Eppur si muove

Desde hace ya aproximadamente treinta años, los físicos andan revolucionados con la teoría de cuerdas; lo que sería un modelo fundamental de la física, la idea que todo lo explica. El santo grial. La panacea. Esta teoría afirma que todas las partículas son en realidad expresiones de un objeto básico unidimensional extendido que recibe el nombre de "cuerda". En mi limitado entender, creo que comprendo el motivo de tanta revolución. Lo que de verdad quiero ver son las caras de estos físicos cuando, en diez o veinte años, completen el puzzle y se den cuenta de que no son cuerdas; son pelos de chocho.

Yo debía de tener siete u ocho años y sin embargo lo recuerdo como si hubiera sido hace un cuarto de hora y se hubiera tratado de una experiencia próxima a la muerte. De semejante manera quedó aquel suceso grabado a fuego en mi memoria.

Estaba solo en casa. Mi padre debía de estar haciendo garbanzos y mi madre comprándolos en el supermercado, así que yo correteaba por casa en modo explorador. Sin saber muy bien por qué, llegué a la habitación de mis padres.

El dormitorio era amplio. En un lado estaban los aparejos clásicos de dormir, mientras que en el otro mi progenitor se había habilitado un rincón-despacho en el que tenía una gran mesa y una enorme estantería de madera negra. Me puse a rebuscar entre los trastos que allí había.

Mi padre tuvo una época en la que se interesó por la fotografía erótica. Supongo que por eso siempre quise fotografiar modelos. En una estantería de casa todavía conserva algunas revistas de esa época. Veinticinco años antes, aquella solitaria mañana, deslicé mis púberes dedos sobre aquel material con la curiosidad de la infancia y extraje una de aquellas revistas. Todavía recuerdo la portada como si la tuviera delante.

Era una revista francesa. "Photo", rezaba el título en enormes mayúsculas amarillas de cantos agudos. La satinada portada mostraba en su parte inferior a una chavala que, imagino que untada en aceite, tomaba el sol tumbada en una hamaca frente a la cristalina piscina de lo que bien podría ser una villa francesa. La chica lucía unas enormes cotufas que, ungidas en algo viscoso, relucían fulgurantes como dos flanes puestos al sol. Y de repente me sucedió.

Aquel pingajo de carne que me servía para mear, aquello que me diferenciaba de mi hermana, se había puesto tenso como un cable de acero, duro como la porra del policía antidisturbios que se hunde en la carne del manifestante gordinflón. Sosteniendo la revista con la mano derecha, usé la izquierda para bajarme los calzoncillos y observar con más detalle lo que me estaba pasando. Miré unos momentos y después, con el pulgar, empujé la punta hacia abajo. Mi tenso penecillo se escurrió bajo el dedo y volvió a apuntar al techo como un resorte. Entonces empezó a doler.

Mi conocimiento del dolor hasta aquellos instantes de mi vida era limitado. Si cuando nací me dolió, lo cierto es que no lo recuerdo. Unos años después había descubierto el asma y me habían estado pinchando durante meses en días alternos. Si aquello había dolido, era apenas una caricia comparado con lo que estaba experimentando en aquel momento. Era como si me hubieran practicado un segundo agujero del culo cinco centímetros más adelante y me hubieran enchufado un tubo conectado a una bomba de succión que hubieran puesto en funcionamiento a diez atmósferas. Todas mis tripas, desde los intestinos a los pulmones, y también todos aquellos órganos que todavía desconocía, eran succionados hacia abajo con una fuerza que ni siquiera había sido capaz de concebir antes. El cerebro estaba atascado a la altura del cuello. Era como si un agujero negro se hubiera abierto detrás de mis testículos y todas las tripas quisieran precipitarse a su interior, con el evidente malestar que algo así puede suponer. Era como si por aquel agujero de otra dimensión se hubieran introducido unas manos invisibles que me aferraban el interior y amenazaban con llevárselo a otra parte a cualquier precio. Yo no podía hacer nada. Estaba indefenso, inerme. El dolor era sordo. Intenso. Amargo. Incesante.

Una fuerza.

Y allí estaba yo, de pie en el dormitorio de mis padres, con aquella revista entre las manos. Las piernas temblorosas, mi ojos de tierno infante clavados en aquellos enormes flanes expuestos al sol. Era incapaz de moverme, atenazado por un dolor desconocido y paralizante que emanaba de mi interior sin ningún tipo de razón aparente.

Después de un interminable e infernal minuto, al fin pude recuperar la movilidad. Dejé la revista en su sitio y corrí asustado a mi cuarto. Estaba sorprendido, estaba confuso, estaba amargo como una de esas almendras que salen chungas.

Había ido al jardín de infancia. Llevaba ya varios años de educación escolar. Me habían enseñado a leer y me habían enseñado álgebra básica, pero nadie me había avisado de aquello. Nadie me había hablado de aquella fuerza desconocida que había surgido de mi interior. Nadie me había prevenido de aquel descomunal dolor. Después me rompí un brazo. Años después tuve la rubeola y me recuerdo tirado en el patio con la sensación de tener la cabeza encajada en una prensa hidráulica. Tanto en el resto de mi infancia como en la adolescencia tuve la ocasión de experimentar profusamente el dolor físico, pero nunca volví a sentir nada como lo de aquella mañana. Se lo puedo asegurar. Desgarrador es la primera palabra que me viene a la mente.

