La señora que nunca estuvo allí

Estaba reposando el lumbago en el sofá mientras aprovechaba para instruirme en el noble arte de la hipnosis. De repente sonó el timbre repetidas veces. Pensé que sería mi padre, pues había hablado con él hacía un rato y sabía que andaba por el centro haciendo gestiones. Quizá había aprovechado para acercarse a verme, y el repiqueteo insistente del timbre me llevaba a suponer que se trataba de él. Así pues, descalzo, en camiseta y calzoncillos, me encaminé hacia la puerta.

Por prudencia, abrí la puerta dejándola entornada y asomé sólo la cabeza, encubriendo así la desnudez de mis peludas piernas. Al otro lado había una señora con un papel en la mano.

—Eh… Hola, buenos días —dije sabiendo que lo siguiente probablemente resultaría incómodo.

—Hola. ¿Vive aquí Fulanita? —dijo.

Como el piso está a nombre de mi madre, recibo a un montón de gente interesada en hablar con ella. A veces son de Telefónica, a veces de Vodafone, a veces de un servicio de distribución de agua a domicilio. A veces se trata de una señora con un papel en la mano.

—Yo soy su hijo. Dígame —respondí esperando que se tratara de un trámite sencillo y que mi ausencia de pantalones pasara desapercibida.

La señora empezó a exponer sus inquietudes, y al poco se me hizo obvio que tendría que salir al pasillo para atender a lo que me explicaba. Actué.

—Discúlpeme un momento porque voy en calzoncillos —dije.

Ella bajó la cabeza y miró hacia la derecha, lo que en PNL significa que estaba probablemente experimentando alguna emoción. Vergüenza, repulsión, excitación… Vaya usted a saber. Después de todo acababa de conocerla y estaba en calzoncillos. Sentí que debía proseguir con algún tipo de explicación suplementaria.

—Hace ahora mucho calor y andaba cómodo por aquí.

No es la primera vez que abro la puerta en pelotas, pero normalmente estoy seguro de quién viene. Y no es el del contador del agua.

Fui a mi habitación y me puse unos pantalones. Después regresé y abrí la puerta de par en par. La señora empezó a hablar. Lo hacía rápido, y enseguida reconocí el ritmo y el tono: se trataba de una de esas personas que hablan solas.

—Es que vivo en la puerta seis y me ha llegado este papel de la última junta de vecinos —dijo extendiéndome un folio impreso por ambas caras—. Y aquí pone una lista de asistentes y yo estoy entre ellos, y yo no fui. Y yo no estoy loca.

Miré a la señora. Aquella era una de esas frases que me llaman la atención. Caen de ninguna parte y suenan desafinadas. Son una tarjeta de presentación inconsciente. Poco a poco voy entendiendo a las increíbles personas parlantes y, a su manera, resultan entrañables. Su cacao mental es formidable.

Estuve a punto de decirle que quizá lo hubiera soñado, que había sueños muy reales. Hace unos días me desperté dos horas antes de lo que debía porque había soñado que me sonaba el despertador. Me vi a la señora asistiendo a la reunión de vecinos y olvidándolo todo después. “Señora, la mente no tiene límites” estuve a punto de decirle, pero podría haber sido el delicado empujoncito que desequilibrara su delicada maquinaria mental, y desconocía completamente hacia adónde nos hubiera dirigido semejante apunte. En cualquier caso, antes de que pudiera añadir nada, la señora volvía a galopar a lomos de sus palabras y la conversación discurría ya por otros derroteros.

Yo asentía con el papel en la mano. Habló de la presidenta de la comunidad de vecinos. Habló del propietario del edificio y de su mujer. Habló del papa de Roma y de los chochitos, que menudo invento. Habló de aquel papel y de lo a chamusquina que le olía todo aquello. Sin duda se trataba de una encerrona.

Yo asentía, incapaz de hacer otra cosa. Entendía muy poco de todo aquello. Desconocía cómo podía ayudarle, desconocía qué podía hacer por ella, entendía apenas la quinta parte de lo que me contaba, más que nada porque a aquella velocidad me costaba procesar las palabras. Le devolví el papel.

—Hable con la presidenta —le dije—; es la puerta de arriba.

Todavía hablaba y hablaba sola mientras entraba en el ascensor.

