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Noches de radio
By GonzoTBA
Creado 26/01/2004 - 07:08

Ando estos días (no estos, sino cuando escribo estas líneas, que estoy adelantado faena) algo taciturno y no pego ojo. Me acuesto tarde y, lógicamente, termino levantándome tarde. Esto hace que al final no pueda conciliar el sueño hasta eso de las cuatro o incluso las cinco de la mañana. Como me aburre estar en la cama sin hacer nada, me pongo la radio.

Tengo una radio-despertador de esas que los expertos aconsejan poner lejos de la cabecera de la cama porque pueden causar cáncer. En concreto la tengo instalada a un palmo de la oreja izquierda, así que que si un día os digo que me extirpan una oreja por un tumor maligno, buscad otro sitio para poner el transistor.

¿Qué oirá el Gonzo? ¿Sesudos comentarios sobre actualidad política, consultorios de sexo, programas sobre cocina? Pues no mucho, básicamente El larguero.

Como El larguero es en la SER y cuando acaba está todo tan oscuro que no atino la ruedecilla (y las ganas que tengo de buscarla), sigo escuchando si el sueño no me acecha. Y así me trago toda la programación hasta que al final caigo rendido. Y no es mala la programación, en absoluto.

El larguero a veces me aburre. No me apasiona el fútbol y tampoco me interesa si un día Ronaldo no ha cagado duro, pero por algún extraño motivo me trago el programa de principio a fin. Supongo que por eso el De La Morena cobra lo que presupongo que cobra, porque el tío monta un sarao entretenido. Me gusta especialmente cuando destapa alguna trama de la Federación Española de Fútbol, por ejemplo el payo ese que viajaba de aquí para allá con la señora a costa de las arcas de la federación. Me parto cuando le ponen el micro en la boca al pollo y no dice ni mú y luego se le descojonan en antena. También me descojono con los anuncios, por ejemplo el de "Vas andando por la calle aburrido y confiado, y todo te parece un coñazo y blah blah blah. Y de repente alguien te grita: "¡¡¡Pepe un purito!!!" y el mundo cobra color y todo es una fiesta". De malo que es el anuncio gana enteros. A veces lo más chabacano es lo que más gracia tiene.

Cuando termina El larguero viene Hablar por hablar, pero entre ambos hay un bloque de noticias. Si algo tengo que agradecer a la SER es que las noticias cambian de hora en hora. No sé cómo lo hacen, pero es un alivio, porque tragarse las mismas noticias cada 60 minutos cuando uno tiene insomnio es insufrible. En M80, por ejemplo, no cambian ni siquiera una coma entre dos boletines. En la SER ya digo que cambian hasta las noticias; cosas que habían sucedido la hora anterior ahora parece que ya no tienen relevancia y son sustituidas por otras novedades. No sé si será bueno o malo, pero se agradece.

Eso sí, lo que es terrible es ver cómo se interpretan las noticias de la manera más favorable para el que las paga. Lógicamente no sólo es cosa de la SER, sino que se trata de un mal endémico del periodismo. Cualquier cadena de radio, televisión o periódico pervierte las noticias de manera aberrante, cuando una noticia es por sí misma aséptica por definición, siendo el resto opinión. Lo que debería ser la regla deontológica número uno del periodismo, la objetividad, no existe en la vida moderna. Pero en fin, hay que vender.

Recuerdo cuando hace unos años el rey pululaba por ahí en barco y casi le arrean un pepinazo desde una fragata que practicaba tiro. Pues bien, dependiendo de lo monárquico o republicano que fuera uno, podía elegir en los periódicos la distancia a la que había caído el proyectil del culo del rey, entre un rango que iba de 1500 y 200 metros. Me gustaría hacer hincapié en el hecho de que sólo hubo un pepinazo y por tanto una distancia, pero se ve que a la gente le gusta elegir y los periodistas proporcionan la información a medida del consumidor. [Por favor, evítense comentarios sobre la idoneidad de tener un rey o cualquier otro análisis político que escape al alcance de este weblog. Fin del aviso].

