Vamos a aprovechar este Lunes para poner medio kilo de "updates" sobre Alemania y mi condición, una cucharada de filosofía urbana y la clásica pizca de risas que hace de ESDLV una publicación con más éxito que el Gala ese. Empecemos con lo que se cuece por aquí.
Ahora mismo es Domingo y hace un sol delicioso. Me he pegado una carrerita a lo largo del Danubio. Las hojas de los cientos de árboles que jalonan la margen del río (toma ya) están de un amarillo anaranjado subido que no se puede aguantar, y la gente se lanza a pasear aprovechando que es Domingo y que, vaya usté a saber cómo, hay 21 grados en la calle. Así, uno tiene que ir esquivando peatones de todos los pelajes, pero la mayoría parejitas que caminan cogidas de la mano. Lo que hemos tenido esta semana debe de ser lo que se llama "El veranillo de San Fernando" (creo que era Fernando). Han dicho por la radio que va a durar hasta el Jueves, así que habrá que aprovechar. Aquí cuando hace sol se vive por dos. Supongo que para compensar.
Antes de que llegara el veranillo este hacía algo más de frío, y he descubierto que, como estamos al lado del Danubio, por las noches se monta una niebla que apenas ves dónde pisas. Me han comentado que de momento es por las noches, pero que en breve será también durante el día. Va a parecer que vivimos en una ciudad en la que ha habido un accidente nuclear y hay una niebla radiactiva perenne que envuelve el casco urbano, sumiéndonos a todos en una soberana depresión. A ver si por lo menos saco superpoders, como un superhéroe de la Marvel. Me parece que las noches aquí van a ser tan largas que van a durar todo el día.
Este Jueves tengo de nuevo una entrevista con el pollo de los microcontroladores. El tío es algo escurridizo y hasta ahora no me ha podido dar hora, pero espero que empecemos a hablar ya de trabajo y nos dejemos de tonterías, que no me he pasado un buen rato estudiando el puñetero CANbus para que ahora me digan que tengo que seguir mano sobre mano. Para eludir el aburrimiento y hacerme con algo de pasta fresca, el otro día pasé por un chino a pedir un trabajo como "ayuda de cocina" (Küchenhilfe). Me dijeron que dejara mi nombre y teléfono y que ya me llamarían, y eso que aquella misma mañana había aparecido el anuncio. No, si aún me tendrán que entrevistar para fregar cacharros. ¿Qué cojones habrá que hacer aquí para currar? Esto es la conjura de los necios.
Sigo con la dieta de la zona, y son todo satisfacciones. Como comenta el tío en el libro, no se trata de una dieta, sino de una manera de comer que te hace sentir mejor. Yo estoy como una pera después de tres semanas. No sólo vuelvo a entrar en los pantalones negros y la panza me sigue menguando lenta pero inexorablemente, sino que además estoy comiendo sano y creo que en breve llegaré incluso a disfrutarlo. Calabacines, cebollas, zanahorias, guisantes y demás ingredientes sanos de cojones forman ya parte de mi dieta diaria, amén de mínimo una pieza de fruta cada jornada. Como tan sano que me pongo enfermo. Y cómo cago, increíble. Creo que voy a inaugurar por fin la galería fotográfica para que podáis observar mi arte. Mi estómago no digiere, destila. El resultado son bloques compactos que podrían ser utilizados como material de construcción. La fibra funciona, no es sólo cosa de los anuncios.
Por otro lado, como la cantidad de comida está estipulada en cada sentada, uno no se tiene que preocupar de no comer demasiado. Las comidas son abundantes aunque ligeras, y uno no se siente como si estuviera de cinco meses tras cada ingesta. No entra sueño y se puede escribir una columna tras la comida, en vez de caer rendido en la cama víctima de un sopor insostenible. Y lo mejor es que tampoco se pasa hambre. No sé si es porque realmente la cantidad es suficiente o porque no te planteas que podrías haber comido más. En cualquier caso, si te queda algo de gula, tampoco te preocupas demasiado porque sabes que en un par de horas te vas a tomar un tentempié. Una maravilla, oiga. Pero vale ya de la zona, que no me pagan.
