El Jueves volé de regreso a España, hasta el Lunes. El solecito, el calor, el sudor, los conductores a los que colgarías por las bolas, las obras, la basura por todas partes... sí, estaba de vuelta en España.
El Sábado montamos un 3 vs 3 en el frontón de mi casa. No jugábamos desde navidad y la mayoría tuvimos que revolver el fondo de armario para encontrar las zapatillas. Una vez en el terreno de juego, es espectáculo era desolador:
Flaccidez, michelines, poses de abuela con los brazos en jarra a la espera de que se empezara a mover el balón. ---Treinta años y ya vamos de bajada ---me dije---. Y qué mal están mis amigos.
El partidito empezó trepidante, como en los viejos tiempos. Tres jugadas después el Blas se dobló sobre las rodillas aprovechando un fuera de banda.
---¡Para, para, que el Blas se nos va! ---gritó la Chorreta.
El Blas seguía mirando el asfalto. Al cabo de unos segundos dijo:
---Me ha dado... así como... como un mareo.
Yo lo vi claro. Puede ver la página de la enciclopedia dándome un fogonazo en la cabeza:
decadencia:
(De decadente).
1. f. Declinación, menoscabo, principio de debilidad o de ruina.
Sí, amigos, los treinta. ---Ya están aquí ---pensé.
El partido no duró mucho más. El que tuvo retuvo, tanto va el cántaro a la fuente y poco más, pero en veinte minutos hubo que parar porque el Blas amenazaba con caerse redondo. Luego, con tiempo, me puse a pensar en esta evidente decadencia física de los treinta.
---Yo es que no he hecho nada de deporte desde el último partidito ---confesaba Flanders.
Le pregunté a la Chorreta.
---¿Cuándo fue la última vez que jugamos?
---Buf, cuando estuviste tú aquí.
Navidad, caballeros. Los señores no habían movido el culo desde navidad, y en navidad el menoscabo físico ya era notable después de otro periodo anterior de inactividad total. ¿Nos hacemos viejos o nos dejamos hacer viejos? Un año sin apenas hacer deporte no es algo normal entre mis amigos, que han jugado a baloncesto mientras nevaba en invierno y han dado patadas a un balón bajo un calor sahariano. Afortunadamente siempre nos quedará el Zehnkampf.
Gorrino ya se ha largado a Sudamérica. Mientras nos despedíamos, en el ascensor, le comentaba:
---No sé cómo va a hacer el departamento de par para no colapsarse en tu ausencia.
Me miró negando con la cabeza.
---¿Sabes lo que va a pasar? ---yo esperaba aquí una respuesta hecatómbica---. Nada ---dijo---. Aquí nunca pasa nada. Vas de aquí para allá preocupado porque no llegas, llamas a Proyecto diciendo que la cosa se va a retrasar, la cagas por tercera vez en la misma especificación... Y al final nunca pasa nada. En estas empresas grandes la responsabilidad está tan repartida que nunca pasa nada, y lo mismo pasa cuando cae el gran marrón y lo salpica todo: nadie tiene la culpa, mañana será otro día y hoy paz y mañana gloria. Nada.
Se me ocurrió que Gorrino podría ser un gran filósofo. Le despedí con un abrazo, le deseé lo mejor y le dije que el martes miraría sin falta los requerimientos que me había dicho que tendría que explicar a Proyecto.
Alguno recordará que, hacer un par de meses, incluyeron en un correo interno una frase dorada mía en la que daba "orden directa" a un programador para que hiciera unos cambios en el software. Un grandioso (al menos para mí) email ventilador en el que 10 personas quedaban al tanto de mi patente incompetencia. Recuerdo que tuve que ponerme de rodillas y azotarme en la espalda con la grapadora mientras enviaba 10 emails en los que juraba que aquello no volvería a repetirse.
