Published on El Sentido de la Vida (http://www.elsentidodelavida.net)
Hola, soy el cabrón que te arruina la vida.
By GonzoTBA
Creado 13/06/2005 - 08:38

Ehem... toc toc... ¿Esto está encendido? ¿Sí? Ejem...

Vaya, menuda se ha montado, con los tranquilos que estábamos aquí. Buf... vaya... por dónde empezar... Hmmm... quizá por el principio:

Queda inaugurado este pantano [1]

Caray, Noviembre de 2002, y parece que fue ayer. Qué bien lo hemos pasado por el camino, pero...

Antes de cualquier otra cosa, y aprovechando que estoy aquí arriba y todo el mundo está pendiente de lo que digo y ojo avizor a ver si se me sale la chorra en un mal gesto, tengo mucho que agradecer a mucha gente desde que empecé en esto de internet:

  • A toda la gente de escomposlinux [2] por enseñarme que un grano no hace granero pero que la tira ecol lleva ya tres años largos de saludable camino. Sin ellos no hubiera sido posible.
  • Gracias a NoP por ayudarme a montar el servidor en el que estuvo alojado El Sentido de la Vida hasta hace cuatro días. Gracias a coder por rescatarlo cuando los juackers lo echaron al río.
  • Gracias a Juan Carlos por habernos regalado el dominio de su bolsillo hace ya casi dos años, y por haberlo redireccionado al lugar oportuno cada vez que sucedía una hecatombre.
  • Gracias al tío Miguel por migrar a golpe de script el weblog desde Geeklog a Drupal cuando parecía imposible. Gracias a la gente de Dinahosting [3] por alojarme la página por la patilla. Por fin en manos de profesionales.
  • Gracias a todos aquellos que ofrecieron un hueco en sus humildes ordenadores para meter ESDLV en los momentos jodidos. En serio, gracias a todos los Don Pastramis.
  • Y gracias, claro, a todos los que venís leyendo esto, algunos desde el principio y otros desde hace poco. Coma mierda; más de ochocientas moscas registradas no pueden estar equivocadas, y más cuando la única ventaja de registrarse es poder comentar. Gracias a aquellos a los que me han invitado a una cerveza virtual que se hará efectiva cuando me los encuentre, gracias a aquel que me invitó a dar una vuelta en avioneta por los alrededores de Barcelona (no se me ha olvidado, no), y gracias a todas las lectoras que han ofrecido noches de pasión que todavía no he podido ver colmadas. Gracias a todos.

Bien, ahora que creo que todo el mundo tiene ya lo que se merece, podemos pasar a asuntos de actualidad. En realidad tenía preparada una columna sobre sexo, pero el ojo del huracán me ha jorobado los planes y he tenido que cambiar un poco el programa. He venido a hablar de pajas.

Yo no quería apuntarme al concurso este; en serio que no quería. La culpa es del cabronazo de mi padre que cree en mí más que yo y del hijoputa del Fuckowski que me ha tenido que venir a abrir los ojos a mi edad. La culpa no es mía, ni mucho menos. En estos tiempos que corren uno nunca tiene la culpa de nada. La responsabilidad siempre es de otros. Las cosas... pasan solas.

Como digo, corren tiempos jodidos para la autoestima. Cuando uno cree que hace algo bien, entonces sale alguien en el Gran Hermano o en el crónicas marcianas y lo hace mejor. Y si no, entonces vendrá un amigo a tocarte los huevos con que un tío de Australia que ha visto por internet lo hace incluso mejor que el de Gran Hermano. Antaño uno se comparaba con los de su pueblo; hoy en día se compite a nivel global. En algún lugar del camino hay que decir basta y contentarse con lo que hay.

Siempre me he dejado influir demasiado por la opinión de los demás. Empecé dibujando un monigote para la revista de mi escuela de industriales. Se trataba de Ceferino Quemao, un alter ego calvo y puteado que se las tragaba dobladas mientras trotaba por el campus. El personaje fue adquiriendo cierta fama y se me ocurrió que podría estar bien hacer una parodia del escudo de la escuela con el Ceferino por medio. Una vez lo hube terminado, cometí incluso la imprudencia de pensar que había quedado bien, que quizá incluso tuviera mano para aquello. Me lo estampé en una camiseta.

Un día soleado circulaba por el campus entre clase y clase con mi camiseta de Ceferino la hostia de pagado. Me encontré por azar con mi primo, con el que coincidí por allí durante un par de años. La conversación fue breve pero esclarecedora:

---No jodas... ¿Pero cómo te atreves a hacerte una camiseta con el monigote ese? No conoces la vergüenza.

Cuando llegué a casa, tiré la camiseta en un rincón y gilipollas de mí, me puse a darle vueltas a la intensa conversación. ¿Cómo se me ocurría hacerme una camiseta con el bicho aquel? La verdad es que, sin duda, no conocía la vergüenza.