Umberto Eco, caballero al que admiro por haberme regalado "El nombre de la rosa", probablemente el mejor libro que haya leído jamás, ha sacado ahora un volumen que versa sobre un tema de lo más interesante: la belleza. Podéis ver una pequeña reseña [1] en la página de el corte inglés. Estuve leyendo una entrevista que le hicieron al hombre en uno de esos suplementos que vienen con uno de esos periódicos y la verdad es que la cosa parecía interesante. La belleza es un tema que me resulta apasionante.
Hubo un tiempo en el que me dio por la filosofía a gran escala. Recuerdo un artículo que escribí en el BIELA, la revista de Industriales, sobre un universo determinista bajo el título de "Cuadernos de filosofía barata de GonzoTBA". La pobre gente esperaba que escribiera sobre lo cretino que era el profesor de redes, y yo les endosaba un peñazo de dos páginas sobre si el destino existía o si podemos ir al cine convencidos de que ha sido bajo el libre albedrío. Las últimas investigaciones del Hawkings dicen que el universo no es determinista ya que se pierde información en los agujeros negros, pero yo creo que se equivoca ya que no enfoca el problema correctamente. En fin, él ya tiene el chiringuito montado y no le voy a quitar la comida de la boca.
El caso es que, a medida que me hago mayor, estoy pasando de filosofar sobre el universo a filosofar sobre la tits. ¿De qué me sirve saber de dónde venimos ni no puedo saber adónde tengo que ir? Ah, la belleza. ¿Qué fuerza poderosa ostenta la belleza que distorsiona el espacio-tiempo a su alrededor? ¿Por qué es tan caprichosa que sólo está en los ojos del que mira? ¿Por qué a veces hay unanimidad sobre lo buena que está una tía? ¿Es estar buena ser bella? Algunos podrían escribir cientos de hojas sobre el tema, yo miles. Contentémonos sólo con unas líneas para preparar el debate.
Todo esto viene a cuento de que ayer fuimos a una pequeña fiesta de cumpleaños y vimos un ángel rubio con tetas. Había unas diez personas en la limitada estancia, estando escoltado yo por una amiga y un amigo, ambos españoles. Al poco tiempo de llegar se hizo evidente que las únicas maneras de auyentar el aburrimiento se iban a centrar en la ginebra con tónica y en la contemplación de una bella teutona de facciones estilizadas y carnes prietas y libidinosamente bien torneadas.
Desde que me junté con este amigo, hace ya un par de meses, cada poco tiempo nos dedicamos a la elección de la "Diosa del amor". Al principio encontrábamos una Diosa del amor cada vez que salíamos, sobre todo avanzada la noche, pero ahora se hace evidente que aparece una diosa del amor aproximadamente de manera mensual. Probablemente tenga que ver con las fases de la luna. Ayer encontramos a la Diosa del amor Miss Oktober, justo cuando parecía que iba a concluir el mes sin una laureada.
Es un fenómeno relativamente común: las diosas del amor no sólo ostentan una belleza perturbadora, sino que destilan una sexualidad salvaje. Ojo que no digo sensualidad, sino sexualidad. En su presencia, lo único que uno desea es tumbarlas sobre una mesa y someterlas a vejaciones y depravaciones varias. Su presencia es casi dolorosa, ya que algunas cosas están mal vistas y la represión de los impulsos personales siempre es dura, y en estos casos más. Por eso me resisto a decir que la Diosa del amor Miss Oktober era bella, pese a que sin duda era guapa hasta la médula. Me niego a que la belleza instigue impulsos tan salvajes e irrefrenables, pero batallas más cruentas se han librado por mujeres llamadas bellas. ¿Puede la belleza incitar a la quasi-violencia, puede lanzar a una nación a la guerra? ¿Es la belleza o es otra cosa diferente?
