Identificación en la experiencia
Ayer dicidí involucrarme en un experimento, y era vivir la vida como si fuera un sueño. Es decir, yo era un personaje despierto en un mundo onírico. La experiencia fue gratificante e inquietante a partes iguales, pero sobre todo muy interesante. He dicidido comenzar una suerte de diario para explorar esta perspectiva subjetiva e ir organizando mis pensamientos en esta nueva aventura. Compartiré mis reflexiones con todo aquel que las quiera leer.
En esta columna exploro los fundamentos mismos de lo que llamo la realidad tal y como la experimento.
Desde una perspectiva subjetiva, todo, hasta la propia existencia, es cuestionable. De ahí que Descartes terminara por aferrarse a un clavo ardiendo y decir que si existía era porque pensaba. He explorado un poco más allá en esa crítica a la existencia y a continuación escribo mis impresiones.
La experiencia de la vida está compuesta de impulsos sensoriales. Sé que estoy vivo porque experimento impulsos, y estos impulsos varían en el tiempo. Estos impulsos componen imágenes, sonidos y sensaciones, y ese conjunto es el que experimento y al que llamo vida, sueño o, simplemente, experiencia. Por supuesto, podría dudar de cada uno de esos estímulos sensoriales, pero eso me dejaría en un estado muy poco útil y funcional dentro de la experiencia, pues carecería de todo control. De hecho, uno de los objetivos que persigo con este experimento es comprobar el grado de control que puedo ejercer sobre la experiencia subjetiva en su globalidad.
Así pues, supongo que la experiencia existe y por tanto es real, que mis sentidos son receptores y que el Universo que me rodea es físico, consistente y estable. Existe el espacio, y existe el tiempo para que ese espacio y todo lo que contiene experimenten variaciones y evolución. Existe lo físico y existen variaciones en lo físico, pues el tiempo lo permite. Y no me refiero necesariamente a que haga sol.
Presuponiendo una existencia física, surgen las primeras necesidades. La primera necesidad que percibo es, antes que cualquier otra, la de identificación. Soy en un Universo físico y deseo interaccionar con él. Podría elegir negar la existencia del Universo físico, asumir que es un engaño de los sentidos, y experimentar esa experiencia. Entiendo que entonces cedería el control completo de la experiencia y me convertiría en un mero observador sin ningún tipo de control sobre lo que sucede. Mi intención es otra. Mi intención es involucrarme de lleno en la experiencia y vivirla con la máxima intensidad posible. Para ello una de las primeras necesidades que siento, como ser, es la de la identificación.
La primera pregunta que surge es con qué identificarme. La respuesta me resulta obvia: con la parte más persistente de la experiencia.
Siendo que la experiencia parece persistentemente centrada en un objeto conocido como “ser humano”, parece obvio entonces que la experiencia, al menos de “ser humano”, se encuentra asociada a este ser. Por tanto, asocio mi identidad en este Universo con ese ser mediante mi unión, asociación mental, con ese cuerpo. Es decir, tomo como axioma que soy un cuerpo humano. Esto implica una serie de presuposiciones como la muerte y la desintegración, aunque ya habrá tiempo de abordar esos asuntos.
Por tanto, en este sueño, vida, experiencia, elijo, acepto y adopto una identidad. Soy un ser humano. Haré un recuento de las presuposiciones que llevo ya a estas alturas.
Existe el tiempo. Existe el espacio. Existe el mundo sólido. Existe un ser. Existe un cuerpo. Existe una identificación o enlace entre el ser, que precisamente no existe físicamente, con el cuerpo, que sí que lo hace. Verdaderamente asumo que existe una parte de mí que va más allá del cuerpo y que está asociada al mismo mediante la voluntad. Yo soy, precisamente, esa identificación, lo que me permite decir “Yo soy esto”. Si no asumiera esa identificación, no sería. Podría decir “Yo no soy esto” y también ser verdad, aunque en ese caso estaría declinando la responsabilidad sobre las acciones realizadas por esto. Debo identificarme para existir, y al identificarme asumo que, en este Universo físico, yo soy un ser humano. Lo que yo sea más allá del espacio y del tiempo permanece hasta ahora desconocido, aunque presupongo una existencia también en ese ámbito fuera de toda localización espacial y temporal. Así pues, al decidir identificarme, asumo mi identidad humana.
