La estructura de la magia

Hay un momento en la vida de las personas que marca un antes y un después. Para unos es cuando terminan la carrera o cuando echan el primer polvo. Para la mayoría de las personas, un gran impacto lo causa el momento en el que son conscientes de que un día morirán. También a mí me impresionó darme cuenta de que un día dejaría de respirar y ya no podría hacerme más pajas, pero incluso después del momento en el que tuve que asimilar la muerte hubo otro todavía peor. Fue cuando me di cuenta de que nunca sabría la verdad.

Estaba viendo un telediario tranquilamente. Debo reconocer que hubo un tiempo en que me sentía informado viendo esos programas. Me daban la sensación de saber lo que pasaba en el mundo, me hacían creerme un tipo culto y enterado. Me daban quizá la facultad de poder despreciar a los demás por su ignorancia de los asuntos del planeta.

No recuerdo exactamente cómo fue. Imagino que pondrían un reportaje sobre algún tema en el que yo no estaba completamente pez y me vi obligado a encajar la terrible realidad como quien encaja el cañón de una pistola entre los dientes: aquella gente no tenía ni puta idea de lo que hablaba o, si la tenía, decidía obviar la verdad por motivos que yo era incapaz de comprender. No es que tuvieran otra opinión, es que parecían vivir en otro mundo. Inmediatamente mi cabeza empezó a calcular las consecuencias de aquella revelación. Si lo que me estaban contando sobre aquel tema no era, ni de lejos, cierto, probablemente tampoco lo era lo que decían del petróleo, el Oriente Medio, el cambio climático o el último disco de Shakira.

En aquel momento se me cayó el mundo encima. Empecé a ver imágenes de todos los posibles lugares en los que se podía alterar la información desde su origen hasta que llegaba a mí. Mi cabeza era el momento álgido de un espectáculo de fuegos artificiales. Se me encogieron las tripas. Me entró una sensación de ahogo, de vacío. Aquello significaba que nunca podría entender el por qué de las cosas. Significaba que estaba condenado a vagar por el mundo sin ser capaz de comprender nada de lo que me rodeaba. Me veía, a partir de entonces, abocado a ser consciente de que caminaba por un mundo de ilusiones.

Me sentí como si me acabara de poner de pie después de que la marea me hubiera arrojado a la playa. Di unos pasos indecisos, miré alrededor y seguí caminando en confusión. Tener que morir algún día era sin duda una putada, pero esto desafiaba todos mis límites.

Empero, no me desanimé. Una de las razones por las que quise estudiar Ingeniería Industrial fue para saber cómo funcionaban las cosas, al menos las cosas inanimadas. Las bielas y las manivelas, los gases y los fluidos, la electricidad… Al menos ellos no mentían. Se revelaban como eran. Me di cuenta de que si quería traer un poco de luz a este mundo de tinieblas tendría que comportarme como todos aquellos objetos inanimados: no podía mentir. En aquel momento me hice el juramento personal de que siempre diría la verdad. Todavía hoy hay quien me dice con aire de absoluta incredibilidad y dibujando una sonrisa en el rostro “Entonces… ¿tú no mientes?”. Quizá falte levemente a la verdad un par de veces al año, pero es para sufrir unos terribles remordimientos después. Cada vez me sale menos a cuenta. Y miro a mi alrededor y veo que la mentira está tan dentro de cada uno que la idea de vivir sin mentir se antoja absurda, casi una locura, la propuesta de un lunático. Si la gente supiera la paz que la verdad genera… Vivimos en un mundo de sombras en el que lo único seguro es que nada lo es. Habrá a quien le parezca asequible; a mí desde luego no. Hace ya mucho tiempo que no.

