salir de la curva se me escurrió la caja y los 80 kilos de estantería se le vinieron a Alberto a los brazos.
Un alarido sobrehumano retumbó en el rellano. Allí estaba él, tembloroso y concentrado, como el super-héroe que sujeta el autobús al borde del precipicio hasta que puede salir la niña a la que se le había olvidado el perrito dentro.
---¡¡¡UUUUAAAAAAUUUUUOmmmpfff!!! ---parecía Atlas sosteniendo el mundo pero en versión de todo a cien. Al cabo de medio minuto había terminado la crisis. Juro que si llego a saber que el bicho aquel pesaba de aquella manera lo dejo donde estaba.
Por la tarde, ya solo, me dispuse a montar el trasto. Tuve que montarlo en el mismo lugar en el que iba a reposar porque mi habitación no dispone de puente-grúa. El hecho de que el montaje fuera poco ortodoxo no ayudó. En uno de los primeros pasos del papel de instrucciones uno de los listones se me vino encima. Reaccioné como un gato, movido por instintos primarios de supervivencia. Una vez más, la espalda me hizo CLAC.
Desde que hace tres meses me jorobara la espalda a la altura de los riñones al ir a cornear un balón, la cantidad de veces que la espalda me ha hecho CLAC ha sido considerable. Cada vez que sucede, tardo dos días en recuperarme, y esas dos jornadas las paso como un tullido de verdad. No se puede uno imaginar la cantidad de gestos diarios en los que la flexibilidad de la espalda juega un papel fundamental. Sentarse, por ejemplo.
Montar una estantería con una llave Allen y una espalda que ha hecho CLAC es un castigo divino. Hace dos semanas, cuando me compré un juego de llaves en la tienda guarra, pensaba que con una llave Allen uno podía robar cualquier cosa en Alemania. Quizá, pero mi estantería no.
Te endosan un papel con un dibujo y una llave doblada y pretenden que seas capaz de montar 80 kilos de madera. Me hubiera gustado haber visto al barbas de Bricomanía en aquellas circunstancias: en calzones, sudando a chorro y levantando maderos del suelo sin doblar la espalda para luego atornillarlos con la mano. Todavía queda la mitad por montar, pero me niego a continuar en estas condiciones físicas y sin un mal destornillador de cruz, que no soy un monje.
Feliz semana. Y Eins Zwei, que nos están recortando...