Antes de ponerme a hablar del que fue mi segundo viaje, esta vez por Europa, diré en mi defensa que en un plazo máximo de 10 días me marcho a Alemania a levantar el país el que sea). Vamos, que antes de que me den un trabajo digno aquí y me jodan el cuento, me largo por mis propios medios. Así pues, en breve comenzará el diario teutón con mis andanzas en el país germano. ¿Tendremos muñequitos de cartón saltando en la nieve?
Muchas gracias a aquellos que me han ofrecido cobijo en Alemania por si me encontrara en caso de apuro o precisara abusar de alguien por cualquier motivo. Gracias mil.
He estado viajando algo más de 20 días por Europa con uno de esos pases interraíl con los que el que más y el que menos se lo ha pasado pirata en sus tiempos. Estos no son mis tiempos, pero no me quería poner a currar sin saber lo que es un periplo en tren de esos que tanto habla la gente. El paseo ha sido: París, Bélgica (Bruselas, Brujas, Gante), Praga, Viena y Alemania (Regensburg y Trier). Vamos a hacer un resumen con los highlights del viaje:
París es la bomba, es la ciudad del amour por excelencia. París es cara de cojones, pero sólo hasta que uno conoce Viena; después todo va mucho más suave.
En París estuvimos en casa de un amigo. Vive en el área de La Defènse, una zona de negocios pija de la ciudad. Por un apartamento de 46 m2 paga 600 euros al mes. Ahora parece caro, pero de aquí un rato os resultará muy asequible.
El metro de París es la monda. Uno va de un lado a otro de la ciudad en dos patadas. Eso sí, a 1.20 el viaje sencillo. En Madrid no es mucho más barato. Cosas que ver: la torre Eiffel (subir andando es lo más asequible), un par de museos a elegir, Versailles, un par de jardines, los campos elíseos para decir que uno se ha paseado por ellos y la ribera de la Seine.
Llegar a París exige una noche en tren, a menos que se lo que se quiera es pasar un día en tren. Después de pagar 409 euros por dos zonas de interraíl (qué malo es hacerse mayor de 26 años), uno descubre que le hacen pagar un suplemento de cojones por poder dormir en literas. También se debe pagar un extra por reservar plaza en las principales líneas, y siempre hay que hacer reservas. Lo de que el interraíl es barato es un mito. Es barato depende de con qué se compare. Como decía aquel: "¿Cómo está tu mujer?, No sé... ¿comparado con qué?".
Dormir en un tren en clase turista es toda una aventura. Las habitaciones son de 2x2 y hay tres literas a cada lado. Seis personas en 10 metros cúbicos se tienen que querer mucho o tener muchas ganas de dormir para llevarse bien. Normalmente se trata del segundo caso. De seis personas es bastante probable que una de ellas ronque y/o se tire pedos. La única manera de pasar una buena noche es ser esa persona.
Bélgica está bastante bien. Es un país pequeño, hay cientos de cervezas diferentes y todo está a tiro de piedra. Es fácil ver Brujas, Gante y dar un paseo por Bruselas, donde la vida está más cara incluso que en París. Imprescindible ver el Atomium y comprar unos caramelos de Côte d'or de chocolate y caramelo que se llaman Chocotoff. Quitan la cabeza. Cuando vivía allí de nano, antes de tener conciencia, pasaba mis días coleccionando cochecitos en miniatura y engullendo Chocotoff. Eran días felices e inconscientes en el pleno valor de estas palabras.
De Bruselas a Praga hay otra noche en tren cruzando Alemania. Cuando llegas a la frontera (Praga está en la Repúblia Checa y no pertenece a la UE) te despierta la policía a las 4 de la mañana. Por lo visto mi pasaporte parece falso, porque de los seis fue el único que requirió de una luz violeta azulada para comprobar su autenticidad.
Como digo, Praga no está en la Unión Europea. Aquellos que no supieran siquiera que Praga está en la República Checa, que no se preocupen: a mí me pasaba lo mismo hace un mes. Juro que atendía en las clases de geografía del colegio, pero el problema educativo de hoy en día ya era el problema educativo de hoy en día hace 15 años. Pero para eso están los viajes, para saber dónde están las cosas.
Lógicamente, en Praga no usan euros, sino maravedíes... digoooo... coronas. No hay que preocuparse: de cada dos bajos comerciales uno es una casa de cambio. Además todos sin excepción hacen el cambio a un razonable cero por ciento de comisión. La madre Teresa de Calcuta cobraba un 2% en sus tiempos, así que no nos podemos quejar. Por supuesto, hay truco, como con las cartulinas bailarinas.