La mente. La mente asocia cosas. Ese es su trabajo. A con B; este estímulo con esta reacción; dos más dos cuatro. Eso es lo que hace. En eso consiste su potencial. Peras y manzanas, sillas y mesas. Recuerdos. Lo junta todo. Le da igual. Junta imágenes del pasado en un momento sin importarle que estén separadas veinticinco años.

Ella y yo caminábamos por un puente. Igual que recuerdo las mayúsculas amarillas de cantos agudos y los flanes al sol, recuerdo mi plumífero rojo, su abrigo verde, mis botas sobre el asfalto gris como el cielo, el frío del carajo, las vigas de acero con remaches de cabeza redondeada, la estación de trenes a la izquierda, el río deslizándose desde la derecha hacia la estación de trenes, la corriente tan lenta que parecía que estaba parada, la foto que había hecho dos minutos antes, su semblante serio, los coches en dos direcciones, el viento cortante, el hambre que tenía, lo amargo que me sentía, los pájaros en el aire, las manos en los bolsillos.

Nos conocíamos de hacía poco. Todo había empezado como en un sueño y después, en algún impreciso momento, se había precipitado contra el suelo haciéndose añicos como una casa de muñecas que cae desde un noveno piso. Un muro invisible se estaba levantando entre nosotros. Cada vez follábamos menos. Cada día me sentía peor que el anterior.

No recuerdo por qué le conté la historia. Supongo que sería chantaje emocional, como diría ella. La mente asocia; eso es lo que hace. El inconsciente opera incesantemente. El Tyler que todos llevamos dentro, ese pasajero oscuro y desconocido, hace sumas y restas sin parar, mueve hilos, traza planes y pone bombas, te lleva por caminos que desconoces. Y lo acepto. No lo hagas y verás lo que te pasa.

El caso es que, mientras cruzábamos el puente en aquel gélido día gris de mierda por muchas razones, le conté lo que me había sucedido veinticinco años antes. La solitaria mañana de exploración infantil, la revista, las letras amarillas de cantos agudos, los flanes al sol. Trataba de explicarle lo que nos pasa a los hombres con el sexo. Aquella fuerza desconocida incluso para nosotros, capaz de atenazarnos, de paralizarnos, de convertirnos en gilipollas perdidos en el momento más imprevisto. A medida que se sucedían las palabras, empecé a revivir con intensidad todo aquello. El dolor, la angustia, el segundo agujero en el culo y la bomba de succión a diez atmósferas, la amargura en las tripas, el agujero negro y las manos de otra dimensión que te prenden los intestinos para llevárselos a un lugar que ni siquiera existe. La parálisis, la amargura de la almendra chunga.

Hay una fuerza.

A medida que revivía todo aquello, las sensaciones y emociones se reflejaron en mi rostro. Mi cuerpo se encorvó. Mi cara se convirtió en la de alguien que está chupando un limón, en una mueca grotesca mezcla de sorpresa, confusión e indefensión. La voz me temblaba. Estaba, como se suele decir comúnmente, hecho una mierda. El sabor de la almendra chunga había terminado por impregnar cada una de mis células. Entonces ella me interrumpió. Dijo, concretamente:

—¡Estás dramatizando!

Alguna vez antes me habían dado una bofetada con dos palabras, incluso con menos. Alguna vez incluso me habían dado una bofetada sin palabras. Me sentí como si me hubieran despertado de un sueño, como si me hubieran tirado un cubo de agua por encima. Le estaba contando uno de los episodios más secretos y agónicos de mi vida y ahora resultaba que estaba dramatizando. Había, sin duda, que joderse.

Como si mis sentimientos fueran ropa sucia, hice una bola y seguí caminando. Con razón me ha costado tanto tiempo encontrarlos entre tanta camisa con churritones y tanto calcetín sudado. Seguí caminando con el puente, con el río, con los pájaros, con el día gris de mierda y con el frío del carajo. No hay tarea más vana en la vida, no hay empresa más futil, no hay expectativa más irreal, no hay esfuerzo más jodido y amargo, que el de intentar que alguien te entienda.

Los franceses tienen una frase: “espíritu de escalera”. En francés, "esprit de l’escalier". Se refiere a ese momento en que uno encuentra la respuesta pero ya es demasiado tarde. Digamos que usted está en una fiesta y alguien le insulta. Bajo presión, con todos mirando, usted se queda mudo o dice algo tonto. Pero cuando se va de la fiesta, cuando baja la escalera, entonces... la magia. A usted se le ocurre la frase perfecta que debería haber dicho. Ese es el espíritu de la escalera.

A veces el espíritu de la escalera tarda más de diez minutos en aparecer. Más de diez horas. Más de diez días. A veces tarda meses. Y no siempre es tan mágico. A menudo, aun después de esperar tanto tiempo, el espíritu de la escalera aparece para susurrar algo chabacano, algo rudimentario, algo ni mucho menos brillante. Pero después de tanto tiempo, por fin sé lo que le debería haber dicho, esa secuencia ideal, esa frase perfecta. Hubiera sido algo así:

—¿Dramatizando?, ¿dramatizando? Qué cojones, querida amiga, sabrás tú.

Lo sé, lo sé. Tiene poco lustre. No es nada brillante. No pasará a la historia ni la imprimirán en tinta electrónica los libros de texto del futuro. Si alguna vez un astronauta pone un pie en Marte ni siquiera dirá "Qué cojones sabrás tú". Pero refleja bien lo que sentí en aquellos momentos, y resume de manera certera lo que quiero transmitir ahora, por vano que sea el intento. El mensaje, que tampoco es brillante, viene a ser algo así:

"Para hablar de pollas, primero hay que tener una"

Yo la tengo, por bendición por castigo, y si quieres aprender algo al respecto, escucha. Ni tengo la verdad absoluta ni lo pretendo. Simplemente siento cosas y tengo la capacidad de contarlo. Si alguna vez te interesa saber lo que es tener un pene entre las piernas, escucha. Si no, evita juzgar y sigue tu camino. Hay campo para todos.

