Diario de Gonzo. Capítulo 2.
Allí estaban de nuevo. Ella encima, moviéndose despacio. Él puso sus pequeñas y torpes manos de felpa sobre sus caderas. El sol de la mañana entraba radiante por la ventana y se desparramaba por la habitación. El sabor en su boca era dulce. Ya lo había sentido antes.
Se habían conocido la noche anterior y habían acabado en el sofá de ella, quitándose la ropa el uno al otro con una urgente mezcla de dulzura y pasión, intentando estirar cada segundo antes de que llegara el siguiente. Al final ella estuvo completamente desnuda, tumbada sobre su espalda, sus piernas abiertas. El pequeño muñeco de felpa a sus pies se sintió turbado ante lo que le mostraban sus pobres y confusos ojos. Se sintió feliz. No sabía exactamente qué estaba sucediendo en su vida, pero aquellos momentos de felicidad, aquellos momentos en los que todo parecía perfecto, aquellos momentos en los que todas las piezas parecían estar en su sitio y en su duro corazón relleno de serrín no cabía una palabra de repoche para el mundo, aquellos momentos se sucedían cada vez con mayor frecuencia. Miró una última vez a aquella adorable criatura frente a él y juntó sus manos en una especie de plegaria. Las levantó hacia el cielo y hacia allí dirigió su mirada mientras susurraba "Gracias" con toda la dulzura que fue capaz de reunir de entre el serrín.
Después se zambulló en la pasión.
Sus cuerpos se unieron durante horas, y durante horas el pequeño muñeco de felpa dejó de ser él mismo para cambiar su corazón por uno de verdad. Las tuercas de su cabeza dejaron de hacer ruido, y la felpa de su piel se convirtió en una membrana que parecía capaz de absorber las sensaciones de aquel cuerpo que le abrazaba. Se preguntó qué era todo aquello que estaba sintiendo, y se preguntó si lo había experimentado alguna vez antes para terminar haciendo un pacto consigo mismo y pensar que sí y que, más tarde, en algún lugar del camino, lo había olvidado. Quizá no quiso hacer lugar a la tristeza en un momento tan perfecto.
La sensación era como cuando uno se pone un terrón de azúcar en la lengua y deja que se deshaga. Tiene un aspecto azulado, casi violeta, y sus bordes son difusos y se expanden lentamente. Y cuando lo hacen, se extienden de la lengua al resto de la cabeza, y después se desbordan por el cuello y van llenando el pecho y el abdomen. Después no tienen más remedio que salir por las piernas y los brazos hasta llegar a las puntas de los dedos. Y cuando uno está lleno de esa dulce sensación, saturado, y tiene la impresión de que es una especie de globo que va a reventar de dulzura, esa sensación comienza a salpicar las cosas que te rodean. Y llega un punto en el que todo es de un suave azul violeta. Todo, incluso las paredes de la habitación, parece hecho de azúcar, y brilla con un fulgor que lo hace resplandecer en la oscuridad, de manera que allá donde mires tus ojos son acariciados con una suave vibración. No puedes escapar. No hay salida. Estás preso de una dulzura que te envuelve por todas partes y no puedes sino asfixiarte de gozo en ella. Es una especie de muerte dulce de la que no quieres nacer jamás.
"Me estás echando un polvo místico" susurró ella en su oído, y el pequeño muñeco de felpa se preguntó si realmente podían estar sintiendo lo mismo. Su tierno corazón de serrín se conmovió ante aquella posibilidad. Sólo quería ser feliz, sólo quería que ella fuera feliz. Se dijo que haría todo lo posible por no olvidar aquel momento, que haría todo lo que estuviera en su mano por recordar aquellas sensaciones y por recordar que, en aquel instante, como siempre, todo era perfecto. Necesitaba recordarlo.
Ahora era el día siguiente y ella estaba de nuevo sobre él, y podía sentir otra vez su piel contra su maltrecho cuerpecillo de felpa. Su espalda contra el colchón, la cabeza en la almohada, sus vacilantes manecitas sobre sus caderas. Ella se movía despacio, y Gonzo pudo verla arquear su espalda, cerrar los ojos, abrir la boca en una mueca de placer sereno. Y aún así quiso cambiar las cosas.
Sus manecitas despeluchadas asieron aquellas caderas con fuerza e intentó apartar su cuerpo a un lado. Se vio incapaz. La asió con firmeza y lo volvió a intentar, pero la fuerza que parecía requerir su intención se le antojó por un momento sobrehumana. Quizá fuera porque no era más que un pequeño y despreciable muñeco de felpa. "¿Qué haces?" preguntó ella. "Estoy intentando hacerte a un lado" dijo él. "Pues tendrás que hacer más fuerza" respondió. Y en aquel momento se dio cuenta.