En Praga hizo un frío que te cagas, más que en ningún otro sitio. Pasamos un día entero por debajo de cero, De todas maneras al final uno se hace a todo.
Alojarse en Praga, sobre todo cerca del centro, es caro. Sin embargo la comida y la bebida son baratas. Esto ha convertido a Praga en el Benidorm europeo, y está llena de guiris (prácticamente todos menos nosotros). La cerveza está muy bien de precio, y se puede comer hasta la saciedad por unos 6 euros, con copa y puro. Gracias se dice "yecui mots", que nunca está de más saberlo. Y sí, también sé que cerveza se dice "pivo".
Aquellos que jugaran al Monkey Island cuando aquellos tiempos eran nuestros tiempos, recordarán que los piratas se emborrachaban con una cosa que se llama Grog. Pues bien, en Praga se puede tomar Grog. De todas maneras, después del orujo gallego de verdad, las cosas ya no son las que eran. Sobre todo al día siguiente. Pero siempre es divertido poner una pierna en el Monkey Island por un rato. ¡Tiembla, Le Chuck!
En Praga y en Viena, y en general en toda esa zona, hay mucho forofo de la música clásica. Yo mismo fui a un par de conciertos y disfruté a pesar del precio. La edad está haciendo estragos en mí. Mi "canción" favorita de todos los tiempos clásicos es un cánon de Pachelbel. Titotitiroríiiiiiii...
Viena es lo más caro de todo lo que vimos. Para colmo, el primer día hubo una tormenta de nieve del carajo. Cuando después de un día así el siguiente es sólo frío y nublado, uno sale como unas castañuelas a corretear como un niño de hoy con un móvil nuevo. Se habla de lo rápido que se acostumbra uno a lo bueno. Mis conclusiones son que tampoco tarda uno demasiado en acostumbrarse a lo malo, lo cual no deja de tener sus ventajas cuando uno sale a vivir fuera de España.
En Viena sólo hay edificios imperiales y la ópera. Si queréis ver algo al margen de eso, lo mejor es que vayáis enterados y no pilléis un día de tormenta de nieve. Si no, hay poco que ver. Claro, que después de 2 semanas dando tumbos en tren, andando diez kilómetros diarios y comiendo pan con jamón y queso de desayuno, comida y cena, la verdad es que mi percepción de Viena puede ser un poco sesgada.
Alemania: El prototipo de mujer alemana es un tanque cilíndrico de 1.80 metros de altura y, al contrario que el queso de cabra, tiene un 15% extra de materia grasa. Todas las alemanas tienen un exceso de peso en torno a esa cifra e increíblemente concentrado en los riñones. Sus caderas se elevan hasta aproximadamente la mitad de la espalda, y los pantalones de talle bajo y el tanga asomando por encima de la ropa hacen que la mayoría de los alemanes deseen que el buen tiempo no llegue nunca. Quizá es por este pensamiento colectivo que lo consiguen. Las variaciones sobre este prototipo de mujer producen extremos en los que, en el mejor de los casos, uno se imagina uno de esos tanques pasándole por encima y haciéndole crujir la osamente, y en la peor de las situaciones uno se lleva las manos a la cara intentando arrancarse los ojos con ambas manos. En España no se ven estas barbaridades. Es todo como que más homogéneo.
De Alemania no desvelaré más detalles; ya tendremos tiempo de verlo todo con más detenimiento y desde otra perspectiva.
Me dejo detalles, pero llevo ya un rato escribiendo y me pican los ojos como si hubiera visto una alemana tanqueta agachándose a recoger una moneda en los primeros calores de la primavera, así que lo dejaré aquí. Por supuesto, me veo en la obligación de añadir que hace unos días salí entrevistado en el Ciberpaís con motivo del tercer cumpleaños linuxero de Bilo y Nano. Como seguramente más de uno estaría haciendo cosas más interesantes que leer el periódico ese día, cuelgo aquí [1] la página en pdf, cortesía de un amable lector que me la hizo llegar. La foto, en la que debo admitir que salgo favorecido, se hizo en un Starbucks en Viena. Ya veis, visitando los sitios típicos del lugar.
Otro día más. Un saludo a todos.
Links:
[1] http://bilo.homeip.net/bilo/ciberpais.pdf