Próblogo

Iba a escribir que es la segunda vez que me pongo a escribir aquí, pero lo cierto es que no lo es. Ya perdí la cuenta, la verdad. Y en verdad que da igual si es una u otra la vez; lo importante es que es.

En cualquier caso, quería comenzar con algo así como una recopilación, con algo que dijera “Eh, esto estaba aquí e iba de esto”. Le di algunas vueltas y, ante la vista de una gran cantidad de faena que me resultaba abrumadora en ese momento, opté por tirar de un prólogo, un próblogo en este caso. Se trata de una entrada de un blog que encontré por Internet una vez en que yo también busqué “El sentido de la vida”.

Encontré un texto acerca de mí. Fíjate tú, después de tanto tiempo escribiendo de otras tantas personas y de otras tantas cosas, que encontré un texto acerca de mí. Como además me ponía bien bien, me dije: “Tal vez sería una buena manera de comenzar con toda esta mierda y ponerme a hacer algo que disfruto de una vez para saber adónde me lleva”. En fin, si estos son suficientes prolegómenos, he aquí el texto de marras.

Por cierto, tengo pendiente que me responda a mi petición de permiso para ponerlo aquí. Me tomo la libertad de ponerlo para ir amoldando esto.

 


El sentido de la vida

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Hace varios años, estaba en Mendoza, madreado después de no haber hecho cumbre en el Aconcagua. Eran las 2 o 3 de la mañana. Me sorprendió encontrar heladerías y cafés internet abiertos a esa hora, aún más el que hubiera niños en ambos. Entré al segundo.

Tal vez por no tener la cumbre, o tal vez porque era mi primera vez solo en otro país, terminé googleando “el sentido de la vida”. Di con un blog homónimo, muy cagado, muy real, la historia de un español que escribía con estilo Palahniuk. No sabía si era ficción o verdad, no me importó, solo quería más de esa visión sucia y honesta que unas letras bien articuladas me ofrecían.

Resultó que era verdad. El autor, un tal Gonzo, narraba su vida y tenía un séquito de lectores que luchaban por ser el primero en comentar cada uno de sus relatos, desde su visita al proctólogo de manos tibias [1], hasta el drama telenovelero de su llamada “Superindecisa”.

Lo encontré en diciembre de 2003 y me hice un regular del lugar. A veces la compañía que se busca se encuentra en lugares inesperados. Como todos, he encontrado abrigo en muchas letras, la mayoría contenidas en librerías, con una etiqueta y una fotito en la solapa. Es curioso encontrarla en un blog, en un diario que se sigue escribiendo.

Y apenas el año pasado me enteré de que Gonzo tiene un alter ego llamado Javier Malonda. Por medio de un invite en facebook y sus consecuentes status updates, noté ocasionalmente su metamorfosis de Gonzo a Javier, de Realismo Sucio a Programación Neurolinguística, con otro blog, su taller de seduczión, y en agosto pasado, el diagnóstico de cáncer de páncreas a su madre.

“Ya ves tú, cáncer de páncreas. El páncreas; ni siquiera sé lo que és ni lo que hace. Esa parte de cada uno de nosotros. Ese gran desconocido, probablemente junto con el bazo. Uno sabe lo que son los brazos, pero el bazo y el páncreas pertenecen a la clase de órganos anónimos que casi se solapan con ese gran órgano eminentemente inútil según la medicina moderna: el apéndice, el órgano que sólo da disgustos.” [2]

Creo que fue en ese momento cuando su blog dejó de ser el espacio jocoso al que recurría cuando necesitaba empatizar con una visión jodida e irónicamente virtuosa del mundo. Caí en cuenta de que había estado leyendo la historia de su vida, una ventana de cientos de mosaicos escritos en 9 años que daban vista a una persona de verdad. Estoy tan acostumbrado a leer de personajes, que se me olvida que algunos han sido reales.

Tiene menos de una hora que leí sobre la conclusión de lo que escribió en agosto. Una parte de mí lo tomó como ficción, con la paradójica distancia, ajena pero entrañable, que despiertan los personajes leídos y no abrazados con la carne. Otra parte de mi abrió los ojos y se pasmó ante el paso de la vida, evidenciado con dos fotografías a la mente de una persona, de esos contrastes que hacen que te des cuenta de que sí pasa el tiempo, que no eres inmortal, aunque el verte a diario en el espejo provoque el efecto de que nada cambia, de que nada pasa. En realidad es todo lo contrario, y va con una prisa despiadada.

Hoy Javier publicó el relato sobre el fallecimiento de su madre. El sentido de la vida: la muerte. [3]

No tengo mucho que decirte Javier, más que entregarte un enorme agradecimiento por permitir que el mundo acceda a tu vida. Los huevos que se necesitan son de gente grande, y lo has hecho como tal.

Te ofrezco estas humildes palabras como mínima retribución a la compañía que he encontrado en las tuyas. Comparto siguiendo tu ejemplo.

Que el viaje sea lleno de luz.

R.

 

[1], [2] y [3]: Historias incluidas en el libro electrónico recopilatorio lo-salvado-de-la-tragedia y titulado homónimamente: El Sentido De La Vida. Confirmation pending.