Las puertas del infierno
Diario de Gonzo. Capítulo 1.
El pequeño muñeco de felpa azul empujó tímidamente la puerta del bar del hotel. Asomó la cabeza y miró al interior con sus grandes ojos saltones, unos ojos agotados de una vida de observar el mundo. La estancia parecía en calma. Tanto mejor.
Echó a caminar sobre el suelo resplandeciente. Era un lugar tranquilo. La gente parecía enfrascada en sus quehaceres. Ordenadores y revistas estaban abiertos sobre mesas o regazos.
El pequeño muñeco avanzó por el pasillo, sus pasos cortos, tímidos, titubeantes. En uno de los sofás, una chica tomaba una copa de vino blanco. Llevaba unos vaqueros ajustados y un bonito escote. Junto a ella, algunos bolígrafos, una libreta con notas y lo que parecía un pequeño grabador de voz. Él pasó despacio, más despacio todavía de lo que había caminado antes. Se empapó en todos aquellos detalles y, sin volver la cabeza, la siguió mirando aún cuando casi la hubo dejado atrás.
Bajó la cabeza y miró al suelo. Sus pequeños zapatos repicaban sobre el mármol sin apenas hacer ruido. Llevaba toda su vida sin hacer ruido. Y en aquel momento, por ningún motivo en especial, lo comprendió todo.
Comprendió que se le había concedido la maravillosa facultad de soñar, y sin saber cómo ni para qué, había convertido el sueño en una pesadilla. Comprendió, por fin, que todas esas desagradables sensaciones que habían poblado su interior desde lo que parecía el principio del sueño podían resumirse en una palabra: miedo.
Caminando tímidamente por aquel lugar anónimo perdido en el tiempo y en el espacio, sintió que alguien había quitado una venda de sus ojos. Como le había sucedido en otras ocasiones, el brillo le cegó de inmediato. Pero esta vez pudo mirar el tiempo suficiente. Y esto es lo que vio:
El negro era blanco. Arriba era abajo. Dentro era fuera.
Sintió vértigo. Por un momento se tambaleó. Un rayo perforó su diminuto corazón de felpa relleno de serrín. Se detuvo. Sus enclenques piernecillas flaquearon. Sintió terror.
No tardó en darse cuenta de que no debía sentir ningún miedo, pues no había nada a lo que temer. Todo estaba dentro de él. Eso significaba que el miedo sólo era miedo al amor.
“Miedo al amor”, se dijo sorprendido. “¿Cómo puede alguien tener miedo al amor?”. No tardó más que unos pocos segundos en encontrar la respuesta.
Se dio cuenta de que había estado mirando al mundo desde la perspectiva equivocada. Llevaba toda la vida intentando unir los puntos de la existencia con líneas quebradas. Se dio cuenta de que, si miraba al Universo desde el lugar preciso, todos los puntos encajaban. Y ese lugar era él.
¿Cómo podía haber sido tan idiota?
¿Cómo por tanto tiempo?
Miedo a su propio poder. Miedo a sí mismo.
Tuvo la impresión de que el Universo explotaba en una tremenda carcajada, y cuando él mismo lo comprendió, una tímida sonrisa surcó su rostro. Era apenas un rictus en su cara, pero era todo lo que podía hacer por el momento.
Y no fue poco. Imagine el lector la desagradable sensación que produce saber que el Universo mismo, con sus colosales dimensiones, se ha estado riendo a costa de uno desde el principio de los tiempos. Por fin comprendió por qué tenía la piel de felpa, el corazón de serrín y la cabeza llena de tuercas haciendo ruido a cada paso.
Había entendido el chiste.
“Ja”, se dijo con poca convicción, y se dio cuenta de que, un instante después, se estaba riendo de sí mismo. Esta vez genuinamente.
Se preguntó qué haría después. No lo supo con certeza. Se dio cuenta de que había cerrado de nuevo los ojos, y los abrió lentamente temiendo que la abrasadora luz terminara por cegarle. Pero todo parecía haber vuelto a la normalidad.
Arriba volvía a estar arriba. Abajo, abajo. Y así todo lo demás. El fogonazo, como las otra veces, había vuelto a consumirse. Pero esta vez había sido diferente. Esta vez la imagen del Universo había quedado impresa en su pequeña cabecita llena de tuercas sueltas. Esa imagen no era un mapa sino una brújula. Era todo lo que necesitaba.
