A estas horas del Martes, en el momento de escribir estas líneas, debería estar en el sofá de mi casa en España durmiendo un madrugón, pero ayer mi amigo me cambió los planes. Resulta que para el Jueves (todo habrá sucedido ya cuando estéis leyendo esto -ahora es Martes-) han montado un foro de empleo los de PerryAG. Alguno, avezado en esto de los foros de empleo en la piel de toro, dirá que estos eventos son una pérdida de tiempo y que los usan las empresas para darse el pegote y punto. No negaré lo evidente, pero parece que los foros de empleo aquí realmente funcionan, haciendo honor a su curioso nombre. Según se comenta, es una de las mejores maneras de encontrar un trabajo, y siendo que ahora el objetivo número uno es encontrar un curro cuanto más de verdad mejor, pues he tenido que dejar marchar mi avión en el sentido más literal y al más puro estilo Bogart.
En Air-Berlin tienen un teléfono de información y servicios que es de lo más eficiente, tanto que siempre comunica. Estuve llamando tres horas seguidas y el teléfono les debía de echar humo a juzgar por lo que comunicaba. Si es que es lo que tiene esto de volar barato, que al final ni vuelas. En la página web me dio la impresión de que si hacías otra reserva igual pero con otro día entonces era como que cambiabas la fecha del billete, pagando un extra de 25 euros, pero tras hacer todos los trámites y ver que aquello no tenía visos de ser un cambio de fechas, aborté la operación no fuera que encima de no cogerme el teléfono les fuera a comprar otro billete. Total, que he perdido los 90 euros del viaje en avión y aquí estoy a la espera de que un cazatalentos de PerryAG me descubra y me haga padre.
Por otro lado, estoy contento como unas pascuas: la tanqueta y la otra alemana que viven con mi amigo se largan. La primera se va a Londres como au-pair y la segunda, desconocedora de que la primera se largaba, se ha buscado un piso más íntimo de cuarenta y tantos metros cuadrados. El caso es que nos quedamos mi amigo y yo con el piso y ya estamos contactando conalemanas de buen ver y mejor palpar para cubrir tan considerable y lamentable pérdida. Hablando ayer sobre el suceso, comentaban ellas que la que viniera tendría suerte, ya que podría decir que "vivía en un piso con dos españoles". Supongo que por algún extraño motivo que no alcanzo a comprender, y mucho menos palpo en las calles, los españoles andamos cotizados. Eso de que vivir rodeado de miembros del otro género es algo paradisiaco ya no se lo tragan las amistades a estas alturas por muy bien que uno lo quiera vender. Pero eso es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión.
Me decía el mexicano el otro día que quería irse a Finlandia, que allí sí que andábamos cotizados los que tenemos los ojos oscuros y el pelo negro como la panza de un gato guarro. Uno, que también ha oído sus historias sobre los españoles en Finlandia y tiene una imaginación de lo más fecunda, también quiere pasar algún día por tan heladas pero acogedoras tierras. Explicaba el mexicano que Alemania sería algo parecido a Finlandia si no fuera por "los pinches turcos". Según él, cuando uno entra a una alemana aquí con esta pinta que nos gastamos los hispanos, ya parte con un -3 de posibilidades, porque lo segundo que le van a preguntar es dónde tiene el puesto de Kebabs. Supongo que su teoría es que, ya que no ligamos, habrá que echarle la culpa a alguien; habrá que tener una cabeza de turco. Ya sabéis de dónde viene la expresión.
Hoy ha sido un mal día en la ducha: mientras maniobraba el mango para escurrirme el pelo (no se corten las féminas al intentar imaginarme musculosa y libidinosamente desnudo) he tenido la mala suerte de dispersar medio litro de agua sobre la ropa que me tenía que poner, y al levantarme de la húmeda cerámica cagándome en todo me he dado una hostia contra el techo que casi parto Afganistán. Cuando se conjuran los astros es que no hay manera.