Pero yo no quería saber la verdad de las cosas inanimadas. Lo que de verdad me interesaba era saber cómo funcionaba el éxito, qué hacía a las personas triunfar, lograr sus obetivos y mover masas, cómo había gente que parecía deformar la realidad establecida a su alrededor. Cada vez se me hacía más obvio que lo que me contaban en las revistas y en las películas era tan falso como lo que me largaban en los telediarios. No siempre triunfaban los guapos, no siempre ligaban los tíos con pasta. Yo quería saber por qué un tío como Meat Loaf, gordo y feo, que jamás saldría en las revistas de guapos y pastosos con unos calzoncillos de Calvin Klein y el pecho palomo, era capaz de reunir a 200.000 personas en un concierto y tener a 20 músicos en el escenario saltando y pasándoselo de puta madre durante dos horas. Cosas así desafiaban toda la información con la que los medios habían estado alimentando mi inocente mente desde que tenía uso de razón. Yo quería saber cómo había gente que era capaz de pasarse el status quo por el forro de los cojones y reescribir el libro del bien y del mal. Y mi obsesión ya venía de largo.

A finales del 96, con veinte años, estuve en México con un viaje organizado. Por segundo año consecutivo mi padre había sido el mejor vendedor de su zona, y la multinacional le volvió a premiar sin saber que esta vez iba a ser yo quien viajara con gastos pagados. Estuve cuatro días en Cancún y tres en México D.F. Lo pasé pirata. Fue entonces cuando decidí que quería ver más del mundo.

El grupo, de unas veinte personas, estaba constituido por gente de unos 40 años o más. Por debajo sólo estábamos una chica de 26, yo con 20 y un chaval de 18. A este último le dio un ataque de asma en el avión de ida, así que estuvo toda la semana comiendo plátanos en un hospital de la capital. Eso hizo que yo pasara mucho tiempo con aquella chica y que, a la postre, me terminara enamorando irremediablemente.

Ella no era espectacular. Al menos no era una modelo de generosas curvas en unos tiempos en los que reinaban las carnes de la Schiffer o la Crawford. Era relativamente alta y delgada. Yo tenía amigos con más tetas que ella. Sin embargo, había una vibración especial en su ser, un algo grácil en su manera de moverse, una calidez en su manera de hablar, una profundidad en su mirada. Sólo de posar tus ojos sobre ella sentías que se te calmaba el alma. Quien sea un avezado observador de las mujeres se habrá dado cuenta de que generalmente no sucede sino todo lo contrario.

Y esta vez no era yo el único que lo percibía. Las mujeres eran capaces de llevarse bien con ella. Los hombres se mostraban calmos y mansos. Había algo en su mera presencia que lo cambiaba todo a su alrededor. Cuando entraba en una habitación la gente callaba. Allá adonde iba giraba cabezas. Sin ser en absoluto lo que las revistas y las películas venden como la mujer ideal, a mí se me antojaba como un modelo supremo de femineidad. Su voz me acariciaba los oídos, su simple admiración me serenaba el ánimo. Su espíritu emanaba una seguridad sosegada. Su mera proximidad te sentaba bien, te hacía sonreír y amar la vida. No por todo esto uno dejaba de desear poseerla sobre la pálida arena de una playa mexicana, pero la excitación no era incómoda; se encontraba aletargada en lo más profundo de uno esperando un sutil gesto para desatarse con el furor de un ejército.

Resultará obvio al lector a estas alturas que conocer a aquella chica me resultó profundamente turbador. Me pregunté una y mil veces qué cualidad era aquella, en qué parte del ser se ubicaba y cómo podría sintetizarla para hacerla mía e incorporarla a mi propia alma. ¿Qué sonido se hace al aplaudir con una mano? ¿A qué sabe la lengua? ¿Cómo se ve el propio ojo? Entonces no lo sabía, pero ahora me doy cuenta de que me enfrentaba a preguntas de ese tipo. Y también me doy cuenta de que, amando a aquella criatura con la intensidad con que lo hice, quizá algo de su ser permeó el mío.

No, no follamos. Creo que de alguna manera, en lo más profundo de mí mismo, no me sentí digno de mezclarme con aquel ángel. Eso y que ella no quiso. Lo que no pudo evitar fue que me llevara un pedazo de ella y que, noche tras noche durante mucho tiempo, me preguntara cómo lo hacía, cómo era capaz de modificar el orden de las cosas a su alrededor. Aquello era, sin duda alguna, una prueba fehaciente de la magia de la vida.

Apenas medio año después estuve en los USA. Allí tuve algunas de las peores experiencias de mi vida, pero también algunas de las mejores, y allí conocí igualmente a una persona extraordinaria que me hizo, de nuevo, plantearme muchas preguntas.

