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NavegaciónInicio de sesión de usuarioCosas para pasar un buen ratoAutobombo: Bombo en general: Encuesta¿Eres genuinamente feliz? Sí 22% No 51% Pues no sabría decirlo 27% Total de votos: 90 |
Mudanza provisionalVive la vida... vive la vida como si fueras a morir. Porque vas a morir. Odio ser el portador de malas noticias, pero vas a morir. Quizá no mañana ni siquiera el año que viene, pero antes de que te des cuenta, estarás diciendo: \"¿Esto ha sido todo? ¿Por qué tanto follón? ¿Por qué me molesté?\" Así empieza \"You\'ll have time\", de William Shatner, un disquillo que me agencié la semana pasada. Este tío, con nombre de comandante del Enterprise, es un fenómeno. Las canciones son casi habladas, con buena gente detrás y todo muy bien acabado. Las letras son brutales. Si alguien tiene curiosidad, el album se llama \"Has Been\". Esto me hace preguntarme otra vez por qué en inglés hay canciones cojonudas hablando sobre la muerte, el maltrato doméstico, dios, el sexo... y que son auténticas poesías musicales. En España lo más profundo que se puede escuchar es \"Contamíname\", \"En tu fiesta me colé\", \"Legalización\" o morralla sobre la patronal y el empresario extorsionador. Y la verdad es que no hay por dónde cogerlas. igual es que me va más el rollo exótico del inglés, o que no tengo sensibilidad. Vete a saber. \"Vive la vida como si fueras a morir\", así que el jueves fuimos a los karts 13 Kollegen del departamento. En España los circuitos de karts dan pena: el asfalto está bacheado, el circuito es pequeño y estrecho, los karts son ferralla salida de un desguace y el tío que te los alquila lleva una camiseta interior de tirantes y se rasca el culo mientras apura el cigarrito. Te cobran 20 euros por 10 minutos y lo mejor que te puede pasar por el camino es no quemarte con alguna parte del motor o del escape. Aquí había dos circuitos, uno exterior y otro interior. El exterior era una versión reducida del Jarama, pero mejor conservado: sus pianos pintados en blanco y rojo, su puente con las luces sobre la recta, todo cuidado al máximo detalle. El tamaño era tal que se podía correr dentro con un coche de verdad, y desde un extremo del circuito no se veía el otro. Según me pareció entender, todavía no ha comenzado la temporada de outdoor racing, así que corrimos en el de dentro. El circuito de dentro era una pequeña maravilla instalada en una nave industrial. Los karts eran nuevos de trinqui, impecables, con asientos regulables en distancia a los pedales y sin una mota de polvo. Mientras mirábamos aquellas pequeñas virguerías y nos poníamos los cascos, nos explicaron cómo funcionaría la cosa. Una tanda de 10 minutos de entrenamiento seguida de la carrera, de 20 minutos. Mientras dabas vueltas en los entrenamientos los tiempos se tomaban automágicamente. Una luz se encendía sobre la parte del circuito en la que había habido un accidente. Durante la intrucción el típico italiano preguntó si se podía chocar con los karts y hacer un poco el cretino. Después de la primera vuelta se contentó con no cagarse en los pantalones. Después de los diez minutos de qualifying nos pararon y nos ordenaron en la parrilla, frente a los semáforos. Yo salía desde la cuarta posición mientras que Gorrino, que ya había corrido allí, se hizo con la pole. Las luces pasaron de rojo a verde y empezó la carrera. Me aupé hasta la segunda posición. La sensación es bestial. No tienes un segundo de descanso y, cuando ves que te empieza a faltar el aire te das cuenta de que llevas medio minuto sin respirar. Después de la media hora subido al kart estaba deseando que terminara la sesión porque no podía ya más. Los brazos te duelen como el demonio de negociar las curvas, y los riñones sufren un huevo cambiando la posición de un lado al otro. Cuando acabó la carrera y nos devolvieron a los boxes, no podía salir del coche porque no me quedaban fuerzas. Me acordé de Nigel Mansell. Estábamos todos como sopas, y con un subidón de adrenalina que si nos hubieran dado brochas hubiéramos pintado la nave por fuera. A la salida nos entregaron unas hojas con nuestros tiempos en cada vuelta, la vuelta rápida, la diferencia con el vencedor y la velocidad media. Las vueltas duraban unos 45 segundos. La velocidad media fue de 38 kph y, teniendo en cuenta que algunas curvas las hacías casi parado, no quiero ni imaginar a qué velocidad pasaba uno al lado de los bordillos. Gorrino se excedió en una curva y se estrelló lateralmente contra un muro. Hoy todavía lleva una moradura como si le hubieran disparado una bola de tenis a cien por hora. Y todo por 25 euros, un regalo, oiga. Ya estamos planeando una excursión los albóndigas para batirnos en un duelo a muerte. También se baraja un curso de paracaídas con dos saltos