He conocido algunas mujeres en mi vida. Muchas o pocas, siempre depende de cómo se mire y quién lo haga. De todas ellas, a una le tengo especial cariño. Y es curioso. No le tengo ese enorme aprecio porque me tratara como a un rey, ni porque se esforzara en ponerme la alfombra roja cada día y a menudo lo consiguiera, ni porque cuidara de mí como lo hizo, ni porque me diera todo el sexo que podía necesitar. Le tengo especial cariño porque me escuchó, porque mostró interés por lo que contaba. Porque me prestó atención, porque trató de comprenderme. De ahí, curiosamente, nace la mayor parte de mi cariño hacia ella.

No digo que sea fácil entenderme. No es fácil comprender a nadie, y probablemente entenderme a mí sea algo más complejo de lo habitual. No suelo hablar de fútbol. A ella le costó seis meses empezar a unir puntos y hacerse una idea de mí y de mis historias, pero desde el principio puso interés. Me tomó en serio, y creo que no se puede hacer nada más maravilloso por nadie. No sé si alguna vez nos llegaremos a entender completamente. Después de todo es una tarea estéril y yo cada vez opto por tomarme menos en serio a mí mismo. Pero ella hizo el esfuerzo y es lo que, a día de hoy, más le agradezco y aprecio. Supongo que es por eso que aprendemos tanto cada vez que hablamos. Todo un ejemplo para mí.

Woody Allen dijo:

"Hay dos cosas importantes en la vida: una es el sexo, y la otra no me acuerdo"

David DeAngelo dijo:

"Quiero que veas el mundo como una gigantesca danza de apareamiento. Quiero que te pongas esas gafas y empieces a observar a través de ellas, y quiero que empieces a sacar conclusiones a partir de ahí"

Freud dijo:

"Hay dos cosas que mueven a la humanidad: una es el sexo, y la otra las ansias de grandeza"

Yo, qué quieren que les diga, es cuando miro el mundo desde esa perspectiva cuando me encajan el mayor número de piezas, cuando todo este asunto de la vida adquiere un poco de sentido. Quizá sea demasiado sencillo, y quizá sea poco elegante. Quizá sea incluso triste. Nadie nos dijo nunca que la verdad nos fuera a gustar.

Hace cosa de un año estaba sentado al sol con mi padre. Teníamos pensado ir al cine por la tarde. Habíamos comido y en aquellos momentos nos habíamos terminado los cafés en una terraza y andábamos trasegando una copa de coñac cada uno. Se estaba muy bien. Mi padre decía:

—Hay un momento en la vida en que el impulso sexual al fin remite, y es un alivio. Yo no entiendo a la gente que toma Viagra para que se le ponga gorda, para cumplir con la mujer, para seguir siendo hombres, para poder contarlo a los amigos. Es todo lo contrario; se trata de una liberación.

Ojalá un día todos los hijos del mundo puedan tener un padre como el mío. Las cosas irían mejor. Soy un tipo con mucha suerte.

Una liberación, vaya que sí. Entendí a mi padre como sólo desde hace unos años le puedo entender. Supongo que porque hago el esfuerzo, porque escucho. En algún sitio lo he aprendido. Una liberación. Con razón los monjes tibetanos, desapegados de todo, lucen una sonrisa permanente en el rostro. El mero hecho de desapegarse del sexo ya debe de ser un subidón. Con mi mentalidad moderna siempre tiendo a buscar la vía rápida, y hay días en que me entran ganas de cortármela, tirarla por la ventana y olvidarme del asunto para siempre.

La teoría de la gran unificación de la física, la llamada teoría de cuerdas, intenta unir en un único marco teórico las interacciones nuclear fuerte y nuclear débil, y la fuerza electromagnética. Esta teoría de campo unificado se halla todavía en proceso de ser comprobada. La teoría del todo es otra teoría de campo unificado que pretende proporcionar una descripción unificada de estas fuerzas fundamentales.

Cuando uno lo piensa bien, en el Universo no hay más que cosas que, o bien se atraen o bien se repelen. Todo se puede resumir en una fuerza que cambia de sentido. A mí, qué quiere que le diga, después de darle tanta caña al colisionador de hadrones, después de tanto tute al famoso LHC, después de tanta avería y tanta repuesta en marcha, no me extrañaría nada que al final se encuentren con que el bosón de Higgs no es más que un pelo de figa. La realidad es virtual y vivimos en el gran coño del Universo. Menuda cara se nos va a quedar a todos.

Y eso es, ni más ni menos, en mis burdos y torpes términos, lo que trataba de explicarle aquella mañana sobre el puente gris en un día gris de mierda y con un frío del carajo. Hay una enorme fuerza que no sé si lo explicará todo, pero explica muchas cosas. Yo la he sentido, y es terrible. Demoledora.

