Irreflexiones a bocanadas

Hace tiempo que pensaba escribir algo por aquí; de ahí, que me registrara. No obstante, debido a lo que yo suelo denominar como laxitud de disciplina nunca he llegado a ello. Hasta hoy, obviamente. Ha sido ver la encuesta de esta semana (¿fumas?) y recordar un texto que escribí el pasado verano. Aquí os lo dejo, al menos que os entretenga, ya que en su día lo colgué en el foro de unos amigos y alguno tuvo que hacerse, según me dijo, esquemas para entenderlo. No creo que sea para tanto… en fin, yo aviso. Ahí va.

<<Irreflexiones a bocanadas:
Sea, quizás, lo más conveniente avisar desde del principio… ahora mismo estoy “fumao”. No tenía ni putas ganas de estudiar a eso de la una de la madrugada cuando he terminado de ver la película Monster´s ball; de ahí, que haya salido a la terraza de mi casa, y a oscuras, por segunda ocasión en esta semana, me he puesto a contemplar el horizonte, formado en este caso por las fachadas de enfrente y las piscinas que hay entre las mismas y la de mi casa. Algunas luces encendidas; algunas personas en las terrazas, unas solas y otras acompañadas; y una puñetera luz intermitente ámbar del almacén del centro comercial situado debajo de mi casa. De sonido ambiental, unos timbres constantes y agudos, de grillos, supongo; y algo más tarde, gimoteos y llantos de un bebé, los cuales han coincidido, casi, con la puesta en marcha de los aspersores de las piscinas.
Con todo, no sé porqué, y creo que nunca llegaré a saberlo, me ha dado por recordar que hacía unos quince días decidí que ya no fumaba nada más en mi vida. Recuerdo éste que me ha llevado hasta mi habitación a coger el puro que me quedaba de la boda en la que estuve este año. Segundos más tarde, con vaso de cristal como cenicero y mechero en mano he encendido el maldito puro. Joder, primera aspiración y primer sabor amargo… primer pensamiento de apagar el puro en ese instante, por lo cual con dos cojones, por decir algo, he continuado fumándolo. Y así, hasta las dos y veintedós de la madrugada. Exactamente una hora y once minutos (si no recuerdo mal entré a coger el puro a la una y once) aspirando humo y soltándolo, sentado en una silla en el centro de mi terraza y mirando la oscuridad y la sucesiva muerte de las luces de enfrente; excepto de la puñetera luz intermitente ámbar. Cómo me ha jodido esa luz, símbolo exacto de la resignación de quien asume las expectativas como eternos presentes imposibles… no llega a decidir si alumbrar o dejar en la oscuridad… y ámbar, recordándote que mientras no haya decisión firme siempre debe estar uno alerta. Pero, estar alerta ¿de qué?… pues de uno mismo de qué va a ser…
Un tiempo éste en el que me ha dado por pensar en las mayores chorradas del universo, o sea, en las únicas cosas que creo pueden merecer mi atención siempre. No recuerdo ni la mitad de las chorradas y gilipolleces que me han venido a la mente; no sé muy bien si porque estoy cansado y tengo sueño, o si porque el puro me ha terminado dando un mareo considerable, similar al de un buen pedo, mas sin la posibilidad de echar la pota y pensar que mañana será otro día. Más que nada porque hoy ya es mañana y hemos de asumir que toda persona de veinte años ya debe de tener la madurez suficiente como para saber que hay cosas, sobretodo si son circunstancias propias, que ya no cambian. Yo, por ejemplo, en veinte años de existencia que llevo según tengo entendido, siempre he sido capaz de aglutinar toda mi concentración en imaginar. Daba igual el qué, simplemente imaginar. Es más, tanta experiencia tengo ya, que me he dado cuenta de que generalmente uno imagina hacia el futuro; esto es, crea situaciones o circunstancias imaginarias futuras. Pues bien, yo, con mi currículum imaginativo ya soy capaz de imaginar hacia el pasado, es decir, soy capaz de llegar a creer, por momentos, que el pasado fue tal y como lo estoy imaginando en el presente. Eso no es triste; es, sencillamente, lamentable. Creo que voy a ir al psicólogo y a ver qué me dice al respecto porque, probablemente, conmigo fliparía un poco; tampoco mucho, la verdad, el buen hombre (o mujer) al final de la sesión cambiaría de chip y se convencencería de que sólo soy una circunstancia de su trabajo. Pobrecillo/a. Una circunstancia de tu trabajo es una circunstancia de tu vida, y una circunstancia de tu vida puede llegar a cambiar el rumbo de la misma. De ahí que me haya dado por convencerme de que otra de las decisiones que había tomado hace unos quince días también, dejar de leer y escribir de esa forma tan mía, para ser alguien simple (no sencillo), era una decisión cojonuda. Es lo que suele pasar; cuando uno va fumao y le da por utilizar neuronas en horas muertas de insomnio todas sus ocurrencias le parecen brillantes, casi exclusivas. A la mañana siguiente uno se da cuenta de que exclusivas sí eran, pero sobretodo porque ya no las comprendes ni tú; y si las comprendes no llegas a explicarte porqué en los tests del colegio no salías como fronterizo en vez de como persona de inteligencia media y, sorprendentemente, excelente comprensión verbal y expresión oral. No sé. Supongo que, como dicen los franceses, se com sá (es así).
Lo peor de todo es que no sé el tiempo que llevo dándole a las teclas; creo que un ratillo ya, ciertamente, y este estado de mareillo no se me pasa… pues va a estar cojonudo estudiarme el aborto de penal en este estado. Claro que no estaría mal si verdaderamente consigo empollarlo.
A lo que iba; las gilipolleces que me han venido a la cabeza y por las cuales escribía esto. (Lamento todo lo anterior que creo que me ha quedado en plan “mu” sincero, pero bueno eso es lo que tiene ir pedo, aunque sea de tabaco…). Primera parida que recuerdo: ¿qué será peor: ser miedoso, temerario o temeroso?. Tengo mis dudas; un hombre sin miedo dicen que es un hombre sin esperanzas. Es cierto, porque qué es el miedo sino la eterna duda ante la concrección de un hecho. Por lo tanto, casi que mejor tener miedo; sin embargo, el temerario es aquel que propugna conquistas de esperanzas jugando las esperanzas ya satisfechas… en fin, si es para alcanzar la eficiencia sin conformarse con la eficacia no voy a ser yo quien lo arremeta. Por tanto, última posiblidad reprobable, la temerosidad. ¿Cómo la defino?… Inactividad por intuición certera de que el camino escogido para la satisfacción de la esperanza no va a ser el acertado; pues parece, que esta es la más lamentable de todas las anteriores… se com sá.