Entiendo que la existencia es un acto de volición. Para existir en un Universo sólido y físico debo decidir identificarme con algo de ese mundo, de ese Universo sólido y físico. Lo que más a mano tengo es un ser humano, aunque podría elegir identificarme con cualquier otra cosa, un mechero, un teléfono móvil, etc. Prefiero un ser humano porque me parece más útil para la experiencia. Por otro lado, siendo que la perspectiva parece centrada en ese ser humano, identificarme con él parece lo más obvio. Es meramente una cuestión de perspectivas y de utilidad.
Conviene que la identificación sea creada y sostenida todo el tiempo que dura la experiencia. Es decir, debe ser permanente y estable en el tiempo. Yo soy este ser humano. Yo creo que soy este ser humano. Es un acto de creación mediante la volición. La voluntad es, pues, un componente fundamental de la identificación. La identificación debe ser creada y sostenida de una manera voluntaria, lo que abre la puerta también a la desidentificación. La desidentificación es una opción en cualquier momento, lo que puede resultar útil, aunque ahora mismo prefiero centrarme en la identifación.
En el marco de la identificación, entiendo que en este Universo físico soy un ser humano. Lo que yo soy verdaderamente, que es algo superior a este ser humano, percibe el Universo a través del ser humano. Más concretamente, soy el Universo experimentándose a sí mismo a través de un ser humano. Esto supone que todo lo que percibo está tamizado, filtrado y limitado por ese ser. El ser mismo es un filtro, y ese filtro se encuentra íntimamente ligado a la experiencia. Es decir, el aspecto del Universo percibido varía en función de la percepción a través del ser. Percibo lo percibido a través de un ser humano, y esas percepciones dependen del mismo. Si no hay ser humano, no hay percepciones, no hay experiencia. Vacío infinito.
Bien, a estas alturas ya tengo claros algunos axiomas. Existen el espacio, el tiempo y lo sólido. Existe un ser humano con el que me identifico y existe un escenario físico en el que existe ese ser humano. El ser humano está físicamente limitado a un cuerpo, y posee la capacidad de interaccionar con lo físico. El ser humano es un objeto físico capaz de interaccionar con otros objetos físicos. Las capacidades del ser detrás del ser humano, del perceptor, del observador, del mantenedor de la experiencia, todavía están por determinar. Algunas de estas habilidades podrían ser la persistencia y la estabilidad, así como la voluntad de dirigir la experiencia a un nivel todavía desconocido.
Una vez se ha terminado con la identificación, que recuerdo que es una opción, entonces comienzan las decisiones.
La identifiación finaliza con el comienzo de la construcción de la identidad. Ese es el proceso que emprenderé en la siguiente parte del texto.
La construcción de la identidad comienza con una descripción del espacio y el tiempo, con una definición de las circunstancias, del escenario en el cual transcurre la experiencia. Existe un personaje físico al que llamo Javier Malonda Ricart. Ocupa un lugar en el espacio y un momento en el tiempo. Empecemos por el espacio.
Javier está ahora en una habitación de un domicilio en un edificio en una ciudad. Supondré, por simplificar el argumento, que conozco las definiciones anteriores con sus posibles variaciones, de los sustantivos anteriores. Javier se encuentra en un planeta llamado Tierra, a su vez suspendido en el espacio sideral del Universo. Para formular todas estas suposiciones debo presuponer que la memoria existe y es confiable. Presupongo también la existencia de un espacio mental, una suerte de pantalla para imágenes, sonidos y sensaciones, que permite el recuerdo y la imaginación. Este espacio mental permite crear y enlazar los conceptos de pasado y futuro, otrogándole a la experiencia su apariencia estable. Presupongo la continuidad indefinida de la experiencia. Es decir, todo esto siempre existió y siempre existirá, aunque para asegurar esto habría que abundar en el concepto mismo de la existencia y su relación con las percepciones sensoriales.
Javier, como ser humano, disponde de diferentes capacidades autónomas: puede desplazarse sobre cualquier superficie sólida, puede interaccionar con objetos y con otros seres supuestamente independientes respecto de él. En tanto que a una parte sólida del Universo se refiere, Javier es un objeto separado de los demás, y por tanto teóricamente independiente de todo lo demás.
En cuanto al tiempo, ahora es 18 de agosto del año 2010. Javier tiene 34 años. Poco más es relevante en este momento.
En cuanto a otros detalles de la experiencia, se presupone la existencia de otros seres vivos. Existen otros seres aparentemente similares, fisiológicamente, a Javier. Existen otros seres de su misma raza. Estos seres disponen de autonomía propia. En el escenario de la experiencia existen además otras formas de vida más allá de la humana.