Yo buscaba un currito para pasar el verano, y desde la oficina de personal me mandaron a una amplia sala en la que se estaba dando explicaciones a los nuevos empleados. Cuando entré la cosa ya estaba mediada, así que me dirigí a una silla del fondo. Desde allí pude ver a un grupo de chavales que parecían estar pasándoselo bien. El grupo de cinco o seis personas hablaba un inglés que pude identificar como irlandés de manera inmediata, pero uno de aquellos chavales tenía un acento más parecido al mío que a otra cosa. Observé que estaba negro como un tizón al que le hubieran dado una mano de engrudo y lo hubieran dejado al sol durante largas jornadas de justicia. Al acabar el meeting, me acerqué a él y me presenté. Era de Madrid. Yo únicamente conocía a los cabestros con los que vivía, y en aquel momento no tenía problemas para reconocer que el sentimiento de soledad ya me llegaba al ombligo. Le pregunté, casi como si tuviera cinco años, si podíamos ser amigos. Me dijo:

—La verdad es que he venido para hablar inglés.

Su honestidad me sorprendió. A la vez me gustó.

—Hablaremos inglés —le dije.

Me miró y sonrió. Yo sonreí y le di la mano.

—Soy Javier.

—Yo Luis.

No tardé en confirmar que Luis estaba hecho de una pasta especial. La vida parecía estar de su lado. Mientras yo pasaba el día apretando el botón de marcha del tiovivo, asegurándome de que ningún niño se caía del león y conociendo una nueva dimensión del sustantivo “aburrimiento”, él vegetaba en uno de los muelles del lago junto a una chavala rubia de impresión alquilando patines de pedales a los visitantes ocasionales. Se suponía que rotábamos puestos, pero yo parecía rotar del tiovivo a la noria y Luis rotaba del muelle uno al muelle dos, y siempre con la rubia. Las nenitas le adoraban, daba igual que fueran blancas o negras, y pronto se me hizo obvio que todo el mundo quería un trocito de él. Había incluso quien me empezaba a envidiar por el tiempo que pasábamos juntos. En el motel, no consigo recordar ni una chavala que no quisiera atarlo a la cama y exprimirle hasta la última gota. Aquello era casi absurdo. Me di cuenta de que, desde la perspectiva de Luis, el mundo debía de parecer hecho de miel y pan de azúcar. Yo me tumbaba por las noches boca arriba y no hacía más que intentar explicar todo aquello y temblar ante la perspectiva de volver a España sin haber echado un polvo. Horas después me dormía.

Después de dos meses currando como hijos de puta, al sol y los 110 grados de Carolina del Sur en verano, planeamos comprar una furgoneta y largarnos dos semanas de viaje. Yo me había llevado unos apuntes de Química Orgánica y de Ecuaciones Diferenciales en Derivadas Parciales que no había abierto en todo el verano. Tuve que elegir entre un auténtico “road trip” y unos cochinos exámenes de Septiembre, y gracias a Dios elegí bien y mis padres supieron comprenderme. Pasamos las semanas previas haciendo turnos dobles de 14 horas diarias para reunir más dinero. Entrábamos a las nueve de la mañana y salíamos arrastrando el pellejo a las once de la noche. Yo me había convertido en un autómata programado para informar a los niños de que el tigre y la foca no subían y bajaban sino que estaban anclados al suelo. Después me sentaba y, con la mirada perdida, apretaba el botón de marcha. Me sabía la letra de todos los grandes éxitos de Disney. Mis mejores momentos del día eran cuando a mediodía tenía quince minutos para comer un perrito caliente y cuando el carrusel escupía la canción de “La sirenita”. A veces sonaba “The bare necessities of life” de “El libro de la Selva” y yo me levantaba como un zombie y bailaba al son de la trompeta y me sentía moderadamente vivo durante cuatro minutos y quince segundos.

Como todas las cosas en la vida, aquello también pasó, y un día nos subimos a nuestra furgoneta de 300 dólares con agujeros de bala en el portón trasero y dejamos atrás muchas cosas; yo a tres tías que me habían hecho la vida imposible y a un tipo que me había dado a fumar heroína diciendo que era marihuana, y Luis a una jauría de chavalas que se lo querían follar sobre una cama de azúcar con remates de caramelo. Quizá no fuera exactamente así, pero así lo veían mis pobres ojos. El caso es que nos lanzamos a la carretera en un viaje incierto pero excitante.