Hay una fuerza que explica los celos, los odios, que justifica la maldad, que hace subir y bajar bolsas, que lanza ejércitos a la batalla, que provoca guerras, que deja miseria a su paso, que hace que los ríos se llenen de mierda y los niños se mueran de hambre al sol. Si eres una mujer, hay una fuerza que explica por qué los tíos te miran por la calle, por qué te dicen piropos, por qué se ofrecen a llevarte en coche, por qué te llevan a cenar, por qué te hacen regalos, por qué llevas la vida que llevas, por qué te permites hacer la mayor parte de las cosas que te permites hacer. Explica por qué te gustan las pulseras, los pendientes, los collares y los anillos; por qué te gustan los zapatos y ponerte escote; por qué envidias las tetas más grandes que las tuyas y por qué tardas una hora en salir del baño. Esa fuerza te define a un nivel más básico del que te imaginas; moldea tu ego femenino y te dice quién crees que eres. Es imposible que te expliques a ti misma sin estos números, sin estas fórmulas. Buena suerte. Pocos hombres se molestarán en ponerte los apuntes encima de la mesa porque les viene muy mal para sus planes. Y a este paso, pocos hombres lo volverán a hacer.

Hay una fuerza que no explican los libros de texto ni los que reposan en las estanterías. Ni siquiera se ve, sino que se siente. Aunque puede que alguien lo haya expresado antes en estos términos, nunca lo he leído por ahí. Y me parece fundamental ser consciente de esta fuerza, conocerla, aceptarla, entenderla y manejarla. A estas alturas de la vida sé poco del amor, palabra y concepto pisoteado, denostado y vapuleado una y otra vez. Pero si buscas al menos un rayo del mismo, te conviene saber de esta fuerza para ser capaz de separar el grano de la paja. La mayor parte de la gente habla de amor cuando quiere decir sexo. Confunde actos de amor con manifestaciones de esta fuerza. Ambas cosas tienen, en mi modesta opinión, poco que ver. En el fondo, muy en el fondo, todos lo sabemos. Otra cosa es que lo queramos aceptar.

Todo cambio de paradigma es siempre, por definición, doloroso. Nos identificamos con nuestra visión del mundo, con nuestras creencias y con nuestras ideas y, cuando alguien las sacude, nos sentimos atacados y reaccionamos a la defensiva.

Un día todos creíamos que la tierra era el centro del Universo y que los planetas e incluso el sol daban vueltas alrededor de la misma. Y al día siguiente aparece Galileo y dice que no, que la tierra no es el centro de nada y que damos vueltas alrededor del sol.

—¡Estás dramatizando! —le debieron de decir. Seguro.

No me extraña que el tipo, hoguera arriba hoguera abajo, afirmando y retractando, al final se girara y les dijera: "Eppur si mouve" (Y sin embargo se mueve). Sería el espíritu de la escalera.

Otro día la tierra dejó de girar alrededor del sol para girar alrededor de nuestros ombligos, pero esa es otra historia y deberá ser contada en otro momento.

Y al fin, otro día, Einstein se presentó en público para decir que la propia geometría del espacio-tiempo se ve afectada por la presencia de materia.

—¡Estás dramatizando! —le dijeron.

—Po fale —contestó.

Hay una fuerza, yo la he experimentado. No me hacen falta instrumentos ni medidas. No necesito números ni fórmulas. No necesito el método científico ni el certificado de nadie. La he sentido, y lo sigo haciendo. Y es demoledora. Buena suerte si buscas a alguien que te hable de ella.

—¡Estás dramatizando!

Po fale.

Eppur si mouve.

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joder

demoledor...

edit: y ni primero ni pollas

Completamente cierto, yo he

Completamente cierto, yo he notado esa fuerza que dices, se podría decir que es casi parte de cada uno, ya que algunos nos afecta de una manera y a otros de otra. Creo que se debe de tratar de aquello que nos dice que cosas hacer y cuales no hacer, nos guía hácia dónde va el resto y si nos oponemos nos deja solos y una especie de rencor hacía la acción.

Quizás sea una consecuencia de la soledad, de creer que estás sólo o de estarlo realmente.

Por lo poquito que se de ciencia, nunca existirá una gran teoría de la unificación, no almenos demostrada, la teoría de cuerdas solo es otra manera de no hacer una buena teoría de la unificación, ya que deja la gravedad bastante al margen, y eso teniendo en cuenta que no existan otras fuerzas aún no detectadas.

La próxima vez que me sienta solo me acordaré de esta entrada.

De acuerdo

De acuerdo en la mayor parte de lo dicho.

Sólo dos cosas: si para hablar de pollas hace falta tener una, para hablar de coños debería hacer falta tener uno también. No lo digo con acritud, pero hay mujeres que no encajan en el esterotipo (o, vale, lo hacen en mayor o menor medida). Pero no quiero entrar en esta discusión.

Lo qué si que considero relevante comentarte es que "Eppur si muove" se supone que lo dijo Galileo (si es que lo dijo.) Y ni a Copérnico ni a Galileo los metieron en ninguna hoguera.

¡Sé feliz!

Menos mal

He leído esta entrada desde el agregador y he venido aquí a decir algo para lo que, afortunadamente, ya alguien se me había adelantado: "si para hablar de pollas hace falta tener una, para hablar de coños debería hacer falta tener uno también".

Porque en esta entrada, a ratos, parece que dices que ese impulso sexual irrefrenable es sólo propio de los hombres, y que una mujer no lo va a comprender sólo porque no tiene polla. No es la primera vez que en este blog tratas a las mujeres como seres asexuales. Lo normal (médica y científicamente) también para una mujer es sentir ese impulso irrefrenable, al menos, mientras está en edad fértil.

Si no fuera así, todas las personas del mundo habríamos nacido por una concesión de la mujer al hombre, lo cual es un pensamiento horrible desde mi humilde punto de vista. Ignoro si te habías dado cuenta de que, de tu concepción de la mujer, se desprende esa visión del mundo, e ignoro si lo aceptas como algo normal.

