No sabéis lo complicado que es planchar una camisa. Me refiero a plancharla y que quede bien. No se sabe muy bien cuál es la manera óptima de apoyarla sobre la tabla, si ahora le hace falta un poco de vapor (si la opción viene incorporada en la plancha) o si debería estar estirando de esta esquinita para que aquí no se hiciera una arruga. Porque las arrugas en las camisas son como en la jeta, que una vez salen ya la has cagado. En el próximo viaje a España voy a tomar un intensivo de planchado bajo la tutela de mi madre. Porque no se puede ir por la vida sin saber planchar. No a estas edades.
El Jueves por la mañana, cuando me levanté, todo estaba preparado: los zapatos lustrosos, la corbata fácilmente planchada, la camisa decentemente planchada, el traje decentemente decente desde la última vez que lo usé. No puedo recordar cuándo fue exactamente la última vez que me lo puse, pero seguro que fue para una entrevista o para una boda. No soy de los que se trajean los domingos para ir a misa. Eso sí, la última vez que me puse los zapatitos dio para una columna sobre ampollas, y no estaba dispuesto a arriesgarme de nuevo. Como no tenía tiritas, me enrollé los pies en papel higiénico. Huelga decir que semejante invento no funcionó en absoluto, pero como paseé figura mucho menos que la última vez, por lo menos ahora no tengo una ampolla sanguinolenta en el meñique del pie izquierdo.
La entrevista era a las 10, y a las 9 en punto salía yo hecho un pincel por la puerta. A las 9.30 estaba allí, y estuve haciendo tiempo hasta que llegó la hora, momento en el que aporreé la puerta.
Como no acudía nadie a abrirme, aporreé la ventana. Quien vino a abrirme fue quien a la postre me entrevistó: Herr Pork. Tuve suerte porque se presentó antes de que yo pudiera llamarle por su nombre, al menos por el nombre que tenía yo en la cabeza: Herr Stolz (Señor Orgulloso). Me ofreció un café que no pude rechazar y nos sentamos en su oficina.
Durante la primera hora sólo habló él. En Alemán. Me estuvo explicando la vida y milagros de la empresa, fotos del Staff técnico y decenas de folios llenos de acrónimos de cosas de coches que yo no había visto en la vida. Tenía que elegir entre seguir sus explicaciones y leer lo que ponía en las hojas que me mostraba. Iba alternando la concentración y asentía con la cabeza cuando él dejaba de hablar y parecía requerir mi atención.
Hay que tener mucho cuidado al hacer como que sigues una conversación mediante los movimientos de asentimiento o MdA. Cuando tu interlocutor deja de hablar puede ser por dos motivos: porque quiere ver si le estás siguiendo o porque ha llamado a una interrupción para hacerte una pregunta. No es complicado distinguir ambos modos de funcionamiento, pero la correcta ejecución de los MdA requiere una concentración total y no permite un mínimo momento de despiste. A cambio ofrece la oportunidad de hacer como que sabes de qué habla la otra persona siempre y cuando además tengas la suerte de entender lo que te han preguntado. En mi caso las paradas en el discurso fueron para ver si seguía la película, y no me vi comprometido en ningún momento. Eso sí, al cabo de una hora estaba exhausto como si hubiera estado repitiendo la tabla del 7 de cabeza.
Entonces el payo se interesó por mi vida y obra y, tras unos inicios en un alemán convincente, le expliqué que todo el mundo saldría ganando si empleaba el inglés como lengua intermedia. Él accedió y procedí a largar el rollo (tm).
El rollo no duró mucho, el tiempo que tardó el hombre en apercibirse de que mi experiencia con los coches era que había conducido alguno y que me gustaba la Fórmula 1. Se sinceró en aquel momento y me dijo que se habían interesado en mí por mis conocimientos en C. Toma hostia.
Mis conocimientos en C se remiten y limitan a las prácticas de la universidad, y sólo dios sabe el tiempo que transcurrió desde que aquellos trágicos acontecimientos tuvieron lugar. Le dije lo que hubiera alegado cualquier hijo de vecina: que sabía programar pero que no era un profesional. Entonces él se sinceró más: estamos buscando a alguien que sepa programar microcontroladores. Ouch. ¿Lo qué?
Las palabras "programar" y "microcontroladores" se atascaron al ser pronunciadas a la vez en mi cabeza, justo después de haber conseguido desatascar la conjuncióon de "micro" y "controladores" (controladores pequeñitos, me dije yo). Por un momento creí que había perdido toda opción.
El hombre me propuso un trato: "Tú pones el culo y yo el aparato".
A ver... No, no fue así.
Se puso a escribir sobre una hoja de papel en blanco mientras decía: "Tienes un mes para saber de esto":
"Si en un mes veo que te enteras de todo esto, te metemos en un Praktikun en PerryAG unos meses. Si cuando acabes el Praktikum das la talla, te hago un contrato de verdad".
Le dije que estaba más motivado que un salido en la Love Parade y que aprendería lo que hiciera falta. Nos dimos la mano y le dije que le escribiría la semana que viene con mi programa de estudios. Así acabó todo.
La programación en C que se necesita no parece demasiado complicada: programas de unos cientos de líneas con bucles de if y while, y acceso al microcontrolador mediante llamadas a sus propias librerías. Por lo visto estos micros tienen una pila C, de manera que se puede programar en el ordenador y luego compilar con un compilador especial. Ya sabía algo de C como he podido comprobar después de algo de repaso y estudio, así que ya tenemos algo hecho.
Me he enterado de que el CAN es un protocolo de comunicación para sistemas en tiempo real, que admite muchas entradas y salidas simultáneas y que gestiona bien errores cuando suceden. Como yo en las entrevistas. Es un estándar en la industria de automoción y toda la electrónica del automóvil se basa en el puñetero CAN. Sólo he podido encontrar tres libros sobre el tema en internet, dos en inglés y uno en francés. Sinceramente no creo que haya más. Ya veremos cuántos tienen en la biblioteca de la universidad.
Por lo visto el problema es que los ingenieros no tienen ni idea de programar y los programadores no saben que un motor lleva cilindros, con lo cual la cosa es como en Babel. Ahí es cuando entro yo. A mí no me disgusta el puesto. Llevo mucho tiempo queriendo aprender a programar en serio y nunca había tenido una excusa, y además no me cuesta nada pasarme el día delante del ordenador escribiendo código y compilando para ver si funciona. Por otro lado, el puesto conjuga ordenadores y mecánica. No se puede pedir más. Sí, trabajar de puto de lujo, pero se me está pasando el arroz.
Tengo un mes para ponerme al día en el tema. No sé si lo conseguiré o no (creo que sí), pero lo peor que puede pasar es que sepa un huevo de microcontroladores, lo que no creo que me haga daño (al menos físicamente). Por lo menos ahora me levanto por las mañanas y sé que tengo que estudiar C, en vez de decidir si lo que quiero es limpiar el baño, hacer la compra o bajar la basura. Por cierto, mi amigo sigue de vacaciones en España y mi Mitbewohnerin sigue en Hamburgo rascándose la patata. Estoy más sólo que la una, hablo poco alemán y la casa parece enorme cuando llega la hora de limpiar.
Así que venga, todo el que sepa de programación de microcontroladores en C que dé un paso adelante. Necesito bibliografía, apuntes, libros o cualquier cosa que me permita estar cobrando 1000 euros al mes en PerryAG de aquí 30 días. Se gratificará.
Por fin un poco de acción ;)