Decía que a eso de la una y media de la mañana empieza Hablar por hablar. El que no lo haya oído nunca, debería. Se trata de un programa en el que la gente llama y cuenta sus desgracias, y luego llama más gente y les dicen lo que tienen que hacer para resolver sus problemas. Así a primera vista no parece que dé mucho juego, pero es algo tremendo. Cuando parece que uno ya lo ha oído todo, entonces viene alguien que sube el listón.

Recuerdo una noche en la que llamó uno diciendo gustaba de comer mierda. Así, como suena. Se trata de una afición conocida como coprofagia y desde luego no es algo nuevo. El caso es que el tío llamaba un poco avergonzado y pedía consejo, pero luego empezaron a aparecer adeptos al deporte de tragar literalmente marrones y la cosa fue a más. El último que llamó contó que se juntaba con un amigo y comían deliciosos emparedados de truño entre pan. Había llegado hasta tal punto su refinamiento por la bollería que no valía ya cualquier mierda, sino que diferenciaban sabores y texturas, y contaba que lo mejor eran las deposiciones de chiquillo. Supongo que porque los alimentan a base de papillas igual que los mejores cerdos se nutren sólo de selecta bellota.

A mí, qué queréis que os diga. Allá cada uno con sus aficiones mientras no haga daño a nadie. El tío lo contaba con tanta emoción que después de 20 minutos de explicaciones me dieron ganas de levantarme a hacerme unas tostadas. Hay gente que puede ser muy persuasiva.

En otra ocasión llamó un camionero que transportaba ovejas, y comentaba que se subía una a la cabina, la más lucera, y le daba marcha. La noche acabó con más de 10 llamadas del mismo corte, y creo que terminó la función con un abuelo de pueblo que se trajinaba una burra superando las limitaciones mediante un taburete. Por supuesto no todo el mundo apreciaba semejantes prácticas, y entre llamada y llamada había quien no podía entender que hubiera quien pudiera disfrutar con la mierda (habrá que probarla primero para opinar, digo yo) o que la gente encontrara el amor con lanudos animales de granja. Como digo, diversión asegurada, aunque siempre hay noches en que llama alguien con problemas de verdad y la cosa se pone mala. En esos momentos uno puede aprovechar para alegrarse de tener sólo pequeñas inconveniencias en su vida, la cabeza sobre los hombros y un brazo saliendo de cada hombro.

Rara vez llego al final del Hablar por hablar, pero cuando lo hago me encuentro con Si amanece nos vamos, un curioso programa de dudosas preguntas y respuestas. Consiste en que la gente llama y hace una pregunta, a menudo del tipo: "En el mundial del 18, había un portero calvo en el equipo de Korea; pues ese no. Me gustaría saber cuál era el nombre de la mujer del portero suplente". Lo acojonante es que a los 10 minutos llama otro y le dice el nombre de la mujer, como si tal cosa.

Por supuesto la audiencia no es siempre tan eficiente, y cuando hacen preguntas de física del nivel de El mundo de Beakman, hay veces que las respuestas harían a Galileo revolverse en la tumba. La gente tiene muy buena voluntad, pero a veces muy poco tino y mucho atrevimiento.

Y así se pasan las noches de insomnio radiofónico, al menos entre semana. Los fines de semana, tras El larguero, la cosa cambia.

Los sábados noches molan, con El cine de lo que yo te diga, un programa de cine muy bien hecho, dinámico y cachondo. Los domingos en cambio hacen un El larguero pero de toros, y es infumable. El conductor de programa es un clon de De La Morena, pero el programa resulta un tostón. Me temo que no va a triunfar a menos que hagan una emisión sobre toros que juegan al fútbol. Las noches de insomnio en domingo son aburridas, y rara vez duro hasta que termina el programa de los astados ya que los fines de semana hay más desgaste.

¿Y vosotros? ¿Oís la SER? ¿Qué os parecen los programas? Tremendo el Hablar por hablar, ¿eh? ¿Alguno de vosotros come mierda? XDDD


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