Vainilla y chocolate

A lo largo de los últimos años he cambiado mucho. No ha sido por gusto, sino que me he encontrado obligado a ello. Lleno de angustia, ansiedad y dolor, el cambio ha sido urgente y ha tenido que ser constante y persistente. Afortunadamente, voy saliendo del agujero.

Durante el proceso, he tenido que nutrirme de diversas fuentes, abrir mi mente y estar muy dispuesto a aprender y practicar cosas nuevas. De la misma manera, he tenido que ampliar mi mentalidad para crear un contexto más grande dentro del cual situar mi vida y poder dar un sentido a lo que me ocurrió, a todo este gigantesco proceso al que llamé «Big Crunch»: la gran crujida.

Para ello tuve que adquirir un poco de lo que llaman «espiritualidad» y que antes se llamaba religión. Esto consistió en crear un contexto más grande en el que situar mi vida. En lugar de considerarme una persona en un mundo humano, aprendí a considerarme un ser vivo en un universo. Así, tuve que crear una noción de «Universo» para poder definir y aprender a gestionar una relación con el Todo. Dentro de este aprendizaje llegué a la idea que da nombre a la columna de hoy: vainilla y chocolate.

Durante muchos años estuve muy enfocado en todo aquello que me disgustaba, me molestaba o me dolía. Tengo una teoría biológica acerca de por qué esto ocurría así, pero es secundaria para el tema que me ocupa ahora. La idea subyacente a todo esto es: si odias la vainilla y te encanta el chocolate, en lugar de enfocarte y hablar acerca de lo mucho que odias la vainilla, enfócate y habla acerca de lo mucho que te encanta el chocolate. Puesto de otro modo, en mitad de la angustia, la ansiedad y el dolor… ¿qué amas de la vida? ¿Qué es lo que te hace seguir adelante? ¿Qué es lo que valoras de estar vivo, de vivir, de estar aquí? ¿Qué es lo que te hace seguir día a día? En alineación con el título de este blog: ¿Qué es lo que da sentido a tu vida?

A lo largo de mis últimos años tuve que aprender a enfocarme mucho en todo esto, simplemente como una cuestión de supervivencia. ¿Cuáles eran mis motivos para vivir? En aquel estado tan terrible me resultó muy fácil encontrar las cosas que amaba de la vida.

Saliendo del «Big Crunch», un proceso de más de 25 años; terminando el proceso de «Uncrunching» al que he dedicado ya tres años y medio, me propongo comenzar a intercalar escritos enfocados hacia la prosperidad. Ya que decidí seguir viviendo, ya que estoy disfrutando de una segunda oportunidad de construir una vida: ¿Cómo quiero que sea? ¿Qué quiero que haya en ella? ¿Cuáles son las cosas que amo?

Aquí va una lista de las cosas que verdaderamente valoro en la vida, de las cosas por las que vivo y para las que lo hago. Sin orden ni concierto especial, guiño guiño inconsciente, ahí van:

La familia: Adoro a mi familia. Me encanta la sensación de sentir que pertenezco ella, que soy querido y amado, que se cuida de mí, se me tiene en cuenta y se me acompañará a lo largo de mi vida ocurra lo que ocurra. No nos damos cuenta de lo importante que es todo esto pues es algo que solemos dar «por descontado». No lo es; es un verdadero privilegio, y como tal merece ser conscientemente recordado.

No es una cosa, y precisamente por eso es lo más importante de todo. Incluyo aquí a los amigos con los que puedo contar.

Somos humanos; estamos expuestos a la enfermedad y al dolor. Estas son experiencias muy jodidas. Con familia y amigos, la vida de verdad merece la pena.

A partir de aquí entramos en cosas más particulares. A mí me encanta la tecnología, y en concreto…

Los ordenadores: Inconscientemente «cruncheado» y angustiado, pronto encontré en los ordenadores compañeros fieles con los que jugar. Mi primer ordenador fue un Spectrum Sinclair 48K. Con él aprendí los primeros rudimentos de la programación y disfruté de mis primeros juegos. Con amigos y sin amigos, disfrutar de videojuegos ha sido uno de mis «leit-motives», y considero los videojuegos como obras de arte, tal y como lo son las estatuas y los cuadros que puedes encontrar en los museos. ¿Monkey Island? Obra de arte. Como la Gioconda.

Simuladores de conducción: Con el paso del tiempo me he ido especializando en cuestión de videojuegos y, aunque aprecio y disfruto de las últimas novedades hasta el punto en que me gusta simplemente ver vídeos de lo que llaman «gameplay», he terminado especializándome en simuladores, y en particular en simuladores de conducción. Me puse serio con el GP2 de Microprose hace ya lo menos quince años y he pasado por diferentes hasta llegar al que estoy haciendo polvo en la actualidad: Assetto Corsa.

