Imprimiendo en pantalla

Atanción. Habrá pocas pistas.

Siempre habrás espacio para crecer.

Imprimiendo en pantalla:

Pocas pistas.

ESDLV iniciándose... Hecho.

Probando piloto automático.

Piloto detectado: GonzoTBA.

Probando.

Cargando metáforas... OK.

Probando.

Probando piloto.

Probando.

Probando interfaz... OK

Interfaz OK.

Enlace establecido.

Cargando información en piloto.

Decodificando instrucciones... Hecho.

GonzoTBA escribiendo en interfaz...

"""
Hola, soy GonzoTBA.
"""

Tomando control del piloto.

Estableciendo límite temporal.

Estableciendo límite espacial.

Transmitiendo misión.

Decodificando pregunta.

Estableciendo límite temporal.

Decodificando misión.

Ejecutando misión...

Imprimir en pantalla: "spotify:user:gonzotba:playlist:26jd9W4IkCPeEPCXYRHaED"

"""
spotify:user:gonzotba:playlist:26jd9W4IkCPeEPCXYRHaED
"""

Hecho.

Recordando...

El editor parlante

La historia del increíble hombre parlante ha traído a mi memoria otro suceso, también acaecido en torno a la primavera del año pasado, protagonizado igualmente por otro imparable chorro de voz adosado a un hombre. Se trata del fabuloso caso, como escribiría Conan Doyle, del editor parlante.

Todo comenzó con un escueto email en el que mi comunicante saludaba y se definía como un editor que había empezado su propia editorial hacía dos años. Me saltaré el leit motiv de la editorial para mantener su anonimato.

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El increíble hombre parlante

Hay ocasiones en las que uno se pregunta si está soñando. En serio.

Ocurrió hace cosa de un año. Era una de esas tardes del verano incipiente que invitan a salir a dar una vuelta. En casa de mis padres, cogí la bicicleta y me perdí por el bosque a hacer girar las piernas.

El polvo del pedregal, el aire seco, el sudor en el cuerpo. Encontré un camino que nunca había explorado y me tiré de cabeza por él. Cuando me di cuenta estaba saliendo del bosque y los primeros chalets de una urbanización discurrían a ambos lados del manillar. Me di cuenta de que cerca de allí pasaba los días de verano un amigo al que hacía casi diez años que no veía. Me pregunté qué sería de él y decidí pasar a darle un timbrazo por si la casualidad quisiera que allí se encontrara.

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Qué pensarán las tortugas

Entré en casa de mi amigo (otro amigo) con la guitarra a la espalda. Mientras subía en el ascensor pensaba en el tiempo que hacía que no tocábamos juntos. Probablemente años. Últimamente nos veíamos rara vez, y la música era de esas pocas cosas que ya rara vez nos reunían.

Llevaba algún tiempo viviendo con su mujer en aquel piso, aunque esa era la primera vez que ponía yo los pies entre aquellas paredes.

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Superman, no es la criptonita.

Mi amigo empezaba a salir con una chica nueva. Se le veía, dentro de su estado de inexpresividad habitual, contento y con la vista puesta en un futuro que se adivinaba brillante. Yo, a ella, la conocía de apenas un rato de una noche hacía un mes. Parecía buena chica, y tenía un buen escote.

Era viernes noche. Me dijo que se iba a cenar con ella y que si me apetecía ir con ellos. Terminamos en una pequeña pizzería: él, ella, yo. Pedimos una botella de vino y empezamos a charlar. Yo estaba sentado al lado de la puerta, y cada vez que entraba alguien, una mano helada se me colaba por la rabadilla y me ascendía hacia el cogote.

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Abre tu mente

Ella se sentó frente a mí al otro lado de la mesita. Me debía de doblar la edad, y sin embargo allí estábamos dispuestos a cenar.

—Tengo dos preguntas —dije de sopetón.

—Dispara —contestó.

—Una: ¿qué es la realidad?

—La realidad es lo que te muestran los sentidos.

—Ahá —murmuré—. Y dos: los sentidos, ¿son receptores o son emisores?

—Son receptores y son emisores.

—Bien —contesté con una sonrisa—; ya podemos cenar.

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¿Quién se ha llevado mi drama?

Flor de Loto venía de pasar el fin de semana fuera. Entró por la puerta con sus cachivaches, la piel morena y ese olor característico de aquel que no se ha duchado en dos días. Cogí el iPod y salimos para dormir en su casa.

Los domingos por la noche la ciudad está especialmente tranquila. El silencio llena las calles como si fuera Agosto y sólo quedaran los justos sobre el asfalto. Cruzamos el cauce del antiguo río y, mientras ascendíamos las escaleras del otro lado, me di cuenta de que me había dejado algo de importancia capital.

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Usando fuerza bruta para dejar de fumar

Aquel que me lea en mis páginas sabe varias cosas: que fumo, que lo quiero dejar, y que el tabaco disminuye drásticamente las probabilidades de follar. Después de hacer varias intentonas en la primera mitad del año con resultados negativos, he decidido darle una vuelta de tuerca al proceso empleando lo que llamo "fuerza bruta".

Aprovechando que mi padre, después de un lustro largo retirado del vicio, lleva también una temporada dando caladas diarias de lo que mi madre y yo fumamos, he cerrado con él el siguiente pacto.

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