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General

Daos algo, hermanos.

Sólo me pongo traje cuando pido trabajo o cuando voy a una boda. Esta vez se trataba de una boda. En cuanto a trajes, sólo tengo dos. Uno es el que mis amigos llaman "De inaugurar pantanos". El otro tiene un corte algo más moderno, y ese fue el que me puse en esta ocasión. Después de todo, vivimos en tiempos modernos.

"¿Sólo tienes dos trajes?". Eso es lo que me dice la gente. Así, sorprendida; como si tuviera que tener una docena. Ni siquiera tengo una docena de calzoncillos. Sí, sólo tengo dos trajes y ya me parecen muchos, y allí estaba yo de pie entre los bancos de la iglesia como quien no inaugura un pantano.

El comediante

Había quedado con mi padre para comer en el Asador Tapería.

—A las dos en punto allí —dijo mi progenitor—. Si no estoy fuera, estoy dentro.

Empujé la puerta exactamente a las dos en punto. La única que estaba allí era una chica alta de pelo largo y lacio que movía algún cacharro detrás de la barra. Di un par de pasos y dejé cerrarse la puerta tras de mí.

—¿Ha llegado ya mi padre? —le pregunté.

La chica se quedó de piedra.

—No... no conozco a tu padre —balbució casi como si ella tuviera la culpa.

—Entonces ponme una cerveza.

Últimamente estoy de un gracioso subido.



"Una vez de que te das cuenta del gigantesco chiste que es todo, lo único que cobra sentido es ser El comediante"

—Alan Moore

Nacer en otro lugar

Era de noche. Mi padre y yo estábamos tumbados el uno junto al otro en un sofá. En el otro sofá estaba mi madre. Yo llevaba un rato hablando con ellos. No recuerdo cuál era mi intención, pero estaba tratando de que mi padre se diera cuenta de algo.

A medida que los segundos transcurrían, empecé a impacientarme. Cada vez que le preguntaba, los ojos de mi padre acudían en busca de mi madre. Buscaban una respuesta, una explicación, una comprensión compartida. Yo seguía insistiendo, y la desesperación iba en aumento en mi interior.

Una cura para la gripe B

No sabía cuánto tiempo hacía desde que la incipiente Gripe B había golpeado por última vez. Le estaba cogiendo el truquillo a aquello. Un día la cajera del supermercado me diría "Toma el cambio y lárgate, que no te quiero volver a ver" y yo pondría una sonrisa, cogería las monedas y me largaría a casa silbando.

Regresaba con mi madre de su clase de PNL a la que acudo como observador. Caminábamos por la calle mientras ella me contaba lo último que le había hecho alguna de sus hermanas. Entonces oí una voz familiar:

—¡Jaaavi, Jaaaavi! —gritaba la voz.

Quien pierde a una buena mujer...

Habían pasado un par de semanas, quizá diez días, desde el episodio épico de ¡Por allí resopla!, y apenas un par de días desde que había vuelto a ser malo por última vez. En esta ocasión con Flor de loto. Por lo que conocía a esta última, iba a ser raro que las cosas quedaran como estaban. De momento todo iba bien. El silencio, el bendito silencio, se elevaba en mi existencia impregnándolo todo de paz y bienaventuranza.

Estaba en casa de mis padres. Mi madre le acercaba a mi padre una cuchara de madera para que comprobara si el arroz estaba en su punto o si todavía le quedaban un par de minutos. Me empezó a sonar el móvil. "Flor de loto", decía la pantalla. A medida que uno avanza en el juego de la vida, las cosas cada vez resultan más obvias, así que me preparé para cualquier cosa.

¡Foocast!

Si más de uno pensaba que en las últimas semanas me habían finalmente saltado los fusibles, esta semana vengo a recomendar un podcast. El lunes que viene pondré un vídeo en el que toco el canon de Pachelbel con una botella de anís, una cucharilla de café y una cacerola. En el minuto tres se me cae el embudo de la cabeza.

Quizá convenga comenzar con un poco de terminología de estos nuevos tiempos en los que un blog es a la vez un diario personal, una recopilación de cosas que envían los lectores y una página de noticias sobre los últimos movimientos del precio del azafrán. De acuerdo a la Wikipedia, un podcast es un archivo de sonido que se distribuye mediante un sistema de suscripción RSS y que el oyente descarga y generalmente reproduce mientras va en el autobús en un cacharro que lleva en el bolsillo. En la práctica el término representa muchas cosas, y un podcast es sencillamente algo que alguien ha grabado y que puedes oír en cualquier momento. Efectivamente, al igual que con el blog, la cosa es tan terrible como parece. Todavía no se han rebelado los robots, pero el siglo XXI es ya un lugar inquietante.

Hey hola Claudia

No hace ni un año que viví lo que entonces señalé en el calendario como el peor día de mi vida moderna. En la columna que escribí para la ocasión describía un lastimoso paseo entre las ruinas haciendo cuenta de lo poco que quedaba. Creo que nunca antes había vomitado sobre una página en blanco. De repente a mi alrededor todo era mierda y yo, cubo en mano, intentaba achicar antes de que el horizonte superara la borda y terminara por tragarlo todo. Se había terminado el mundo tal y como lo conocemos. Vuelta a empezar. Desde cero.

Cuando volví a España en vacaciones quedé con un amigo que siempre tiene a bien comer conmigo. Normalmente es él quien cuenta las historias de desgracias y yo el que asiente mientras se lleva un pincho de tortilla a la boca. En esa ocasión los papeles se habían intercambiado. Yo era el que mostraba la desgracia en la pizarra y él quien escuchaba atentamente. Cuando terminé el muy cabrón se partió el pecho como si le acabara de contar un chiste. Le pregunté qué era tan gracioso. Contestó:

—Te voy a decir lo que siempre me dices a mí:

"Ya verás cómo nos reímos en un año"

Qué jodido es haber llegado al punto en el que no te queda más remedio que aplicarte tus propios consejos.

Kilómetro uno

De acuerdo con los escritos, es la trigésimosegunda vez que veo cambiar el año. A estas alturas de la película uno pensaría que la cosa debería dejar de ser excitante. Cena, uvas, campanadas, champán, y otra vez a hacer lo mismo en un año que llega que ya aparece sobado y viejuno. La promesa de cambio a mejor se presenta cada vez más diluida y al final se va con el último remolino por un desagüe a ninguna parte. Otro año que se va al quitar el tapón.

Por última vez.

Nunca lo habría creído, pero el 2008 va a ser el año más grande de mi corta vida.

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