Chocolate: Me encanta igualmente la vainilla, pero el chocolate en forma sólida ha sido una de mis pasiones desde que tengo uso de razón, y probablemente me ha animado y mostrado el camino de la frágil felicidad a lo largo de los años. En mi familia he sido conocido como «rata despensera» por mi habilidad para encontrar la tableta de chocolate se esconda donde se esconda. Guardo grandes momentos de los chocolates «Côte D”or» y últimamente me estoy especializando en Milka, donde encuentro el amor en las tabletas de avellana y también en las de caramelo, las cuales opino que rozan casi la pornografía.

La «Weissbier»: Lo cierto es que nunca me gustó la cerveza. La encontraba amarga y con un toque repugnante, pero cuando llegué a Alemania en 2004 y probé la que allí llaman «cerveza blanca» o «Weissbier», por primera vez en mi vida gané ocho kilos de más. Con su especial sabor y su consistencia de batido de albóndigas, la Weissbier es una de esas cosas a las que he tenido que poner límites en mi vida. Incluso lo bueno se tiene que usar con moderación.

El «Polito»: Me encantan los coches. No un coche en particular o siquiera un tipo en concreto, sino la mera idea del coche como vehículo para el transporte. En casa comparto con mi padre un Volkswagen Polo al que verdaderamente amo. Me siento como si tuviera un Ferrari; y eso que el coche, ni es mío, ni es un Ferrari. Pero yo adoro ese coche. Práctico, humilde, funcional… le saludo cuando me acerco y le doy las gracias cuando llego a mi destino.

Yoga: De entre todas las cosas que pude hacer para salir del agujero, para estirar mis músculos, des-retorcer mis articulaciones y enderezar mi columna vertebral, de entre las cosas que estuvo en mi mano hacer, me encantó y me encanta practicar yoga. Es como una ITV de mi cuerpo, un rato para usar todo lo que tengo de todas las maneras que puedo. Salud y conciencia en estado puro. Después de pasar más de 25 años enfermo, haré todo lo necesario para disfrutar de salud durante el resto de mi vida, y una de las cosas que haré religiosamente será yoga.

Meditación: De la misma manera, la meditación fue una herramienta increíble que me permitió encontrar un pequeño remanso de quietud en la ansiedad y el estrés más profundos, y probablemente una de las razones por las que no he matado a nadie a lo largo de estos últimos años. Practico meditación desde 2010 y desde 2014 sentándome en el suelo con las piernas cruzadas, con periodicidad estrictamente diaria. Espero alguna vez lograr hacer la postura del loto.

La PNL: Estudié y aprendí PNL formalmente durante tres años, cuatro si incluyes la hipnosis ericksoniana. Aprendí todavía durante más tiempo por mi cuenta. Si me encantó la ingeniería por sus respuestas a la pregunta «¿Cómo funcionan las cosas?», me encantó la PNL por sus respuestas a la pregunta «¿Cómo funcionan las personas?». Siento un profundo agradecimiento hacia el trabajo de John Grinder y, especialmente, Richard Bandler.

La hipnosis: Fue para mí un gran misterio que, gracias al Big Crunch, tuve la oportunidad de explorar con detenimiento para descubrir que se trata de comunicación en su forma más profunda. Aunque aprendí de diferentes fuentes, la aproximación a la hipnosis que más me gustó fue la de Milton Erickson, que descubrí perseverando en el estudio de la Programación NeuroLingüística.

La realidad virtual: Probé el primer kit de realidad virtual a finales de los 80. Incluso con la primitiva tecnología de entonces, fue una experiencia increíble. Hace poco tuve la oportunidad de probar unas gafas HTC en casa de un amigo y quedé profundamente impactado. La sensación de sumergirme en otro mundo fue tan brutal como el bajón que experimentaba cada vez que me quitaba las gafas y me descubría de nuevo en casa de mi amigo.

La escritura: Llevo escribiendo más o menos regularmente desde que tenía quince años, aproximadamente desde el Big Crunch. Saqué un diez en la primera redacción que escribí en el colegio y desde entonces tiro líneas de manera recurrente. A lo largo de los últimos años se ha convertido en mi principal herramienta de comunicación, y siento patadas en el estómago cada vez que veo una falta de ortografía.

La lista podría continuar todavía un poco más, con el dibujo y la música como protagonistas y antecediendo algunas cosas más que amo, como este bello planeta y las virtudes humanas que hacen que valga la pena estar aquí y formar parte de esta especie. Sin embargo, lo dejaré aquí porque en algún momento tendré que terminar esta columna.

¿Y tú? ¿Qué es lo que amas de la vida? ¿Qué es lo que te encanta? ¿Qué es lo que disfrutas de vivir?