En quince días hicimos más de 5.000 kilómetros. De Carolina del Sur hasta el último cayo de Florida, y de ahí arriba hasta Nueva York. Pasábamos días conduciendo. Por las noches rodábamos hasta que, a altas horas, encontrábamos un área de servicio. Después nos tirábamos en la parte de atrás y, rendidos, perdíamos el conocimiento durante unas horas. Por la mañana nos lavábamos la cara y los sobacos en los lavabos, nos afeitábamos y volvíamos a golpear la carretera.

En aquel viaje, todo lo que podía salir mal, salió bien. Todo lo que podía salir bien, salió superior. Allá adonde fuéramos parecía que nos estuvieran esperando. La gente nos trataba de puta madre en cualquier lugar, nos ponían la vida fácil, nos invitaban a cenar o nos ponían una cama para que no tuviéramos que dormir en la furgoneta. Si hacíamos rafting por el Chatanooga, la monitora se quería follar a Luis. A veces el guión se hacía cansino, y entiendo que no lo hubiera podido soportar cualquiera. La envidia que a cualquier otro le hubiera comido las entrañas, en mi caso se trocó en admiración desde el primer momento.

Aquel viaje fue Luis en estado puro. Todo iba rodado, la vida se nos abría de piernas. Nosotros sólo teníamos que apretar el acelerador. Yo, sentado en bañador en el asiento del copiloto, sin camiseta, con mi gorra y mis gafas de sol y más negro que un negro algodonero de Lousiana, le repetía cada pocos días:

—Esto es absurdo. Tienes un trébol en el culo.

Él se reía. Le hacían gracia mis tonterías. Hablamos en inglés hasta el último día. You have a clover in the ass.

Y por la noche, en el saco de dormir, miraba el techo desvencijado de la furgoneta reflexionando sobre todo aquello, ignorante de que otros habían ya antes pensado en todo esto y los menos, como Maslow, incluso habían escrito sobre ello.

El 96 y el 97 me trajeron personajes extraordinarios que cambiaron mi visión del mundo. Años después, en España, en Francia, en Alemania… muchas otras noches me quedé igualmente mirando al techo pensando en ese componente mágico de la personalidad que algunas personas parecían ser capaces de conjurar. Quizá, después de todo, no hacía falta comprender el mundo. Quizá, después de todo, sólo fuera necesario hacerlo caminar junto a uno.

¿Pero cómo?

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Comentarios

Otra vez primero!

Madre de Dios! seré un enfermo? XD

… la magia se obtiene al postear aqui en primer lugar, lo que parece ser como obtener 3 tréboles con un adaptador traseril incorporado, a juzgar por el entusiasmo que le ponen otros lectores.

Tal vez otros lectores encuentren pedacitos de felicidad en las pequeñas cosas. Hazte un colacao.

Gonzo me has recordado la contraportada de un disco de los Rodríguez, en el que aparecía un anuncio que rezaba así:

“Legítimo polvo. La persona que quiera triunfar en cualquier situación de la vida. Use este magnífico polvo diciendo: “yo puedo triunfar y me considero un triunfador y así seré”. Úselo diariamente”.

Supongo que la actitud y el estado de ánimo de una persona afecta mucho a la forma en que los demás le perciben. Somos como los perros: olemos el miedo, el nerviosismo, la inseguridad, etc. Normalmente los triunfadores suelen ser personas bastante seguras de sí mismas, con una autoestima en condiciones. Eso inconscientemente transmite: es el líder de la manada, es el macho alpha, vamos a unirnos a él (cualquier acepción del verbo xD).

Seguramente es el mismo efecto que “La Cresta de la Ola”: en un momento dado pasas una buena racha y tienes cubiertas todas tus necesidades en el ámbito sexual/afectivo. Entonces de repente la rueda empieza a girar sola y te encuentras rechazando proposiciones indecentes de chavalitas que te asaltan por la calle o en la parada del Bus. Eso dura un tiempo indeterminado que va de 1 a 3 semanas. Pues con esta gente funciona parecido, pero la estabilidad sexual/afectiva la tienen cubierta “de serie” y esa permanencia en “La cresta” no dura ni una ni dos ni tres semanas, sino que dura un tiempo muuuuuuuuuuuuuuucho más largo.

