¿Puedo hacer algo por ti?

Hace unos días me escribió un tal David. Me había contactado antes a raíz del estreno de la nueva página. En esta ocasión me mandaba el enlace del corto de Hombrecillo y me contaba un par de anécdotas personales de esas de llevarse las manos a la cabeza. "En fin" —escribía— , "me permito la licencia de contarte cosas privadas para estar en igualdad de condiciones".

Es lo bueno que tiene relatar tantas cosas, que luego la gente se puede saltar todo el protocolo social y contarme lo realmente importante, esas pequeñas cosillas que nos hacen a todos humanos y a todos iguales. Quizá por eso haya gente que me escribe contándome cosas que ni siquiera cuenta a sus amigos. Y oiga, a mí me gusta, igual que me gusta que me la chupen. Las cosas claras y el chocolate espeso.

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Buscando a la chica del Feisbuk

Ahora estoy yendo de observador al Practitioner de PNL. Voy, me siento con una libreta, y miro a la gente. Impunemente. Nunca había mirado algo que no fuera un culo con tanta atención. Es interesante, aunque ahora ya son dos fines de semana al mes lo que tengo ocupado, y mi tarea de salir por las noches a hacer investigación de campo se resiente.

Llegué a casa reventado, pero tenía que encontrar a la chica del Feisbuk. Cené y bajé al garito a ver si estaba allí por casualidad. Era todavía un poco pronto para salir por ahí, pero me quería acostar temprano porque al día siguiente tenía que seguir observando a la gente del curso. Una tarea ingrata y sacrificada la del observador profesional.

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Hombrecillo. Cómo son las mujeres.

Un lector, conocedor de mis inquietudes para con las mujeres, me hizo llegar el siguiente vídeo. Se trata de un corto de un chavalillo danés que comparte conmigo una fascinación. Lo he debido de ver unas cuatro o cinco veces ya.

El corto es genial. El chiquillo es un actorazo, y las caras de felicidad extrema que pone en determinados puntos de la película son un poema. La música es también muy buena, y el final del vídeo... muy ilustrativo.

La de cosas que he aprendido del bueno de Mathias...



PD: Pongo también los enlaces a los vídeo porque no sé por qué diantre no aparecen embebidos...


Primera parte:

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Búscame en feisbuk

Estaba cenando con un amigo cerca de casa. Los calamares estaban algo más duros que la última vez pero seguían estando buenos. Un chaval se nos acercó y nos preguntó si íbamos a algún sitio después. Hicimos un par de bromas y el chico nos dejó un par de tarjetas antes de sentarse con un par de chicas en la mesa de al lado a tomar unos cafés.

No sé muy bien cómo, pero seguimos hablando con él. Era gay perdido y además muy orgulloso, aunque yo todavía no lo sabía. Tengo poco ojo para eso. Un día un tipo me estará dando por el culo y yo pensaré "Caray, sí que está este fulano cariñoso hoy".

El andoba estaba haciendo una especie de training de repartir tarjetas de bar a una de las chicas. Parece que la cosa tenía su arte, a juzgar por la cantidad de información que salía de su boca. Hasta la disciplina más anodina resulta fascinante en cuanto te empiezan a desgranar los detalles.

—Luego os pasáis por ahí y os ponemos una copa —nos dijo el chico.

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Rebelde sin cerezas

Últimamente me ha dado por hablar del pasado. Siempre he usado El Sentido de la Vida a modo de psicoterapia, y parece que ahora ando purgando recuerdos de la niñez. Habrá que ir con la ola. Con lo que cuesta un psicoanálisis, calculo que a estas alturas me he ahorrado unos 30.000 euros.

—¿Y qué me puede contar del jardín de infancia? —pregunta el terapeuta.

—Déjeme que cierre los ojos...

Lo poco que recuerdo del jardín de infancia podría haber salido de una película de David Lynch, y la verdad es que guarda, de alguna retorcida manera, un cierto parecido con un campo de concentración. No sé si algún ser humano tendrá algún recuerdo halagueño de su jardín de infancia. Yo, ahora mismo, tengo pocos.

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Revolución materna

En los últimos dos años, la relación con mis padres está cambiando. No lo está haciendo sola, y puedo atribuirme gran parte del mérito.

Hace seis meses, y casi sin previo aviso, matriculé a mi madre en el Practicioner de PNL. Quise apuntar también a mi padre, pero él es demasiado perfecto para eso.

¿Que por qué matriculé a mi madre? se puede preguntar el lector. Como si no tuviera ya uno bastantes líos en la vida como para meterse en otros.

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Posibles modelos de negocio para blogs

Mucho se habla últimamente sobre los derechos de autor y sobre nuevos modelos de negocio en la red. La tónica general es que las cosas deben ser gratis. Y me parece un buen punto de partida.

Me inicié en esto del Internet hace ya unos años, cuando la velocidad se medía en baudios y el año 2000 quedaba lejos de cojones. Como yo, muchos nos hemos venido acostumbrando a que Internet sea una enorme fuente de información gratuita. A día de hoy, aunque pago mensualmente por algunos servicios (Megavideo y Spotify), tiro de redes P2P para hacerme con mucho del material que consumo. Uso este tipo de plataformas no tanto para evitar pagar un precio (que a menudo lo hago) sino porque se trata de material difícil de encontrar de otra manera. Con esto quiero decir, de entrada, que me gustan las cosas gratis y entiendo que a otros les suceda lo mismo.

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El dolor de huevos

Parece que últimamente tengo el síndrome National Geographic. Hay algo que me empuja a escribir capítulos de una serie que podría pasarse en las sobremesas de La 2 en vez de la vida de los leones de la sabana africana. En realidad mis capítulos bien podrían intercalarse entre éstos. Después de todo, se trata de naturaleza en estado puro.

De la serie "La dura vida del hombre moderno", hoy "El dolor de huevos".

A pesar de tratarse de un tema más o menos reconocido en los tiempos que corren, he podido constatar que ni siquiera las mujeres más liberadas poseen un profundo conocimiento de lo que, entre los hombres, denominamos comúnmente "El dolor de huevos". Vamos pues a llenar ese hueco con algo de alegre sabiduría. Es una tarea ingrata, pero alguien tiene que hacerla.

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