Precisamente porque las mujeres sí tienen esos impulsos irrefrenables, se puede entender/excusar que a veces se califique de hijas de puta (que es algo que gusta mucho por estos lares también) a aquéllas que chantajean con "sexo sí" o "sexo no" a sus parejas. Y es que cuando hay sexo, ¡ellas no están haciendo ningún favor a nadie! O quizás sólo hacen estos chantajes las que tienen una patología sexual... Pero éste ya es otro tema.

Tu explicación del equivalente a esa fuerza irrefrenable para el sexo femenino, en especial, esto: "Explica por qué te gustan las pulseras, los pendientes, los collares y los anillos; por qué te gustan los zapatos y ponerte escote; por qué envidias las tetas más grandes que las tuyas y por qué tardas una hora en salir del baño", me hace pensar que en tu vida te encuentras las mujeres que te mereces, ni más menos.

No todas las mujeres son así, pero a ti (repetidas veces en el blog también) te encanta encasillarlas a todas bajo el mismo estereotipo. Así vas a sufrir mucho más en la vida, yo creo. Pero es tu vida, tú mismo.

Por cierto, aunque quizás puedas pensar que no, me gusta leerte y hace años que te sigo. Que no esté de acuerdo contigo en varias cosas fundamentales no significa que no me parezcas interesante.

Blog: In the name of Goth!

Si, es que, como ya dijiste

Si, es que, como ya dijiste en otro post, la jodienda no tiene enmienda.
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¿Por qué mandáis que el hijo de Venus se prostituya por dinero? No tiene bolsillo donde guardarse el dinero.

La fuerza

Yo soy mujer, y me encantaría entender que es tener un pene entre las piernas. Supongo que tu exposición representando a un niño de ocho años, todos sabemos que los niños siempre dicen la verdad (aunque uno de 8 de los de ahora no se yo...), pues deja bien claro que es irrefrenable ese impulso, fuerza o llamalo como quieras.
Pero sinceramente y por más que me empeñe en escuchar, a no ser que exista la reencarnación y lo pueda vivir en mis propias carnes en otra vida, creo que te mentiría si te digo que lo entiendo, al igual que se miente a una madre que llora la tumba de su hijo, cuando le das el pesame y le dices que la acompañas en el sentimiento, cuando tu en la vida podras acompañar ese sentimiento sin sentirlo en primera persona.
Y de ahi pasamos a lo del grano y la paja, que para diferenciar el sexo del amor hay que verlo a través de los ojos de un hombre, (deduzco yo de mi interpretación de tu escrito). Pues puesto que soy mujer y hetero cierto es que que si no entiendo a la persona que tengo enfrente me va a costar diferenciar si es sexo o amor lo que se cuece.
Pero en el fondo creo que no es tan dificil diferenciarlo. Y que cualquier persona puede diferenciarlo sin tener que ponerse las gafas de David DeAngelo. No hay que bajar a los infiernos para saber que el fuego quema.
Esto es solo una opinión y espero que no te moleste. Que por cierto me gusta leer lo que escribes y me parece muy interesante. Vamos que no quiero que pienses que es la primera vez que te leo y he escrito esto pa toca los cojones (con perdón de la expresión).

Opinión de una mujer

Hola Sonia, ante todo gracias por tu comentario. Me resulta muy interesante leer lo que has escrito. Paso a comentar yo.

> Yo soy mujer, y me encantaría entender que es tener un pene entre las piernas.

Bueno, pues te has podido hacer una idea de lo que era tenerlo con ocho años. Afortunadamente las cosas han ido a mejor, aunque a veces la fuerza todavía me controla más de lo que quiero.

> Pero sinceramente y por más que me empeñe en escuchar, a no ser que exista la reencarnación y lo pueda vivir en mis propias carnes en otra vida, creo que te mentiría si te digo que lo entiendo

Estoy de acuerdo, de la misma manera que yo apenas puedo imaginarme lo que es ser una mujer. Hago mis esfuerzos, aunque no es nada fácil.

> al igual que se miente a una madre que llora la tumba de su hijo, cuando le das el pesame y le dices que la acompañas en el sentimiento, cuando tu en la vida podras acompañar ese sentimiento sin sentirlo en primera persona.

Completamente de acuerdo contigo. Mis padres alguna vez me han dicho en los entierros que diga lo de "te acompaño en el sentimiento". Sé que no es cierto, que no sé lo que están sintiendo, y por tanto me abstengo de hacer comentarios. Me suelo limitar a un sincero "lo siento" y a un abrazo.

> Y de ahi pasamos a lo del grano y la paja, que para diferenciar el sexo del amor hay que verlo a través de los ojos de un hombre, (deduzco yo de mi interpretación de tu escrito).

No, no, no es eso lo que decía. Igual me he expresado mal. Sólo quería decir que esa fuerza tiene poco que ver con el amor, y que conviene saber lo que no es amor para ver lo que queda después. Tampoco sé expresarlo muy bien, y supongo que es por eso que ese punto puede no haber quedado muy claro.

> Pues puesto que soy mujer y hetero cierto es que que si no entiendo a la persona que tengo enfrente me va a costar diferenciar si es sexo o amor lo que se cuece.

Estoy de acuerdo contigo.

> Pero en el fondo creo que no es tan dificil diferenciarlo. Y que cualquier persona puede diferenciarlo sin tener que ponerse las gafas de David DeAngelo. No hay que bajar a los infiernos para saber que el fuego quema.