Por cierto… estoy leyendo la novela y me ha hecho gracia que describes igual a “Mónica” y a tu musa mexicana.

Saludos.

¿para que volver a escribir lo que dice Txomo? estoy plenamente de acuerdo, la actitud propia frente al resto nos hacer ser percibidos de forma diferente. Todo el mundo quiere estar con el optimista, con el que sonríe, con el que soluciona los problemas, con el que te demuestra que lo imposible es fácil… ¿quien no quiere estar con el (o ella)?

Solo una duda ¿de verdad no dices nunca una mentira? eso roza lo grosero, lo maleducado. ¿nunca te ha preguntado tu novia si la ves gorda? incluso un breve silencio previo a una respuesta inmediata origina un tsunami.

Pues imagínate lo que sucede cuando dices lo que piensas…

Yo no sé la gente para qué pregunta lo que no quiere oír. Yo creo que es una especie de test.

Quizá te equivocas de principio a fin y no hay que hacer al mundo caminar junto a uno, sino a ti mismo caminar junto al mundo; vamos, todo lo contrario de lo que llevas tiempo haciendo, igual deberías probarlo un poco más. Hacer lo que el mundo dicta no es ser una marioneta si lo haces a tu estilo.

Tío Yyrkoon
Lo importante no es saber sino tener el teléfono del que sabe…

Tio Yyrkoon
Lo importante no es saber sino tener el teléfono del que sabe…

Gonzo, en este post te has salido de verdad, creo que es de lo mejor que has escrito en muchisimo tiempo.

Resolver un koan no es sencillo, querido amigo.

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como parece importarte bastante el asunto, y además te gusta darle al coco, aquí va un cuento que leí hace no mucho, para que saques tus propias conclusiones:

“Erase una vez un sabio que estaba sentado a la orilla de un río, junto a un vado. De pronto un hombre apareció corriendo entre los arbustos. Por su aspecto y actitud era obvio que huía de algo o alguien. Rápidamente el hombre llegó a donde estaba el sabio, su rostro y su voz reflejaban miedo y desesperación:

-Por favor, ¡prométeme que no dirás a nadie que me has visto!

Ya fuera por compasión o por que puede no ser prudente negarle algo a un fugitivo, el sabio respondió:

-No temas, a nadie le diré que te he visto.

Sin decir ni una palabra más, el hombre reanudó su huida a toda prisa. El sabio esperó hasta que éste se perdió de vista y tranquilamente cruzó el río y se sentó en la orilla opuesta. Al poco aparecieron unos soldados que preguntaron al sabio:

-¿Has visto pasar a alguien?

-Desde que estoy sentado aquí, a nadie.”
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La ruta de las cabezas de piedra

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La ruta de las cabezas de piedra

Ahora mismo me parece que nada puede ser totalmente bueno y favorable, como tampoco totalmente malo. Que todo sea perfecto es un mito. Otra cosa es que NOS PAREZCA perfecto. Ahí entramos en la percepción, el criterio y las necesidades de cada uno, que tampoco son las mismas a lo largo de nuestra vida. Me ha gustado lo de que nunca sabremos la verdad. Totalmente cierto. Por eso odio las novelas históricas. Es importante escribir sobre lo que conocemos de primera mano del modo más objetivo posible, para que actuales o futuras generaciones dispongan de información no contaminada.
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Prosopopeya

Asi de sencillo, es simple actitud y a veces algo de cara dura, tambien conozco amigos asi que cualquiera pensaria que hasta “son putas excepto por que las de aquella honorable profesion, cobran” y han sido grandes amigos, personas que me han enseñado mucho y con quienes he compatido momentos clave de la vida y si algo me han enseñado es que la actitud frente a la vida y la seguridad son claves, lo demas llega solito.