Un par de meses después en Delegación de Alumnos alguien se interesó por el Ceferino en el escudo de la escuela, y semanas más tarde las camisetas se vendían como churros. Aquel año, la lotería de navidad se sellaba con un tampón que llevaba el escudo de la escuela un tanto modificado. Al año siguiente, para celebrar el santo patrón de la institución, Ceferino volvió a protagonizar una nueva camiseta para la ocasión. Me di cuenta de que cada vez éramos más los que no conocíamos la vergüenza.

Por algún extraño motivo parece que tengo gracia para ciertas cosas. Supongo que los dones se reparten de alguna manera. Hubiera preferido tocar el violín o tener un churro de palmo, pero me ha tocado esto de escribir. Hay que joderse. Lo siento si a alguien le gustaría que fuera bastante más mediocre.

Otro de los retos vitales que tuve que resolver en mi mano a mano con la filosofía aplicada, y que me ha llevado un buen rato descifrar, es saber si tengo que llevarme bien con todo el mundo. Durante la mayor parte de mi vida he tratado de caer bien a todo el que conocía. Es una actividad realmente desbordante y la mayor parte de las veces muy poco gratificante. En la mayoría de las ocasiones el descontento que generas ni tiene sentido ni tiene solución. Por ejemplo en este momento hay en la blogosfera esa cientos de personas que ayer no me conocían y hoy me odian a muerte. Siempre hay una razón para todo, y esta ocasión no será menos. Poco hay que pueda hacer para caer bien a cientos de personas que me odian y ni siquiera me han visto la jeta. A veces algunos sólo te dejan la opción de ser tristes como ellos para caerles bien.

Lo más cómodo sería retirarse del concurso y quedar como un mártir. Haría felices a docenas de personas. Afortunadamente me gano la vida holgada y honestamente y 3.000 euros ni me van ni me vienen. Desde luego que se me ocurren unas cuantas cosas en que gastarlos (a mi hermana unas cuantas más), pero no me va a faltar de comer si no gano el concurso. De hecho ni siquiera pensaba apuntarme a esto. De los 10 primeros soy el único que no tiene un logo o dibujillo. "Ostras, ¿un logo? ¿Dónde tengo yo algo de eso? Bah, ya lo pondré". La MISS intelijente tampoco tiene logo, cierto, pero yo sé lo que es un JPG y se supone que la autora del blog en cuestión no. Lo suyo hubiera sido un contrasentido. Lo mío ha resultado toda una declaración de principios.

Cuando vi que aparecía el primero después de eliminar los votos fraudulentos, primero no di crédito a lo que veía. ¿Yo? ¿Con lo pringao y mediocre que soy? Se deben de haber confundido de blog. Una vez lo asimilé, fui consciente de que en breve empezaría a hacer amigos a la carrera. No tardaron en empezar los comentarios poniéndome a parir en el foro. Ahora los leo con atención y los saboreo.

A mí me costó darme cuenta, pero ya he sacado mis conclusiones. Te pondré lo que he averiguado y no tendrás que buscarlo tú mismo. De todas maneras no creo que lo fueras a encontrar:

No soy la repera, no escribo como Reverte, no toco el trombón y no soy un Adonis; pero si eres un amargado, hoy soy el tío que te gana en el concurso de blogs, mañana el cabrón que te quita el trabajo y pasado mañana soy el hijoputa que se acuesta con tu novia. Si eres un amargado siempre encontrarás gente como yo que viene a joderte la fiesta. Si eres un amargado siempre habrá alguien allí para beberse tu copa, porque eres de los que piensan que las cosas buenas sólo les pasan a los demás, que nada es culpa tuya y que todo el mundo debería ser tan triste como tú.

Hoy soy el tío que pasaba por allí y que se lleva a la chati a la que nadie entraba. Lo siento, sé que jode (a mí también me ha pasado) pero la vida es una putada detrás de otra y hay que ver el lado positivo o tirarse debajo de un tren que sale de Stuttgart. Tú tienes la culpa de todo lo que te sucede, así que ponte las pilas, deja de señalar a todo el que se supone que te está arruinando la vida y empieza a asumir tu parte de responsabilidad en todo este bodrio. El resto ya tenemos bastante mierda que limpiar.

En fin, creo que esto es todo lo que tenía que comentar sobre el asunto del concurso. Ahora cerraré el capítulo y no volveré (ojalá) a nombrar el tema hasta que se termine la historia y tenga que recoger el dinero. Si no tengo que recoger nada ni siquiera haré mención. ¿Para qué?, tengo otras cosas que hacer. Sin ir más lejos mañana me voy a Wiesbaden con la Rascafigas a que me ordenen Poweruser. Me embarga la excitación. ¿Para qué darle más vueltas al asunto? Mañana mismo la Rascafigas se podría quedar sobada al volante en una autopista alemana a 240 kph y el concurso lo ganaría otro. Concedámosles a las cosas la importancia que tienen.

Quería haber escrito algo más original, pero ayer la noche fue larga, tengo resaca y va a empezar la Fórmula 1. Existe la vida fuera de la amargura.

Al final, lo importante sigue siendo el ritmo:

¡Eins, zwei, paja, voto! ¡Eins, zwei, paja, voto!


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