Entonces, ¿definirías el amor como una sensación, como un sentimiento, como una emoción? Lo pregunto con toda la curiosidad del mundo.

> Esto es solo una opinión y espero que no te moleste.

En absoluto. Me encanta leer opiniones que me parecen interesantes.

> Que por cierto me gusta leer lo que escribes y me parece muy interesante.

Pues oye, lo mismo digo.

> Vamos que no quiero que pienses que es la primera vez que te leo y he escrito esto pa toca los cojones (con perdón de la expresión).

Lo que yo piense, lo que yo me diga a mí mismo en mi cabeza, eso debería importarte bien poco :-)

Un abrazo.

A ver, si escribí en esta

A ver, si escribí en esta entrada es porque me toca un poco la fibra sensible que los hombres lo justifiquen todo por ese deseo irrefrenable, que claro que la mujer también siente, pero es capaz de frenarlo al parecer con más facilidad que un hombre. Cierto es, que en el hombre es más visible.

Le amour jeje me pides que explique algo que no tiene explicación o por lo menos no terrenal. Creo que es muy difícil explicarlo con palabras y que es un concepto que depende del interlocutor que lo defina, cada uno puede tener su propia escala de sensaciones en el amor. Así como la escala del dolor. Lo que a mí me duele a ti puede hacerte cosquillas o al revés.

Además es muy fácil confundirlo con otros conceptos como atracción u obsesión. Y en la humilde opinión de una chica de 27 años es algo que como todo lo bueno no llega de repente aunque si se puede perder en un momento. Me explico, no creo que una persona pueda sentir amor por un flechazo ya que creo que es algo que va más allá de la atracción (Amor <> Sexo).

Pero si creo que ese sentimiento puede ser matado por un solo arco, bien lanzando por supuesto.

Y si, me suele importar lo que los demás piensen, es algo que puede que tenga que rectificar en cierta medida,pero a día de hoy es así.

buscando la realidad

Sexo y amor:

http://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_triangular_del_amor

Gracias.

interesante.

Guts

A mi también me gusta Chuck Palahniuk :)

Somos animales,

racionales, sí, pero animales al fin y al cabo, y nuestra perdición es, precisamente, el raciocinio.
¿Se pueden imaginar la cara del ciervo cuando, después de estar luchando con otros machos en la época de celo se acerca a la cierva para reclamar el derecho a montarla, hecho un asco, orgulloso de su victoria, excitado por la lucha y el olor de ella, con la picha en ristre, y esta se vuelve y le suelta: "¡Estás dramatizando!"?

La cierva se limita a mordisquear la hierva y a esperar que algún macho se le acerque para echar un polvo, es lo máximo que su apetencia sexual (celo) le lleva a hacer. ¿Cómo va a entender el follón que arman los machos por el sexo?

Somos distintos y somos racionales, ¿cómo vamos a entendernos?

Amor

He querido leer el texto con calma (pues tiene mucha chicha) para poder hacer un comentario pausado. Aunque me gustaría comentar más aspectos, me ceñiré a unos pocos para que no se pase de largo.

Esa famosa fuerza que no se ha descrito en libros y que nadie nos ha enseñado, puede que sea tan relativa que no se pueda escribir objetivamente sobre ella, pues siempre dependerá del lenguaje y de la experiencia de quien se atreva a describirla. En este caso, tú.

Como ha dicho Manícula, somos distintos y somos racionales, ¿cómo vamos a entendernos? La ciencia nos da escalas básicas y comunes, nos da muchas respuestas, nos hace avanzar, pero no lo explica todo. Para esas cosas que no explica, nuestra "fuerza" se vuelve más confusa y errática. Para todo aquello que no entendemos, es necesario tomárselo con calma.

Cuando comentas que guardas especial cariño a la chica que trató de escucharte y comprenderte, creo saber a qué te refieres:

Cuando una persona comunica, es fundamental que algo o alguien la escuche y trate de entenderlo. Incluso si quiere, responder. Entonces la idea expresada puede verse enriquecida por la interacción, pasando a tener más "fuerza".

Puede ser muy frustrante que nadie trate de entenderte, por eso considero lógico que "premies" a la mujer que quiso hacerlo. La persona que trata de entenderte es la que, después de tí mismo, da sentido a todo el collage que hay montado en tu cabeza. Los demás considerarán que estás "dramatizando".

Las palabras de tu padre sobre la liberación del sexo a cierta edad son fundamentales para entender todo el texto. Para entender muchas cosas.

El hecho de poseer órganos genitales de un sexo (siendo más importante los "cojones" que la "polla" para entenderlo) te condiciona durante una gran parte de tu vida, haciendote gastar mucho tiempo, esfuerzo y dinero en saciarte sexualmente. No es nuevo mencionar que a lo largo de la historia se ha utilizado la castración sexual como un método de inhibición y control.

Efectivamente, cuando el sexo pasa a un segundo plano, el ser humano está mucho más liberado. Hacer otras cosas sabe mejor, tienes más donde elegir, más calidad de vida. Ese mensaje que te entregó tu padre vale una inmensidad. No tener a nadie en tu vida que te lo diga puede resultar fatal para tí.

Quitarle importancia al sexo puede venir con el paso del tiempo, puede ser impuesto o puede venir de motu propio. Aunque lo mejor no sería renunciar al sexo ni relegarlo a un segundo plano, sino vivirlo como cualquier otra cosa, sin penalidades. Y cuando ya no apetezca, pues a otra cosa, no será por falta de estímulos o sensaciones al alcance.