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Estamos ya a Viernes; ayer fue el foro de empleo. La mayor parte del Miércoles la pasé preparando unos currículums por si los podía colocar por ahí. Primero iba a preparar unos diez; cuando me explicaron cómo funcionaba la cosa y lo que necesitaba comprar, pensé en hacer cinco; cuando llegué a la tienda y vi los precios terminé haciendo sólo tres. Aquí los CVs son la repera. Explico los componentes de un CV:
La tanqueta estuvo conmigo hasta las dos echándome una mano con los CVs. La verdad es que la tía otra cosa no, pero para estas cosas tiene mucho gusto. El resultado fueron tres currículums en los que estaba pidiendo a gritos que me contrataran. La verdad es que quedan acojonantes, pero mandas algo así en España y te llaman pero para decirte la maricona que estás hecha. Al final me acostaba a las dos y media, con cuatro horas y media de sueño por delante y tres currículums de puta madre que al final ni saqué del maletín. Sigo la historia.
Si allí había 200 personas, sólo yo y otro llevábamos traje, y creo que el otro repartía canapés. Yo, estoico, con la chaqueta abotonada salvo el último botón y mi maletín de ejecutivo, hice chasquear los tacones de mis zapatitos mágicos y recorrí los stands de uno en uno. En cada stand había un par de responsables de cada departamento. Fui explicando mi historia a todo el que la quiso escuchar y los hubo más receptivos que otros. Al final conseguí la dirección de correo electrónico de cuatro personas a las que mandarles mi CV directamente por e-mail, lo cual por lo visto aquí es muy importante porque pasas por encima de la gentuza de recursos humanos, a la que los ingenieros tenemos en muy alta estima.
La vuelta por el mismo recorrido me mató. Además paré el autobús antes de tiempo y tuve que andar cuatro leguas hasta mi casa. Cuando llegué a casa y me quité los zapatos creía que tenía seis dedos en el pie izquierdo. En mi dilatada experiencia he visto ampollas de todos los tipos, pero siempre en pies ajenos. Nunca había gozado yo de una de esas pequeñas maravillas de la naturaleza. Pues bien, mi estreno fue a lo grande: una enorme ampolla surgía del lateral de mi meñique prensil del pie izquierdo. De apariencia sanguinolenta y tremendamente desagradable, parecía a punto de estallar. Me apetecía irme a correr pero hubiera podido perder el pie. Me puse el calcetín para no verlo e intenté olvidarme durante el resto del día. Esta mañana parece que se ha deshinchado un poco y ya no amenaza con reventar y provocarme un desmayo. ¿Qué se hace con estas cosas? ¿Se pinchan? ¿Se extrae el líquido? ¿Qué coño voy a hacer con estos zapatos? ¿Por qué me sale una ampolla de andar y no de bailar pachanga en Bodas, Bautizos y Comuniones?
Lo voy a dejar aquí, porque aunque han pasado muchas más cosas, si sigo no se lo va a fumar nadie. Sólo decir que mi compañero de piso está llevando el concepto de guarrería a niveles anteriormente desconocidos. Desde que estoy aquí, casi un mes, sus manos no han tocado un estropajo. Hemos puesto el lavaplatos dos veces en tres semanas y las sartenes yacen irrecuperables en la pila a la espera de yo no sé qué. Yo lavo lo que tengo que usar y lo devuelvo sucio al montón. Si se cree que me va a ganar a guarro lo tiene crudo, para diez días que me quedan en esta casa no me voy a poner a ensuciarme las uñas. Si su madre no ha conseguido que no sea un cerdo en todo este tiempo, no creo que diez días me den a mí para mucho más.
Una última cosa: ya he firmado el contrato para moverme a casa de mi amigo. En la hoja, aparte de preguntarme mi nombre y mi cumpleaños, estaban interesados en saber si me persigue la policía en España y otra cosa del mismo calibre que ahora no recuerdo. Por cierto, que nadie me descubra, pero para mi casero gano 1.000 euros al mes vendiendo libros de Bilo y Nano. Estos teutones se lo creen todo.