Ahora lo jodido de aprender sera lo de cara dura con la chica que hace suspirar un dia si y otro tambien y dejar de reborcarle las ideas a la gente que no se escucha a si misma y se molestan cuando les toca hacerlo…

Que te faltaria aprender a vos? xD

pdt: tal vez la idea sea rara por alla, aca uno sencillamente se acostumbra a la idea de no saber lo que realmente paso en un pais en que los medios de comunicacion y la educacion publica suelen volverse armas en una guerra de 50 años asi que si quieres saber esfuerzate o sencillamente seras analfabeto en el tema, si sabes mucho depende de tu bando.

pdt: lee “El Utilitarismo” de John Stuart Mill, a que veras un mundo conocido

¿Te has parado a pensar que, tal vez, para alguien tu hayas sido esa persona turbadora? Tendemos a ver en los demás lo que no somos capaces de ver en nosotros mismos. Es solo una idea que me rondaba la mente mientras leía tu texto… quizás haya alguien que piense que quien tiene un trebol en el culo seas tú ;)

If I lie here

Yo también lo andaba pensando cuando lo leía, y además, sin duda, yo soy uno de esos “alguienes”. Aunque no me inspira los mismos sentimientos que él describe, el trébol de hojaldre no se lo quita nadie.
Tio Yyrkoon
Lo importante no es saber sino tener el teléfono del que sabe…

Tio Yyrkoon
Lo importante no es saber sino tener el teléfono del que sabe…

Como en todo en la vida, siempre hay alguien mejor o peor que tu en algo. Siempre se cruzan en nuestra vida personas a las que admirar ( y porque no, aprender de ellas), pero tambien personas que te admiraran. Parate un momento y mirate con nuestros ojos. Tienes unos lectores que te seguirian hasta el Polo Norte, que te quieren y te admiran, sin conocerte en persona. Mirate, has escrito una novela, te has recorrido medio mundo ( y el que te queda), tienes una tira cómica, has parado el mundo para bajarte y hacer lo que te pedía el corazon, si hasta tocas la guitarra y sabes trucos de ilusionismo. Aunque a veces nos dices, que lo haces todo de manera mediocre, es muchismo mas de lo que se atreveran algunos a intentar. ¿A cuantas chicas habras enamorado incluso sin habertelo propuesto?. Quiza la gente no gire la cara tu paso, pero les has hecho pensar y desoxidar el cerebro, con tu simple desnudo emocional. No lo ves, tu tambien tienes magia.
Mmmm no puedo pasarme tanto tiempo sin comentar que me vuelvo muy pelota. Besitos
Sonreír no es ilegal

…joer, que me emociono toa. Te me has adelantado al peloteo, maldición xD

Estoy harta de ser buena
“Yo estoy en mi cabeza; mi cabeza está en el Mundo” (Paul Auster)

Estoy harta de ser buena
“Yo estoy en mi cabeza; mi cabeza está en el Mundo” (Paul Auster)

No se si te gustan o no los simpson (no soy una freak de la serie, pero viene a colación por lo siguiente): Me ha encantado que el final del post no tenga absolutamente nada que ver con el final XD. Me ha encantado Luis con su trebol en el culo y me ha dado envidia no haberos visto en plan road trip , mucha mucha! me he reido un huevo con lo de Luis y las nenitas…jajaja. Llegue aqui por aquí: http://yyrkoon666.blogspot.com/

Te dejo el link a mi blog para que me “visites” si te apetece :) (es que me he tenido que hacer cuenta aqui para comentarte…, bueno, registrarme O_o)

http://www.pepinoymenta.blogspot.com/

P.D: Joder, cuantos viajes me quedan por hacer. He visto por ahi cosillas en alemán. otro día con mas tiempo me las leo!!

…un camaleón no sobreviviría, ni los insectos palo, ni las polillas, ni tampoco esa especie de inofensivas moscas que, al tener los colores de las avispas, evitan ser devoradas por otros depredadores temerosos de las avispas. Y podría seguir con montones de ejemplos del mundo animal, pero basta ver los documentales de la 2.

Además sin mentira no habría Quijote, ni señor de los anillos, ni de las moscas, ni Rincewind ni equipaje, ni sirenas, ni cíclopes, ¿de verdad quieres ser escritor y no mentir? entonces sólo te queda escribir ensayo: escribir ficción es, por definición, escribir mentiras.

