Mierda de calidad

Allí estábamos: el de calidad, el jefe del de calidad, mi jefe y yo. Se mascaba la tragedia, y por lo visto yo era el único que lo veía venir desde lejos. Pero rebobinemos.

Hacía ya dos días que se sabía que iba a venir el jefe del de calidad. Se conoce que viene una vez al año aproximadamente para comprobar si respetamos el Proceso o no. Yo había, por casualidad, reservado pista para presentar unos cuantos documentos de calidad sobre las últimas especificaciones realizadas. Todo tenía que salir bien. Pero antes un poco de overview.

El procedimiento a seguir desde que llega una tarea hasta que sale repeinada por la puerta consta de unas 30 “microfases”. Durante el trance hay que guardar media docena de documentos y preparar otros tantos que representan los diferentes hitos del desarrollo. Y todo eso mientras te llaman por teléfono sin parar e intentas coordinar el café de las 15:30. Imposible a todas luces.

Mi proyecto en concreto va manga por hombro y es un asunto conocido por todos. Son bastante frecuentes las conversaciones de este tipo:

—Gorrino…

—¿Qué?

—Que acaba de llegar una tarea nueva, y aquí pone que la quieren para anteayer…

—¿Y qué? (Gorrino se altera por pocas cosas a estas alturas)

—Pues que de anteayer hace ya dos días…

—¿Y a ti qué te parece que va a pasar?

—¿Que no vamos a llegar?

—Si ya te digo yo que esto ya lo tienes dominado…

El 60% de las tareas que me entran tienen una llegada de ese tipo. El problema no es que quieran las cosas para anteayer, sino que hay que llamar al de calidad y preparar un informe en rojo, juntar la tarea que te ha llegado y el email que vas a mandar a Proyecto para decir que va a ser que no, y guardarlo todo bajo el nombre va_a_ser_que_no-infocal_U546IFG_g_0.zip en un lugar determinado de la maraña de unidades de red, entrando a la derecha. El U546IFG es un cocktail resultado de un comando que se ejecuta desde matlab y que representa el nombre del proyecto junto con la versión de software de la que se esté hablando. Vamos, que en vez de poner CHATI330, hay que arrancar el matlab, rular un comando y sacar el nombre encriptado. Igual a alguien le hace sentir como a un agente del KGB, pero yo preferiría saber de un vistazo que se trata de la versión 330 del proyecto CHATI.

Por si el Proceso fuera complicado, lo tenemos que llevar al día en una miserable hoja de cálculo. Es como intentar montar un mueble de IKEA con un tenedor; simplemente no es lo más adecuado. En las empresas se tiende a creer que la hoja de cálculo es una herramienta potente de cojones que lo resuelve todo, y con ella se puede desde escribir un libro a llevar la lista de la compra. El otro día sin ir más lejos, el cliente me pasó un diagrama de cómo se generaba una señal a cuatro niveles en una hoja de cálculo. Después de media hora de estudio no sabía si querían limitar el par motor cuando el motor estaba sobrecalentado o cuando el mechero y la luz de marcha atrás se encencían simultáneamente. Cuando uno trabaja con hojas de cálculo todo parecen números.

Señores, las hojas de cálculo no son lo más adecuado para todo ni van a acabar con el hambre en el mundo, y si quieren que lleve el Proceso al día me van a tener que dar una herramienta acorde, o en su defecto, mucha paciencia.

Allí estábamos el de calidad, el jefe del de calidad, mi jefe y yo. Se mascaba la tragedia, y por lo visto yo era el único que lo veía venir desde lejos. Tras las primeras gracias de rigor (somos una empresa moderna y joven y todo es muy distendido y de muy buen rollo) procedimos a abordar la primera de mis tareas.

La primera fue en la frente. Salió a la palestra uno de aquellos yogures que cuando llegaban ya estaban caducados. Empezamos a buscar documentación sobre por qué se había retrasado y si Proyecto sabía de aquel retraso.

—¿No le comunicaste a nadie que no se iban a poder cumplir los plazos?

—Hmmm, sí… a Gorrino…

—¿Y a nadie más?

—Pues yo qué sé oiga, hace mucho tiempo de eso. ¿Por qué no deja de tocarme los cojones?

No aburriré con los detalles, pero fue una de esas ocasiones en que todo lo que puede salir mal, sale mal. No dejamos ni un cono en pie.

El jefe del de calidad se llevó la impresión de que su subordinado no hacía nada. El de calidad se llevó la impresión de que Osito, encargado de supervisarme la hoja de tareas, no había hecho nada. A mi jefe se le quedó cara de gilipollas, y al jefe de mi jefe le quedaron ganas de abrirlo en canal en la plaza pública. La debacle empezó a las 14 horas y terminó a las 18. Cuando salí de PerryAG tenía la sensación de haber estado recibiendo galletas de Tyson durante 12 asaltos y de que, al bajar del ring, se me había llevado por delante un camión de mudanzas que pasaba por allí.