Miró a su alrededor. Las mesas, la gente, el suelo. Todo tenía el mismo aspecto que hacía un minuto, pero todo era de nuevo diferente.
Miró de nuevo a la chica. Era preciosa. Ella tomó la copa de vino blanco y se la llevó a los labios y, cuando lo hizo, el pequeño muñeco de felpa azul vio que su mano temblaba. Estaba nerviosa. Pudo ver que aquella chica estaba inquieta. Se preguntó a quién estaría esperando. Probablemente a alguien importante, a alguien que tuviera algo que decir.
De repente ella levantó la vista y miró en derredor. Gonzo, el pequeño muñeco, no se inmutó. Después de todo él no era más que una fantasía, un personaje de ficción. Él sólo existía en los sueños de otras personas.
Nadie le podía ver. Estaba a salvo de los otros.
Ella paseó la mirada por la enorme estancia y, durante un instante, le pareció que sus ojos reparaban en él. Fue sólo un momento. Sus ojos coincidieron y su pequeño cuerpo de felpa tuvo una sensación que no pudo identificar. Por un segundo, Gonzo pensó que ella le había visto.
“Pero es imposible”, se dijo. “Esto es un sueño, y nadie sabe que estoy aquí”.
Se dio cuenta de que podía escuchar sus pensamientos con claridad. El torbellino que incesantemente ocupaba su cabeza, el ruido de tuercas chocando unas con otras, había cesado. Ahora sus pensamientos eran un suave goteo. Y ya apenas había preguntas. Ahora había respuestas.
La chica recogió sus cosas, se levantó y se alejó en dirección contraria. Gonzo pudo ver su silueta cruzando la puerta que daba al exterior.
¿Quién era? Y sobre todo, ¿le había visto? ¿Cómo era posible? ¿Estaría ella también despierta? ¿Había otros como él? ¿Qué estaba ocurriendo?
De nuevo volvían las preguntas a su cabeza. Pero esta vez tenía una brújula. Miró el redondo objeto y lo apretó fuertemente en su mano. Con ella saldría a buscar respuestas.
Se maldijo por haber permitido que aquella chica se marchara sin haber cruzado una palabra con ella. Se preguntó si, después de todo, ella querría hablar con él. ¿Por qué iba a querer hacerlo? Después de todo no era más que un estúpido y sucio muñeco de felpa. Repitió la pregunta y tuvo miedo de la respuesta. Pero esta vez se dijo “Todo está bien, el miedo es amor”.
“Lo que está fuera está dentro” dijo. Su mente lógica intentó un par de cabriolas. “Si ella siente miedo yo siento amor. Si yo siento amor ella siente miedo. Si ella siente miedo yo siento amor. Si yo siento miedo ella siente amor”. Daba igual cómo lo formulara. El pensamiento lógico había dejado de tener sentido para él. Sólo sabía que el amor le gustaba, y quería más. Sacó la brújula y se dio cuenta de que la aguja apuntaba en dirección a la puerta por la que acababa de salir la chica. Quizá la brújula apuntara siempre en dirección al amor. Si así fuera, ni siquiera tendría que utilizar el pequeño objeto; sólo debía responder a sus propias sensaciones. Él mismo era su propia brújula. Él mismo era, después de todo, el sentido.
Y allí, sobre el resplandeciente suelo encerado, los enormes ojos expresando confusión, las piernas quebradas y el corazón perdiendo serrín para hacer lugar a algo de verdad, el pequeño muñeco de felpa sintió sobre sus hombros el enorme peso de toda la soledad del Universo. Deseaba contar a alguien lo que acababa de encontrar. Deseaba fervientemente compartir lo que sabía. Algo hervía en su interior. Tenía que gritar, tenía que despertar a alguno de aquellos seres que compartían el sueño con él.
¿Estarían preparados?
¿Estaría él preparado?
Poco importaba. Todo estaba bien como estaba. Después de todo, la historia se escribiría sola. Él sólo tenía que buscar el amor.
Levantó la mirada, guardó la brújula en el bolsillo y caminó hasta el otro extremo de la estancia. Fuera el sol brillaba con fuerza. Se puso las gafas de sol y empujó la puerta mientras tarareaba una canción.
Estaba saliendo del infierno.
