Antes de nada comentar que he añadido, en la sección de enlaces de la derecha, un weblog llamado Blog Overflow. No diré que es de un amigo mío porque no me gusta frivolizar con esa palabra y a este chico sólo lo conozco de charlar con él de vez en cuando y de verlo en la última Hispalinux, pero creo que es un buen chaval y que su madre está muy contenta con él. En su weblog mantiene varias entradas semanales y, aparte de escribir bien y suelto, dice cosas interesantes. Os aconsejo echar un vistazo al lugar.
Cuando estéis leyendo estas líneas yo estaré ya en frías tierras germanas. Aterrizo en casa de mi amigo y estaré unos días ocupando su habitación, ya que él acaba de partir para unas vacaciones de un par de semanas en la Guinea francesa. Sí, he dicho vacaciones. El caso es que mi mayor preocupación nada más llegar es ver el gran premio de Fórmula 1, como buen forofo que soy.
En casa de mi amigo tienen tele, pero Petra, una tanqueta más mayor y más desfaenada que yo con la que comparte casa, seguro que quiere ver la telenovelen. Esperemos que la chica tenga el día bueno, encuentre alguna ocupación y me deje ver la F1 tranquilamente. No es plan de llegar y empezar a hacer amigos. Además, seguro que en algún bar la retransmiten. Será cuestión de buscar un poco.
Cuando escribí el Diario de Nantes, pensaba que si alguna vez conocía a alguien que fuera becado como yo al ICAM le regalaría una edición del Diario como manual de primera mano sobre lo que se iba a encontrar. Cómo hubiera yo disfrutado sabiendo cómo era la vida allí antes de llegar, narrada con ese realismo y ese dramatismo que parece que las letras se vayan a salir del texto. Pues bien, no ha hecho falta que el Diario de Nantes llegara hasta el agraciado becado, porque el agraciado becado ha llegado hasta el Diario de Nantes. Como lo cuento.
Me escribió hace un par de días interesándose por obtener más detalles sobre la vida en la residencia, sobre si se trabajaba mucho y sobre si le convenía encontrar alguna otra destinación en la que tener una beca Erasmus de verdad y no lo que yo tuve. Yo le he intentado orientar buenamente, pero dado que me cuenta que han sobrado más becas, es posible que cambie de destino ante lo desolador del panorama. En fin, habrá que instarlo a que, si finalmente va a Nantes, mantenga un registro de su experiencia. Seguro que el muy mamón cuenta que va de juerga en juerga, que no da un palo al agua y que se pasa el día con el churro en remojo. Tendré que censurar en virtud de la verdad, si se llegara a dar el caso. Sería espectacular un Diario de Nantes II: el regreso.
De vuelta al tema teutón. Como mi amigo convive con Petra y otra chica de maneras y curvas más afables, no puedo quedarme allí apalancado de manera indefinida. No por nada en especial, ya que las chicas me comen en la mano, pero allí sólo hay un baño y las colas por la mañana son de echarse a temblar. Vivir en comunidad con mujeres es un espanto, al contrario de lo que pueda parecer. Simplemente no estamos preparados para ello. Afortunadamente estas dos chicas no se llevan especialmente bien, sino que se toleran, con lo cual mi amigo puede llevar una existencia más o menos desapercibida entre dos aguas.
A manera de apaño circunstancial, mi conexión teutona (mi pobre amigo una vez más) me ha buscado un piso para estar un par de meses o vegetar hasta que salga algo en firme. Se trata de un apartamento en el que viven un alemán y un español. Este último se viene 2 meses a España por motivos que desconozco, así que ahí entro yo en escena: voy a compartir piso con un alemán de pura cepa. Espero que no se moleste cuando le pregunte por quinta vez cómo se dice "lo siento por el olor del baño" en dialecto teutón.
Pero bueno, a lo que íbamos. Como he cambiado mucho y ahora quiero ser una persona limpia, aseada y respetada en los círculos alemanes, esta semana he estado siguiendo un pequeño cursillo de limpieza del hogar impartido por mi madre, ama de casa técnica superior titulada Cum Laude y Ora Pro Nobis, con doctorado en limpieza de baños y máster en planchado por la universidad de la vida, la mejor que uno se puede pagar.