En casa, ya con calma, analicé el alcance de la situación. No sabía muy bien qué había sucedido, pero tenía claro que la mierda era tan grande que, aunque hubiera separado ambas manos todo lo posible, no hubiera podido abrazarla. El marrón era enorme y había habido mierda para todos.

En realidad poco de lo que había sucedido allí era culpa mía. Veamos la distribución de culpas (escrita en una hoja de cálculo):

  • Mía por no tener la lista de tareas al día
  • De Osito por no asegurarse de que yo tenía la lista de tareas al día
  • De mi jefe por ser tan bocazas, decir que somos el dominio que más se ajusta al proceso, y querer salir en la foto.
  • Del de calidad, por elegirme a mí para lucirse ante el jefe y encontrarse con que avanzaba desnudo hacia una columna de panzers con un tirachinas en la mano mala.

Como hemos aprendido estas últimas semanas, cuando la culpa está tan repartida, la responsabilidad última es de la rana Gustavo. El miércoles viene de nuevo el jefe del de calidad, y tengo que preparar una presentación en la cual explico las características de mi proyecto y presento toda la documentación pertinente. A veces me da la impresión de que soy funcionario de Hacienda.

El que las está pasando putas de verdad es Alberto, que anda buscando piso. Lleva ya más de un mes con la tontería y no acaba de ver la luz al final del túnel. Si alguien de recursos infinitos como Alberto se las ve putas para encontrar un techo bajo el que caerse muerto, no quiero ni pensar en lo que me sucedería a mí.

En el último piso que estuvo mirando dijo, como es preceptivo, que estaba trabajando en PerryAG, lo cual suele allanar el terreno porque a los caseros aquí les gusta la solvencia económica. Al día siguiente le llamó el casero y le dijo: “Mire, usté es Alberto Fulánez, y no trabaja en PerryAG sino que está contratato como externo a través de Europerry”. Luego añadió varios detalles más sobre su vida privada y repitió un par de veces la frase “y además es usted extranjero”, antes de decirle que “no tenían nada más que hablar” y colgarle.

Aquí lo de buscar un piso es una tarea titánica. Ser doctor o ingeniero o doctor ingeniero ayuda. Si trabajas en PerryAG se te abren un par de puertas, pero tendrás que justificar tus ingresos anuales y poner por escrito cuántas veces te la meneas a la semana. Alberto lleva recorrido medio Perrysburg batiéndose el cobre con el pijerío ingenieril, y empieza a estar hasta los cojones. Le gustaría ser negro, judío, maricón o algún otro tipo de minoría oprimida, porque con el patio actual se ve durmiendo bajo un puente cuando lo tiren de casa a final de mes.

Gorrino y Natalí han vuelto ya de Sudáfrica. Se les ve relativamente lozanos y de momento no parece que hayan contraído ningún tipo de enfermedad en concreto, aunque habrá que esperar los 40 días preceptivos. Dicen que han visto leones, cocodrilos, rinocerontes, girafas y australianos borrachos. Probablemente todo animatronics de esos, pero tampoco es cuestión de quitarles la ilusión a los pobres, después de exponerse a la malaria, al dengue y a la cagalera común.

Se me había olvidado contar que, en la visita relámpago de Ratuza a España para obtener el carnet de conducir moto, se lo habían fundido vilmente en el práctico. Según cuenta, en las dos planchas esas paralelas que hay que pasar sin tocar. En mis tiempos, aquello era de lo más fácil, pero quizá hayan complicado ahora el asunto. El caso es que este lunes se larga de nuevo para hacer un segundo intento el miércoles. Si aprueba, para el fin de semana tendrá una 600cc. Si se lo funden, su vida carecerá de sentido y probablemente termine quitándose la vida, pero es lo que tiene el examen de conducir.

El concurso de blogs este va viento en popa. Anda, que falta que os digan que hacéis trampa para triplicar el número de votos del segundo clasificado, que tenéis una mala leche de cuidado. Menos mal que siempre nos quedarán las gráficas logarítmicas.

Todo el mundo poniendo a parir a los de 20 minutos y ahora se ve que, pasado el boom inicial, los blogs más “comerciales” van perdiendo gas y se va votando a cosas de más calidad. Por física pura, a la conclusión del concurso tenemos que estar arriba del todo: “La mierda siempre flota”.

No puedo despedirme sin recomendaros que os paséis por el siguiente enlace de humor:

Los foros de Milikito. Ojo al tal Mucro, que viene a ser algo así como si Torrente hubiera descubierto el whois.

Tras una pequeña lectura comprenderéis que no estamos luchando contra los elementos, ni contra la avaricia o la envidia, ni siquiera contra la estupidez; estamos luchando contra la esquizofrenia.

Eins, Zwei, voto, paja. Eins, Zwei, voto, paja…

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