"Lo que este mundo necesita es Teología y Geometría". Así se expresaba Ignatius J. Reilly en los momentos en los que Fortuna lo llevaba por los caminos más tortuosos del penoso siglo en el que le había tocado existir.
Como podrán suponer aquellos lectores más ilustrados, esta semana he leído "La Conjura de los Necios", y me ha afectado profundamente. Creo que nunca había leído cientos de páginas en las que un personaje gordo, cabrón y cultivado, desvaría con acierto desde su inteligencia y mordacidad. Cada vez que Ignatius abría la boca para hacer callar a su madre, para insultar al patrullero Mancuso o para iniciar cualquier desastre, lo hacía de manera inteligente y audaz. Quien no haya leído "La Conjura de los Necios", que comience en cuanto pueda. A mi hermana no le gustó, pero ella no es más que una comunista reaccionaria, que diría Ignatius.
Últimamente estoy lector, ya que no tengo clase de Alemán por las mañanas y el tiempo está siendo de perros. Por fin terminé "Las Relaciones Peligrosas" (alguno habrá visto la peli). Está bien, pero me ha costado un ciento finiquitarlo. Las aventuras del Vizconde de Valmont no dejan de tener su gracia, y no dejan de ser instructivas aunque tengan más de 200 años.
Antes de terminar el libro anteriormente citado, en un día de lluvia y vacaciones para todos menos para mí que las tengo todos los días, devoré "El Código Da Vinci". No entraré en discusiones sobre si está bien escrito, sobre si es preciso o si la historia está bien estructurada, pero hacía muchos años que no aferraba un libro con semejantes ansias. Para mí una novela tiene que ser entretenida. Punto. Si está muy bien escrita y es una obra maestra de su tiempo pero no hay quien la digiera, entonces el autor la ha cagado. Los libros están para ser leídos. Si no te animan a la lectura, entonces no hay libro. El entretenimiento no será el fin, pero es el medio. Yo me tragué las 500 páginas en una jornada sin frenos.
Esta semana he hecho un par de cosas que hace tiempo que debería ya haber finiquitado: "anmeldarme" y visitar el Arbeitsamt (oficina de empleo). Veamos cómo fue todo.
Desde que llegué aquí llevo una violación de la ley tras otra, y eso sin contar la de veces que circulo de manera irrgular con mi bicicleta de acuerdo a las estimaciones de mi amigo (algo paranoico, todo sea dicho). Cuando uno se establece en Alemania, tiene dos semanas para ir a registrarse al ayuntamiento. Yo he ido a las 6 semanas, en mi línea infractora. Allí te preguntan qué se te ha perdido y te piden que les lleves un par de fotos. Como no me entero de la película, en vez de ir a un fotomatón me llegué a la Zacharias Fotohaus. Debí suponer que aquello iba a ser caro cuando vi la cantidad de artilugios que rodeaban mi faz y el fondo de nubes que tenía a la espalda y que sólo se ve en las fotos horteras y en los arranques de abortos de sistemas operativos. Doce euros; creo que han sido las cuatro fotos de pasaporte más caras de toda mi vida.
Los alemanes se jactan de tener una de las burocracias más pesadas y mecanizadas del mundo. No sé si será verdad, pero por lo menos funciona. Por supuesto, para semejante burocracia poseen un excelso lenguaje burocrático que es una especie de alemán pero con las palabras más largas y sin ningún atisbo de sentido práctico. El otro día me comentaba un amigo al respecto que un colega le había contado que, en un formulario, le habían preguntado si su casa presentaba "escalerabilidad". En realidad le estaban preguntando si se podía adosar una escalera de emergencia en la fachada, pero así dan de comer a todos los estudiantes de derecho que arrojan a las frías calles todos los años. Por supuesto, la palabra "escalerabilidad" en alemán cuenta con más de 20 letras.
A todo aquel que tenga un poco de recelo de que su país sea tomado lenta pero incansablemente por hordas de hombres de color (de color negro), le conviene una cura de humildad en un ayuntamiento alemán. Así podrá ver cómo se siente la gente pidiendo papeles para estar aquí y entendiendo una de cada dos docenas de palabras. Yo lo pasé mal y eso que tengo las espaldas cubiertas y la legislación a mi favor. Cuando te falte una de esas dos cosas o ambas, la cosa debe de ser terrible. Decía Pío Baroja que "el nacionalismo es una enfermedad y se cura viajando". Cuantas más vueltas doy, más de acuerdo estoy.
La oficina de empleo (Arbeit-s-Amt, para que luego digáis que el alemán es complicado) es un edificio pulcro y bien organizado en el que todo tiene pinta de funcionar. Me he equivocado un par de veces de piso y de ventanilla, pero la gente no ha perdido la paciencia y uno de los funcionarios incluso me ha acompañado al lugar al que debía dirigirme en calidad de ciudadano de la comunidad europea. Todo el mundo ha sido amabilísimo, salvo la señora gorda de recepción, que era un loro comunista con muy poca Teología y Geometría. Tras una hora danzando por allí, he conseguido que me metan en la base de datos de parados y me han dado cita para acudir y presentar mi currículum con pelos y señales en una entrevista personal.
Mi currículum mejora cada semana que paso aquí. Siguiendo las indicaciones de un amigo que es profesor en la uni, he introducido algunas modificaciones: ahora programo en Visual Basic, en C++ y en Python, y tengo algunos hobbies de menos, que eso siempre da impresión de que uno está como muy disperso. Me comentó que, habiendo hecho alguna práctica en C, podíase decir que programaba en C++, y que el Basic que aprendí hace 15 años cuando aporreaba el Spectrum venía a ser una versión antigua del Visual Basic de hoy en día. No le costó mucho más convencerme de que haber oído hablar en voz alta de Python era razón más que suficiente para decir que tenía conocimientos básicos. Tengo que encontrar trabajo pero ya, porque en un mes siento que voy a saber diseñar circuitos integrados.
Más de uno habrá visto que la semana pasada nos bombardearon con lo que, según me hizo entender el ilustre Jacobo Tarrío, se denomina "comment spam". Esta nueva versión del spam de toda la vida pero adaptada a los weblogs resulta un poco molesta, pero sin duda a la vez satisfactoria porque:
En fin. He tomado cartas en el asunto para que no se repita el incidente y que las únicas guarradas que se lean aquí sean las que yo escriba y que vosotros tengáis a bien comentar. Espero no haber roto nada.
Para el que tenga curiosidad y hablando de guarradas, ahora ando leyendo "Los cuadernos de Don Rigoberto" de Vargas Llosa. Llevo unas 50 páginas. Es el primer libro del menda que me echo a la cara, pero como me han dicho que es de cochinadas (vamos, así simplificando mucho) he decidido darle un tiento. Ya os contaré qué me parece, pero el estilo se me antoja algo rebuscado.
Han pasado muchas cosas este fin de semana, pero hoy no hay más tiempo. La semana que viene más.