Acabo de leer lo anterior y yendo algo mejor, creo que voy a opositar a funcionario del Estado y a vivir con sueldo fijo sin joder a los demás pero tampoco cooperando con ellos, que para eso, para ayudarles ya está el Estado del Bienestar. ¡Anda, coño! pero si de eso es por lo que he empezado yo a divagar en la terraza… ¿tenemos Estado del Bienestar?, ¿se puede definir así un estado en el que la mayoría de las personas, por lo que cuentan, alguna vez en su vida se plantean el porqué de la misma y en vez de buscarlo terminan por asumir lo que son sin preguntarse porqué lo son?. Mirad que no sé por donde me meto… pero casi que lo que me da miedo (eterna duda ante la concreción de un hecho) es que lo más eficiente sea que todos seamos egoístas porque así las comeduras de tarro serían menores y las sinceridades mayores. Ello daría lugar a una comprensión sencilla… y como dicen que en la sencillez reside la felicidad, pues cojonudo: todos egoístas y, consecuentemente, todos felices.

Aquí paro puesto que intuyo que mis divagaciones coherentes iniciales de la primera calada han terminado por llevar al divagante por caminos desviados. Aviso de que esto es un experimento, del tipo de los que, por lo que he leído, hacía el Aldous Huxley, “me drogo y a ver qué cositas pienso… y luego sin drogas a ver qué me parece el yo drogao y eso”. Vamos que se admiten todas las respuestas que os den la gana a este ¿escrito?. Es más creo que yo mismo voy a tener que contestármelo; así de paso, asumiré que sí que es cierto, que estoy a un paso de la esquizofrenia.

Nota final: por cierto, Antonio, te parecen estos párrafos un posible ejemplo narrativo para ese título de ensayo que me propusiste una vez: El drama de la vulgaridad contra la genialidad del absurdo. Mi respuesta (mañana creo que la depuraré) es que esto vulgar no es, pero genial tampoco. Sea, si acaso, dramático y absurdo, vamos como la vida en sí misma. Y defendemos, mantenemos, esta vida dramática y absurda… reside ahí, probablemente, la genialidad de la misma, que por evidente su genio y la no comprensión humana del mismo, la llamamos vulgar. Vamos, que la vida es vida y como tal debe vivirse, con sus placeres y escollos.

Saludos y enhorabuena si habéis logrado leer todo esto completo, yo no creo que pueda en condiciones no etílicas.>>

Todo lo anterior fue lo ya escrito. Un último apunte, Antonio, como más de uno habréis inferido es uno de los habituales del foro en el cual escribí esto. (para que nadie se pierda en la lectura por si acaso).

Saludos.

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Comentarios

Tu relato es más denso que el humo del jodido puro xDD

Por lo de imaginar cosas no te preocupes: yo llegaba a pasarme tardes enteras sentado en el sofá imaginándome mi vida en mundos paralelos. No es que sea raro y no tenga amigos y cosas destas, simplemente era para hacer ver que me pasaba el tiempo estudiando y tener contentos a los viejos xD

Ah, y dejad el tema del tabaco, por favor, me parece agobiante :S—Horas de Humo

Me encanta esa expresividad cuando se te pira la olla, pero yo cuando me rallo siempre imagino un undo feliz, en el cual todo el mundo es como yo, es decir, perfecto y orgullosos. Y es aquí cuando todo mimundo utópico perfecto se desmorona porque no me aguanto ni a mi mismo de lo perfecto que soy.

Vales para político, tienes el don de escribir un montón de líneas sin decir nada realmente, enhorabuena!

Pd:A tu partido ponle un nombre original que tampoco quiera decir nada.

Hola, soy Antonio, el mismo al que hace referencia al final del texto.
Ya tenemos creado el partido politico, se llama PASA; de momento no nos interesa salir en los papeles, pero ya tendras noticias.

Un abrazo, a segui asi ElVirutas!!! Algun dia el mundo entendera tus desvarios!