Lo pudo sentir perfectamente. Con ambas manecillas en sus caderas, se dio cuenta de que estaba utilizando su propia fuerza contra sí mismo. Podía notar perfectamente unos músculos trabajando contra otros, podía sentir, con total claridad, que una parte de él le estaba saboteando. Algo hizo click en su interior, y se preguntó en cuántos lugares de su vida estaría sucediendo lo mismo sin que fuera consciente de ello. Se preguntó cuántas intenciones estaría arruinando sin saberlo y para qué. Resistencia. La eterna lucha consigo mismo. ¿Cómo podría llegar a ser su propio amigo? ¿Cómo podrían todas sus partes ponerse de acuerdo para trabajar con armonía y eficacia?
El pequeño muñeco de felpa supo que tenía muchas cosas sobre las que reflexionar. No lo sabía todavía, pero la siguiente noche la pasaría con los ojos abiertos, reordenando cosas en su interior. En aquel momento simplemente se dijo gracias con ternura. Quizá las lecciones no tuvieran que ser necesariamente amargas. Quizá, después de todo, se pudiera aprender con un suave regusto a terrón de azúcar sobre la lengua.
Pensó en todo esto durante un instante. Y después, exactamente un segundo más tarde, volvió a dejarse llevar.
Comunicación simultánea.
Blues-Blues
Filosofía comentada
"Me estás echando un polvo místico" susurró ella en su oído, y el pequeño muñeco de felpa se preguntó si realmente podían estar sintiendo lo mismo."
Hace un rato estaba escuchando a Zizek hablar sobre el sexo como masturbación simultánea. Estaría bien que por una vez fuese comunicación simultánea.
Si aceptas críticas he de
Si aceptas críticas he de decir que ni el anterior capítulo ni este me han gustado... Creo que no están a tu nivel habitual:
Todo, incluso las paredes de la habitación, parece hecho de azúcar, y brilla con un fulgor que lo hace resplandecer en la oscuridad, de manera que allá donde mires tus ojos son acariciados con una suave vibración. No puedes escapar. No hay salida. Estás preso de una dulzura que te envuelve por todas partes y no puedes sino asfixiarte de gozo en ella. Es una especie de muerte dulce de la que no quieres nacer jamás.
Buffff, demasiado recargado para mi gusto :S
Saludos
Críticas
Claro que acepto críticas. Estas columnas no están a mi nivel habitual porque no me encuentro, ni de lejos, en mi nivel habitual. Estoy mucho mejor. A años luz, vamos.
Buffff, demasiado recargado para mi gusto :S
Es que no se trata de un ejercicio literario, sino de una descripción cruda y precisa de sensaciones y sentimientos que un ser humano puede llegar a experimentar.
Un saludo!
ten en cuenta que estaba follando.
Yo al principio también me endulcé demasiado con la parte esa que citó txomo, pero ahora pensandolo mejor, es difícil describir el acto de "hacer el amor", "tener un orgasmo", o "follar" (para gusto los colores y las formas...) Hay que dar un descuento al señor gonzo por habernos empalagado de esta manera con palabras tan dulzonas, pero no sé, si me tocara a mi describir la sensación de hacer amor con mi novio si mi caracteristica ironia saldria a tona, o si lo haria tal como él, llena de palabras dulces y empalagosas... depende del estado de "misticidad" de mi humilde persona en el momento (de escribir, no de follar) Bueno lo dicho, me ha gustado leer algun relato tuyo. Suerte.
Muñeco de felpa
Échale un ojo a ese «encima suyo» en el comienzo del texto, que después de adverbio siempre ha de ir preposición.
¡Esperando el siguiente! :)
Suyo
Todavía sigo cometiendo ese error.
Gracias.
Parece que te vuelve a dar
Parece que te vuelve a dar fuerte la vena mística. Debo ser de los pocos a los que les gusta, casi tanto, como tu anterior estado. Aunque el hecho de que utilices el simil con el muñeco de felpa, hace todavía más dificil pillar algnas ideas....
No obstante aqui seguiremos a la espera del tercer capítulo. Saludos..
L'art et la maniére
EL ultimo relato es excelente. Agradezco sobre todo la sinceridad con la que tratas algunos temas muy personales que la mayoria de la gente ignora o simplemente no encuentra con quien compartir, de ahí que muchos nos identifiquemos con lo que escribes. Agradezco también la manera con la que escribes a veces melancólica, otras alegre, otras sarcástica pero siempre con un estilo que te caracteriza. Un abrazo
2da Parte
Como pocas segundas partes....
Muy buena experiencia, muy buena reflexión
Serie TV sobre neurocirugía.
Por cierto, y offtopic:
Anoche daban en cuatro, después de House, una serie sobre neurólogos. En el episodio hablaban sobre lesiones en el lóbulo temporal, "el punto de Dios", percepciones extrasensoriales, etc... un poco en la línea del aquél vídeo de la mujer de la embolia. No sé si lo verías, te lo apunto porque igual te haría gracia verlo.
Saludos.
Yo vi aquel video de Jill Bolte Taylor
La verdad es que es impresionante y muy interesante. Nos permite saber que dentro de nuestro cerebro existen diversas realidades diferentes. ¿cual es la mejor?