Sí señores, ya tengo tarjeta de visita. ¿Qué cómo me presentan en mi tarjeta de visita? “Softwareentwickler” pone; “Desarrollador de Software”. Evidentemente, para partirse el pecho de la risa, pero procuro hacerlo en la intimidad.
Las tarjetas lucen molonas, y vienen con el logo de la empresa y los teléfonos de contacto y demás. Supongo que cuando uno recibe por primera vez sus tarjetas de visita es un momento especial en la vida, aunque quizá menos memorable que la primera vez que uno se pilla la chorra con la cremallera. Las tarjetas vienen en una suerte de pitillera, para vacilar a los clientes, y la verdad que no se nota nada que las hemos imprimido aquí mismo. Maravillas de la técnica alemana.
Ahora mismo estoy en las oficinas de MiniPerryAG completamente solo; 250m2 cuadrados todos para mí. Normalmente tampoco somos muchos más, ya que no daríamos ni para jugar al mus aunque supieran. En un día cualquiera somos tres, a saber: el Payo Pork, Schmid (mi compañero) y yo. Mi colega se ha largado a media mañana sin explicar por qué me dejaba, y el Payo Pork se ha largado a Mainz a eso de la hora de comer (las 12:30) porque tenía una reunión en la central. Así que me he quedado sólo y estoy aprovechando para adelantar la columna e imprimir guarradas a color. Cuando me vaya tengo que acordarme de:
Parece ser que me trajeron precipitadamente de Wiesbaden porque querían abrir la oficina en Regensburg con el año nuevo, y después resultó que no tenían a nadie para llenarla. Aquí pasamos el día Schmid, el Payo Pork y yo; mano a mano y cruzando frases ocasionales. En el futuro tendremos secretaria, pero de momento nos tenemos que apañar solos. Me dijeron cuándo vendría la buena mujer pero no lo entendí (lo añado a la lista de variables difusas del entorno de trabajo).
Del Pork puedo decir que me está cayendo simpático, e incluso añadiría que el tío es un cachondo (a su manera). No sé si es “del roce nace el amor” o si simplemente se trata del Síndrome de Estocolmo. El Schmid es un chavalin unos meses mas joven que yo (lo vi en su ficha) pero mucho más orondo. Siempre luce camisas que desbordan por encima del pantalón. Estamos los dos frente a frente, portátil contra portátil, en una habitación de unos 6x4 metros. Él habla poco y yo tampoco hago demasiado por animar el cotarro. Cuando de verdad disfrutamos es cuando, algo antes de la una, el Payo Pork nos lleva por ahí a comer.
Esta semana he estado viniendo al curro en coche con mi amigo, que trabaja en PerryAG VDO que está al lado. La vuelta la he hecho en autobús con transbordo. En el caso del autobús se tarda unos 25 minutos, que es más o menos lo mismo que me han dicho que cuesta en bici; así que a partir de la semana que viene voy a plantearme venir a dos ruedas. A las ocho de la mañana se hace un poco cuesta arriba aunque físicamente no lo sea, pero habrá que hacer de tripas corazón, que este invierno es el único deporte que el frío me está permitiendo.
En el plano profesional, parece que todo marcha viento en popa. Esta mañana el Payo Pork ha pasado por PerryAG VDO para negociar mi incorporación a la plantilla en calidad de consultor (de consultor desarrollador de software). Por lo visto tienen ya empleada a otra chica de MiniPerryAG y ni ellos están muy contentos con ella ni viceversa. Ella es desgraciada porque tiene el novio en Mainz, y ellos están algo contrariados porque la chica parece unas evidentes pocas luces complementadas por una nula formación ingenieril. Se conoce que lo más cerca que ha estado del motor de un coche fue una vez que casi la atropella un dos caballos. Yo, en cambio, he quemado una moto, sé lo que es un rodamiento y escribía para la revista de la Escuela de Ingenieros industriales, que se llamaba Biela. Está claro que soy su hombre.
Así pues, el Payo Pork ha propuesto al jefe de departamento un cambio de cromos, y parece que el buen hombre está ciertamente interesado, tanto que a principios de esta semana entrante tendré una entrevista en PerryAG VDO.
En ese departamento en concreto se habla ya más castellano que cualquier otra cosa, ya que entre españoles, chilenos y alemanes con padres españoles, han terminado tomando una buena parte del edificio. Entre ellos se encuentra el tío Fer, un pedazo de pan que me acogió en Regensburg desde el primer día, cuando aparecí en una cesta llorando a las puertas de su casa. Me ha estado explicando que tengo que repasar mis conocimientos de motores y saber la diferencia entre potencia y par motor. Este fin de semana prepararemos con calma la entrevista. Con un topo en el departamento y sabiendo que no hace mucho ficharon a un tío que creía que los motores diesel llevaban bujías, ¿qué puede fallar? Paciencia, ya lo averiguaremos en su momento.
Se presenta pues una semana decisiva para mi futuro en Regensburg, el final del túnel, la cumbre de la montaña, la playa desierta al final del camino que emprendimos hace ya diez meses. Qué fuerte como salga todo bien. Si va a ser verdad que cuando a uno se le mete algo en la cabeza...