—Un placer conocerte, en cualquier caso —le dije elevando la voz mientras la puerta del ascensor se cerraba con su sonido característico.

Cerré tras de mí, me senté de nuevo frente al ordenador y abrí el procesador de textos. La increíble gente parlante me inspiraba. Cuando hube terminado de escribir, me quité los pantalones de nuevo y pensé de nuevo en la hipnosis.

Leo y me informo mucho sobre la hipnosis y sus mecanismos. A pesar de todo lo que hoy en día se sabe, el concepto de trance todavía permanece revestido de un halo de misterio. Hay una falta de acuerdo sobre lo que significa estar en trance. ¿Estarían las increíbles personas parlantes en un trance permanente, ajenos a los estímulos externos? ¿Qué se podría hacer con ellos? ¿Se les podría pegar la mano a la nariz mientras seguían hablando? ¿Se podría hacer que no pudieran parar de hablar hasta que el sueño terminara por abrazarles?

Este es, con toda certeza, un mundo peculiar. Seguiré investigando.

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Prime, prime, prime!!! qué ilu!!! jajaja

¿Sabes? Yo soy una persona que escucha y además escucha con atención, y esa atención es genuína, realmente quiero enteder y me interesa lo que dicen mis amigos y seres queridos.

Sin embargo, a veces tiendo a acotar con anécdotas y chistes e inconscientemente acaparo buena parte de la conversación, lo que no es bueno.

Y lo peor es que algunas contadas veces me comporto como un “increíble hombre parlante”, afortunadamente no como en los casos que has relatado, con un interlocutor, sino en casos en que voy en coche o paseo y se hace un silencio incómodo. No los soporto y los relleno.

Gracias a ti, me doy cuenta a menudo de que estoy haciendo esa figura tan poco afortunada y en mi opinión, vergonzosa. Además, facilito demasiada información en mi cháchara tonta.

En mi defensa, decir que sólo hago esto cuando la otra persona no tiene nada que decir, si no, se produce una conversación normal.

Ten cuidado con tacharte de poco afortunado o vergonzoso. Sólo son etiquetas.

Si hay algo que he aprendido de la PNL es que todo está bien, y que cualquier juicio que hagamos de otros no es más que una proyección de uno mismo. Me llaman tanto la atención las personas parlantes porque suelo estar callado, así que me fascinan aquellos que hablan y hablan. Muy probablemente se trata de que a mí me gustaría hablar mucho más de lo que lo hago y no me lo permito. En ocasiones yo mismo, cuando alguien me da espacio, me convierto en una increíble persona parlante y largo y largo. Cuento anécdotas, cosas que me han pasado, cosas que me van por la cabeza. Yo mismo sería una increíble persona escribiente, llenando páginas y páginas semana tras semana. Y está bien.

Date cuenta de lo que haces y de los resultados que te está dando. El resto son etiquetas que nos ponemos los unos a los otros para perpetuar estos juegos sociales que tanto nos gustan. Si el otro es gilipollas, entonces yo soy mejor que él y eso me da gustito. Ju-egos. Conviene ser consciente de ello, aceptarlo, abrazarlo y manejarlo de la manera más conveniente posible.

Darse cuenta de que uno habla mucho puede ser una oportunidad para probar a callarse más y observar qué pasa. Es en esos momentos de revelación cuando uno tiene la ocasión de probar cosas nuevas y obtener resultados diferentes. Se abren nuevas puertas.

Un saludo de un increíble hombre escribiente! :-)

Que flipar es bueno, aunque me encantaría que desgranaras la etiqueta de todas formas.

Cuando eres escribiente mola lo que dices. Pero cuando sales a la plaza a dialogar con tus contertulios, mola molt.

Dispensa la licencia, pero siento curiosidad por presenciarte como hombre parlante, como dialogante y como silente. :)

mi companero de oficina arranca a hablar y te cuenta cualquier tipo de historia, desde la epoca que trabajo en Egipto hasta el tipo de cereales que prefiere para desayunar . Mientras esta hablando se le ponen los ojos vidriosos y no se da cuenta si alguien entra en el despacho, si alguien le habla o le hacen un gesto con la mano. Lo unico que consigue sacarle del trance es cuando suena el telefono. Esta comprobado. Es espeluznante.

marti