Algo bello es algo que uno podría mirar durante horas sin cansarse. Cuando uno encuentra una chica bella puede hablar con ella, si tiene algo de luces, durante varias horas sin percibir el paso del tiempo, simplemente ensimismado en la contemplación de lo que tan bello le resulta. El otro día, tomando un café, vi a una chica extremadamente bella. En aquellos momentos era para mí lo más bonito sobre la tierra, al menos sobre Haidplatz. Su movimientos eran gráciles, y tenía una sonrisa permanente en el rostro. Las líneas que confeccionaban su cara eran estilizadas y desprendía paz y sosiego. Era una visión acogedora. Los sentimientos eran de calidez y violines. En ningún momento me imaginé tirándola sobre los cafés y arrancándole los pantalones con los dientes, sino quizá poseyéndola frente a una chimenea sobre una alfombra de esas con una cabeza de oso que salen en las películas. Y ni siquiera eso; ningún tipo de deseo sexual por inocuo que fuera, simplemente de adoración y de cálida contemplación. ¿Cuál es la diferencia entre las diosas del amor y las chicas que representan la belleza más sobria? A ver si podemos echar algo de luz sobre el asunto.
La prieta teutona de anoche llevaba un amplio escote a través del cual se contemplaban sus libidinosas carnes, ciertamente generosas en comparación con el tamaño global de su cuerpo, pero siempre muy correctas. Tras una hora de deliberaciones, miradas atrevidas y cháchara con la interfecta, nos conseguimos poner de acuerdo en que llevaba sujetador. Es más, un tipo de sujetador que ninguno de nosotros había visto nunca. Era como un sostén normal pero con lo que parecía una breve copa que subía en diagonal por debajo del pezón. ¿Alguna fémina del público puede echar algo de luz sobre el asunto?
La chica debía de ser pobre, porque la tela no le había alcanzado para una camiseta completa y ésta se acababa algo antes de llegar al ombligo, con las consecuencias hormonales que semejante espectáculo implicaba. De postre, unos vaqueros de talle bajo de esos, con unas alegres braguitas de colores en franjas diagonales (aquí la rana Gustavo informando, el reportero más dicharachero del barrio).
La pregunta es: ¿Podría ser que semejante vestuario fuera el responsable de los impulsos irrefrenables que se palpaban en el ambiente? (Allí se respiraba testosterona) ¿Es posible que mi amigo estuviera sucumbiendo ante un escote y se mostrara tal que de un momento a otro se fuera a levantar y a proponer una violación en masa? ¿Eran aquellas alegres bragas de colores las responsables de los sudores fríos que nos invadían a todos al refrenar aquellos incómodos impulsos? Probablemente la respuesta a todas estas preguntas sea afirmativa, pero eso no hace sino llevarnos a una nueva batería de preguntas: ¿Era realmente aquella chica bella? ¿Era capaz de albergar una belleza sosegada y amable estando enfundada en prendas completas? ¿Hubiera seguido en tal caso habiendo unanimidad sobre la belleza de la citada teutona, sobre todo teniendo en cuenta que tenía menos luces que una lancha de contrabando? ¿Reside la belleza real sólo en los ojos del que mira cuando los ojos no se ven obligados a posarse sobre carnes turgentes?
Buf, qué mareo.
En cualquier caso lo mejor es ser la típica "chica mona" (tm). La belleza es pasajera y se marchita con el tiempo, mientras que la que es mona lo seguirá siendo hasta que los gusanos se encarguen de ella. Los gestos, las miradas, las risas... todo eso se conserva hasta bien avanzada la edad, y probablemente sea mejor que cualquier belleza absoluta y termine trayendo menos problemas, a la propietaria y a los demás.
Bueno, siento el ladrillo, pero es que lo tenía que soltar. Y eso que ni es primavera en El Corte Inglés ni estoy enamorado, pero esto de ser un filósofo incomprendido me viene bien en cualquier época del año.
Links:
[1] http://www.elcorteingles.es/libros/producto/libro_descripcion.asp?CODIISBN=8426414680