Sin presuponer la existencia del Universo cuando no lo estoy experimentando a través de Javier, la experiencia se reduce en todo momento al tamaño del campo perceptual del ser humano. Es decir, a las percepciones proyectadas sobre lo que llamaré consciencia. La consciencia es el contenedor de la experiencia, el contenedor del espacio y del tiempo. En cada momento, lo que existe es aquello que percibo directamente a través de Javier, incluyéndole a él. Por motivos de utilizdad, básicamente de continuidad y estabilidad en la experiencia, presupongo que existe también un Universo continuo y estable fuera de ese campo perceptual, aunque sujeto a un cambio impredecible e interminable. Un lugar de infinitas posibilidades, en el que cualquier cosa puede suceder en cualquier momento. Una sopa de posibilidades de manifestación fluyendo hacia los límites del campo de percepción para proyectarse sobre la consciencia.
Esto me está quedando ya un poco largo, así que resumiré. Decido identificarme con un cuerpo físico al que llamo Javier. Javier cuenta con libertad para hacer, decir y, como en este caso, escribir cualquier cosa en ese mundo físico en el que habita. Puede accionar cualquier objeto o ser vivo, si es que fuera necesario establecer esa diferencia en un mundo meramente físico, de cualquier manera en cualquier momento. Esa es una buena definición de libertad. Javier posee libertad total para ser y hacer en el Universo, lo que supone libertad absoluta y enlaza con la expansión de la identidad hacia otros niveles, pues otros aspectos complementarios de la identidad están relacionados con la evolución de la experiencia y serán definidos a medida que la experiencia misma se desarrolle.
Javier dispone de acceso a una página en Internet en la que puede publicar lo que desee y a través de la que puede recibir feedback de otros seres humanos sobre lo que publica. Esta página es El Sentido de la Vida. Y ahí es donde Tú has leído este texto. Aquí y ahora.
Ahora sólo queda amarlo todo. O no, claro ;-)
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Comentarios
pachina
Mié, 18/08/2010 - 20:09
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Dos calidades
¿Y qué te has fumado? ¿Dónde lo venden?
Es la primera vez que me atrevo a comentar aunque os llevo leyendo mucho tiempo. Qué clase y qué nivel cultural tenéis muchos de los habituales. No sé si estaré a la Haltura.
Gil_Ulises
Mié, 18/08/2010 - 20:21
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para expandir la mente...
leí por allí que Freud -y otros- también utilizaban la coca y esas cosas para expandir sus sentidos. Ver ‘de mejor forma’ la realidad que le decían…
Saludos.
Leibnitz
Mié, 18/08/2010 - 20:24
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Buena pinta
Seguiremos tus pasos, espero que sea más gratificante que su “espejo”, en mi caso son los sueños los que pocas veces son diferenciables de la realidad, y personalmente no lo recomiendo.
Por un lado es curioso, debo admitir que es como hacerle un overclocking a “la maquina de asociar hechos y hacer suposiciones”, supongo que como ingeniero que eres, tambien tendrás cierto placer en ello, pero como todo overclocking supone un desgaste importante…
¡Quiero dormir sin pensar! (o sin ser consciente de ello)
¡Un saludo!
Fabian
Mié, 18/08/2010 - 22:51
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Desafio total
Antes de identificarte en un cuerpo fisico, donde estabas? supuestamente alli estariamos todos, al menos es donde me has llevado con tu diario. Un sitio donde estamos y venimos aqui a experimentar.
Lo que me preocupa mucho es que ahora no se lo que hago alli (aqui lo tengo muy claro) y en que espacio y en que tiempo me hallo alli y como puedo tomar el control de mi voluntad alli, para estar aqui o estar en otro sitio.
admin
Jue, 19/08/2010 - 19:54
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Tal y como yo te veo...
… eres un comentario de Fabian en ESDLV.
Fabian
Lun, 23/08/2010 - 10:17
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siseando
Y ahora soy una replica al comentario comentado por admin en ESDLV, supongo.
XTReX
Vie, 20/08/2010 - 11:38
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No estás "Allí".
Eres “Allí”.
Estás aquí.
0_o
___
Fabian
Lun, 23/08/2010 - 10:20
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ser y estar es algo muy
ser y estar es algo muy Español, en ingles o aleman no se podria entender, pero vaya, yo como estoy Español pues soy enterado. :-)
Murphy
Mié, 18/08/2010 - 23:51
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Estaría bien que para vivir
Estaría bien que para vivir tu experiencia, pudieras verte desde fuera, es decir mediante un artilugio óptico como los que se usan para ver la realidad virtual, pero que estuviera conectado a una cámara que te estuviese enfocando a ti, de tal manera que perdieras la sensación de estar metido en tu cuerpo, lo verías todo como un espectador de tu vida, como muchas veces te ves en los sueños, incluso al coger un objeto, tendrías la sensación de que es otra persona la que lo coge. Sería como ver gran hermano viéndote a ti mismo.