La fuerza, esa poderosa gravedad que nos atrae no hacia el suelo, sino hacia las cosas que captan nuestro interés, tú niegas que tenga mucho que ver con el amor. Yo, sin embargo, pienso que esa fuerza sí está muy relacionada con el amor, pero con un concepto del amor bastante personal.

El amor del que te hablo no es el exactamente el amor típico de pareja. Tampoco el amor de hermano, o el de madre. Ni siquiera el amor hacia tu mejor amigo o hacia los helados de chocolate. No es ninguno de estos porque, para mí, el concepto de amor, es más grande que ellos.

Es un amor único, que se siente en mayor o menor medida, que es más grande o es más pequeño, pero que siempre es la misma cosa, y no tiene por qué sentirse por una sola persona ni por una sola cosa. Yo creo que la "fuerza" es el interés que sientes por algo de lo que deseas formar parte, por algo que deseas que esté contigo, por algo que quieres hacer. Por algo que, de una forma u otra, amas.

Desear, sentir, querer, amar... puede decirse de muchas formas, pero para mí es el mismo sentimiento adaptado a cosas diferentes.

Si hay algo que mueve el mundo, de una forma más poderosa incluso que el sexo y el poder, pienso firmemente que es el amor.

Es simple

Pero es muy simple. El sexo es la gran fuerza de la vida porque es necesario para la supervivencia de las especies.

En la naturaleza, de vez en cuando, nacen seres sin impulso sexual. Pue bien: estos seres no se reproducen (obviamente). Por tanto, esta ausencia de instinto sexual no pasa a la descendencia.

Es parecido a lo que decía Carl Sagan en relación con la conducta de los cocodrilos de transportar los huevos en la boca para depositarlos en tierra. Hay algunos cocodrilos que no resisten la tentación de comerse los huevos. Pues bien, estos cocodrilos no tienen hijos (porque se los han comido). De modo que su tendencia aberrante no pasa a la descendencia.

En los humanos la impulsividad sexual ha tomado la forma de "amor" como modo de favorecer la monogamia, tan necesaria para la subsistencia en los primitivos grupos humanos, evitando conflictos intragrupales. Pero el "amor" (como tendencia al emparejamiento) no ha conseguido erradicar del todo la tendencia (originaria en los monos) proclive a la promiscuidad. Y de ahí que haya humanos (hombres y mujeres) que tienden a las infidelidades, prostitución, etc.

Como se ve, todo esto es un gran montaje de la naturaleza (que es la titiritera que mueve nuestros hilos -y nosotros los títeres-). El montaje parte de inculcarnos una fortísima atracción/excitación por el sexo. El placer sexual, el orgasmo, se inscribe en esta línea.

El acto sexual, como dice Woody Allen en su última película ("Si la cosa funciona"), se parece físicamente mucho a inflar una bicicleta: un ejercicio de vaivén, de "mete y saca"... Nos gusta tanto porque la naturaleza ha hecho que una cosa tan prosaica, tan insustancial, tan reiterativa, nos atraiga sobremanera.

C´ est tout.

(zumo-de-poesia.blogspot.com)

"En los humanos la

"En los humanos la impulsividad sexual ha tomado la forma de "amor" como modo de favorecer la monogamia, tan necesaria para la subsistencia en los primitivos grupos humanos, evitando conflictos intragrupales"

No tengo tan claro que el ser humano sea monógamo por naturaleza, en las diferentes culturas hay diferentes soluciones, los arabes pueden tener hasta 4 mujeres.

"Pero el "amor" (como tendencia al emparejamiento) no ha conseguido erradicar del todo la tendencia (originaria en los monos) proclive a la promiscuidad. Y de ahí que haya humanos (hombres y mujeres) que tienden a las infidelidades, prostitución, etc."

Cuales son los monos promiscuos? Los gorilas forman harenes donde un macho dominante cuida de un grupo de hembras. Los Orangutanes tienen son solitarios, un macho cubre a un grupo de hembras que estan separadas en el espacio pero no conviven juntos. Los chimpances son promiscuos dentro del grupo, es decir la hembra se dejará cubrir por los machos del grupo, y los machos no se pelean por las hembras, es una especie de amor libre pero esta organización sólo es posible porque los machos chimpances están estrechamente emparentados.

Saludos

homínidos

Hablas de monos que son hominoides (ojo, digo hominoides, no humanoides). Yo de esto no sé mucho, pero tengo entendido que la familia de los hominoides está formada por chimpancés, gorilas, orangutanes, gibones y humanos. Todos tienen (tenemos) en común una cosa: que en la evolución perdieron (perdimos) el rabo. No se sabe bien por qué, pero fue así. Los demás monos tienen rabo. Los hominoides, en cambio, no lo tienen.

(Por favor, no hagáis chistes malos: me refiero al rabo-rabo.)

O sea, que la promiscuidad sexual es característica de los monos en general. En cuanto a los hominoides, es posible que por exigencias del comportamiento grupal hayan desarrollado tendencias favorecedoras de la "fidelidad sexual". (La fidelidad sexual, por cierto, no es incompatible con la poligamia, siempre que las mujeres "del harén" no se vayan con otros machos.)

Dicha fidelidad o "emparejamiento en exclusiva" era muy importante para evitar la competencia entre los machos en punto a disputarse a las hembras, competencia que en la mayoría de los animales provoca luchas muy intensas entre los machos para designar el macho dominante (o macho-alfa).

Pero entre los humanos esa competencia sería disgregadora del grupo e impediría que todos los machos salieran a cazar juntos, por miedo a que alguno se quedase "en casa" y aprovechase para "cepillarse" a todas las hembras.

