Para compensar por el mal trago de la semana pasada, vamos a hacer un inciso en el Diario Teutón y a traer uno de esos temas controvertidos y de actualidad que tanto juego pueden dar. Creo que nos lo merecemos.
No un tema, sino dos. Como el título deja bien claro, vamos a hablar primero de las ciervas y luego del agnosticismo, aunque bien podría tratarse de ciervas agnósticas, que las habrá. En este caso son mujeres que, además de estar buenas, cantan. Y estas habilidades son algo secundario.
No se me altere el personal femenino ante el uso de la palabra "cierva", ya que para mí los términos sólo son hirientes cuando se usan como tales, y este no es el caso. Todo el que me conozca sabrá que yo son un amante del arte, y el arte en forma de curvas de carne prieta es una de las disciplinas artísticas que más admiro. De hecho, las únicas veces en las que pienso que es posible que dios exista es cuando veo a una de esas obras de arte caminando por la calle o comprando un helado. Vaya pues por delante que el término no es en ningún modo despectivo, sino todo lo contrario en el peor de los casos.
Un día comentaba un amigo cómo le gustaba un grupo de música. En concreto se trataba de The Corrs. No creo que nadie a estas alturas tenga problemas para identificar la banda, más que nada porque las tres ciervas que la componen no son como para que uno se vaya olvidando de las cosas. De todas maneras, y para ponernos en situación, diré que se trata de un grupo compuesto por cuatro hermanos, los hermanos Corrs, y que son tres mujeres y un hombre. Mucha gente no sabría que eran hermanos, ni siquiera que había un hombre en el grupo, y ahí es adonde voy.
Le dije a mi amigo que la música estaba bien pero que habría que ver adónde habría llegado el grupo si la cantante no crujiera de lo buena que estaba, y si la que toca el violín no fuera parte de uno de mis sueños más constantes junto a otra anónima que toca el chelo semidesnuda. Mi amigo respondió airado que ambas cosas no tenían nada que ver, y que él admiraba la calidad musical de la banda por encima de otras cuestiones más terrenales. No quise discutir más, pero haciendo otros sondeos entre mis amistades, los más art-lovers siempre se decantan a mi favor. Así pues, pregunta habemus.
¿Qué sería de, por estirar la goma, Britney Spears si no estuviera tan cierva? Si la mitad de los adolescentes no se maltrataran frente al ordenador (los tiempos del baño quedaron atrás), y la mitad de las adolescentes no quisieran ser como una muñeca hinchable (más que nada por el poco trabajo que cuesta llenar la cabeza con aire), ¿dónde estaría Britney en estos momentos? Probablemente en Alemania buscándose la vida.
Decían Ramón y Cajal (ambos eran unos visionarios para sus tiempos) que "La belleza es una carta de recomendación escrita por dios". Yo debí de ser muy malo en una vida anterior, pero no podría estar más de acuerdo con la frase.
Dejamos pues el debate abierto para pasar a otra cuestión. No sé por qué me he puesto a pensar hoy en el agnosticismo. Comenta la Real Academia de la Lengua que el agnosticismo es "una actitud filosófica que declara inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende la experiencia". No podía estar más de acuerdo, ni que lo hubieran dicho Ramón y Cajal.
En lo que toca a lo divino, no creo que a nosotros, que somos unos vulgares robaperas, nos vayan a revelar el Sentido de la Vida. Ni siquiera creo que esté dentro de nuestras posibilidades hacernos una idea de adónde vamos o adónde venimos, dónde acaba el universo o detrás de qué panel queda el apartamento en la Costa Brava.
Por otra parte, creo que la única manera de afirmar con seguridad que hay un perro en mitad de la carretera es después de embestirlo. Es decir, la experiencia. Groucho aprovechaba estos equívocos para decir "¿A quién va usted a creer, a mí o a sus mentirosos ojos?" La experiencia, el pájaro en la mano y no el ciento volando, es lo que nos permite afirmar algo categóricamente.
Creo que he llegado a este punto de divagación a partir de algunas noticias que he leído hoy. Siempre que hay varias fuentes de información las cosas suceden de diferentes maneras, así que a uno sólo le queda abrazarse al agnosticismo y reconocer que no tiene ni puta idea de nada. Si uno lee el periódico A y luego lee el periódico B y trata de ser objetivo, se dará cuenta de que nunca llegará a saber realmente qué sucedió. Lo mejor hubiera sido estar allí, pero normalmente tenemos mejores cosas que hacer. De lo único que puede uno fiarse es de lo que tiene en la cabeza, y a veces lo mejor es tampoco concederle demasiado crédito.
Así pues, sed conscientes de que no tenéis ni puta idea de nada, abrazad el agnosticismo, dejaos guiar por mí y mandad 10 euros al número 4 de Arnulfsplatz en Regensburg, que la cosa está muy malita.
Otra cosa. He decidido buscar mi búsqueda de un trabajo decente más allá de los límites de esta ciudad, en un ataque de realidad. Por favor que todos mis contactos desperdigados por Alemania, y susceptibles de enchufarme en algún sitio, se pongan en contacto conmigo. A ver si entre una docena de personas obramos el milagro. Gracias.
¡Hasta la semana que viene!