incluidos. Mamá, seguiré informando. Hace dos lunes estuve en el dentista, el Dr. Zoidberg. Nada más entras volvimos a hablar de lo inclinadas que estaban mis muelas y a discutir el tratamiento. Acordamos que lo mejor sería hacer una radiografía y unos moldes para ver cómo se abordaba el asunto de la manera más óptima. Sabía que me iba a doler el bolsillo, pero a estas alturas quiero que la Sagrada Familia que llevo en la boca me quede lo mejor posible. Radiografía de los piños, toma de moldes, fotos pornográficas con la boca abierta de par en par, fotos de perfil frente a una pared de fondo azul... En fin, volles Programm que decía Tsunamita cuando no pernoctaba en casa. Viendo la radiografía era obvio que el Dr. Zoidberg tenía razón: las muelas superiores están inclinadas casi a 45 grados. Las de abajo no parecían estar demasiado a la bartola, pero la posición de sus compañeras superiores era intolerable incluso ante mis poco entendidos ojos. Usted dirá, le dije. Me dijo que me pondría el hierro de siempre pero con los extremos doblados hacia arriba, de manera que forzaran a las muelas a recuperar la verticalidad. Asentí con la cabeza y me pasó al potro de torturas. El Dr. Zoidberg dio las intrucciones pertinentes y pasó una tierna y bella muchachita. Pensé en pedirle el teléfono, pero después de pasar media hora con un tubo colgando de la boca sorbiéndome las babas creo que he perdido cualquier opción. Entre los dos me pusieron el artefacto y me mandaron a casa con una cita para la semana que viene. Nadie me dijo lo que había costado la broma y ni siquiera me dijeron que tuviera que pagar. A la semana siguiente llegó un sobre. Esperaba que fuera el mapa de un tesoro, pero fue un informe completo y por triplicado del Dr. Zoidberg. Tres páginas en alemán técnico-odontológico. Los números los pude leer. Se me antojó que los 220 euros venían a cargo de la radiografías, las fotos porno y los moldes de chicle. El resto de números parecían el presupuesto de defensa de los estados unidos. Llamé a Natalí. Tras echar un vistazo, me comentó que parecía una hoja de ruta para alcanzar la perfección piñar. En el plazo de un año me iba a poner la dentadura de Robert Redford, pero yo no la iba a tener que dejar en un vaso por las noches. Y todo por el módico precio de 2200 euros. Me pregunté qué fumaba el Dr. Zoidberg en sus ratos libres. El plan es este: Le digo al doctor que siga poniendo hierros para enderezar las muelas de arriba. Si voy un mes y no están tiesas, que lo cambie por otro nuevo. Las muelas de abajo se quedan como están. Cuando las muelas estén razonablemente verticales, se pone una cadena de cierre (ya conozco los términos técnicos) para cerrar huecos y un mes después se quita todo. Por mis cojones que se quita todo. No pienso comprarle una tele de plasma también a este dentista. Por si el Dr. Zoidberg no cooperara, he cogido una semana de vacaciones el mes que viene para ir a ver a mi timador original. Él sabrá que hacer. Siempre lo ha sabido. El miércoles estaba tranquilamente en Perry AG cuando me llamaron de Proyecto. Nosotros trabajamos con unas señales propias, y el cliente tiene las suyas propias. Para hacer la traducción y unas cuantas cuentas por medio se hace lo que se llama la CAN spec, una especificación en la que se dice qué es qué y qué operaciones se tienen que hacer con ese qué. Si no hay CAN spec no va nada. \"Muy buenas\" me dijo Roland. \"No hay modificación planeada en el CAN spec para el nuevo software. Eso está bien, ¿no?\". Ni de coña ---le dije---, sin CAN spec update ni siquiera van a subir las ventanillas eléctricas. Hmmm, vaya... ---murmuró---, ¿no comunicaste a la gente del CAN que había que hacer un update? Se me cayó el mundo encima. \"Creo que venía en la hoja de tareas, así que son ya mayorcitos para leerla y ponerse en marcha. Yo no puedo estar en todo, mein Freund\" le dije. \"Ahá. Analizaremos el problema y veremos qué pasa\" y colgó. Me entraron sudores fríos. Llevo poco tiempo en Perry AG, pero supongo que el hecho de que se retrase 15 días la salida de un software debe de ser bastante caro. Me fui a casa y no pegué ojo. Al día siguiente miré la hoja de tareas y vi que, efectivamente, estaba planeado que alguien tendría que perpetrar un update en el CAN spec. Gorrino me dijo que, si estaba en la hoja, que no me preocupara. Algo más tarde me llamaron para decirme que durante la semana que viene se haría un update en el CAN spec. Volví a respirar por primera vez en 18 horas. Como digo, empiezo a ser competente. Empiezo a hacer las cosas bien y ya no soy siempre el que la caga. Eso sí, cuando programen la mierda que he venido haciendo los dos primeros meses y la metan en el Delorean nos vamos a reír. Se me van a desencajar los piños de la risa...
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