Pues bien, dos meses después hemos recibido un "Informe de Anomalía" (Informe de Animalada, los llamo yo) según el cual no se activaba el control de tracción en unas pruebas realizadas en la Cochinchilla y querían saber el motivo antes de largarse a Nueva Zelanda a seguir probando. Antes había que enrolarse en la marina para ver mundo; ahora basta con hacerse probador de coches. Después de perder la mañana viendo que la lógica tenía lógica pero los resultados no, llegamos a la conclusión de que nadie había hecho los cambios que hacía dos meses había ordenado yo "directamente". Lo suyo hubiera sido imprimir el mensaje de aquellas fechas (nunca tiréis nada) y haberme paseado por un par de departamentos a pedir explicaciones por tanta incompetencia. Pero yo me dedico estricamente a lo mío, oiga, no como otros.
Como comento, todos mis amigos pasan por los treinta este año, incluido yo para diciembre. El Chano no iba ser menos, y lo celebró la semana pasada. El día de su cumpleaños fuimos a los karts y él se llevó a la novia para que se regocijara con su pilotaje. El pobre diablo se subió al kart número trece, que corría menos que el caballo del malo, y acabó más doblado que una pajarita. Cinco vueltas nada menos. Cada vez que lo pasabas le veías gesticular cagándose en el kart y la madre que lo parió, y cuando todo hubo terminado y se bajó del bólido estaba que echaba chispas. El Chano es como yo; no le gusta perder ni al parchís, y cuando lo hace el cabreo le dura días. Si encima juegas al parchís con un dado de cuatro caras, apaga y vámonos.
A mí todo me fue como la seda. En la clasificación me aseguré una vuelta limpia sin tráfico y me hice con la pole. Gorrino se puso en segunda posición. Se auguraba una carrera competida por la victoria, pero Gorrino Schumacher no cerró bien el hueco en la primera curva y alguién lo embistió y le mandó a hacer gárgaras. Quedó quinto, pero por lo menos firmó la vuelta rápida con 42.538, un par de décimas mejor que yo. Se ve que le vamos pillando el truco al asunto, porque la otra vez no conseguimos bajar de 43 segundos. Los albóndigas disfrutaron como locos, y ya andamos pensando en convertir el evento en cita mensual.
El miércoles, aprovechando que al día siguiente era fiesta en Baviera, montamos el sarao del siglo en casa. Cuarenta personas a cual más borracha. A las 3 de la mañana no salían ni con agua caliente. Los vecinos serán canonizados la semana que viene.
---¿Cómo que es fiesta allí? ¿Qué fiesta? ---preguntaba mi madre escandalizada.
---Yo qué sé, mamá. Creo que es Pentecostés...
--¿Pentecostés? ¿Pero qué poca vergüenza tenéis? Aquí no se celebra el Pentecostés desde que se murió Cristo.
---Ya, por eso vosotros no tenéis Papa...
Y poco más. El fin de semana lo he pasado con el servidor, poniendo y quitando las fajas de los discos duros hasta que al final ha querido arrancar, viendo por qué no cargaban los módulos en el kernel (razón del off-line) e intentando pasar del geeklog 1.3.8 al 1.3.11.
Con el geeklog ando un poco quemado. Nunca me ha gustado, no por funcionalidad ni por apariencia, sino porque veo el proyecto algo cerrado y cuando hay problemas nunca sé por dónde salir. En este caso, al actualizar la base de datos para cambiar de versión me dice que hay una tabla repetida, y que si quieres arroz Catalina. Como la triste realidad es que no tengo ni puñetera idea de MySQL (pero no lo comentéis por ahí) seguimos con la versión 1.3.8 del geeklog. Por favor, juakers, dadme un respiro, que me tenéis frito y ahora estoy de rodillas a puerta gayola. Estoy contemplando seriamente la posibilidad de pasar a Drupal, que parece que va viento en popa. El problema es llevarse la base de datos detrás. En el peor de los casos, se podría dejar el actual sentido de la vida en línea como archivo y empezar desde cero con un nuevo portal basado en Drupal. No sé qué ventajas funcionales tendría, pero creo que a la larga saldría rentable.
Si alguien sabe de geeklogs, de drupales y de MySQLs, y tiene un poco de tiempo libre, que me mande un email y podemos discutir una posible migración lo menos dolorosa posible. Eso sí, necesito ayuda, que me he dado cuenta de que en un año me he quedado verde en administración de servidores. Y es que la tecnología avanza que es una barbaridá.
Tareas para esta semana: recapacitar sobre la crisis de los treinta y hacerse un voluntariado de MySQL. Soy todo oídos.