Que escriba el genero quiera, pero que escriba, por que este tio tiene un Don. -Atrevete a aceptarlo-. Por otra parte hay escritores honestos y autentico y los demás. Georg Orwell puede que sea el máximo exponente y la mayoría de lo que escribió era ficción.

Es cierto, que uno va recorriendo el camino de su vida y se va encontrando esas personas por casualidad.Estas personas tienen una aurea mágico, que hace que sean atractivas y, sobretodo, que hacen mover el mundo con su especial personalidad o habilidad.
En cualuier caso, tienen lo que se denomina ÉXITO.Por fama,por poder, por belleza, por dinero, por conquistador@ de corazones o por reconocimiento profesional…

Por suerte, he podido conocer (y nos hemos conocido) personalmente a un par de estos personajes de cierto renombre mundial… todos tienen algo en común a pesar de provenir de diferentes ámbitos.

Para empezar se nota que estan en el mundo “PARA CAMBIARLO EN ALGO” .Tambien es común lo de hacer/superar grandes historias o grandes proyectos o grandes retos”…
Todos tiene un poder de persuasión e inteligencia emocional superior a la media, aunque esto es una apreciación personal mia.

Tu en concreto creo formarás parte de uno de ellos.Porque si siendo ingeniero o tocando la guitarra te sentias mediocre, creo sinceramente que analizando “EL SENTIDO DE LA VIDA” de un modo autobiográfico ERES EXCELENTE.

Y habiendo muchos blogs por ahi, muchos buenos, mucho interesntes, solo el tuyo condensa relatos con una estructura (planteamiento desarrollo,desenlace)y un contenido (vida personal), que ya quisieran tener muchos.

Por decir cosas claras (como lo clasicos de en montar en globo o las busquedas de los huevos) te restringue tu público, pero no merma tu calidad y elevado valor que aporta cada frase tuya.

Animo,y gracias

No podría estar más de acuerdo con Ícara.
Es evidente que nunca sabrás cual es el sabor de tu lengua ni como se ve tu propio ojo,así como nunca alcanzarás una visión privilegiada de tu propio culo, pero al menos, desde la perspectiva que puedo tomar como espectadora (ahí te puedo ayudar), creeme que desde aquí te diviso un campo de tréboles…

Quizá es ese al final el quid del asunto, una simple cuestión de percepciones, por nuestra parte (cómo percibimos el mundo), y recíprocamente del mundo y el cómo nos percibe a nosotros.(Esta claro que a veces las diferentes perspectivas, tanto en la vida como en los espejos retrovisores de mi coche,nos dan versiones distorsionadas de realidad).
Sobre lo de nacer con estrella:
Creo en esas personas con áurea brillante por cuestiones de carácter, de templanza, de saber estar, de bondad, de serenidad , de una paz y tranquilidad que les desborda y la transmiten. Por desgracia estas personas son las mínimas. Por desgracia esta esencia no se aprende, creo que es inherente a la personalidad (En mi opinión cualquier intento de síntesis e interiorización de la técnica, no deja de ser un intento chusco de imitación que te desprende de tu propia esencia, que es justo lo contrario de lo que precisamente van sobradas esas personas, de esencia.)

Luego, esas otras aúreas que vienen hasta con patrocinio de Endesa, (me refiero a los triunfador@s de la noche y otros entes idolatrados) son ya otro cantar, lo veo una cuestión más cercana a echarle morro y unas buenas dosis de L´Oreal (porque yo lo valgo). Estos casos son más fáciles de encontrar y analizar, y si se observan bien descubrireis que la fórmula vendría a ser un combinado de autoestima + autopromoción + pocos miedos, vergüenzas,etc + iniciativa (y algún ingrediente más que seguro q desconozco… aquí estaría yo…jejej) y que por supuesto no deja de ser admirable, porque aunque parezca mentira, también es algo que viene de fábrica adherido a la personalidad (Los hay que nacemos sosos).
Para esas personas que perciben el mundo simple y rosa, la simplicidad y buena suerte parece que les viene de vuelta desde el mundo hacia ellos.
A lo mejor pasamos mucho tiempo trasteando interiormente buscar un sentido a todo y es ahí cuando nos adentramos en una espiral sin fin, porque la búsqueda incesante es lo que transmitimos y lo que el mundo nos trae de vuelta…

Bueno, lo dejo, que me estoy marcando un simposio de todo a 100 que parece que me haya fumado algo…

maxx

A lo de la actitud ante la vida.