Todo el mundo debe de saberlo ya a estas alturas, pero como todavía habrá alguno por ahí que no haya salido del cascarón, lo explicaré brevemente: el trabajo de un ama de casa a tiempo completo es sencillamente descomunal. Alguna vez se ha intentado calcular cuánto dinero representaría el sueldo de las amas de casa de España, o qué porcentaje del PIB del país se sostiene sobre la limpieza y el planchado diario de miles de mujeres en el territorio de la nación. Se han dado cifras en euros, pero estos estudios están errados de base, porque el trabajo de las amas de casa no se puede pagar con dinero.
Mi madre no lo sabe, pero tiene sólidas nociones de multitud de disciplinas de la ingeniería y otros campos anexos:
Y así podríamos estar durante horas. Mi madre no lo sabe, pero la mayoría de las tareas que desarrolla no son triviales, no las puede hacer cualquiera así como así. Es el fruto de lustros de experiencia diaria.
Le pedí a mi madre que limpiara ante mí el baño para ver si mis nociones de limpieza, todavía no sé si adquiridas o genéticamente establecidas, eran correctas. Cogió un bote de producto X y dejó caer en movimiento circular una lágrima del mismo sobre el lavabo. Antes de que el líquido tocara la lisa porcelana, mi madre lo recogió con un movimiento de muñeca propio del ballet y lo esparció uniformemente sobre la pila con una naturalidad pasmosa. Dos vueltas en plan Aladino frotando sobre la casa del genio y el lavabo estaba reluciente. "Luego si quieres lo puedes secar" me dijo, mientras yo me preguntaba cómo podía ser yo tan burro como para estar 15 minutos frotando y dejarme unas espantosas manchas de cal.
Mi espíritu investigador me hizo preocuparme sobre la forma en que hubiera yo operado de haber sido dejado de la mano del destino. "Diluir dos tapones del producto en cinco litros de agua" decía en la parte trasera del envase. Sin duda alguna, lo primero que hubiera hecho yo hubiera sido diluir dos tapones en cinco litros de agua. Lo segundo, maldecir al lavabo por no brillar. Y lo tercero, tirar por el desagüe cuatro litros y medio de producto diluido. En la etiqueta no ponía nada de movimientos de muñeca, ni de emplear el líquido en estado original (a quién se le hubiera ocurrido) ni nada por el estilo. Este episodio es comparable al de la bañera, que tuvo lugar tan sólo minutos después.
Así pues, llegamos a la conclusión de que el oficio de ama de casa no viene en las etiquetas del producto, sino que se aprende a base de años de ensayo y error y de hacer muchas horas, igual que el violinista toca su instrumento y todos lo admiramos y nos preguntamos cómo cojones puede tocar con tal naturalidad.
Mi madre, y supongo que todas las amas de casa en general, se ocupan regularmente de todas estas tareas:
Y cientos de cosas más que ahora mismo se me olvidan y que convierten el día del ama de casa en una aventura cada día distinta a pesar del parecido. Un trabajo extenuante.
A veces a las amas de casa les saltan los plomos. Pasan una mala época y precisan de una ayuda externa para cumplir los rígidos horarios de 24x7. Es entonces cuando se recurre a dos figuras típicas de la subcontratación del hogar: las Quelis y las Queplans.
Las Quelis son las señoras que vienen y ayudan al ama de casa, generalmente a tiempo parcial y en tareas de limpieza. Reciben tal nombre porque son las Que-limpian. En el mismo área, pero siendo una figura más especializada, está la Queplan; la Que-plancha. Su única tarea se reduce a planchar, y son auténticas máquinas capaces de desarrollar una velocidad de hasta 80 ó 100 prendas por hora dependiendo del modelo. Las Queplan tienen un amplio mercado entre los solteros desorganizados, con apoyo puntual al área logística de limpieza.
Si hay un día de los héroes de guerra, debería haber un día de las amas de casa, una jornada en la que padres huevones y criaturas rascabolas como yo pasaran el tiempo limpiando, aspirando y haciendo brillar retretes en el hogar. Con esto se conseguiría que al menos estos personajes apreciaran el sacrificado, extenuante e ingrato labor del ama de casa. Así pues, ya que no hay un día del ama de casa, sentémonos todos unos minutos y reflexionemos sobre todo lo que ellas hacen y que apenas apreciamos.
¡Vivan las amas de casa! ¡Viva la madre que me parió!