Leticia
Jue, 19/08/2010 - 05:10
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menudo experimento!
Interpreto que mediante tu “experimento” logras ver todo como una unidad y luego reducirte a tu ser…el cual ciertamente te limita pero colabora con tus interrogantes… la experiencia siempre sera subjetiva y lo objetivo cambiará su definicion dependiendo el sujeto que lo observe.
La realidad misma demuestra asi sus mil y una facetas de lo real, lo palpable, y que se redefine constantemente no solo por tus percepciones y conclusiones (o de quien las mire), ni solo por los sentidos… existen cosas que suceden y que no podemos describir.. que escapan a los sentidos… y alli es donde los sueños se materializan como deja vu… o se experimenta la incertidumbre de consciencia, por llamarlo de alguna forma.
Ademas de que el hombre solo reconoce tres dimensiones de su realidad y se sabe que hay muchas mas para experiemntarla (como murcielagos vizualizan el sonido o las serpientes el calor)
Por otro lado, el presente no es mas que un instante… el tiempo es tiempo pq el hombre lo define, y lo mismo con el espacio…
si sigues asi, terminaras siendo un guru!
saludos y bon appetit!
XTReX
Jue, 19/08/2010 - 10:31
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Yo creo...
Casi todo lo que relatas (cojonudamente) lo hace autónoma e inconscientemente nuestro cerebro en los primeros meses de vida, justo después de nacer.
Te ha faltado terminar la entrada con:
ESDLV () is now running…
Daemon waiting…
Lo que verdaderamente me llama la atención es la forma tan diáfana de plasmar una idea tan compleja: “… soy el Universo experimentándose a sí mismo a través de un ser humano.”.
Tomar conciencia de esto e interiorizarlo es hacer algo mucho más dificil que nacer: es renacer.
___
sergperea
Jue, 19/08/2010 - 13:09
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La vida consisten en reconciliarse con la realidad
Para mí, el ser humano interactua con la realidad con 4 mecanismos: la Intuición, los sentidos, el pensamiento y el sentimiento.
La intuición nos da comprensión de la naturaleza y nos ayuda a acceder al significado más profundo de las cosas (es lo que por ejemplo los budistas intentan desarrollar a través de la meditación), mientras que el sentido deja una impresión directa del mundo que nos rodea a través de nuestro cuerpo. El pensamiento interpreta la realidad, de una manera un tanto lógica y racional (en función de cada persona), mientras que el sentimiento nos ayuda a dar un valor positivo o negativo a esos pensamientos. El pensamiento y el sentimiento sirven para evaluar, mientras que el sentido y la intuición sirven para percibir.
Si queremos reconciliarnos con nuestra propia naturaleza, la solución es conseguir un equilibrio entre estas cuatro facetas. Hoy en día, en la sociedad occidental creo que el mayor problema de la mayoría de la gente (al menos la gente medianamente formada y que tiene alguna inquietud, digamos….espiritual) es no dejar que el pensamiento domine sobre la intuición (dominio de la ética). Este punto es justo el que creo que está condenando nuestra sociedad. Cuando una persona renuncia a su intuición, renuncia a su propia identidad. EL mundo que nos rodea, lamentablemente, está intentando eso continuamente. Yo recuerdo, que cuando acabé mi ingeniería, pasé un tiempo en el que para mí el mundo no era más que un montón de materia y energía dispuesta ordenadamente siguiendo fórmulas matemáticas que esperaban a ser formuladas por nuestros científicos. Lo peor es que no me preguntaba que había detrás de todo eso, simplemente porque no era observable, y por tanto no merecía la pena plantearse si existe.
Aquí comienza el viaje para descubrir el sentido de la vida. El que inicia este camino, nunca vuelve a ser el mismo.
http://fotografianatural.wordpress.com/
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Fabian
Lun, 23/08/2010 - 10:38
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Un buen comienzo
La intuicion es un concepto muy interesante apenas estudiado y que en el fondo mueve el mundo.
Ghede
Lun, 23/08/2010 - 12:52
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Sí y no
Es cierto que es muy interesante, pero sí que ha sido, es y seguirá siendo ampliamente estudiado.
Mcguffin
Dom, 22/08/2010 - 23:47
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En la línea del Buda
Pues eso.