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Comentarios
perlitas
Mié, 28/01/2009 - 17:32
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Sorpresa
Curioso relato… ¡¡necesito una tira ECOL!! ;)
perlitas.es
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visita www.perlitas.es
nosceteipsum
Mié, 28/01/2009 - 19:29
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Imagina.
Conecta.
Sé.
Haz.
>
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Lo Esencial es in>isible a los ??
Sé y Haz.
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Lo Esencial es in>isible a los ??
quijote
Mié, 28/01/2009 - 19:28
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¿Podio?
TERCEROOOOOOOOOOOOO!! yES, yES, uh-ah!
Fennomeno
Mié, 28/01/2009 - 21:58
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Ahora
Puedes escribir un libro genial si te lo propones. De veras.
Aliky
Mié, 28/01/2009 - 23:24
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...
… y curiosamente hacia más frío en el infierno que fuera.
mmuarc
Jue, 29/01/2009 - 08:21
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Yo..
no me entero de nada…
xavier
Jue, 29/01/2009 - 08:43
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esa canción
aquí nos falta una de tus versiones jeje..
un remix del all you need is love de los cansinos beatles tal vez.. jeje
cíclica, la vida es cíclica (en mayor o en menor medida).
Xavi!
Xavi!
alfayate
Jue, 29/01/2009 - 15:13
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Cielo
Muy interesante. Espero que continúe la serie de las aventuras del peluche, tu alter-ego en guapo ;). A veces el cielo y el infierno pueden parecerse asombrosamente, pero no tires la brújula por si acaso, además de amor, hace falta conocimiento. Suerte.
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La ruta de las cabezas de piedra
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La ruta de las cabezas de piedra
SordoSinOrejasD...
Jue, 29/01/2009 - 18:30
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A veces...
…suceden cosas que nos trastocan por completo. El mérito no está en que nos pasen, si no en reconocerlas cuando vienen y aprovecharlas, tanto si son positivas como negativas. A veces, del golpe más fuerte nace el salto más alto.
Nos leemos.
Nos leemos.
mi
Vie, 30/01/2009 - 01:08
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...
He leido de mejores pero esto tiene algo raro,
me pregunto cuantos sentidos se le pueden sacar a esta escritura.
Enserio ponte a escribir un libro ya tio. triunfaras.
Violeta
Vie, 30/01/2009 - 08:30
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Me ha gustado mucho...
…tu relato. Transmite sensaciones muy difiles de explicar de una forma muy emocionante. Eso realmente es un don. Enhorabuena!
Tejiendo Caminos de Autoestima
Los trastornos de la conducta alimentaria en positivo. Un blog hecho por tod@s y para tod@s
Tejiendo Caminos de Autoestima
Los trastornos de la conducta alimentaria en positivo. Un blog hecho por tod@s y para tod@s
Vidy
Sáb, 31/01/2009 - 12:21
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Muñecos de felpa
Todos nacemos como muñecos de felpa. Maleables. Dejándonos llevar por la corriente, pensando que eso es lo correcto, sin planteárnoslo.
Muy pocos consiguen quitarse la venda. Algunos ni lo intentan. Y otros, aún sabiendo la existencia de esa venda, prefieren seguir sumidos en la oscuridad. Por miedo o por comodidad, no lo sé.
El relato está muy bien. Me gusta que se puedan sacar varias interpretaciones.
Un saludo de un seguidor hasta ahora en la sombra.
Retales Sin Sentido
Retales Sin Sentido
Lord IORI
Sáb, 31/01/2009 - 16:02
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Pues si...
Si todo está en la propia cabeza el miedo es como temer a uno mismo.
Curioso, pero lo seguimos haciendo…me río por no llorar xD
Recuerda que a la salida a la derecha del infierno, anda el purgatorio :P
Nothing is True,
Everything is Permitted.
maxx
Sáb, 31/01/2009 - 21:31
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totalmente onírico
Sólo en un sueño, descubrir en una especie de revelación epifánica que lo que siente es miedo, te puede provocar una carcajada tremenda…¿Acaso saberlo te libra de él?
maxx
gramirez
Dom, 01/02/2009 - 17:13
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Despertar
Muy buen despertar, despierta, anda y sigue adelante.
Hay muchos sueños dentro de los sueños y muchas veces crees despertar, pero estas saliendo a otro nivel de sueño… pero hay que seguir