Supongo que ingredientes como una buena autoestima, higiene mental, saber “reconducir” las frustraciones y cabreos (importante), el autocontrol, etc. son los que conforman a estos tipos.

También les doy la razón a los que dicen que muchas veces vemos el trébol en el culo ajeno antes que en el propio. Cuando pensamos que esa persona es cojonudísima y supergenial y que todo le sale bien, seguro que no es tan así realmente. Dicen que la diferencia entre un valiente y un cobarde no es que el valiente no perciba el miedo si no que, aún sintiéndolo, es capaz de enfrentarse a él. Quizá sea algo parecido; ven los problemas, pero se enfrentan a ellos con todo su ímpetu.

Mi gran duda es sobre si uno que nace con esa actitud negativa (o mala estrella, según se vea) puede o no puede cambiar. Alguien ha dicho que el que nace soso será soso siempre, lo cual parece lleno de sentido a juzgar por lo que uno puede ver alrededor. Pero por otro lado están los que dicen que las habilidades sociales se aprenden, que se puede cambiar, etc.
Desde luego si el que es un plasta, soso y triste no puede cambiar, lo tiene jodido. Esas personas no están bien vistas por nadie: no le invitan a las fiestas, no tiene amigos, las chicas no les quieren, etc. Pero entonces ¿Qué salida le quedaría si él mismo es al que le gustaría ser de otra manera y no puede?

Supongo que para intentar dar una respuesta personal a esto, es por lo que Gonzo cuenta todo esto ?

joder Perceban! que voy a llorar…
Cuando decia lo de ser sos@, me refería a que todo el mundo no tiene esa gracia natural ó desparpajo ó llámalo X , para que, sin esfuerzo aparente, el mundo les extienda la alfombra roja a su paso.
Eso no quiere decir que inevitablemente, si no eres así (osea el caso más habitual), seas un triste que sólo merece estar encerrado en el desván de su casa,ni muchísimo menos. Por suerte, seamos como seamos, es difícil que no tengamos también nuestro público, quizá más reducido en número, pero puede que incluso por ello, más valorado por nuestra parte.

Sobre lo de cambiar de actitud y adquirir habilidades sociales, claro que se puede aprender , es más, debería aprenderse. Aunque creo que eso no cambia el hecho de que en el fondo no sea una especie de habilidad adquirida y que requiera siempre de cierta “atención” por nuestra parte.(Quiero decir, si eres una persona de tendencia depresiva, por ejemplo, a veces será inevitable que tu cabeza y tu corazón tomen derroteros distintos, no sé si me explico,y tu mismo deberás “autocontrolarte” y decir ¡basta!, esta no es la actitud…)
La diferencia es que esa gente “con estrella” sin necesidad de cambiar su actitud ya les va todo rodado (es que ya traen la actitud correcta de serie!!)
Por su puesto , (no soy Punset)esto sólo es un ángulo de visión muy personal y seguramente lleno de puntos ciegos…

maxx

…ya lo has pensado mil veces, pero esto se puede reducir en: “La vida es lo que pasa mientras estamos ocupados haciendo otras cosas” o similares traducciones. [Creo que es de Lennon]
Si en lugar de pensar te dedicas a disfrutar de lo que pasa, a cambiar lo que no te gusta y aceptas lo imposible de mover, vives. No es tanto lo que se hace, si no COMO se hace.

Nos vemos/leemos.

Nos leemos.

Me ha gustado mucho tu historia y en general tu blog me parece que esta genial aunque creo que eso seguramente tu ya lo sabes.Pero no queria dejar de saludarte y felicitarte

No sé cual será esa estructura, pero estoy seguro de que existe. Es más en ocasiones la he tenido de mi lado, así que creo en ella del todo. Incluso he conocido un par de personas que aprecían tocadas por ella :-o

Un saludo,

Pedro.