Como comportamiento también favorecedor del lazo entre la pareja está, además de la fidelidad, la disponibilidad sexual permanente de la hembra (y no sólo en la época del celo, como sucede con la generalidad de los mamíferos). Esto se explica muy bien en "El mono desnudo" de Desmond Morris.

Pero vamos, creo que éste no es un blog científico. Sólo quería explicar que el amor y el sexo son (como casi todo lo demás) una especie de trampa incorporada a nuestro equipo instintivo.

homínidos

Hablas de monos que son hominoides (ojo, digo hominoides, no humanoides). Yo de esto no sé mucho, pero tengo entendido que la familia de los hominoides está formada por chimpancés, gorilas, orangutanes, gibones y humanos. Todos tienen (tenemos) en común una cosa: que en la evolución perdieron (perdimos) el rabo. No se sabe bien por qué, pero fue así. Los demás monos tienen rabo. Los hominoides, en cambio, no lo tienen.

(Por favor, no hagáis chistes malos: me refiero al rabo-rabo.)

O sea, que la promiscuidad sexual es característica de los monos en general. En cuanto a los hominoides, es posible que por exigencias del comportamiento grupal hayan desarrollado tendencias favorecedoras de la "fidelidad sexual". (La fidelidad sexual, por cierto, no es incompatible con la poligamia, siempre que las mujeres "del harén" no se vayan con otros machos.)

Dicha fidelidad o "emparejamiento en exclusiva" era muy importante para evitar la competencia entre los machos en punto a disputarse a las hembras, competencia que en la mayoría de los animales provoca luchas muy intensas entre los machos para designar el macho dominante (o macho-alfa).

Pero entre los humanos esa competencia sería disgregadora del grupo e impediría que todos los machos salieran a cazar juntos, por miedo a que alguno se quedase "en casa" y aprovechase para "cepillarse" a todas las hembras.

Como comportamiento también favorecedor del lazo entre la pareja está, además de la fidelidad, la disponibilidad sexual permanente de la hembra (y no sólo en la época del celo, como sucede con la generalidad de los mamíferos). Esto se explica muy bien en "El mono desnudo" de Desmond Morris.

Pero vamos, creo que éste no es un blog científico. Sólo quería explicar que el amor y el sexo son (como casi todo lo demás) una especie de trampa incorporada a nuestro equipo instintivo.

homínidos

Hablas de monos que son hominoides (ojo, digo hominoides, no humanoides). Yo de esto no sé mucho, pero tengo entendido que la familia de los hominoides está formada por chimpancés, gorilas, orangutanes, gibones y humanos. Todos tienen (tenemos) en común una cosa: que en la evolución perdieron (perdimos) el rabo. No se sabe bien por qué, pero fue así. Los demás monos tienen rabo. Los hominoides, en cambio, no lo tienen.

(Por favor, no hagáis chistes malos: me refiero al rabo-rabo.)

O sea, que la promiscuidad sexual es característica de los monos en general. En cuanto a los hominoides, es posible que por exigencias del comportamiento grupal hayan desarrollado tendencias favorecedoras de la "fidelidad sexual". (La fidelidad sexual, por cierto, no es incompatible con la poligamia, siempre que las mujeres "del harén" no se vayan con otros machos.)

Dicha fidelidad o "emparejamiento en exclusiva" era muy importante para evitar la competencia entre los machos en punto a disputarse a las hembras, competencia que en la mayoría de los animales provoca luchas muy intensas entre los machos para designar el macho dominante (o macho-alfa).

Pero entre los humanos esa competencia sería disgregadora del grupo e impediría que todos los machos salieran a cazar juntos, por miedo a que alguno se quedase "en casa" y aprovechase para "cepillarse" a todas las hembras.

Como comportamiento también favorecedor del lazo entre la pareja está, además de la fidelidad, la disponibilidad sexual permanente de la hembra (y no sólo en la época del celo, como sucede con la generalidad de los mamíferos). Esto se explica muy bien en "El mono desnudo" de Desmond Morris.

Pero vamos, creo que éste no es un blog científico. Sólo quería explicar que el amor y el sexo son (como casi todo lo demás) una especie de trampa incorporada a nuestro equipo instintivo.

La Fuerza

¿Sabiais que existe la homosexualidad animal?

A ver si va a ser que lo que buscamos todos es el placer.

Energia

Supongo que es lo que me trajo hasta aquí. Es una cuestión del tipo 9. Yo acabo de comenzar tambien en esto. Lee a Carlos Castañeda. Vayamos juntos por el mismo camino, que por causas de la energía, hemos comenzado prácticamente a la par.

9. Tu siempre sabes que consejos darme.

Saludos.

5.

El sentido de la vida

Las mujeres se parecen a la teoría de cuerdas en lo jodidamente complicadas que son. En realidad tanto el amor como el sexo, tienen su razón de ser en la supervivencia de la especie, el sexo para la reproducción y el amor para vivir en sociedad y sacar la prole adelante. La vida nos obliga a reproducirnos y para ello nos esclaviza con un instinto que se escapa a cualquier control, es una fuerza sobrehumana que nos arrastra como un tsunami. Todo en esta vida está encaminado a la reproducción, a la conservación de la especie, los hombres y las mujeres nos atraemos como los polos opuestos de un imán. Menos mal que es divertido.

Wow!!

Wow!!

fútil, chico, fútil con

fútil, chico, fútil con tilde. Que te lee mucha gente, por Dios.

Saludillos.